La Aduana

 

El caserío La Aduana era como su nombre lo indica la frontera que dividía el pueblo de Siquisique con todos los viajeros que lo visitaban, por ser el paso obligatorio, esto ocurría cuando no habían construido el puente sobre el Río Tocuyo en el sitio del “Mamon” o Abra de Cordero como se conocía anteriormente.

Este lugar era muy importante en otras épocas como se puede deducir, y en el se registraron muchos acontecimientos importantes en el acontecer del pueblo. Este sitio era lugar escogido como residencia preferida por los diversos Jefes Civiles que tenia Siquisique, tal vez para estar mas prevenidos para recibir a los visitantes (amigos o enemigos), por ser aquellos tiempos de guerra.

Algunos sucesos que se llevaron a cabo en este sitio los puede leer a continuación.

Combate en Siquisique, 3 de Octubre de 1859.

Ocupaban la plaza de Siquisique el comandante Nicolás Torrellas y su hermano Daniel, del Gobierno conservador, con fuerzas bien armadas y parque suficiente, cuando fueron atacados el 3, por revolucionarios de la Federación como se dijo anteriormente, había salido de Barquisimeto el primero de ese mismo mes de octubre, con dirección a Coro, Juan Crisóstomo Falcón se encontró con el inconveniente de que el Río Tocuyo estaba crecido, pero dio orden de pasarlo de cualquier modo mientras tanto el llegaba. El primero que logro pasar el río por el paso de La Aduana fue el Coronel Rodolfo Calderón con su Batallón. Pronto cayo herido, por que la fuerza de los Torrellas tenía montado un cañón en el Cerro de los Balcones (actualmente el Cerro de los “Quioscos”), con el que se defendían de estas fuerzas contrarias que estaban llegando por la vega de la Aduana. Pero pronto otros federales lograron pasar y se generalizo el combate. A pesar de que los defensores no eran sino 400 hombres, se defendieron heroicamente desde las 5 de la tarde hasta las 7 de la noche, en la que debido a la superioridad abrumadora de los federales, tuvieron que capitular y rodaron el cañón por el cerro y callo al río, en un remanso que llaman las Peñas. Quedando prisioneros los hermanos Torrellas, varios oficiales y un gran numero de soldados. Para obtener esta victoria, tuvo Falcón que entrar a dirigir personalmente el combate.

Anteriormente, la comunidad de indígenas de Siquisique y sus pueblos circunvecinos, estaban conformados en una especie de sindicato apolítico, representado por los mas capacitados de los caseríos, bajo la dirección del jefe o Cacique, que generalmente era un indio de raza pura, que tenia grandes conocimientos prácticos y experiencia para resolver las contrariedades que se presentaban a su tribu.

En San Miguel la tribu era representada por Ño Pascual Ramos, que hablaba el idioma ayaman y en Siquisique Ño Pascual Rivero, que anteriormente se creia que hablaba el Jirajara; Según las investigaciones realizadas por el cronista de Barquisimeto, Sr. Ramón Querales, –acucioso investigador de vieja data–, quedó demostrado que en el extenso territorio que abarcaba gran parte de los Estados, Lara y Falcón, ademas de una pequeña parte de Yaracuy, incluyendo a Siquisique y Aguada Grande, solo fue habitado por la etnia  ayaman, como Querales muy bien lo plasma en su libro `Ayaman´.
Querales, como todo gran estudioso, al hacer un exhaustivo examen del vocabulario usado por estos `caciques´,  demostró sin lugar a dudas que no era lenguaje Jirajara, sino ayaman el hablado por estos pueblos".


En el libro inédito, Geografía e historia del Distrito Urdaneta escrito por el Sr. Miguel Pacheco escribe textualmente “en la época que conocimos esa agrupación no venían los Caciques por su senectud, pero si sus familiares y representantes de confianza.

Cada vez que había que tratar asuntos de importancia se reunía la grey de las montañas y mandaba comisiones a los pueblos a intervenir con las autoridades, siendo las reclamaciones mas frecuentes cuando llegaba al lugar algún arbitrario que pretendía arrebatarles sus terrenos o bien cambiarles los caminos reales. Así mismo cuando nombran un jefe de caserío que no congeniaba con ellos”.

