Reseña sobre el primer choque de vehículos ocurrido en Caracas el 11 de julio de 1913
Esta reseña fue escrita el 12 de Julio de 1913 en un editorial de “El Universal”: Reproducido tal cual.
“UN PROBLEMA QUE NECESITA SOLUCIÓN”
“Caracas Julio 12 de 1913. – Nosotros lo habíamos predicho. Tarde o temprano iba a suceder lo inevitable. Ayer por desgracia, los hechos nos dieron la razón.
A las once y media de la mañana, cuando el Dios Febo estaba en su esplendor, dos de esos vehículos de motor que llaman impropiamente automóviles, y que andan por esas calles a 15 y hasta a veinte kilómetros por hora, tuvieron un encontronazo nada menos que en el ombligo de la ciudad, en la propia esquina de las Gradillas.
El vehículo manejado por el joven Gustavo Zingg “chocó” (si se nos permite usar este galicismo), con el otro que conducía el ingeniero alemán que fue traído con este objeto por la casa Blohm de esta ciudad.
Este espectáculo, casi terrorífico, no se había visto jamás en la Capital y puede afirmarse, sin cometer pecado, que todo Caracas desfiló por las Gradillas a mirar el estado en que por justo y merecido castigo quedaron los dos coches. A tal punto llego la marejada humana que el gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez, Caudillo de Diciembre, siempre vigilante de la tranquilidad colectiva, tuvo que sacar la caballería y ocupar las cuatro bocacalles de la Plaza Bolívar.
Y ahora nos preguntamos nosotros: Es esto civilización? Podrá seguir tolerando toda una ciudad que corran por sus calles, como alma que lleva el Diablo, flamígeros aparatos de hierro? Y todo porque a un millonario de la Gran Nación del Norte, quien según informa el cable francés se llama Enrique Ford, se le ha metido en la cabeza hacer dinero de esta forma?
Pero todavía hay tiempo de ponerle remedio al mal.
De aceptar nuestra reiterada proposición de que esos aparatos solo se les permita circular por los caminos y que
se las marquen zonas de salida y llegada en los extramuros de la ciudad. Así se evitarían catástrofes mayores y Caracas podría seguir conservando su hermoso aspecto de la ciudad seria, en donde los coches de caballos van y vienen sazonando la vía con los agudos dichos del cochero y las travesuras fisiológicas de las nobles bestias.
Y no solo la prensa, el cuarto poder como tan acertadamente la llamara el Libertador, sino también la Iglesia, suprema guardián de las buenas costumbres, ha dejado oír su voz contra estos aparatos. El joven e inspirado predicador Pbro. Jesús María Pellín, fustigó el domingo pasado, en misa de 11, a los que él llamó con toda propiedad “amicis rerum novarum” (amigos de las cosas nuevas), como de estos aparatos satánicos que comparó al carro de fuego en que el profeta Elías desapareció con dirección al cielo.
Que hablen los otros. Que hable la ciencia. Que hable el doctor Luis Razetti y diga si un organismo puede aguantar el desplazarse a 20 kilómetros por hora. Que hable el Dr. Delgado Palacios, nuestro más eminente químico y explique si con el ingrediente tan peligroso que llaman gasolina no puede inflamarse y producir una reacción en cadena que acabe con la ciudad. Que hablen los jóvenes doctores Pepe Izquierdo y Enrique Tejera. Que hablen todos. Que no se callen, que la ciudad y la patria están en peligro.
Nuestra consigna ¡¡ Atrás automóviles !! sigue siendo la voz del patriotismo y del buen sentido venezolano. La posteridad habrá de agradecernos haberla librado de esta tremenda amenaza.!
`Tomado de un diario local´
–*–”
Información leída y recogida en Twitter la cual fue publicada, hace tiempo, por @ TrapiLLo
Cuentos cortos: En la administración de correos. De Anton Chejov
La joven esposa del viejo administrador de Correos Hattopiertzof acababa de ser inhumada. Después del entierro fuimos, según la antigua costumbre, a celebrar el banquete funerario. Al servirse los buñuelos, el anciano viudo rompió a llorar, y dijo:
-Estos buñuelos son tan hermosos y rollizos como ella.
Todos los comensales estuvieron de acuerdo con esta observación. En realidad era una mujer que valía la pena.
-Sí; cuantos la veían quedaban admirados -accedió el administrador-. Pero yo, amigos míos, no la quería por su hermosura ni tampoco por su bondad; ambas cualidades corresponden a la naturaleza femenina, y son harto frecuentes en este mundo. Yo la quería por otro rasgo de su carácter: la quería -¡Dios la tenga en su gloria!- porque ella, con su carácter vivo y retozón, me guardaba fidelidad. Sí, señores; érame fiel, a pesar de que ella tenía veinte años y yo sesenta. Sí, señores; érame fiel, a mí, el viejo.
El diácono, que figuraba entre los convidados, hizo un gesto de incredulidad.
-¿No lo cree usted? -le preguntó el jefe de Correos.
