CONTINUACIÓN DEL CICLO DE PERSONALIDADES: Octavio Cesar Reyes Rojas. –Tavo Reyes–
Octavio Cesar Reyes Rojas. –Don Tavo– Nació en Pedregal del Estado Falcón, el 20 de noviembre de 1919 y murió en Aguada Grande, estado Lara, el 11 de abril del año 1991.
Nació en la población de Pedregal perteneciente al Estado Falcón el día 20 de Noviembre de 1919; Hijo de José Nemecio Reyes y Rosa Rojas; tuvo varios hermanos: Dos hembras: Ismenia y Prisca, además de cinco varones: José Nemecio, Pedro, Jesús “El Negro”, Oswaldo “Mayo” y Benjamín “Chemin”.
En su juventud, Octavio Cesar Reyes Rojas emigró desde su tierra natal, Pedregal, al pueblo de Aguada Grande en el municipio Urdaneta, donde conoció al boticario Alberto Colmenares, quien le brindó la oportunidad de prosperar dándole trabajo en una botica de su propiedad. Aunque empezó barriendo y lavando frascos, con el tiempo se convirtió en un excelente alumno del boticario, aprendiendo todo lo relacionado con el ramo. Posteriormente el señor Colmenares, aquejado por una enfermedad incurable, decide emigrar a Barquisimeto y le vende la Botica por un precio de Cincuenta (50) pesos, que era una buena suma para la época, la cual le canceló en varias cuotas.
“Tavo” se decidió a trabajar de lleno en el ámbito farmacéutico, se le hizo fácil el aprendizaje. Aprovechando que le gustaba la lectura empezó a estudiar libros y tratados de medicina, entre ellos el pequeño Merck, para aquella época la semiología de Coscio, Vademécum Internacional, Medicamenta entre otros y así fue profundizando y adquiriendo los conocimientos que en un futuro lo ayudarían en su propósito de velar por los enfermos. Con la experiencia adquirida aprendió a diagnosticar y así curo mucha gente de este pueblo y lugares foráneos ya que para la época había escases de médicos graduados en este Municipio debido “a las características” de la Venezuela Rural.
Este sería, para el Sr. Octavio (Tavo) Reyes, el inició y desarrollo de una carrera que lo llevaría a destacar en la farmacopea urdanetense, en la cual se hizo famoso por los muchos compuestos que preparaba –muchos de su invención con excelentes resultados curativos–, prestando un gran servicio a los habitantes del municipio, llegando a ser muy apreciado, ocupando una posición muy importante en la sociedad, a tal punto que aún es recordado con cariño y aprecio…
Es de hacer notar que Octavio Reyes no solo trataba enfermos, sino que se atrevió a la Odontología ya que extraía piezas dentales, por lo que la gente lo llamaba “Don Tavo” “el médico del pueblo”.
Debido a las circunstancias, Octavio Reyes extiende sus actividades a Siquisique, en donde emprende una nueva actividad comercial dentro de la medicina, montando otra Botica con el nombre de “Botica Popular”, permaneciendo durante muchos años en este lugar, en el cual siguió ejerciendo su ramo como médico aun cuando no lo era.
Como todo en la vida no es fácil, hubo una época en que aparecieron los obstáculos, fue cuando empezaron a llegar los médicos graduados y estos se molestaban al ver que el boticario era preferido por los enfermos, quienes por la fe que le tenían preferían su atención. Fueron tiempos difíciles, pero superados a fuerza de capacidad y conocimientos, cuando los propios médicos lo aceptaron y se hizo amigo de ellos.
En su vida privada, Octavio Reyes fue un hombre ejemplar: En su primer matrimonio se casó con Bárbara Rivero, unión en la que le nacieron sus dos hijos mayores: Jaime y Zulma. Posteriormente contrae matrimonio con Angelina Pacheco, oriunda de Aguada Grande, de cuya unión le nacieron diez Hijos: Carmen, Ana, Haidee, Octavio, Gustavo, Elena, José, Carlos, Rafael y Angelina. Don Octavio Reyes crio a su numerosa familia de acuerdo a sus principios, convirtiéndolos a todos en hombres y mujeres de bien para la vida y la sociedad.
Anteriormente, el gobierno daba permiso para montar las Boticas, siempre y cuando en dicha población no existieran farmacias, las cuales eran regentadas por un profesional farmacéutico. Se daba el caso, que al llegar alguien y montar una farmacia, automáticamente el permiso de la botica quedaba sin efecto y tenía que irse obligatoriamente. Como sucedió en el año 1983, cuando es inaugurada una farmacia en Siquisique, circunstancias por las cuales a Octavio Reyes no le queda otro camino que migrar nuevamente para Aguada Grande, donde monta el Expendio De Medicina Los Reyes.
Al pasar un tiempo se le cumple el sueño más preciados al Sr. Octavio Reyes, cuando se gradúa de Farmacéutica su hija Elena, y en julio de 1986, orgulloso, regresa a Siquisique y decide fundar “Farmacia Urdaneta”, la cual sigue regentada por su hija, a quien trasmitió parte de su gran experiencia y enseño la preparación de algunas fórmulas que aparecen en la “Farmacopea De Venezuela” del año 1936.
Posteriormente, funda una nueva farmacia en Siquisique “Siqui-Farma”, la cual, es regentada por su hijo y actual dueño, Carlos Reyes.
El Sr. Octavio Reyes fue un gran lector, y como tal atesoró la sabiduría de muchos libros, entre los que destacaron los de Historia Nacional e Internacional; también se dedicó con gran pasión a la lectura Egipcia, ya que adoraba todo lo referente a los faraones y las Pirámides.
En lo que a mí respecta, tuve el honor de ser su amigo en los últimos años de su vida, lo que para mi dejó sembrados recuerdos de su experiencia y bonhomía. Siempre lo consideré un ser excepcional, el cual atesoraba muchos conocimientos, de los que siempre trate de aprender. Especialmente evoco con pensamiento nítido, las tertulias habituales donde tratábamos de todo, generalmente sobre política, y aunque parezca extemporáneo decirlo en este momento, el, pronosticó, cuando nadie se imaginaba, ni se atrevía a decirlo; la caída de los partidos tradicionales y del sistema democrático en Venezuela tal y como se conocían…y tal como sucedió.
Bibliografía: Elena Reyes de Peraza. Jorge Peraza. www.municipiourdaneta.com.






















