José María Camacaro nació en Rio Tocuyo en 1792 o 1793, en 1810 a los 17 o 18 años junto a otros muchos jóvenes, se le unió al Marqués del Toro a su paso por Siquisique, en la primera expedición patriota contra los españoles en la 1era República.

Siendo Capitán de “Los Lanceros de Venezuela” Camacaro se enfrentó al Zambo Atanasio, (a) “el Brujo”. Sobre quien circulaba una leyenda de que no le entraba plomo, porque se le atribuían fuerzas sobrenaturales que provenían de unas “contras” (gargantilla de dientes, colmillos y hierbas mágicas) que usaba por que “según” y que tenia pacto con el “Diablo”. Esta era una época en que todo el mundo creía en supercherías y hechos sobrenaturales.

Este episodio ocurrió en el “Sitio” de las fortalezas del Callao a poca distancia de Lima (Peru):

Llega corriendo el Coronel José Bolívar edecán del libertador, llevando esta noticia: !!!Los Lanceros han Huido¡¡¡ Sale el Libertador apresuradamente y se encuentra a Bartolomé Salón quien le dice “excelentísimo Sr. Un piquete de los Lanceros de Venezuela acaba de cubrir de vergüenza al ejercito. Esperamos vuestras ordenes “¿De quién han huido esos miserables?” de un escuadrón enemigo, con  el “brujo” Atanasio al frente. Mira bolívar a los lanceros y parte a galope hacia ellos y a corta distancia ya les grita “!Cobardes¡ acabáis de humillar el noble orgullo del ejercito, sois indignos de llevar ese estandarte que viene desde el Orinoco cubierto de gloria” y manda a quitárselos; De pronto un oficial, el Capitán de la primera compañía del escuadrón “Lanceros de Venezuela” acaba de abandonar violentamente su puesto, en dirección precipitada hacia el Libertador, y a corta distancia, ya, desciñe el sable, lo arroja lejos de si, y apresurando el paso, y rompiendo con ambas manos la botonadura de sus solapas para descubrir el pecho, llega, y con voz estentórea exclama: “¡La muerte Señor¡ mándeme V. E a fusilar, para salvarme de la vergüenza de matarme” y así de pie fijos en Bolívar los ojos, que despidiendo fuego espera. Era el valiente Camacaro, de poderosa pujanza, de destreza sin igual y de radiante fama, el que así pedía la muerte, antes que ver despojado a su escuadrón del estandarte con que triunfo en Carabobo. Y desde allí hasta Ayacucho con heroísmo sin rival.

“Capitán Camacaro contestó Bolívar, ese valor a debido probarse arroyando y lanceando ese puñado de derrotados comandados por el brujo”. Señor deme veinte de mis lanceros, y V.E los verá arrollados y lanceados. “Marche Ud. Con solo 20 lanceros y tráigame Ud. aquí la cabeza del brujo Atanasio, si tiene la vergüenza de salir”. Camacaro corre a recoger su sable, abrochándose sus solapas, y volando sobre su caballo, grita a la cabeza de su compañía, “de uno a 20,  vamos a vencer o morir” El escuadrón todo, pide por gracia la de marchar a borrar la vergüenza, pero Bolívar resiste y Camacaro, levantando en alto su sombrero en el cual ondea un gran plumero tricolor con el cual saluda despidiéndose del Libertador y de su ejército, y parte al galope de su impetuoso corcel seguido de sus 20 camaradas. Salen a pecho descubierto y van cayendo uno a uno sus compañeros. Se forma en línea de batalla, mientras Bolívar observa con su secretario y su Estado Mayor; aunque ensordece el tronar de los cañones de uno y otro lado y el silbido perenne de las balas, y caen valientes en honor de nuestras banderas, el silencio y la inmovilidad ocultan la excitación general. Camacaro ha permanecido de pie, diez minutos, al frente de todas las fuerzas enemigas, cuando de repente e improviso baja el puente, crujen con estrepito las formidables puertas del Castillo y reaparece Atanasio seguido de 20 compañeros, sin dudas pensando repetir su triunfo de poco tiempo antes. En presencia de los dos ejércitos y de las dos banderas, a paso lento marcha sobre su adversario, se crea un gran silencio; todos los fuegos se han suspendido y las músicas han callado y hasta el aire parece espesarse y permanecer inmóvil. Vemos a Camacaro que se lanza sobre su enemigo, y vemos que casi en el acto Atanasio manda hacer alto a los suyos, y se desprende  como arremetiendo a su rival, que se precipita a encontrarle, empieza el polvo que levantan las dos carreras a oscurecer el estrecho recinto en que aquellos dos leones quieren desgarrarse las entrañas; y la vista como se aguza en el ansia de percibir los más leves incidentes de aquel combate singular. ¡Ho mengua! Atanasio ha disparado su trabuco, el arma favorita en la que ha descansado por muchos años su reputación y sin duda fue el verdadero misterio de sus mentidos hechizos, como arma de privilegio desde que así lo establecieron los conquistadores.