Como anécdotas propias de la historia de la época en que hubo el cambio del Distrito Urdaneta para el Estado Falcón, cuestión que desagrado mucho a los indios y vinieron al pueblo a conferenciar con el jefe civil que era el general Domingo Arrieta, quien los recibió en su casa de la Aduana. Era el 5 de Julio de 1905, viniendo como parlamentarios, los generales, Manuel Antonio y Miguel Maria Queralez, Mefio Antonio Medina y Leocadio Perózo, quienes expusieron que el objeto de su representación era para pedir el pase para una comisión que dirigirán a Caracas a significarle al general. Castro su desagrado por tal cambio.

Actitud que sorprendió bastante al Jefe Civil, pues los habían invitado para celebrar el día Glorioso de nuestra independencia. Se enfureció sobre el particular interviniendo Graciano Parraga, Napolen Queralez, Benicio Jiménez, Rogelio Vitoria, Enrrique Pacheco y otros. Quienes opinaron que era imposible oponerse a una ley dictada por el congreso. Y prevaleció la opinión de Parraga quien aconsejo que dejaran eso así, que no duraría mucho ese cambio, por que en verdad era incomodo, los indios que estimaban grandemente a Parraga , y su opinión era respetada convinieron en no hacer gestiones. Era tanto el respeto que uno de los Caciques llamado Zoilo Piña que era rico, y de carácter exaltado (guapo) pidió permiso para decir tres palabras y al concedérsele exclamo: ¡Carajo! ¡Carajo! ¡Carajo! ¡He dicho!

Esto dio lugar a la hilaridad y se levanto la Sesión, continuando con la mayor armonía, pues el jefe les regalo una casa en aquel campo, techada de Dividive; y les tenia preparada una novilla a la llanera, en la tarde regresaron a la población a recorrer sus calles, como lo hacían de costumbre, antes de regresar a sus sitios.

Según se reseña en el libro inédito de Miguel Pacheco. Los indios bajaban de los cerros al pueblo de Siquisique, cuando se celebraban Fechas Patrias o cuando se recibía la visita del Obispo o el Presidente de Estado. En esa época según los escritos los indios no eran brolleros y permanecían en el pueblo hasta dos días, rajando Cocuy de penca, y se marchaban con mucho respeto. Solo una vez cuando don José Maria Alcalá cerco con alambre de púa un camino que daba acceso a la población por una calle, los indios desaprobaron tal hecho y llegaron al pueblo, destruyendo las cercas con tanta rapidez que cuando la policía se dio cuenta , ya se habían marchado para sus montañas, habiendo gastado solo media hora en cumplir su cometido.

Venían como jefe de los indios el Coronel Jacinto Cordero por los de Topeye, el Capitán Hilario Tovar por los de Sahoa y Amenodoro Querales Miranda por los de la Venta. Estos últimos no llegaron a tiempo y se devolvieron con los de Río Abajo que también venían.

Nuevamente cuando el Distrito Urdaneta volvió a formar parte del Estado Lara en 1909 se reunieron los indios en Patio Largo, barrio urbano de Siquisique, venían a dar las gracias por telégrafo al Gral. Juan Vicente Gómez, y a recibir una casa que les obsequio Amenodoro Queralez Miranda en la cual celebraron Sesión y lo nombraron representante para que hiciera gestiones para tener el titulo de propiedad de sus terrenos, lo cual hizo con eficacia y a su esfuerzo se debe que Siquisique y sus alrededores tengan sus terrenos propios, legalizados conforme a la “Ley sobre el resguardo de indígenas del 8 de Abril de 1904. De Queralez Miranda se sabe que cuidaba sus posesiones cocuyeras en el Oreganal, para que no se la invadieran sus vecinos, fue asesinado por estos en el año de 1922, habiendo escrito en su libreta de apuntes; “esta tarde fui atacado por los peones del alambique. Estoy herido”.

Conversaciones con el Sr. José (Che) Espinoza Sobre “La Aduana”

Este nombre se le da a un bonito caserío  situado en la parte Este de Siquisique con el rio Tocuyo por medio. Este relato se remonta a unos cuantos años atrás, cuando estaba formado por varias casas bonitas y modernas, techos de tejas, una de ella era propiedad de Don Eulogio Querales, con una prolífica familia de hombres y mujeres, unos trabajaban allí y otros para la montaña de la que regresaban todas las tardes; allí cogían verduras, café en granos, caraotas etc…

También existían dos casas con enramadas y corralejas amplias para acomodar varios arreos…allí precisamente existía una especie de ADUANA, ya que  hasta allí llegaban arreos de burros cargados de aguardiente en barriles producidos en los alambiques que funcionaban en el caserío Guamuy y Oreganál, cuyo dueño era Chekre Maluff; por supuesto allí había vigilantes que controlaban la situación.