-No es que no lo crea; pero las esposas jóvenes son ahora demasiado…, entendez vous…? sauce provenzale…
-¿De modo que usted se muestra incrédulo? Ea, le voy a probar la certeza de mi aserto. Ella mantenía su fidelidad por medio de ciertas artes estratégicas o de fortificación, si se puede expresar así, que yo ponía en práctica. Gracias a mi sagacidad y a mi astucia, mi mujer no me podía ser infiel en manera alguna. Yo desplegaba mi astucia para vigilar la castidad de mi lecho matrimonial. Conozco unas frases que son como una hechicería. Con que las pronuncie, basta. Yo podía dormir tranquilo en lo que tocaba a la fidelidad de mi esposa.
-¿Cuáles son esas palabras mágicas?
-Muy sencillas. Yo divulgaba por el pueblo ciertos rumores. Ustedes mismos los conocen muy bien. Yo decía a todo el mundo: «Mi mujer, Alona, sostiene relaciones con el jefe de Policía Zran Alexientch Zalijuatski». Con esto bastaba. Nadie se atrevía a cortejar a Alona, por miedo al jefe de Policía. Los pretendientes apenas la veían echaban a correr, por temor de que Zalijuatski no fuera a imaginarse algo. ¡Ja! ¡Ja!… Cualquiera iba a enredarse con ese diablo. El polizonte era capaz de anonadarlo, a fuerza de denuncias. Por ejemplo, vería a tu gato vagabundeando y te denunciaría por dejar tus animales errantes…; por ejemplo…
-¡Cómo! ¿Tu mujer no estaba en relaciones con el jefe de Policía? -exclaman todos con asombro.
-Era una astucia mía. ¡Ja! ¡Ja!… ¡Con qué habilidad los llamé a engaño!
Transcurrieron algunos momentos sin que nadie turbara el silencio.
Nos callábamos por sentirnos ofendidos al advertir que este viejo gordo y de nariz encarnada se había mofado de nosotros.
-Espera un poco. Cásate por segunda vez. Yo te aseguro que no nos volverás a coger -murmuró alguien.
FIN
Via NotiCuento en Ciudad Seva.com
Reseña sobre las monedas en Venezuela (III): LA LOCHA
Para las nuevas generaciones, este nombre tal vez no signifique mucho, o solo parezca una palabra folclórica mas, pero a los que nos tocó vivir un poco más atrás en el tiempo, la sola mención de la palabra “Locha” nos despierta agradables recuerdos:
Que felices eran aquellos tiempos de la niñez, quien no recuerda con nostalgia las celebraciones y esos juguetes y chucherías que nuestros mayores nos daban. Pero entre todos había un regalo, se puede decir que era algo más frecuente y muy apreciado por todos los niños; me refiero a cuando los padres, padrinos, tíos o algún familiar decidían obsequiarnos una locha, bien fuera como compensación por “portarse bien”, por alguna visita, vacaciones o un aniversario o fecha especial, etc. Recibirla era motivo de una gran alegría que se desbordaba en el mostrador de alguna pulpería, hasta la cual, generalmente, uno salía corriendo para comprar una chuchería o cualquier cosa que se antojara.
Hoy día, rememorando aquellos tiempos, me doy cuenta que la tanta alegría que uno sentía cuando le daban una locha era porque recibía un beneficio múltiple e inherente al espíritu del ser humano: Además de poder comprar lo que a uno le gustaba, recibía y disfrutaba del sentido de propiedad y decisión –si uno quería, también la podía ahorrar en su alcancía–. Otra satisfacción, implícita, que otorgaba la locha cuando te la daban, era que te permitían salir para ir a la bodega, disfrutando del sentido de libertad –Porque los niños adorábamos y adoran salir–; en otras palabras, la “bendita” locha te permitía vislumbrar y sentirte como el adulto que todo niño quiere llegar a ser apresuradamente y en el que nos convertimos pasado el tiempo, y creo que la mayoría, con estas mismas premisas…
Para nuestro deleite, con una locha se podían comprar gran variedad de productos, ¿quién no lo recuerda? había
para escoger. Entre los cuales eran preferidos los caramelos de coquito, el alfeñique, las conservas de leche; los heladitos de sabores variados, helados de paleta, la chicha, las sabrosas cocadas, las paledonias o cortados, acemitas, “beso de niña”, 8 metras y muchas otras dulcerías y productos que se podían adquirir* con la apetecida moneda.
La locha fue una moneda de circulación en Venezuela que tenía una denominación de doce céntimos y medio (12 ½ cts.) lo cual significaba la octava parte del Bolívar, el cual, como todos sabemos, está dividido exactamente en cien céntimos.
Esta moneda, de dos centavos y medio, nació en el gobierno de Guzmán Blanco acuñada en níquel y cuando ya se acercaba a su final, también fabricada con otras aleaciones, especialmente de cobre. La primera vez que la Locha entró en circulación fue el 15 de enero de 1877, cuyo pedido había sido realizado el 24 de junio de 1876 por la casa Boulton y Cia. por la cantidad de dos millones de monedas de 12 ½ céntimos.