Pero Camacaro no ha perdido su silla, ni ha bamboleado, y enristra su terrible lanza y es imitado por Atanasio, y chocanse con ímpetu desesperado, eludiendo el uno y el otro la lanza del enemigo, como debía suceder entre el Gaucho de Buenos Aires y el nativo de Rio Tocuyo, que sobre sus impetuosos corceles se convierten en verdaderos cuchillo-de-zapadorcentauros. Estamos en el momento crítico: todavía se los distingue, arrojadas las lanzas, abrazados cuerpo a cuerpo, y luchando cada uno por desenvainar su cuchillo zapador y por arrancar el del contrario. Los caballos han quedado trémulos y van lentos al choque impetuoso y a los esfuerzos de los colosos. Estos mismos balancean, por esfuerzos hercúleos y opuestos, hasta parecer que pierden la silla; y aquel continúo y violento movimiento de caballería convierte en densa nube el polvo que están levantando. Apenas penetra la vista lo bastante para percibir como en un solo cuerpo los dos combatientes en un bulto oscuro,  cuando se nota con mescla indefinible de terror y de esperanza, que caen en tierra, y los caballos espantados recobran su libertad y corren hacia el mar. El grupo de los dos valientes se revela por la espesura impenetrable de la nube en que furiosamente bregan por arrancarse la vida. Ni aun aquella respiración con que el corazón se descarga de un gran peso que le oprime, se deja oír dentro de las murallas ni en la dilatada línea sitiadora, y Lima la tristísima Lima, como espirante de angustia, no recibe de tres en tres minutos sino la desesperante relación de todos estos pormenores. Pero sonó el instante. Dejase oír como un eco lejano una voz, que se desprende del seno mismo de la espesa nube que ya empieza a disiparse. Esa voz es el resultado, imaginamos todos; y palpitan todos los corazones de manera ya irresistible; y distinguiese, todavía sin contornos un solo hombre  de pie, y se oye con más fuerza, pero todavía ininteligible, el grito estentóreo del vencedor ¿Es Camacaro? … ¿Es Atanasio?… levanta la diestra que sin dudas empuña un puñal, lo revela en su tercera exclamación “Viva Colombia” oímos todos, viva Colombia, repite sin descanso la extensión de la línea, y va repitiéndose de punto en punto y penetra en Lima, y cien mil voces repiten “Viva Colombia” ¿Quién pudiera describir el tropel de sensaciones producido por aquella victoria, ni la expansión tan súbita como celestial, de tantos millones de corazones, herido el justo orgullo de los arrogantes defensores del Callao, levase el puente tras de los gauchos encerrados, rompen los fuegos con pasmoso estruendo, y verdadero furor de uno y otro bando. Nuestras dianas hacen redobles esos fuegos. Camacaro vuelve sin sombrero, desgarrado el vestido, cubierto de tierra, sin más armas que el puñal, y agarrada por los cabellos la cabeza del hechicero, y a la presencia del Libertador exclama “Excelentísimo Sr: ¡La cabeza de Atanasio!” Bolívar le manda a arrojar en la fosa aquel sangriento despojo, y con sus propias manos coloca las charreteras de Coronel en los hombros del valiente Camacaro y en su diestra el glorioso estandarte de los “Lanceros de Venezuela”.

Tiempo después el Coronel Camacaro murió en la acción del Portete de Tarqui, (Cuenca, Ecuador) el 27 de febrero de 1.829, peleando a las órdenes del Gran Mariscal de Ayacucho, que mandaba el Ejército Colombiano, contra las tropas Peruanas comandadas por el General José de Lamar. Con lo cual pago el Perú a los héroes de Ayacucho, que habían sido sus libertadores.

En esta batalla fratricida murieron muchísimos héroes de la independencia latinoamericana.

Siendo comandante del Escuadrón Cedeño, el valiente Camacaro se enfrentó en un célebre duelo a lanza con el  coronel peruano Domingo Nieto, jefe del primer escuadrón de los Húsares de Junín.

Así lo cuenta la historia:

(…) Camacaro sabiendo que estaba a punto de conseguir la victoria envía un oficial de caballería con bandera de parlamento al campo peruano; He aquí el reto a duelo que hace mi comandante Camacaro, la primera lanza de camacaroColombia, de batirse a caballo y lanza con cualquier jefe peruano que se atreva a aceptar (…) reto singular de José María Camacaro que era un hombre alto y robusto con fama de valiente, no obstante el teniente coronel Peruano Domingo Nieto acepto el reto y salió a su encuentro.

Se hizo la liza en el propio campo; los lanceros del “Cedeño” dan vivas anticipando el triunfo de la primera lanza de Colombia, pues bastante muestra de ello había ofrecido Camacaro con los numerosos españoles que había dejado muertos en todas las batallas, asunto que lo hizo famoso y temido por lo certero de su lanza:

Las tropas contendientes aguzaron la vista con avido interés siguiendo las evoluciones de aquellos centauros que afianzando sus cabalgaduras y con sus lanzas en ristre se acometieron al  galope.

El choque fue contundente, para sorpresa de los colombianos que hicieron sepulcral silencio, Camacaro fue atravesado y levantado en vilo de su silla por la diestra lanza de Domingo Nieto quien de esta forma puso fin a los días del invicto venezolano.

Así rindió honor a la tierra el héroe de Rio Tocuyo, José María Camacaro, mejor conocido como el más valiente de los centauros y como la primera lanza del ejército Neogranadino de este tiempo.

En esta batalla se la jugaron dos ejércitos hermanos de la lucha independentista, y se perdieron las vidas de muchos héroes valiosos, en un enfrentamiento por demás fratricida.

BIBLIOGRAFÍA: DICCIONARIO HISTÓRICO, GEOGRÁFICO, ESTADÍSTICO Y BIOGRÁFICO DEL ESTADO LARA DE TELASCO A. MAC-PHERSON. WWW.LSIABALA-ALMANZUR.BLOGSPOT.COM