Municipio Pedro León Torres Capital Carora Este municipio limita con el estado Falcón y el Municipio Urdaneta por el Norte; con el estado Trujillo y el Municipio Morán por el Sur; con los municipios Iribarren y Jiménez por el Este y con el Estado Zulia por el Oeste. El nombre de ciudad del Portillo tiene dos referencias de las cuales me limito a indicar: la primera se refiere a la región donde había nacido el repoblador don Juan de Salamanca y la segunda es una Abra, puerta o abertura geográfica entre las montañas al oeste concretamente hacia la región zuliana. Esta situada en la Latitud 10 º 34´9" longitud al occidente de Greenwich 70 º 15´42, altura sobre el nivel del mar 425 metros, temperatura anual de 28 º C. Se comunica con Barquisimeto por una autopista moderna. La ciudad de Carora es muy din á mica, tiene un comercio activo, en la mayor í a el pueblo carore ñ o, es agricultor y ganadero, existen buenos colegios, escuelas privadas, centros de instrucci ó n del estado. Está situada en una llanura, a orillas del Río Morere, tiene amplias avenidas y calles principales, buenos hoteles y la gente de Carora es amistosa, gusta compartir la sana alegría. Carora, posee varios templos el de San Juan, que desde antiguo es iglesia parroquial y el San Dionisio, el primero de construcción antigua, son templos católicos y la sociedad caroreña es cristiana, muy piadosa, ellas fundaron la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario, de la Soledad, santísimo sacramento, Cofradía de la Veracruz, Cofradía de Santa Lucía. Casi toda la alta sociedad caroreña desciende de españoles, Carora es una época de las pocas ciudades en Venezuela, que durante muchos años conservó las costumbres religiosas y ciertos hábitos conservadores, Carora es una de las poblaciones que más hombres ilustres ha dado al país. Entre los civiles bastará con contar como ejemplo al Doctor José Manuel Oropeza, Ramón Perera, Aguinagalde, Ildefonso Riera, poetas y hombres públicos. Estado Lara. De Barquisimeto a Carora Pasando por Tintorero Carora es la segunda ciudad más importante de Lara, queda como a 80 kilómetros de la capital por una autopista estupenda en cuyas orillas abundan las ventas de artesanía y quesos y está la entrada a Tintorero. Su casco colonial debe ser visitado porque lo mantienen hermoso, cuidado y con un auténtico sabor a tiempos pasados, ya que los caroreños están profundamente orgullosos de su ciudad. Lo más cautivador es que la gente vive en sus viejas casonas lo cual le otorga calidez y vida. Platos típicos de Carora tiene: Suero, chicharrones de Marrano, Chanfainas, caraotas, Quinchonchos, Carrao, etc. Un plato muy típico de Carora es la carne prensada, su preparación es muy sencilla. Primero se deja la carne en agua con sal por 4 horas, luego se prepara con bastante ajo crudo picado, nuez moscada, sal de nitro. Luego se le prensa con las láminas de acero, van una sobre la otra. Estas láminas pueden llegar a cubrir 2 a 3 carnes, Después se coloca la plancha pesada de acero y se aprieta al máximo para suavizar bien la carne y por ultimo se dora para servirla con papa fritas, ensaladas y plátanos. En el valle de Carora abundan los chivos. Hay excelentes potreros, para la cría de ganados de leche, donde se cultiva el maíz, casi todo sus Municipios son agrícolas; los dulces de Carora y los quesos, son de buena calidad. Bibliografía- www.ucla.edu.ve/lara/carora.htm y Mas rutas de valentina quintero El Estado Torres: ¿Utopía o necesidad impostergable? * Vox clamantis in deserto. * Si vis pacem, para bellum. Muy contraria a la ciudad de Barquisimeto, la participación de Carora en la gesta de emancipación del yugo español fue en calidad y cantidad determinante en la victoria. Fueron familias enteras que ofertaron su sangre por las ideas libertarias. Teniendo como insignia la familia Torres y los Lara, no podemos obviar a José María Camacaro, Javier Chávez, Trinidad Samuel, Antonio Díaz, Juan Agustín