Por haber nacido como una base ochava (octava parte del bolívar), se cree que su nombre se ha generado de la contracción del artículo que lo formaba, llamado la ochava, debido a la costumbre muy común del venezolano de apocopar las palabras en su lenguaje popular, degenerando en un sustantivo al que se le antepone el artículo cuando es necesario. Así: la ochava > lochava > locha > la locha.
La Locha nació producto de la necesidad: Cuando la inflación “se comió” al “Cobre” y ante la escases y/o desaparición de las monedas monagueras, creció la exigencia de moneda fraccionaria (sencillo)*, primero fueron los consumidores y luego los comerciantes, quienes exigían una moneda que “cuadrara” con el precio de los productos al detal y a la vez sirviera para dar vuelto
–Ante la escases de una moneda de bajo valor, los comerciantes no daban vuelto y ante la exigencia del consumidor, se veían obligados a dar ñapas (propinas) para compensar, costumbre que también perduró en el tiempo–.
Cuando nació la Locha, llegó para solucionar y llenar el vacío existente en el comercio por la falta de “sencillo”, de allí en adelante la mayoría de los productos se pudieron adquirir al detal (por unidad) y detallados (½ unidad por ejemplo), sin necesidad de tener el consumidor que gastar el Medio o el Real completo, al verse obligado a comprar varios productos a la vez por la falta de vuelto. La locha se convirtió así en la moneda más útil del bolívar, llegando para quedarse y ser usada por mucho tiempo.
La Locha, a través de su existencia también fue conocida como: Seña, zagaletona (Por su bella estampa al ser comparadas con las monedas viejas de baja denominación), viuda (Incompleta, sola. Llamada así por el hecho de ser una fracción incómoda –0.125 de bolívar–, que en muchos casos había que usar en pares para completar un medio –0.25–); Ochava, lochava y Cuartillo, definición ultima que se le daba por ser un cuarto de Real –0.50 cts.– que a su vez era equivalente al valor de la mitad de un Bolívar.
La locha mantuvo el poder adquisitivo por muchos años, hasta que empezaron los problemas de inflación y esta
moneda comienza a perder su poder adquisitivo causados por la corrupción y el manejo populista de los dineros del Estado por parte de los gobernantes de turno. A la vez, su implementación empezó a ocasionar dificultades en la contabilidad por su fracción sobrante de 1/2 céntimo para su uso en las máquinas registradoras y para el pago de impuestos. Otro inconveniente era el peso y diámetro de la locha que era muy parecido a la del bolívar, hacía que se confundieran fácilmente y que se pudieran utilizar en las máquinas vendedoras que requerían la introducción de una moneda de un Bolívar*.
Por otra parte, el tamaño y elevado peso de las monedas de a locha, en relación con su bajo valor nominal, hacía onerosa su acuñación.
Por todo esto, el uso de estas monedas fue disminuyendo, a medida que los comerciantes iban eliminando de los precios la fracción de céntimo, así se fueron sustituyendo por las monedas de Bs. 0,10 (Conocida también como locha mocha) y de 0,05cts. (Nica o puya).
Hoy en día, tal y como la conocíamos, esta moneda ya desapareció del circulante monetario debido a la transformación económica. Hoy existe una moneda enana de 12 ½ cm perteneciente al bolívar fuerte, que al multiplicarla por mil (Lo que le devaluaron) equivale a ciento veinticinco Bs. que no sirve para comparar ni un caramelo, el cual ya vale 1000 Bs. de los viejos.
A muchos economistas les pareció un gran error el haber tenido una moneda dividida en cien partes, 1/100 céntimos, y a la vez no haber tenido una moneda fraccionaria que representara la unidad primaria (Un céntimo). A esta coyuntura se le suma el mal manejo de la economía y la falta de producción (males inflacionarios), como causa del fracaso de las revaluaciones cada vez que tratan de mejorar el poder adquisitivo atacando la inflación.
*¡¡Ahh mundo!! Con una Locha se podían comprar: Una arepa, un huevo, (Si uno compraba un bolívar de arepas, al principio le daban 12 y después eran 10, al igual que los huevos y muchos otros productos), una locha de manteca, una locha de papelón: un paquetico de mantequilla, un paquetico de sal, una caja de fósforos; un litro de kerosene, ½ litro de gasolina blanca, Café y papelón (La gente, según la vieja costumbre, dividía virtualmente la locha en dos cobres y pedía un cobre de papelón y otro de café), una vela, una locha de cambures, un bojote de chimo, saldiguera, soda, etc.
