Sobre el Siquisique de antaño: El comercio, el transporte y el cocuy…
En Siquisique, como en todos los pueblos de Venezuela en la época rural, el comercio por medio de las pulperías* jugó un papel primordial en el desarrollo de los mismos, el cual fue evolucionando hasta llegar a ser tal cual y como lo conocemos en la actualidad.
Siquisique siempre se ha caracterizado por el aislamiento debido a la distancia de los centros urbanos y principalmente por su situación geográfica que lo sitúa en medio de dos ríos y además flanqueado por numerosas quebradas, lo que ha imposibilitado en gran medida la construcción de vías expeditas para lograr su desarrollo. Sin embargo esto no le ha restado un ápice de impulso a sus habitantes quienes desde sus inicios como pueblo y haciendo gala de un gran espíritu de lucha y superación se han enfrentado a todos los obstáculos tratando de subsistir.
Según los relatos del Sr. José (Che) Espinoza –quien ya nonagenario mantiene sus recuerdos con toda lucidez– nos adentramos en las vivencias de un tiempo situado un poco más adelante del año 1900, en un periodo que abarca poco más de 50 años. Recuerdos entrelazados que nos llevan a conocer una época pasada, llena de nobles sacrificios y sanas alegrías, que de no ser por estos relatos, jamás conoceríamos.
`Siquisique, nuestro terruño, era la región más escondida y aislada del Estado. Estaba situado en medio de dos ríos que al principio eran navegables y por el otro lado estaba rodeado de dos montañas o cerros inmensos, mejor conocidas como: El Azaharito y Guacamuco…
Al correr el tiempo las cosas fueron mejorando, después de que todo el movimiento comercial se hacía mediante burros, mulas, caballos, etc. ya que era en lomos de estos animales que se cargaban y comerciaban los productos necesarios para las nuevas y florecientes pulperías, muchas de las cuales se fueron convirtiendo en grandes negocios, tales como: Las Mercedes, de Salustiano Santelíz; Mi Rincón, de Elías Saldivia; La Primavera, de Salvador Viloria; La Culebra, del Negro Riera; El Otoño, del musiú Jorge; el negocio de telas y driles de Abrahán Gozaine; la bodega de doña María de Saldivia; la Farmacia de don Buenaventura Giménez y la venta de medicina por frascos, patentada por Elías Saldivia, etc., etc.
Con este movimiento se fue desarrollando el comercio en Siquisique y aparecieron los primeros camiones llamados “de casillas”: La Primavera, de Salvador Viloria; El Cielito Lindo, de Francisco Pérez Giménez; Mi Delirio, de Rufino Meléndez, y el TBC, de dos dueños: El Moro Viloria y Nicolás Gutiérrez.
Dichos camiones servían para llevar carga y también pasajeros: el camión llamado “La Primavera” era para llevar a vender a Barquisimeto de todo lo que se producía en nuestro municipio, principalmente café, cueros de chivo, caraotas y todo tipo de frutos que aquí se producían, siempre y cuando el rio de Baragua diera paso ya que no existían puentes. En el viaje de vuelta se aprovechaba para traer víveres para el pujante negocio de don Salvador Viloria. Su chofer era un Sr. De muy buen trato apodado el “Neo” y en el asiento delantero solo viajaba el dueño. Para poder viajar en dicho camión como pasajero, había que anotarse en una lista con 15 días de antelación y el pasaje era carísimo ya que dependiendo la carga que llevaba solo transportaba de 3 a 7 pasajeros por viaje. A pesar de que su dueño, don Salvador Viloria, era muy decente y repartía los pasajeros a sus casas en Barquisimeto, no le rebajaba del pasaje ni un cuartillo a nadie.
El camión llamado “Cielito Lindo” era propiedad de un Joven muy dinámico y alegre llamado Francisco Pérez, quien fue el que dio impulso al beisbol en Siquisique y Baragua, alcanzando una época dorada para este deporte llena de alegría y pasión desbordante. Pérez organizó varios equipos y era un pitcher zurdo que la tiraba de humo. Su chofer era el Sr. Cruz Pineda, joven cortés y popular para la época, a quien cariñosamente apodaban la Loba. En este camión solo podían viajar pasajeros en la parte delantera, pues se encargaba de comercializar con cerveza.
El camión llamado “Mi Delirio” era propiedad de Rufino Meléndez, este se ocupaba exclusivamente de transportar el cocuy de penca en barriles, el cual era llevado y distribuido en ciudades tales como: Barquisimeto, Maracaibo y Coro. En ese tiempo la gasolina era de mala calidad y los camiones no tenían suficiente fuerza para transportar una carga tan pesada, sobre todo en tiempo de lluvias, además siendo la carretera una pica que había sido construida en tiempo de los Welsares*, se veían obligados a cargar tres ayudante con todos los implementos necesarios –escardillas, machetes, pala, pico y cadenas– para abrirse paso y además descargar la mercancía cuando la situación así lo ameritaba y volver a cargar después de superado el escollo.
El cuarto y último camión existente en Siquisique, en la época que nos cuenta Ché Espinoza, se llamaba “TBC y T D.G UN BB”, pertenecía a dos amigos: Al Moro Viloria, quien era dueño de un negocio y cervecería situado en la Casa Azul de la calle El Sol y el otro era Nicolás Gutiérrez. El caso es que los nombrados eran dos jóvenes muy jocosos, con la sonrisa y el chiste a flor de labios, siempre joviales…que se las traían…le sobraban las novias…como apodo los nombraban los patiquines.
*Pulperia: Su origen data de mediados del siglo XVI, y proveía todo lo que entonces era indispensable para la vida cotidiana: comida, bebidas, velas (bujías o candelas), carbón, remedios y telas, entre otros.
También era el centro social de las clases humildes y medias de la población; allí se reunían los personajes típicos de cada región a conversar y enterarse de las novedades. Las pulperías eran lugares donde se podía tomar bebidas alcohólicas, se realizaban riñas de gallos, se jugaba a los dados, a los naipes, etc.
*Según crónica del periódico El Impulso de Carora en su Nº 2 del año 1904.
La Renta de licores… CONTINUARÁ
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