Bautizado de a pie Críticas y calumnias de envidiosos descreídos, le cercan siempre, pero con fortaleza humilde las convierte en plegaria. En sus largas horas de oración, Mientras abre surcos o siega espigas, otea el futuro y se ofrece por un mundo mejor. Un mundo que eleve al cielo el canto del amor y libe ración revestido de firmeza y coraje. Un canto fraterno que se levante desde aldeas y ciudades, fábricas y minas, parlamentos y tribunales, familias y escuelas. Coetáneo del Cid, es como él, nobleza de alma y reciedumbre castellana. La tenacidad excepcional del propósito le adorna también. Esposo y padre, santifica la vida del hogar Bautizado de a pie, ni sacerdote ni religioso, se ofrece casi noventa años por la santidad del trabajo y de la familia. Nos enseña a hacer del "trabajo de cada día plegaria de alabanza que humanice nuestro mundo" (orac. col.). |