*La escases de moneda fraccionaria o sencillo como lo conocemos en Venezuela (Anteriormente, tambien era conocido como menudo de chichero), fue un mal que arrastró la economía venezolana durante algun tiempo. Mucho antes de la creación de la Locha, cuando la moneda –El Peso fuerte– valía por cuatro Pesos macuquinos, el mismo del que desciende “nuestro Bolivar”; veamos lo que dice este escrito que muy bien nos puede ilustrar para la comprensión del tema: “Dividiendo nuestro peso fuerte a ocho reales corrientes de plata, en cien centavos de moneda cobre, o en doscientos semicentavos de la misma especie. La menor moneda efectiva que corre en circulación en la actualidad, es la seña, o cuartillo de real, que equivale a tres centavos de moneda cobre con
levísima diferencia. El octavo, es nominal, resultando de aquí que el pobre se encuentra al presente con la dura precisión, de invertir el cuartillo de real en dos cosas diferentes, sin recurso para más, esto es un octavo de cada una. –Compraba un cobre de café y un cobre de papelón y perdía el medio cobre. De ahí nació la popular “ñapa” que daban los bodegueros– La de cobre acuñada en la forma dicha, proporcionará al pobre la acción de comprar con el mismo cuartillo de real, seis cosas diferentes para el remedio de su necesidad, es decir, un semicentavo de cada una. A lo expuesto hasta aquí, se sigue por consecuencia, que la moneda de cobre facilitaría la circulación expedita de los negocios interiores de poca monta, proporcionando los pagos por peso averiguado, para evitar el fastidio de contar”.
*Durante algún tiempo algunas personas, sobre todo los muchachos, acostumbraban hacerle ranuras por el canto a las lochas para usarlas en los distintos aparatos (traga monedas) especialmente en las rockolas antiguas, en las cuales se podían oír hasta diez discos (canciones) por un bolívar –en este caso lo hacían por una locha–.
Nota: Si la morocota fue llamada así por su similitud con el pez conocido como cachama, tal vez la locha fue llamada así también por un pez. Según Julio Calcaño, la similitud con el francés loche, que designa al pescado Cobitus barbilatus pudo dar origen a la voz “locha”
Click aqui para ver el historico de las Monedas venezolanas
Bibliografia: Carrillo Batalla, T. E. 1964: “Moneda, Crédito y Banca en Venezuela”. Banco Central de Venezuela. Caracas – Venezuela 2 volúmenes. http://es.wikipedia.org
http://guacasymonedas.blogspot.com/2008/06/historia-de-la-moneda-en-venezuela
Pensamientos de antiguos labradores venezolanos. http://www.numismatica.com.ve/ http://monedasdevenezuela.net/ PEDRO GRASES.1949 Thesaurus. Tomo V. números 1,2 y 3. Locha, nombre de fracción. http://www.aporrea.org/actualidad/a11199.html
http://www.guiapuertocabello.com/pag_web/54_edicion/moneda/text.html
LOS PUEBLOS DEPENDEN PRINCIPALMENTE DE SUS PROPIOS RECURSOS. Ciclo de Escritos de Ramón Querales (VII)
Publicación del año 1992: EL CASO SIQUISIQUE Y SU JURISDICCION MUNICIPAL
II Reunión de Cronistas del Estado Lara. Siquisique, 19 de marzo de 1992.
Por este territorio del actual Municipio Urdaneta cruzaron durante un mes las huestes de los Welser, explorando en 1530 las posesiones cedidas por Carlos V en pago de sus deudas a los comerciante alemanes. Los dirigía Nicolás de Federmann.
Para atravesar las caudalosas aguas del río que cuidaba a este pueblo, tan disminuidas ahora, debieron construir una balsa con maderas de la zona y con lo escudos de los soldados.
“El primero de Octubre del año 1530 –escribe Federmann en su Historia Indiana-, llegué ya tarde al borde de un río llamado Tocuyo que corre veloz por su valle, y es grande y profundo. Construimos una balsa con las rodelas o escudos que llevan los soldados para su defensa o protección y resguardo, y con algunos árboles que derribamos…”
Por cierto, que es curioso como los historiadores han afirmado, siguiendo supuestamente a Federmann, que los aborígenes siquisiqueños eran Jirajaras, mientras el alemán ubica los actuales pueblos del Municipio Urdaneta en pueblo ayamán.
Federmann caminó este territorio entre el 23 de septiembre y el 12 de octubre de 1530. desde entonces Siquisique fue paso obligado, núcleo de comunicación importantísimo entre Coro, la cabecera gubernamental de los nuevos territorios en proceso de conquista y las avanzadas exploradoras que desde 1545 empezaron a establecerse en El Tocuyo, Barquisimeto, Carora, etc.
Todo el comercio que se desarrolla en la época colonial, y ya establecida la República hasta bien entrado el Siglo XX, pasa por Siquisique a cuyo influjo y por el propio desarrollo de su agricultura y ganadería, logra auge bastante importante.
En 1810, al desatarse en contiendas terribles las fuerzas amigas y enemigas de la Independencia Venezolana, Siquisique interviene activamente bajo la comandancia de un siquisiqueño: el Comandante Reyes Vargas bajo la influencia del cura Andrés Torrellas. Ambos logran insurreccionar a los siquisiqueños contra los ejércitos patriotas que comandaba el Marqués del Toro. Después del paso de Reyes Vargas a las filas emancipadoras señala un hito decisivo en aras de la Independencia.
