El año se recibía en Barquisimeto con gran parte de la pequeña población echada a la calle, colmando las avenidas de la Plaza Bolívar (hoy Plaza Lara) o festejando entre amigos, en los cafés de la ciudad.
A las 12, cuando en el reloj público instalado en la iglesia de San Francisco (¿cuándo lo arreglaremos?), sonaban las doce campanadas, las risas, los abrazos, las felicitaciones, los fuegos artificiales, ponían notas de familiar camaradería entre todos los barquisimetanos, no importando los rangos sociales.
“El entusiasmo se colmaba en aquellos instantes. La multitud entraba y salía del café, y la alegría volaba triunfante y soberana” (Salvador Jiménez Segura. “Crónica de Año Nuevo”, reproducida por Yeo Cruz en su (E) Vocaciones: Antología del Cuento en Lara, Barquisimeto, 1995, p.52).
El sector oficial también participaba en esta euforia de fin de año y para ello disponía que la Banda del Estado, ejecutara en la Plaza Bolívar, el Himno Nacional.
Las autoridades eclesiásticas, abrían las puertas de los templos especialmente iluminados y la feligresía reunida reflexionaba sobre su vida durante el año que moría y fijaba los propósitos a cumplir en el próximo. La tradición católica da cuenta de eminentes sacerdotes que desde la tribuna sagrada, daban al pueblo brillantes piezas oratorias para elevar el fervor religioso y recordar normas de conducta a los creyentes.
Y no importando cuán paupérrima sea la situación del país que, curiosamente, año tras año, desde toda la vida republicana, lo es y cada año en mayor grado, en diciembre no faltan los aguinaldos o regalos para la familia y amigos más queridos, las hayacas tradicionales y los fuegos artificiales que en las Pascuas y Año Nuevo se queman con salvaje alegría y sin límite de costos.
Esa es la Navidad urbana.
La rural es, o era según lo recuerdo, bastante diferente.
Desde luego que eran días muy especiales y de alguna manera cada quien se preparaba según las posibilidades económicas o su manera de ser.
Lo principal era el estreno porque al nuevo año había que recibirlo con alma pura, cuerpo limpio y ropa nueva.
Elementos importantes de la Navidad, o de las vísperas, eran las apuestas de aguinaldos que todos, adultos, jóvenes o niños, jugábamos: De llamar y no mirar (si mirábamos hacia el contendor que nos requería por el nombre, perdíamos); de dar y no recibir (perdía quien involuntariamente recibía lo que le ofreciera la persona con quien apostaba); palito en boca (debíamos cargar un palito dentro de la boca y mostrarlo cada vez que se nos solicitase); sí y no (la apuesta consistía en responder sí o no, según la escogencia, sin importar lo que nos preguntaran); hablar y no contestar (no se debía pronunciar palabra cuando el contrario nos hablaba); no reir o no moverse (en presencia de nuestro contrincante); si uno se reía o se movía, perdía la apuesta y debía pagar el aguinaldo.
¿Y cuáles eran los aguinaldos?
Juguetes, (generalmente fabricados por nosotros mismos); comidas (dulces casi siempre); prendas (anillos, collares, pulseras de fantasía); muy eventualmente dinero (no más de medio, o sea, 0,25 céntimos de bolívar), las más de las veces eran simples pero dolorosos mazotes: Una determinada cantidad de palmadas en el dorso de la mano del perdedor.
En la Turiquía, Municipio perteneciente al Municipio Urdaneta, donde transcurrió gran parte de mi infancia, mataban cochinos y gallinas para la carne de las hayacas. ¡Aquellos guisos! Mamá hacía una enorme olla de guiso de marrano para las hayacas y del mismo nos servía en el almuerzo. Mmm!, mientras las hayacas se cocinaban en la latas de manteca o kerosen, del cambural traían las hojas ya ahumadas y papá compraba en Barquisimeto grandes panes azucarados, panteones, almendras, bolas de queso amarillo, vinos e ingredientes para las hayacas.