Espinoza, Domingo Antonio Perera, Fernando Perera quienes junto a una pléyade de patriotas completaron 51 oficiales caroreños comprometidos con el proceso de libertad americana liderado por Simón Bolívar. No estamos en capacidad de establecer la cantidad de soldados de esta comarca que siguieron a la oficialidad descrita, pero es de suponer que, mientras Barquisimeto dormía, Carora toda estaba en pié de guerra contra el imperio español. Todos ellos abandonaron riquezas y comodidades para llegar en mula hasta el Potosí para dejarse matar, con la esperanza de que su sacrificio no fuese en vano, si se cumplía el sueño de que las generaciones venideras gozarían de una patria propia, donde orgullosamente ondeara la tricolor mirandina. “Con la muerte de Pedro León Torres la patria ha perdido uno de sus mejores soldados para la guerra y sin duda, uno de sus mejores ciudadanos para los tiempos de paz”. Emocionadas palabras de nuestro Libertador Simón Bolívar al enterarse de la infausta noticia del fallecimiento de Torres como consecuencia de las heridas recibidas en el campo de Bomboná. Palabras premonitorias que auguraban vicisitudes que estoicamente ha soportado Carora por muchos años. Y es que Bolívar, en diferentes cartas enviadas a sus Generales amigos, siempre le temió más a la paz que a la guerra. Visionario inigualable, comprendía que debía preservar sus mejores hombres para consolidar la república, una vez terminada la guerra. No se equivocó, y él mismo fue una víctima de las pugnas de la rapacidad política que vinieron después de la batalla de Carabobo. Esta torcida visión acerca de la planificación del desarrollo regional, si bien ha generado retraso en el crecimiento de todas las demás ciudades y aldeas de la provincia larense, es Barquisimeto la más perjudicada al ser afectada por una hipertrofia apabullante que le acarrea no pocos problemas. Todos los servicios colapsados o a punto de estarlo. Los organismos de seguridad rebasados. Desde el avión se percibe que en el croquis de la ciudad el área poblada de ranchos es mucho mayor que la de casas. Necesitan más agua, más energía eléctrica, más escuelas, más policías, más bomberos, más cloacas que nunca. Y cada día habrá más carencias. Ellos se lo buscaron. Olvidando que el Estado Lara posee 20.000 Km. cuadrados, pusieron en ese rincón superior derecho de la Entidad todas las posibilidades de empleo, todas las posibilidades de estudio, todas las posibilidades de habitabilidad en general, determinando así una obligatoria migración interna de la población. Resultado de esta política centralista impuesta desde la capital, hoy en día en Barquisimeto hay más sanareños que en Sanare; Más Baragüeños que en Baragüa; Más Tocuyanos que en el Tocuyo; Más quiboreños que en Quibor; y lamentablemente, algunos caroreños que se barquisimeten y se barquisimetizan a los tres días. El Equilibrio Territorial, que implica el desarrollo armónico de todas y cada una de las regiones mediante la explotación racional de sus potencialidades particulares fue irrespetado por muchos años, producto de una nefasta voracidad presupuestaria, ligada con viveza criolla y supina torpeza, trayendo como consecuencia males mayores para toda la región y paradójicamente resultó más perjudicada la ciudad receptora de los pretendidos “privilegios”. Jamás sospecharon los planificadores de pacotilla el mal que le estaban haciendo a Barquisimeto al concentrar en ella todas las posibilidades de progreso y superación personal de los larenses. A Algunos hasta estatuas les han hecho. Da risa. La historia es testigo mudo de lo aquí expuesto, desprovisto de todo resentimiento que pudiera empañar el análisis objetivo del asunto. Señalaremos, a manera de ilustración, algunos intolerables ejemplos: cuando se iniciaron los trabajos del Embalse Yacambú, ya la Represa Cúa tricentenaria de Carora estaba construida, la cuarta en dimensión del país. Mientras Yacambú, todavía con resultados