La intervención de Siquisique, ya por la misma bravura de su carácter, o sencillamente por la vecindad del Cuartel General de la Federación, fue definitiva. Sus hombres alcanzan, en memorables jornadas, los más altos títulos del honor militar.
Juan E. Jiménez en sus apuntes de historia de Urdaneta apunta con minucioso detalle el acontecer histórico de Siquisique en el periodo republicano hasta entrado el siglo XX.
Modernamente, el inventario sumaría los múltiples aspectos del quehacer siquisiqueño en un haz de importantes acontecimientos e interesantes sucesos, de tal modo sobresalientes que, junto con los cotidianos menesteres, conforman capítulo destacado de la historia larense.
Siquisique, junto con la legendaria valentía de sus pobladores, digna del canto épico, es también tierra productora del exquisito cocuy de estirpe indígena y de sus huertas sale el agradable melón, que es hoy importante renglón de su economía.
Las expresiones artísticas del Municipio Urdaneta cuentan entre otros, con un Perucho Salazar en la música; un Cirilo Rodríguez en la talla y la escultura; con un Edgar Sánchez en la pintura, transcendiendo las fronteras venezolanas; con Reinaldo Chaviel, Héctor Salas, Amado Durán, Tomás Mussett y otros en la literatura.
Un siquisiqueño, el General Víctor Rodríguez, fue nada menos tres veces encargado de la Presidencia de la República, mientras que otros (El General Sulpicio Gutiérrez, El General Abelardo Gutiérrez, los generales Escolástico Vargas, Anacleto Pire, Pedro Mora, Tomás Párraga, el Pbro. Carmelo Pacheco, el Médico Medardo Yánez, el gran civilizador y cafetalero Ramón Arráez), se han destacado de manera imperecedera al servicio de las armas en los ejércitos venezolanos y en otras áreas de la cultura patria.
Muchos aspectos podrían destacarse pero bastan los anteriores ejemplos para mostrar como no es posible aceptar con razones valederas una antigua actitud que pone a Siquisique y su jurisdicción territorial como una especie de isla mediterránea abandonada y en humillante existencia desde los más remotos tiempos.
Según esta tesis, muy en boga principalmente en los discursos políticos, Siquisique sería la cenicienta de todas las edades ante la cual los gobernantes y demás responsables del quehacer estadal no tuvieron compasión y a la hora de las adjudicaciones y prebendas se olvidaron de la cuota que a esta tierra correspondía.
Como producto de la negativa gestión administrativa, la victima que siempre ha sido Siquisique no tendría fuerzas capaces de producir nada importante o sobresaliente en el orden material o espiritual que fuera digno de agregarse al patrimonio cultural de la Nación y, mientras tanto, el Municipio y sus hijos deberán mendigar del gran bocado presupuestario del Estado o de la Nación.
Hemos visto, sin embargo, que todo lo contrario, Siquisique, su jurisdicción territorial y los hombres que lo pueblan desde tiempos antiguos, como los demás pueblos de Venezuela, no obstante las dificultades de todo género, naturales o propios de la organización político-administrativa que hemos tenido o padecido, han sabido sobreponerse en todos los tiempos y crear sus propios e inextinguibles valores: sustancia riquísima de su ser social.
Acepto que correspondería hacer análisis sociólogos profundos para obtener conclusiones definitivas, me atrevo a afirmar que peor ha sido para el bienestar y mayor desarrollo de esta comunidad un pensamiento de naturaleza tan pesimista como el que ocupa nuestra atención, que las mismas dificultades de una geografía áspera de escasos recursos acuíferos que las desidias gubernamentales, porque estas son fuerzas negativas de carácter externo que una política audaz podría modificar mediante la acción regeneradora de recursos bien organizados, mientras que lo otro, la conducta pasiva que se solaza en la conformidad y el infortunio de una supuesta mala suerte inmodificable y eterna, sin avidez de progreso, sin esperanzas de redención, sin ánimos para la gestión propia reivindicadota y constructiva; tal actitud desperdicia recursos, ignora posibilidades, desecha oportunidades, no inquieta, no crea.
Creo que los siquisiqueños y su entorno geográfico y humano deben empezar a modificar su evaluación como pueblo, inventariar sus recursos, organizar sus capacidades, darle nuevas expectativas, ofrecerlas al país como alternativas de expansión en lo económico, en lo cultural, en lo turístico y en otras áreas, de tal modo, que en pocos años, los pueblos asentados en esta entidad reciban la merecida retribución a los esfuerzos por ellos mismos invertidos.
En lo personal ofrezco mi concurso y colaboración en los siguientes aspectos concretos:
- compilación de una selección poética, debidamente ilustrada, de autores nacidos en este territorio;
- Colaboración con el Br. Juan Alonso Molina, estudiante de historia en la Universidad de los Andes, quien prepara la publicación de la Historia del Municipio Urdaneta, escrita hace varios años por Miguel Esteban Pacheco.
- Colaboración con el Cronista de Siquisique, Sr. Rafael Guaidó, lo que de hecho ya se ha comenzado a hacer, para la reunión, búsqueda y compilación de toda información histórica sobre el Municipio Urdaneta.