Pilábamos el maíz en grandes cantidades. Hacíamos apuestas de “caminitos” para ver quién resistía más. Consistían en pilar simultáneamente con un compañero, sacando la masa de pilar con rapidez y así evitar tropezar con la del compañero.
El 28 de diciembre era la gran diversión de jugar “locos”. Nos disfrazábamos de mamarrachos con ropas de los adultos, algunos se vestían de mujeres, otros se tiznaban el rostro y a todos se nos daba libertad para hacer cualquier “locura” que nos viniera en gana.
El 31 en la noche, o el 1° de enero, nos ponían la ropa nueva y el 6 de enero recibíamos los humildes regalitos que nos dejaban los Reyes Magos debajo de los chinchorros, en las alpargatitas recién estrenadas, todavía olorosas a cuero y a hilo pabilo. Juguetes, unas galletas, caramelos y hasta dinero dejaban los pobres Reyes que venían de Oriente, un lugar del que no teníamos ni la más remota idea dónde quedaba.
Lo mejor de las Navidades campesinas era, para quienes ya estábamos en la escuela, las vacaciones de más de veinte días libres para corretear por los caminos, bañarse en las quebradas o jugar en las casas, sin obligaciones de ningún tipo, salvo las de ayudar de vez en cuando, a papá en el negocio, o hacerle mandados a mamá en casa de los vecinos.
De todos modos yo tengo la impresión que nuestras fiestas navideñas en la Turiquía o en Matatere, tenían más de las costumbres indígenas (las comidas, los sacrificios de animales, ausencia de oficios religiosos, el juego de “locos”) que católicas. Digo.
¡Felicidades para todos!
Ciclo Personalidades: Escritos de Ramón Querales #IV |
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MUERTE DE MACARIO YÉPEZ
El 16 de junio de 1856 murió Macario Yépez. En los últimos meses de existencia había colaborado activamente en “El Restaurador”, un periódico conservador de feroz oposición contra el gobierno del General Monagas y del Gobernador de la Provincia que entonces lo era el Dr. Agustín Agüero.
Entre otras decía cosas como éstas respecto a la administración liberal:
“Presa la Provincia de Barquisimeto de la Camarilla que por más de cuatro años la domina con el cinismo más repugnante y atrevido; desarrolla hoy con más arrogancia su fanática ambición y descansando en la protección que seguro le dispensa el gobierno, enviándole fuerzas y jefes que la escuden, acomete despiadada la continuación sacrílega de su bárbaro sistema”.
En una edición inmediatamente posterior a la muerte de Yépez “El Restaurador” incluyó la información, según la cual el gobierno había ordenado su detención y la del joven Vicente Amengual:
“El domingo 15 en la noche circuló con bastante eco por esta población, la noticia de que el Poder Ejecutivo ordenaba al Sr. Gobernador de la Provincia, que hiciese marchar para la capital de la República al Pbro. Mtro. José Macario Yépez: otro poder más elevado había decidido llevárselo a su diestra y al amanecer del día lunes 16 se cumplió la omnipotente decisión.
Era Gobernador el General Ramón Soto.
ABOLICIÓN DE LA ESCLAVITUD
En la Gaceta de Barquisimeto, correspondiente al 15 de abril de 1854, leyeron los barquisimetanos los términos del decreto de abolición de la esclavitud en Venezuela, sancionada por el Congreso el 24 de marzo.
“Art. 1° queda abolida para siempre la esclavitud en Venezuela”.
Para la mayoría de la población venezolana, esta contundente disposición legislativa debió sonar como victoriosas trompetas de libertad y justicia. Sólo para un reducido número de esclavistas y reaccionarios contumaces, luciría como despropósito demagógico, la celebrada ley de abolición de la esclavitud en la patria de Bolívar.
