BARRIO EL COLERA Y EL COCUY EN SIQUISIQUE

En la parte Noroeste de Siquisique Existe un cementerio Viejo que llaman “la zanja”, que se construyó en la época del cólera que azoto a Siquisique en 1856, epidemia que habia entrado por la costa oriental del pais en 1854. La primera victima en este pueblo fue el preceptor don Rafael Armas quien falleció el 5 de agosto de aquel año. Se dice que los primeros cadáveres fueron sepultados en urnas y bóvedas, de las cuales se conservan ruinas; pero las defunciones se multiplicaron considerablemente y hubo que enterrarlos por montones en zanjas que mando a construir el gobierno para que no quedaran insepultos tantos cadáveres.

Contaron esta historia en el año 1900, dos viejitos de nombre Francisco Meléndez y Felipe Segueri, que ellos cuando estaban jovenes, con otros que no recordaban en el año 1856, fueron de una junta comisionada para transportar cadáveres para la zanja y que entre los muchos que llevaron iba un extranjero enfermo de colera que todavía hablaba y cuando vio que ellos bebían cocuy de una tapara les pidió un trago para no acordarse mas de su tierra y morirse tranquilo. Le dieron la bebida y como el caso era apremiante no lo enterraron, sino que volvieron por otro viaje mientras moría;

Se llevaron una sorpresa cuando regresaron ya que lo encontraron muy mejorado, no tenia calambres y las convulsiones habían cesado, le dieron mas licor. Fue tanta la mejoria que poniéndose a ayudarlos a enterrar a los que traían, se fue con ellos regandose la noticia de la mejora del "musiu Ingles" por el cocuy de penca.
Cuando el Pbro Federico Salas ejercía el curato del pueblo antes de 1916, iba con algún acompañamiento, después del día de los muertos a cantarles responsos y platicaba sobre esas tumbas, en el sitio el padre Salas construyo una pequeña capilla donde los devotos de las animas van a rezar. Segun reseñas del año 1952 las tumbas permanecieron abandonadas entre cujies, yabos y tunales sin saberse quienes eran sus deudos.

Hoy día ese cementerio se conoce como las animas del cólera, y en sus adyacencias se formo una barriada conocida como Barrio el Colera.

Para el año de 1973 el concejo Municipal procede a limpiar las tumbas existentes y construye una pared para protegerlas de los animales.

Para el año 1.994 la alcaldía hace un proyecto de una capilla para el Cementerio del Cólera Solicitado por la comunidad que se construyo en el año 1.996, fue diseñada por el Arquitecto Franklin Armas y Construida por el Maestro de Albañileria Miguel Ramírez.

En este barrio se construyo una plazoleta por ordenes de la la alcaldía del Municipio Urdaneta en el año 2.004.

Según información recopilada en la comunidad del Cólera los primeros habitantes de este barrio que se recuerdan fueron los señores Catalino Vargas, Baltasar carrasco, y Belén perozo.

El Barrio el Cólera se organizo por primera vez como junta de vecino en 1.994, la cual comenzó a trabajar con los organismo del estado nacional, estadal y municipal para la consecución de proyectos de urbanismo.

Para el año 2006 este barrio esta consolidado, contando con calles asfaltadas, aceras, acueductos y cloacas, luz eléctrica, telefonía fija y televisión por cable.

En su mayoria esta urbanizado con viviendas construidas por Organismos Oficiales como: Funrrevi, Conavi, Marariologia y algunas viviendas rurales construidas por la Alcaldía del Municipio Urdaneta.

Esta comunidad con fecha 07 de febrero del 2.007, realizo la asamblea de Ciudadano para elegir la comisión promotora provisional del Consejo Comunal del Barrio Cólera quedando conformada de la siguiente manera: Carlos pire, Abrahán Piña, Duberlis Querales, Zenaida Castillo, Rosa Álvarez, José Marchan y Zulia Yánez. Cumpliendo con el mandato Constitucional de la ley de los Consejos Comunales.