imprecisos, se traga todos los dólares disponibles y no disponibles para los proyectos hídricos regionales, desde hace 30 años, 423 millones de metros cúbicos de agua duermen el sueño de los justos, allá en el epicentro geográfico del Estado Lara. Cuando se crea un plan nacional para desarrollar las áreas deprimidas del país, constituyendo las llamadas Zonas Especiales de Desarrollo Sustentable, (ZEDES), se posterga el proyecto analizado para el norte de Torres y Urdaneta, abalado por la Embajada de Francia, contraviniendo completamente la filosofía de creación del Plan pero depauperada y despoblada por la incuria oficial, se da prioridad a la Zona Especial de Desarrollo del Sur del Lago, sin duda la región más rica y de actividad agropecuaria más prospera de la nación. (Falta de padrino, desdén por Torres). La burla y afrenta cometida por la universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado cuando instala un mamotreto vergonzante en Carora, cuyos programas académicos no tienen continuidad en las carreras profesionales de Barquisimeto y los profesores vienen desde allá a dar clases dejando el carro prendido, para regresarse despavoridos para ver El Chavo a las 2, cómodamente en sus casas de Cabudare. En 20 años de instalados en Carora no han puesto ni un ladrillo. Si tuvieran moral debieran irse y permitir que aquí se instale la Universidad del Zulia. Cuando en la Notaría Pública hasta los bedeles son guaros. Cuando para ser el mínimo reclamo a la CANTV es necesario ir hasta Barquisimeto, ya que aquí no hay una oficina para atención al público. Cuando la condición sine qua non para ser empleado de un Ministerio en Carora es el de residir en la ciudad de los crepúsculos. Cuando todos los insumos de todos los entes gubernamentales son adquiridos en esta ciudad. Cuando la DIEX esporádicamente emite cédulas de identidad y en franco retroceso de sus actividades ya no tramita pasaporte. Cuando en la Fiscalía el advenedizo es el caroreño y si se cae preso un viernes por tragarse un semáforo, se tiene que esperar detenido hasta el martes porque los barquisimetanos no han regresado de su amada tierra. Cuando las tarifas de electricidad de Carora quintuplican y mucho más a las tarifas de Barquisimeto, donde no solo pagamos el servicio, sino también la inversión sin ninguna contraprestación de propiedad como debiera corresponder según el Código de Comercio. Cuando, después de recorrer casi 200 Km., desde la población de El Venado, Estado Zulia, nos conseguimos en el Distribuidor de Quibor, a 20 Km. de Barquisimeto, una inmensa valla que atraviesa la autopista con la inscripción: “BIENVENIDOS AL ESTADO LARA”. Se sonríe uno. Pudiéramos llenar cuartillas enteras de estos ejemplos pero el colmo de los colmos lo constituye la pretensión de llevarse de Carora a los Tribunales de Justicia. Esto representa la gota que derrama el vaso de nuestra indefensión ante la intolerable secular actitud centralista que determina y obliga a tomar acciones contundentes que haga respetar la dignidad del pueblo torrense. Si permitimos que esta cantidad de desafueros siga ocurriendo, llegará el momento de que vengan un montón de barquisimetanos a preñarnos a todos. Estas consideraciones, muy sentidas por entero en la comunidad torrense, nos llevan a pensar seriamente en el antiguo proyecto de unir los municipios Urdaneta y Torres para conformar un nuevo Estado, cumpliendo para ello con todos los requisitos de territorio, número de habitantes y economía propia sustentable establecidos en la Constitución. Este nuevo Estado pudiera llamarse Torres, en honor a nuestro prócer, cuyos restos están al lado del sarcófago del Libertador, en el Panteón Nacional, pero muy bien pudiera llamarse simplemente Estado Lara, primo hermano del anterior, nacido en nuestra calle San Juan cruce con calle Torres. De esta manera, la provincia de Barquisimeto tendría que buscarse otro nombre para su neo-naciente Estado. A carencia de próceres. Los caroreños estamos profundamente indignados por no decir otra palabra. Bibliografía. Oscar Ferrer Carrasco