En el Concejo Municipal se conoció días antes la redentora ley y el 5 de abril el jefe político del Cantón, David A. Ramos, miembro de una familia inmolada, casi toda en la guerra de la independencia, produjo la siguiente proclama:
“Barquisimetanos: El Congreso de Venezuela, digno representante de las ideas del siglo, ha extinguido para siempre la esclavitud en el suelo clásico de la libertad y al anunciaros, este importante triunfo de la civilización moderna, yo me lleno de satisfacción, pues veo enrolar a una porción importante de nuestros compatriotas en las banderas de la democracia, para sostener al gobierno filantrópico que rige los destinos de esa tierra”.
Con loas a Monagas, al Congreso y ‘a nuestro connacional Simón Planas”, termina la proclama cuya lectura avivaría los odios de los sectores conservadores de Barquisimeto, estimulando sus planes subversivos que pronto serían ejecutados, con fatales consecuencias, el 12 de julio de ese año.
CASTRO Y GÓMEZ
El 27 de julio de 1913 el General Cipriano Castro lanza una proclama contra Gómez y anuncia su decisión de combatirlo ya que ha visto que “el crimen de traición y usurpación del poder”, ha “revestido los caracteres de una verdadera catástrofe”.
De lo contrario, dice, hubiera permanecido retraído de la cosa pública pero no siendo así, proclama: “Me veo obligado a empuñar nuevamente la espada de las reivindicaciones políticas, morales y sociales, para acabar con la más horrenda de las situaciones que han azotado a la desgraciada Venezuela”.
La descripción que hace de su compadre es bien diferente aquella que la atribuía cuando era su Vicepresidente y salvador en Barquisimeto y Ciudad Bolívar.
“El imbécil y feroz Gómez baja su frente marcado eternamente con el inri de traidor; con su brutal mirada y su acostumbrada risa pérfida, alienta a los pocos, muy pocos secuaces que lo secundan…”
Los “pocos secuaces” realizan en todo el país una jornada aclamatoria de Gómez y de condena al nefando Castro. Las firmas de V. Márquez y Bustillos y sus hijos, Diego Bautista Urbaneja, F. González Guinán de ministros, generales, colegios profesionales, llenan las páginas de los periódicos apoyando a Gómez.
En Barquisimeto “los secuaces” son Lino Díaz, hijo, Carlos Liscano, José Barbi, Juan Liscano, Avelino Jiménez, Juan de Jesús Blanco, Antonio Alamo, M. Castillo Amengual, Carlos Siso Rafael Garcés Alamo, Ulpiano Torrealba Alvarez, Martín S. Alvarez, F. de P. Vásquez, Leopoldo L. Camejo, Fortunato Corbaia, Jesús M. Olivares, Leopoldo Torres, quienes ofrecen su apoyo al rehabilitador y se comprometen a servirle lealmente y desoír al desterrado Castro en su inútil intento de volver al poder.
Ciclo Personalidades: Escritos de Ramón Querales #V
Publicaciones del año 1996
CRISIS ECONÓMICA, O MALOS GOBIERNOS
José de Jesús Montesinos fue un joven tocuyano que a finales de siglo XIX, seguramente militante del partido Liberal, analizaba la situación político-social del país que, entonces como ahora, se debatía en una profunda crisis económica.
En septiembre de 1896 publicó en un periódico caraqueño un profundo análisis acerca de la agricultura venezolana y señala las causas de su situación.
En primer lugar, anota la carencia de Bancos agrícolas que pudiendo prestar capitales a los agricultores a bajos intereses, lo que los obliga, por ley de la necesidad, es acudir a los prestamistas usureros en condiciones tan onerosas que bastaban para matar toda industria y desanimar toda iniciativa.
Estos prestamistas, generalmente comerciantes, obligaban a los agricultores a comprarles todo cuanto necesitasen y al no poder cumplirles eran despojados de las cosechas y las más de las veces de sus terrenos.
La segunda causa nefasta de la crisis agrícola venezolana la ubicaba Montesinos en algo que, finalmente, acabó con nuestra agricultura y nos convirtió en su país altamente dependiente de la importación de productos de otros países, especialmente los Estados Unidos de Norteamérica.
