En esta sección: Crónicas antiguas con la participación de urdanetenses (I)

junio 12, 2011 por · Deja Comentario
Categoria: Historia 

En la época de la guerra Federal, el municipio Urdaneta fue un semillero de hombres dispuestos para la guerra*, ya que en su mayoría, todos los hijos de esta tierra acudieron como uno solo al llamado realizado por sus vecinos del Estado Falcón al grito de la Federación.

En ese periodo,  –como de todos es bien sabido–, el país se debatía en medio de un hervidero por los reacomodos sociales generados por las injusticias cometidas después de terminada la guerra de independencia, situaciones que aunadas a la traición y muerte en la indigencia del Libertador Simón Bolívar y el posterior desmembramiento de la Gran Colombia, habían  sembrado la semilla para el futuro desarrollo de este  cruento periodo de nuestra historia y el protagonismo de nuestra gente.

El Libertador había dejado sus ideas libertarias bien sembradas en los corazones de los hombres y mujeres de la patria, especialmente en los habitantes de los Estados Falcón y el municipio Urdaneta en el estado Lara, los cuales eran seguidores incondicionales de su doctrina. Luego, tal y como lo habían hecho en la Guerra de Independencia, siguieron tomando partido, sin cortapisas, sacrificándolo todo en pos de sus ideales; acometiendo una guerra fratricida que arrastraría a las tres cuartas partes de sus habitantes en una lucha sangrienta que cobraría la vida de muchos de ellos, en ambos bandos; todos en pos de conseguir el objetivo final… unos a favor de sacar del poder a los que consideraban habían traicionado el gran ideal bolivariano y los principios de justicia y libertad, y los otros, asumiendo que tenían legitimidad; para evitarlo y mantenerse en el poder a como diera lugar.

En este pasaje hablaremos de algunos descendientes del Caserío la Catalina –Sector la Venta–, cuna de los ayamánes que enfrentaron a Federmann cuando hizo su paso por territorio del municipio Urdaneta en 1530*.

Este pueblo fue cuna de una casta de hombres que se destacaron en el arte militar, especialmente en la guerra Federal: entre ellos los Querales y sus descendientes, en cuya familia y por varias generaciones existieron varios coroneles y generales, de los cuales trataremos más adelante.

En esta ocasión, la crónica que nos ocupa, trata de dos coroneles y un pequeño grupo de hombres, todos habitantes de la Catalina, perteneciente a nuestro municipio: situado en las estribaciones del cerro de la Venta –conocido actualmente como `La Antena´, perteneciente a la serranía de Parupáno.
En este pueblo vivían dos coroneles: Uno se llamaba Pantaleón Torrealba y el otro Ramón Cordero: hubo un alzamiento militar y ambos coroneles fueron llamados por el `ejército´ para que fueran a enfrentar a unos alzados contra el gobierno.

Lo cierto es, que cuando los coroneles aceptan acudir al llamado, reclutan un pequeño grupo de hombres con la misión de ir `a las montañas del Tocuyo´ en Humocaro Alto para enfrentar y tratar de dominar a los alzados.
Entre los reclutados iban: Eustaquio Adjunta, Julián Escobar, Marcelo Torrealba, Alejandro Querales (a) El chopito, Juan Ramón Torrealba, (a) El cara negra, Silvestre Querales Martínez, Blas Querales (a) El rollón y Eulogio Querales. De modo que fueron 8 soldados y dos coroneles, sumando en total 10 hombres…

Así fue como partieron estos diez hombres, a esas enormes montañas de Humocaro Alto con una misión que cumplir.

Al llegar al sitio y encontrarse con el enemigo, hubo un rápido y violento enfrentamiento, en el cual, a pesar de haberle causado algunas bajas, la gente de la `Catalina´ tuvieron que `salir volando´  –replegarse– del sitio ya que eran superados ampliamente en número y se encontraban en inferioridad de condiciones.

Durante 8 días estuvieron escondidos estudiando la impenetrable montaña de los Humocaros y vigilando al enemigo. Esperando una mejor ocasión para iniciar el enfrentamiento.

Cuando consideran llegada la oportunidad, los rodean valiéndose de la espesura de la montaña… comienzan el ataque causándoles varias bajas. Estos al verse sorprendidos y tal vez creyendo que eran atacados por un mayor número de tropas, salen huyendo por el camino de Barquisimeto, siempre perseguidos y acosados por los Coroneles y su pequeña tropa usando el viejo sistema de guerrillas, por el cual fueron conocidos y famosos los urdanetenses desde `los tiempos´ –época– del Indio Reyes Vargas, quien lo implementó con gran éxito en la guerra de independencia.