Las tres versiones mas conocidas de la leyenda del Diablo de Carora
1era version de esta reconocida leyenda Siendo Alcaldes de Carora los Sres. Don Tiburcio Riera y Don Adriano Tuñon de Miranda, cuatro hermanos de apellido Hernández, ejercían el contrabando desde las vecinas costas de Coro, hasta para entonces aquella provincia; Mucho era sin duda alguna el lucro obtenido por los hermanos Hernández en sus peligrosas e ilegitimas actividades y muchos también los perjuicios ocasionados por aquel trafico ilícito a la compañía Guipuzcoana, única concesionario para aquella época, del comercio importador del país. Los días las semanas y meses se sucedían sin que los audaces contrabandistas fueran capturados a pesar de todo el empeño y apremio que en ello ponían los comerciantes perjudicados. Infinidad de tentativas se hubieron de poner en práctica para reducir a los indómitos hermanos y nada conseguían. Se prohibió terminantemente a los particulares comprarles sus mercancías, a tan rebeldes malhechores, y de nada sirvió la medida, hasta que al fin se resolvió dictar orden expresa y sin apelación a los Alcaldes de la citada Villa, afín de que mantuvieran persecución y vigilancia ininterrumpida. Hombres de pelo en pecho, denodados y resueltos como todos los de su tiempo, Riera y Tuñon de Miranda se propusieron aprehender a aquellos aventureros y, después de largos días de tenacidad y arrojo lograron capturar a uno de ellos, en una ocasión que este se había alejado de sus compañeros. Amarrados con fuertes cordeles y escoltados por varios gendarmes de recia catadura fue introducido el contrabandista a la villa. Ante la expectativa de la población lo encerraron en uno de los calabozos que había en la llamada hoy Casa de Gobierno, y que entonces era utilizada para cárcel local, y ahí lo dejaron, no sin fijarle una guardia de cuatro a cinco soldados aguerridos para que lo custodiasen. Pero los hermanos Hernández rebeldes por oficio y por condición, no se resignaron a la captura de uno de ellos. Aprovechando las horas calidas de la canícula, durante los cuales todos los habitantes se entregaban a dormir la siesta, costumbre inveterada en los climas ardientes como aquel, penetraron en la ciudad sigilosamente, dispuestos a libertar al preso, y dando muerte a los centinelas, lo cual consiguieron con fácilmente. Mas, confiados en que nadie se había dado cuenta de su hazaña, en vez de partir inmediatamente a ponerse a salvo en su madriguera, resolvieron evacuar algunas diligencias urgentes que tenían pendientes con sus cómplices de la ciudad, por si acaso no volvían. Esto los perdió. En efecto un anónimo y no sospechado espectador de la silenciosa refriega, corrió a avisar a los Sres. Alcaldes. Estos procedieron a armar un respetable numero de personas y formaron un destacamento de soldados añadiendo a el a todos los vecinos que a la voz de “lo reclama el Rey” acudían a engrosar sus filas; y de una manera discreta, aunque no por eso menos efectiva, afluyeron al sitio donde el informante decía que estaban los hermanos Hernández, evacuando su imprudente e inoportuna diligencia. Estos estaban fuera de sazón entregados a una transacción comercial situada frente al convento de Santa Lucia. Al notar que un numeroso contingente de gente armada se les venia encima, los hermanos Hernández resistieron con valentía y algunos tiros de arcabuz rompieron la monotonía de aquel pacifico lugar, pero al darse cuenta los contrabandistas de que no podían salir ilesos de acometida tan considerable, penetraron en el Convento, seguro que encontrarían allí un refugio inviolable, según una antigua tradición medieval, sagrada para aquella época. Con grandes y violentos golpes llamaron los señores alcaldes a las puertas del convento. Acudió presuroso el Superior, no sin antes protestar contra aquel estilo de los señores