“Casi todos los cereales –escribió Montesinos– nos vienen del exterior particularmente de Norteamérica, sin excluir aquellos que se dan con abundancia en nuestro suelo, y casi de una manera espontánea”.
La docilidad de los gobernantes títeres que Venezuela ha padecido cuyo único interés ha sido el de enriquecerse, ha permitido ya desde los años iniciales de la República, esta presencia de países extranjeros que se han apoderado a bajos precios de las materias primas existentes en el país a cambio de colocarnos a los venezolanos como simples consumidores de sus excedentes agrícolas e industriales bajo la mirada complaciente, servil y protectora de los hijos que han gobernado a Venezuela.
Espíritus nacionalistas como J. de J. Montesinos lo ha señalado a lo largo de toda nuestra historia de país colonizado y gobiernos serviles al amo extranjero.
EL PADRE MADARIAGA EN BARQUISIMETO
Entre los hombres notables señalados por el historiador R. D. Silva Uzcátegui (Enciclopedia Larense, Tomo II), que visitaron Barquisimeto, no incluye al padre José Cortés de Madariaga, quien en 1812, en misión secreta encomendada por la Junta Suprema, salió de Caracas el 20 de diciembre y llegó a Bogotá el 13 de marzo del mismo año, en cincuenta agotadoras jornadas, las cuales anoto cuidadosamente.
El 13 de enero, a las cinco de la tarde salió de Gamelotal, almorzó en la Morita y desde allí siguió al día siguiente a Barquisimeto a donde llegó, después de andar 12 leguas de camino, el día 14. Permaneció en nuestra ciudad dos días, pues fue el 16 cuando partió hacia Quíbor y de ahí, por El Tocuyo y Humocaro a Los Andes y a Colombia por Cúcuta.
La ciudad que conoció el padre Madariaga fue la que establecieron, en la planicie barquisimetana, los neosegovianos de finales del siglo XVI, bien trazada, rica y señorial, según el testimonio de algunos historiadores, la misma que destruyó pocos meses después, el 26 de marzo, uno de los terremotos más intensos que ha padecido esta parte del continente.
No sabemos todavía, si el padre Madariaga elaboró un recuento de su viaje Caracas-Bogotá. De existir, mucho nos interesaría conocer su visión del Barquisimeto anterior al terremoto, del que otros viajeros sólo conocieron sus escombros y ruinas. (William Duane. Memoria de un viaje por la Gran Colombia. Apéndice).
PILAR GARCÍA, CRONISTA DE RÍO ARRIBA:
COMPOSITOR Y MAESTRO
Pilar García, cronista de Buena Vista, su pueblo. Graduado en la Universidad Pedagógica Libertador de Barquisimeto, trabaja como maestro en una escuela de Tintorero, Municipio Jimenes. Compositor y poeta ha ganado certámenes de contrapunteo en la tierra misma de los más hábiles repentistas venezolanos, lo que dice bien a las claras de su maestría en el género y habilidad creadora.
Hace, como Cronista Parroquial, un órgano periodístico titulado “El Baquiano de Río Arriba” y en él vierte su fina percepción de la vida, haceres y costumbres de su lar nativo.
Sencillo y amable, generoso y jovial, trabajador y estudioso, Pilar no desdice de sus humildes orígenes campesinos que, de ningún modo, lo impiden relacionarse con gente de cualquier rango social o nivel intelectual.
Siempre que las aulas escolares están vacantes, visita mi Oficina en el Palacio Municipal con algo siempre interesante para proponer a mi curiosidad intelectual, cuando no es que se aparece con sabrosas conservas de toronja elaboradas por doña Isaura, su apreciada y activa madre o unos celestiales panes de horno que, con gentileza, me envía el cordial Lisandro Valenzuela, señor de las mil y una botellas reunidas con amorosa paciencia en su casona, negocio de Buenavista.