Espero que de algún modo, las autoridades locales aporten su colaboración para obtener de organismos estadales y nacionales, los recursos económicos necesarios para la edición de estos materiales que darán razón indubitable del papel relevante de este Municipio en el quehacer nacional. Muchas gracias.
Reseña sobre las monedas en Venezuela (II)
En Venezuela, cuando la “Colonia” y por motivo de escases, hubo la necesidad de traer y usar monedas metálicas de otros países, estas eran de materiales tales como: estaño, plomo, cobre, plata y oro. Muchas de ellas fabricadas artesanalmente, las cuales tenían diversos tamaños y valores.
A través del tiempo, aquí se manejaron una gran variedad de monedas que fueron evolucionando de acuerdo al desarrollo económico y social transformador, muchas de las cuales desaparecieron para ir quedando en el olvido.
En ese trayecto de nuestra historia, el diario trajinar de la economía venezolana fue muy complejo, además de la natural diferencia de precios entre el cobre, la plata y el oro, existían contrariedades con respecto al manejo de las monedas, cuyo símbolo era el Peso,* el cual era revaluado y devaluado constantemente con la emisión de nuevas monedas y el cambio de patrón. Estas evoluciones tuvieron marcadas diferencias: algunas tenían o tienen su base de cien centavos (100/100); otras se dividían en 80 piezas –centavos– (100/80) e incluso existían monedas cuya octava parte (ochava) era el Fisco, que valía 0,015625. A estos tipos de pesos (peso criollo, peso fuerte, venezolano, etc.) se unían las monedas extranjeras, ante la cual también eran distintos los valores de c/u, y como si todo esto fuera poco, hay que agregar las señas o fichas que eran fabricadas de manera local con distintas tasas.
Llegó el tiempo en que estas monedas circularon casi todas juntas, como ya lo dijimos, con diferentes nombres y precios; algunas con distintas denominaciones e iguales valores y otras al contrario, con iguales denominaciones y distintos valores, alcanzando una infinidad de combinaciones en el cobro y pago de bienes y servicios, formando una barahúnda que era para coger palco. “Estas monedas evolucionaron a través del tiempo fluctuando su precio nominal desde 0,0125 (cobre) hasta 100 bolívares (oro)”, aunque el verdadero desarrollo de nuestra moneda, empieza mucho después de la Independencia, cuando en el año 1878, en la presidencia de Guzmán Blanco, es creado el Bolívar de plata, dando lugar al nacimiento de nuestro símbolo financiero.
Venezuela tuvo que superar etapas difíciles, algunas de ellas gobernadas por tiranos, Sátrapas y corruptos. Cuando llegó la riqueza petrolera, el país fue evolucionando lentamente hasta alcanzar un sistema llamado Democrático, que no es perfecto pero si perfectible y por lo menos en el pueden convivir, más o menos, todas las fuerzas políticas, incluyendo las minorías de la sociedad y donde las instituciones, independientes, juegan un rol muy importante al dejar de ser dirigidas por la autocracia*. En ese periodo, la economía se fortaleció con un sistema monetario moderno, acoplado a las normas de los centros económicos mundiales, dando inicio a la construcción de una infraestructura moderna como corresponde a un país en pleno auge económico.
Fue tal el desarrollo alcanzado, aprovechando el respaldo de nuestras riquezas naturales (Petróleo*, oro* y otros minerales), que nuestro signo monetario (El Bolívar) llegó a convertirse en uno de nuestros símbolos más preciados, además de una de las monedas más estable, de mayor poder adquisitivo y de mejor calidad que había en el mundo, de la cual se sentían muy orgullosos los habitantes de este país.
Sin embargo, con el transcurrir, nuestra economía y por ende nuestro signo monetario se han venido degenerando hasta convertirse en la moneda que tenemos actualmente, la cual, en el mercado internacional está completamente devaluada y “despreciada”, al igual que en el mercado interno, donde tampoco vale nada a causa de una de las inflaciones más grandes del mundo; la cual es causada como consecuencia de una política económica totalmente equivocada, que ha venido siendo implementada durante los últimos años.
Para esta reseña hemos tratado de recopilar algunas de esas monedas y sus valores, las cuales hemos insertado sin orden ni fechas, para que se observe y entienda el despelote que se pudo haber formado cuando circulaban todas, o gran parte de ellas.
¼ Centavo (Cobre)
Centavo: = (0.01).
Cobre: = (0,0125) El “Cobre” fue una moneda de las más usadas y conocidas en Venezuela, a tal punto que a través del tiempo fue conocida de muchísimas maneras, tales como: Cachito, centavito, centavo convención, centavo fuerte, centavo macuquino, charo, chipe, chiva, churupo, etc. Esta moneda era la de menor valor, pero por las condiciones económicas del país rural (no petrolero), era la que estaba al alcance de toda la población con la cual se podían adquirir los productos, no exactamente al detal, sino detallados*.