alcaldes, tan poco ajustado a las viejas reglas de la hidalguía por cierto; y ante la orden inmediata de abrir enseguida para aprehender a los asilados, hubo de negarse rotundamente, basándose en “que no podía entregar a aquellos infelices pecadores que habían venido a buscar piadoso refugio en la casa del Señor”, encendida la ira de los señores alcaldes; “pues si no abrís de buen grado, abrimos por la fuerza” exclamaron, y mandaron enseguida a buscar hachas y picos para derribar los enormes puertas del convento, no sin que, antes de ver vueltos terrones el frente del vetusto edificio, cediese a sus encolerizados requerimientos el Padre Superior, con todo sentimiento y repugnancia de su parte, y les dijo que tenían el diablo por dentro. Los hermanos Hernández, fueron pues capturados, demudados de rabia más que de temor, fueron desarmados, golpeados y ultrajados por aquella furiosa turba sedienta de venganza. Apenas había empezado a declinar la tarde, sin formula alguna de juicio fueron fusilados en la Plaza Real, dejándoles apenas tiempo de recibir la absolución de manos de un sacerdote. ¡Responsable manera de hacer justicia! Horrorizada la mansa población de aquel pacifico lugar ante la repentina y arbitraria sanción de los alcaldes, que no poseían las atribuciones dictatoriales que se requieren para ajusticiar sin antes haber dejado cabal expediente de la causa. Llenos de confusión los mas, que no sabían de que se trataba al mirar de pronto a aquellos cadáveres manchando la Plaza, momentos antes tan tranquila y poética. No se sabe si a causa de haber sido por breves momentos huéspedes peligrosos de la villa, aquellos audaces contrabandistas que parecían tener pacto con Lucifer, así de escurridizo habían sido; o si por creerse inspirado por el demonio aquel bárbaro procedimiento de los alcaldes de dar muerte a los reos, sin materialmente concederles tiempo de decir “Amen”, o si por sentirse acometidos de temor supersticioso, ante la violación del sagrado asilo del convento por los alcaldes, lo cierto es que muy pronto cundió entre los caroreños la curiosa especie de que “El diablo estaba suelto en Carora”. Y tanto fue el espanto y el horror que inspiro tan descabellada suposición, que la versión del “diablo de Carora” ha llegado fielmente hasta nuestros días, aunque ya folklóricamente. Únicamente falta agregar que habiendo llegado a oídos de las Autoridades Superiores de la provincia, las arbitrariedades de los alcaldes, convertidos por cuenta propia en señores de horca y cuchilla, fue ordenada la prisión y el enjuiciamiento de tan dictatoriales personajes. Don Tiburcio Riera fue ejecutado a su debido tiempo y Don Adrián Tuñon de Miranda logro escapar. Así termina esta versión de la leyenda del Diablo de Carora, (hay tres que se conocen) lo que prueba que las viejas leyendas, siempre tienen en el fondo, su partícula de verdad.
A mediados del siglo XVIII existía en Carora un matrimonio de apellido Hinojosa. Por este tiempo llegó a la ciudad un maestro de baile o de música y prendió amores con la señora Hinojosa. Fueron tan serios los amores que llegaron a la conclusión de prescindir totalmente del señor Hinojosa, para lo cual procedieron a matarlo. Esto fue un escándalo en la pequeña aldea, se temió una poblada contra ellos, estos buscaron el amparo de la Iglesia y el cura de donde al fin pudieron huir a Colombia. Parece que allí la señora Hinojosa quiso cambiar de amante por el mismo procedimiento, pero fue castigada. 3era recreacion de esta vivencia caroreña El año de 1859, fue expulsado del Territorio Fray Ildefonso Aguinagalde, el Fraile. Quien fue cura párroco de una Iglesia en Carora y se cuenta que cuando le llevaban a alguien para hacerle los oficios fúnebres preguntaba que quien era y a que partido pertenecia. Si le contestaban que había sido conservador, al tiempo de asperger el agua bendita murmuraba entre dientes:
Bibliografía-A través de Lara-Obras de José Vicente Pepper |