Hace un tiempo me entregó dos casettes que no había tenido la oportunidad de oír y ahora oigo repetidamente y se los hago oír a quienes me visitan pues contiene capítulos de poética sociología venezolanista, porque Pilar maneja –con la sabia maestría versificadora del auténtico poeta popular- la lengua que nos comunica y que no me atrevo a llamar española o castellana, cuando en ella susurran su sabiduría ancestral los pueblos aborígenes americanos y ese vocabulario zumbón polisémico que la criollería popular fue agregando en los siglos de nuestra pequeña y atropellada historia. Chispa humorística, enseñanzas académicas y escuela de vida hacen de las obras de este valioso joven larense, verdaderas joyas de la canción nacional.
Me dicen que por los llanos barinenses se oye a Pilar García con admiración y respeto. Muy bien. Eso me contenta pero, no sé, tengo la impresión de que los promotores artísticos barquisimetanos, si los hay, son bien maletas y están desperdiciando la oportunidad de un negocio exitoso no lanzando en grande a este canta – autor larense, para su gloria y buenas ganancias.
¿O será que Pilar se reserva más para la docencia y la investigación histórica?
No se me había ocurrido pensarlo hasta este mismo instante pero me satisfizo hacerle esta semblanza. Y la cuña.
Ciclo Personalidades: Escritos de Ramón Querales #VI
No mucha gente sabe que el Fraile Ildefonso Aguinagalde, aparte de sus labores magisteriales, fue un ferviente líder popular militante de las fuerzas liberales de la Provincia de Barquisimeto hoy estado Lara.
El Partido Conservador, que liderizaban en Barquisimeto el Lic. Andrés Guillermo Alvizu y el Padre Macario Yépez, lo combatió tratando de desprestigiarlo en el seno del pueblo y romper así los profundos vínculos existentes entre densos sectores de la población y el fraile.
La calumnia fue uno de los instrumentos utilizados por los conservadores propalando rumores sobre la conducta sexual poco edificante de Aguinagalde e invención de supuestas asociaciones subversivas que él patrocinaría.
Una de estas confabulaciones de la derecha contra el fraile se revela en una supuesta comunicación que él dirige a un amigo la que escrita, además, con garrafales errores ortográficos, buscaba presentarlo como un ignorante sacerdote que apenas sabía escribir. El fraudulento texto fue publicado en “El Independiente”, periódico barquisimetano de la Sociedad Democrática que era el aparato político de los godos larenses. Tiene la fecha de 20 de diciembre de 1843.
“Señor José María Rojas”.
“Mi buen amigo: No desmaye U., continúe U., trabajando porque se transija el asunto. Ya yo estoy impuesto del manejo y picardía con que se han puesto todas las cosas. Ya es trabajar, contra mar y biento, y na sacamos. Yo buerbo a escribirle al tuerto. Trátelo con política y bea como romper todo lo que han hecho, éste es el empeño.
Lo combido para un obsequio el día primero para alegrar al dentrada del año, y a los demás amigos. Antonio y Francisco son los jueces y Perucho el Procurador. Queda de Ud., su amigo Q.B.M. Ildefonso Aguinagalde.
Aguinagalde jefatureaba un grupo político opuesto a Los Unidos que recibió el nombre de Los Vitalicios pues eran acusados de estar en el gobierno con carácter vitalicio.
POBREZA CRÍTICA
UNICEF y CORDIPLAN dieron a conocer las conclusiones de una investigación realizada en 1995 por ambas organizaciones en las cuales se demuestra el acelerado empobrecimiento de la población con un 41% de venezolanos en situación de pobreza crítica.
Las cifras para el estado Lara son: En pobreza extrema: 28,4%, unos 404.234,80 habitantes. Con necesidades básicas insatisfecha: 54,8%, unos 780.002,37 individuos.