Esta fotografia de la casa llamada "El Sorrento fue tomada en la decada del 40, cuando ya estaba abandonada, pero todavia se notaba que habia tenido su esplendor a finales del siglo IXX.

Aquel sitio era muy poblado, con gran movimiento de personas que se aglomeraban con el deseo de cruzar el caudaloso rio de corriente muy fuerte; en la parte alta de “La Aduana” había una canoa cuyo dueño era Rafael Díaz y en la parte baja dos canoas más, cuyos dueños eran: Renato Tirado y Elías Ramos. De la parte de Siquisique, los canoeros eran: Melecio Pire, Rafa Vargas y Narciso (Chicho) Pacheco. Ellos cobraban un real por cada persona que pasaban y ponían los precios de acuerdo a las mercancias o animales que hubieran de transportar.

Del otro lado del rio, antes de subir a Siquisique, existió una casa conocida como "El Sorrento", que hacía las veces de oficina de aquel pequeño puerto. Esta era sumamente amplia, con varias piezas que se usaban para guardar la mercancía, con un amplio corredor; esta en sus tiempos de esplendor era muy bonita, su estructura era bellísima: techada con tejas, sus pilares eran de madera tallada y con adornos, construida con fuertes paredes, con corredores y salas amplias enladrilladas. Además contaba con un empedrado al frente de la casa que llegaba hasta la parte baja, a la orilla del rio, que le servía de protección para que las arremetidas de las crecientes del rio no causaran daño alguno a la casa. Todo esto daba tal impresión de fortaleza, que la casa en sus mejores tiempos parecía un gran puerto fluvial situado a la mitad del cerro.

Como a dos kilómetros del paso de las canoas, rio arriba (hacia el oeste), se unían los dos ríos, el rio Baragua (Chiquito) y el rio Tocuyo y se formaba una especie de choque para unirse las dos corrientes que formaban grandes remolinos muy peligrosos para las personas, ya que todo lo que allí caía lo arrastraban hasta el fondo. En ese encuentro de las dos corrientes, las aguas del rio Tocuyo –también llamado por los pobladores Rio Grande– detenían a las del rio “chiquito” formándose una especie de remanso al pie del cerro, llamado “San Mateo” donde se bañaba la gente, pero con mucho cuidado, y al final solo se atrevian los mejores nadadores, porque se ahogaba mucha gente, que desaparecían tragadas por los remolinos.
Poco tiempo después, tomando como referencia el paso de las canoas, “rio abajo” al “pie" del cerro “Los Mandriles” apareció un raudal que fue nombrado “el raudal de Largio Enrique” para recordar a un educador que allí se ahogó.

El ancho del rio, frente a la casa que servía de estadía portuaria, era más o menos de unas dos cuadras con olas y corrientes muy fuertes que solo los canoeros se atrevían a enfrentar con gran dificultad debido a los “burrones” que se formaban por la fuerza del agua. El rio mantenía este caudal por mucho tiempo hasta que llegaba el verano y dejaba de llover en las cabeceras de dichos ríos  –Tocuyo y Baragua–.

Por cierto en el verano este rio hacia de las delicias de los pobladores y de los visitantes, sobre todo en Semana Santa, ya que concurría muchísima gente en estos tiempos, bañándose los hombres y los niños aparte de las mujeres.

Esta costumbre era tan estricta, que existían vigilantes para que las mujeres no se juntaran con los hombres.

Cuenta José (Che) Espinoza –nació en 1920– que de su infancia guarda recuerdos que no olvida, entre ellos una parte que quedaba de esta casa que le parecía imponente.

En esa época, a pesar del descalabro de la casa, recuerda que todavía en ella habitaba una familia de apellido Vargas: Pedro Rafael y su señora Petra, acompañados de sus hijas Amenaida y Zoilita.

De esta casa, subiendo la pequeña colina se llegaba hasta una gran Cruz, que todavía existe, llamada “Cruz Alta” desde donde se lograba divisar gran parte del pueblo. Entre la vista destacaba la torre del campanario y se podían ver “claritas” las tres campanas; que en su momento, a decir del Sr. Che, eran probablemente las mas sonoras del Edo. Solo comparables con las del templo La Concepción de Barquisimeto y las del templo de Quibor.


 
La CRUZ ALTA como simbolo religioso, en esos tiempos daba
la bienvenida a los viajeros que se embarcaban en la ADUANA