Fisco: Con un valor de 0,015625 (4 fiscos eran igual a un centavo monaguero), También conocido como “chiquito”. Multiplicado por 8 era igual a 5 reales (moneda de 2.50 reales que existió).
Locha Vieja: –Cobre y Níquel– = (0.025) Equivalía a dos centavos y medio 2 ½.
Segundo: Tenía un valor de 0,03125
Cinco centavos: – Cobre y níquel– Esta denominación es equivalente en valor a “5 Centavos” de “Peso Fuerte”, “1/2 Real”, “1/4 Bolívar” y “25 Céntimos” del “Bolívar”. Esta moneda se inmortalizo como “Medio”, a raíz de su medio valor de un “Real”.
Centavo*: (0.05) Su valor era de cinco céntimos: El céntimo es actualmente la mínima parte en que se divide el bolívar. 20 centavos equivalen a un bolívar. También conocido como: Centavo convención, centavo macuquino, centavo fuerte, cobre, charo, chipe, chiva, guaso, chuso, níquel, puya, nica (Barquisimeto), churupo (seguramente derivado de la voz indígena quiripa –moneda prehispánica en el occidente de Venezuela–).
Centavo monaguero: = (0,0625) también era conocido como: Octavo, monaguero, centavo negro, seña, cobre.
0,0656: = Huevo, güevo, güe, seña.
Diez Centavos de Venezolano: –Plata–. Esta moneda era conocida comúnmente como “Real”, debido a que su valor es equivalente a las monedas de “1 Real” ampliamente utilizada durante la colonia y a principios de la república por el “Peso Fuerte”. “1 Real”: “50 CENTIMOS”, “1/2 Bolívar”.
Diez céntimos: (0.10) Decima parte del bolívar. Igual a dos centavos (dos puyas) “2 Centavos” (de la unidad monetaria “Venezolano” y “Peso Fuerte”) También conocidos como “Locha Mocha”
La Locha: (0.125) “2.5 Centavos” Equivalía al valor de 2 ½ centavos (fuertes) (12 ½ céntimos). La Locha nació producto de la necesidad: Cuando la inflación “se comió” al Cobre y ante la escases y/o desaparición de las monedas monagueras de menor valor, creció la exigencia, primero de los consumidores y luego de los comerciantes, exigiendo una moneda que cuadrara con el precio de los productos porque los comerciantes se quedaban con el vuelto o daban ñapas de propinas para compensar.
Cuando nació la Locha compensó la necesidad existente y la mayoría de los productos se podían adquirir al detal, convirtiéndose así en la moneda más útil del bolívar, llegando para quedarse y ser usada por mucho tiempo.
La Locha también era conocida como: Cuartillo, Seña, viuda, ochavo.
El Mediecito: (0.20) Veinte centavos antiguos, o un valor de cuatro puyas o nicas (20 céntimos). Conseguimos poca información sobre esta moneda.
½ Reales (Cobre)= 2 centavos (fuertes) antiguos
El Medio: (0.25) (Plata y después niquel) Cuyo valor eran 25 céntimos: Equivalía a un cuarto de bolívar. Un medio son cinco nicas (puyas) o 2 cuartillos (lochas). Era conocido también como mediohuevo y medio real.
El Real: (0.50) Tenía un valor de 50 céntimos: equivalente a ½ bolívar. Un real eran dos Medios y cuatro lochas. También era conocido, como: Real sencillo, real angosto, real de carita, clavo…
Un Real: (cobre) Cuatro centavos antiguos
Real ancho: = (0,625). Poca información sobre esta moneda.
Un Peso (Plata)
Peseta: = (20 centavos) –Plata– perteneciente al Peso Fuerte o peso Venezolano. Dos Reales en el peso fuerte y 1 Bolívar en la nueva moneda. De ahí la costumbre antigua de decirle peseta al mismo.
Bolívar: (1.00) Su valor es de cien céntimos: equivalentes a 20 centavos, a cuatro medios y a dos reales. Era llamado también: Bolo, simón, peseta, etc.
Dos Bolivares. (2.00) También conocida como bamba después que desapareció la de 5 reales. Dos bolívares equivalentes a 4 reales.
La Bamba de Plata: Moneda de 2.50 Bs. Esta denominación era equivalente en valor a “5 Reales“, Cincuenta centavos (0.50) del “Peso Fuerte”.
Un Venezolano (Fuerte) Esta denominación es equivalente en valor a “1,25 Pesos”, “1 Peso Fuerte”, “10 Reales” (de la unidad monetaria “Peso Fuerte”) y “5 Bolívares”.
Cinco Bolivares: También conocido como Fuerte y en el argot popular era llamado “cachete”: Esta era una moneda que nació de plata y desapareció de níquel, cuyo valor era de cinco bolívares (10 reales) “o un peso y 2 reales”.
Cinco Venezolanos: (Oro) “5 Pesos Fuerte”, “6,25 Pesos”, “50 Reales” del “Peso Fuerte” y “25 Bolívares”. Fue la primera moneda que tuvo la cara del Libertador mirando hacia la derecha (Moneda de oro también conocida como morocota)
Cien Bolivares oro (100 Bs.): Moneda con las mismas características del “Fuerte” de plata, con la diferencia que era de Oro y la cara del libertador no miraba hacia la izquierda sino a la derecha. Fue acuñada por primera vez en Venezuela en el año 1886. Esta moneda fue conocida como Pachano* o morocota*.