La población del estado Lara para 1995 es de 1.423.362 habitantes, lo que significa que sólo 239.124,81 individuos, el 16% de quienes habitamos este Estado, tiene sus problemas básicos resueltos y 1.184.237,10 padecen una situación económica dramática e intolerable. Más de un millón de personas para surtir a nuestro Estado de las más pavorosas calamidades: prostitución, corrupción, hambre, suicidios, crímenes sangrientos, asaltos, robos, estafas, desesperación social masiva.
¿Para qué ha servido entonces tanta alharaca politiquera en estos 37 años de democracia representativa si el balance final (el único que importa porque se trata de la dantesca situación de pobreza en que vive la inmensa mayoría de los larenses), que entrega una gestión, supuestamente al servicio de las mayorías, es éste de miseria, hambre y desolación?
Falta ahora una investigación sobre la riqueza extrema de la minoría corrupta que nos ha gobernado: los porcentajes de bienes mal habidos deben ser altísimos entre ellos. Mire a su alrededor, mientras se hace dicho estudio, el derroche grosero, la ostentación delictiva de políticos que usted conoció ayer, no más patas en el suelo y pobres de solemnidad.
PUEBLO DEL INTERIOR
Rafael Torrellas Urquiola fue un poeta, hijo o hermano menor del General Diógenes Torrellas Urquiola, Gobernador de Lara (1914–1916) a quien la prensa de la época expresaba sentidos elogios por la labor que desarrolló pese a los magros recursos que administró. La construcción de la carrera 21, desde la calle 37 hasta la entrada del cementerio, para comunicar con éste a la ciudad más directamente, fue obra del Gobernador Torrellas por lo que ese tramo se llamó así, luego de su inesperada muerte cuando todavía ejercía la primera magistratura del Estado.
Rafael Torrellas Urquiola murió muy joven. No siendo barquisimetano formó parte de la atormentada bohemia de la que eran miembros Antonio Lucena, Marco Aurelio Rojas, José Manuel Colmenarez, Juan Guillermo Mendoza, Hedilio Losada, Teófilo Trujillo, Juan Manuel Rojas entre los poetas y José María Abarca, Antonio Carrillo entre otros músicos. Pero como familia del Gobernador tuvo acceso al cerrado núcleo de la sociedad barquisimetana y conoció las más recónditas intimidades de ese sector palaciego, acomodado y culto que despreciaba como poeta bohemio.
Dejó un pequeño poema, el único que le conozco, publicado después de su muerte por el escritor yaracuyano Alberto Mujica Arráiz en “El Diario” de Carora el 4 de enero de 1939. Es una feroz requisición contra ese dominante, y al mismo tiempo, lacayuno mundillo de abogados, médicos, sacerdotes, beatas, matronas, periodistas, maestros, jueces, funcionarios públicos, hacendados, empleados de comercio y comerciantes de Barquisimeto pero un poco también, visión dolorosa de la gente menos afortunada que habitaba la ciudad. El poema es el siguiente:
“Cruces sobre sus lomas / Rojos caminos y campos desolados / Blancas casuchas, sobre la tierra plana / Negras techumbres y negros campanarios / hoscos labradores, flacos rocines, bueyes tardos…/ En las casonas egoísmo espiando / Por las callejas, mujeres místicas / Y hombres refractarios / Coloniales prejuicios / Odios rutinarios / Triunfando siempre, triunfando / ¡Pueblo dormido! ¡Pueblo incauto!
La ciudad ha crecido. Los grupos sociales han cambiado. Las formas de dominación y señorío son otras. La propiedad y la explotación que la mantiene y acrecienta, tiene otros caracteres. El alma barquisimetana, arriba en las cúpulas sociales, abajo en el conglomerado popular, sigue igual.
Pueblo dormido. Pueblo incauto.
Nota: La Historia es un compendio de enseñanzas que nos demuestra que el pasado siempre está presente. Como dicen los aplicados “Es cíclica” o siempre vuelve, demostrándonos que más acá del tiempo pasado, aunque con nuevos actores y circunstancias distintas, siempre se repite. Por eso siempre debemos tenerla presente; he allí su gran importancia.
Continuará |