Al llegar a Barquisimeto, los alzados se atrincheran en un cujisal, –en el sitio donde actualmente queda el barrio el Jebe–, iniciándose un nuevo enfrentamiento `a plomo limpio´ de parte y parte. Los atrincherados no aguantan la fiera acometida y al no tenerlas todas consigo, nuevamente se retiran. Esta vez la marcha es emprendida a tierras del estado Yaracuy, siempre con los `Venteños´ `pisándoles los talones´.

Al llegar a un pequeño caserío, llamado Tucacas el Hacha, se preparan y en esta oportunidad  ya están bien dispuestos para dar la pelea.
Pantaleón Torrealba, Ramón Cordero y sus soldados son recibidos con una `piedrazón cerrada´. Allí y en ese enfrentamiento salen varios heridos de gravedad. Ambos enemigos se `arresisten´ –resisten–, ninguno da el brazo a torcer; el enfrentamiento se extiende por varias horas, hasta que algunas osadas acciones de los urdanetenses le toman la posición, causándoles por tercera ocasión varias bajas e inclinando la balanza a su favor. Los atrincherados, cansados y con varios heridos, deciden nuevamente salir huyendo, esta vez buscan la vía de Oriente por tierras Cojedeñas; no sin antes dejar varios tiradores apostados estratégicamente cubriéndoles las espaldas:
Pantaleón Torrealba y Ramón Cordero, en vista de que tienen varios soldados heridos y ante la falta de bastimento, ya muy cansados, abandonan la persecución y deciden la retirada. Lo hacen con varios heridos, de los cuales dos eran los más graves: ellos eran Juan Ramón Torrealba (a) El Cara Negra, y Blas Querales (a) El Rollón, quienes en el enfrentamiento habían inclinado la balanza en un ataque a pecho descubierto… ¡demostrando mucho valor!.

Al venir de regreso para su sitio natal, ya en tierras del estado Falcón, se acampan en un sitio llamado La Cieneguita, donde deciden curar a los heridos:

Ante la falta de médico y al ver que han pasado varios días de sufrimientos para estos, Pantaleón Torrealba decide tratarlos, pero había que operarlos `a sangre fría´ porque no cargaban anestesia: Al primero le saca varias `piedras´* de la herida, la cual cubre con una cataplasma –ungüento– realizado a base de plantas masticadas y lo protegen con unas vendas improvisadas.

El otro herido, Blas Querales, se encontraba en peores condiciones; Pantaleón se da cuenta que el Rollón está más grave porque tiene el brazo quebrado y descompuesta la coyuntura del hombro derecho, además de media oreja tumbada:

A pesar de ser tan grave la herida, Pantaleón Torrealba y Ramón Cordero realizan la operación con un cuchillo quemado y bien afilado, logrando extraer las piedras de lo más profundo de las heridas de Blas Querales. Ya para terminar, logran calzarle la coyuntura en el sitio correcto. Ambas operaciones fueron realizadas sin anestesia y soportadas estoicamente por el `Cara Negra´ y `El Rollón´.
`Entre tanto´ –Mientras pasa el tiempo– para que los enfermos se recuperen de sus heridas, los otros cazan animales del monte para mantenerse y esperar la recuperación de los heridos.
Cuando consideran  que los convalecientes se encuentran fuera de peligro, se vienen pal´ –para el– caserío, llegando todos sanos y salvos con su familia.

Así vivieron y contaron este suceso los (tureros), habitantes de LA CATALINA, el cual fue uno más entre los diferentes acontecimientos protagonizados en esa turbulenta época* por los urdanetenses.

* Guerra: http://www.municipiourdaneta.com/independ.php

*1530: http://www.municipiourdaneta.com/concolo.php

* Piedras: En consulta telefónica realizada al cronista de Barquisimeto, Don Ramón Querales, el manifiesta que anteriormente se usaban armas, como cañones pedreros y armas largas parecidas a un fusil, que eran cargadas con piedras en vez de plomo, el cual era escaso y cuyo uso se vino a regularizar después que se inventaron las armas con `anima´ en el cañón.

*Época: No se tiene el año exacto de estos acontecimientos, solo se sabe que en el año 1868 se caso en la Catalina una muchacha de nombre Jovita Torrealba con Eustaquio Adjunta y “ésta muchacha venía de una familia muy respetuosa porque en ésta familia había un hombre que era coronel y se llamaba Pamtalion Torrealba[…]”.

 

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