Su Ubicación Geográfica es la siguiente:

Esta ubicado en la parte Norte de siquisique, esta alinderado actualmente por el Este: Barrio José Gregorio Hernández, por el Norte: Urbanización Guacamuco, Oeste: Barrio Nuevo, y por el Sur: Cementerio, Calle 8 y San Antonio.

Actualmente ( Enero 2007) cuenta una población de 380 personas distribuidas de la siguiente manera Adultos 257 personas, adolescentes 32 personas y niños 91.

PÁRROCOS, CÓLERA Y MILAGRO

Sebastián Bernal, párroco de Santa Rosa del Cerrito durante un poco más de medio siglo (1736-1794), tuvo un fervor tan especial por la Divina Pastora que no sólo dispuso de su peculio personal para cubrir gastos de vestuario y joyas que embellecieran la imagen, sino que antes de fallecer le hizo legado testamentario de buena parte de sus bienes (Archivo Arzobispal de Caracas 1794). A mediados del siglo XIX un acontecimiento le dio tal impulso a esa devoción incipiente que desde ese entonces y hasta el presente, la imagen, convertida en Patrona de Barquisimeto, ha sido objeto de una devoción popular entusiasta y creciente. Ese episodio histórico conjugó dos protagonistas: una epidemia de cólera y la figura de otro sacerdote de nombre José Macario Yépez quien fue párroco de la iglesia más importante de la ciudad. El cólera entró a Venezuela por la costa oriental en 1854, y se extendió al interior del país llegando a Barquisimeto en 1855 causando grandes estragos

(Rodríguez Rivero 1929). Era costumbre hacer rogativas a los santos para contrarrestar las epidemias, y el 14 de enero de 1856, el padre Yépez hizo un llamado para congregar en una rogativa a varias imágenes de reconocida devoción entre la feligresía. A ese encuentro en un sitio escogido en las afueras de la ciudad, fue llevada en hombros, por un camino de recuas y tierra, desde la iglesia de Santa Rosa del Cerrito, la imagen de la Divina Pastora. Cuentan que ese día, el pueblo, agobiado por el sufrimiento, acudió masivamente a pedir con sus oraciones el cese de la epidemia. Las plegarias, el himno a María cantado por la multitud, los estandartes en las calles, las imágenes de los santos domésticos colocados en la puerta de las casas, eran premonitorios de un hecho pleno de trascendencia. La gente que acudía a la misa oficiada por el padre Yépez buscando la gracia y el consuelo divino para superar momentos tan difíciles, fue testigo de lo ocurrido. El sacerdote, elocuente en su prédica, pugnaz porque defendió públicamente los bienes de la iglesia antagonizando al gobierno de la época, erudito e indoblegable en sus principios, polémico escritor y periodista que luchó vigorosamente contra el liberalismo, ese día, llevado por la vehemencia que lo caracterizaba, se puso de rodillas y en un impulso de caridad cristiana para que la epidemia cesara, ofreció su vida a la imagen de la Divina Pastora pidiéndole que él fuera la última víctima del cólera. Este sacrificio quedó para siempre en la memoria de la ciudad. Dicen que el sacerdote murió a los pocos días y que la epidemia cesó. Desde ese entonces, cada año el 14 de enero una promesa colectiva conmemora el milagro de la Divina Pastora. Ese día, la imagen, convertida por ese acontecimiento extraordinario en Patrona, es llevada por una multitud nunca vista en procesión alguna en el territorio nacional, desde la iglesia de Santa Rosa, situada hoy en los suburbios al este de la ciudad, hasta la Catedral por avenidas y calles repletas de gente que asiste a cumplir una promesa que renueva cada año una verdad compartida, una tradición incuestionable

Bibliografía Libro inedito "Geografia e Historia del Distrito Urdaneta, Estado Lara, del Sr. Miguel pacheco+. Suárez M.M. y Bethencourt C. 1993) Colaboracion de Carlos Pire.