El 9 de agosto del 2001, el gobierno por intermedio del Banco Central de Venezuela decide eliminar de circulación las monedas fraccionarias de las denominaciones de Bs. 0,05; 0,10; 0,25 y 0,50 de níquel, y prohibir el uso de las antiguas monedas de plata de Bs. 0,25; 0,50; 1; 2; 5 y 10, las cuales ya no eran utilizadas como medio de pago. En esta misma fecha pone en circulación las nuevas monedas de 10, 20 y 50 Bolívares y el 18 de enero del 2002 el nuevo billete de 10.000 Bolívares. Más adelante se pondría en circulación los billetes de 50 y 100
El 6 de marzo del año 2007, fue publicado en Gaceta Oficial el decreto con rango, valor y fuerza de ley de reconversión monetaria, medida que consistía en la adopción de una nueva y menor escala monetaria, quitándole tres ceros a la moneda, con la cual mil bolívares equivaldrán a 1 bolívar fuerte. Medida que entró en vigencia el 1° de enero de 2008, cuando empezó a circular con 13 nuevas denominaciones, seis en billetes y siete en monedas.
*El 31 de marzo de 1879, Antonio Guzmán Blanco estableció el bolívar como la moneda venezolana (antiguamente era el “peso venezolano” y luego “el venezolano”). En la actualidad se le ha denominado “Bolívar fuerte”
*Autocracia: Sistema o régimen en el que gobierna una sola persona con poder total: = a: Dictadura, tiranía, despotismo, absolutismo, totalitarismo.
*Petróleo: En Venezuela el petróleo se empezó a explotar industrialmente desde la época del dictador Juan Vicente Gómez. En la actualidad es administrado y desarrollado por Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima (PDVSA) la cual fue creada por decreto gubernamental durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez en el año 1975. Dando inicio a sus operaciones el 1 de enero de 1976. La industria PDVSA fue catalogada en el 2005 como la tercera empresa petrolera a nivel mundial y clasificada por la revista internacional “Fortune” como la empresa número 35 entre las 500 más grandes del mundo.
Actualmente, la industria petrolera venezolana, según dicen, posee las mayores reservas petrolíferas del mundo, aunque últimamente su producción a caído ostensiblemente y la entrada de dólares por el concepto de ventas, desgraciadamente, ya no alcanzan para el desarrollo de la industria, agricultura e infraestructura del país, pues los dólares que no se dan prestados a los países “amigos” se gastan en las importaciones porque ya no producimos casi nada de lo que consumimos.
*Oro
*Mayor, Detal y Detallado: La diferencia entre estos tipos de ventas lo ilustraremos de una manera sencilla, sin caer en muchas consideraciones: por ejemplo: Si compras una caja de papelones, es una compra al mayor; si compras un papelón, es una compra al detal y si compras un pedazo del mismo papelón, es una compra detallada.
*Centavo (nica o puya): Según muchos especialistas en la materia, el haber acuñado el centavo de 5 céntimos y no de 1, es el mal que ha dañado la economía. Cuando un producto sube el precio, al no existir el céntimo en sencillo, siempre hay que redondear hacia el precio más alto creando un desfase devaluado marcado.
Para leer mas CLICK AQUI: Monedas (III)
Cuadro de monedas: En construcción
Pendiente “Las monedas de la leprosería” y monedas conmemorativas en plata y oro de Venezuela.
Curiosidades y fechas importantes en el desarrollo de la moneda hasta nuestro tiempo.
La Locha: Continuará
Bibliografia:
Carrillo Batalla, T. E. 1964: “Moneda, Crédito y Banca en Venezuela”. Banco Central de Venezuela. Caracas – Venezuela 2 volúmenes. http://es.wikipedia.org. http://guacasymonedas.blogspot.com/2008/06/historia-de-la-moneda-en-venezuela. Pensamientos de antiguos labradores venezolanos. http://www.numismatica.com.ve/ http://monedasdevenezuela.net/ PEDRO GRASES.1949 Thesaurus. Tomo V. números 1,2 y 3. Locha, nombre de fracción. http://www.aporrea.org/actualidad/a11199.html
Cuento: Felicidad clandestina. Por Clarice Lispector
Ella era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio amarillento. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía éramos chatas. Como si no fuese suficiente, por encima del pecho se llenaba de caramelos los dos bolsillos de la blusa. Pero poseía lo que a cualquier niña devoradora de historietas le habría gustado tener: un padre dueño de una librería.
No lo aprovechaba mucho. Y nosotras todavía menos: incluso para los cumpleaños, en vez de un librito barato por lo menos, nos entregaba una postal de la tienda del padre. Encima siempre era un paisaje de Recife, la ciudad donde vivíamos, con sus puentes más que vistos.
Detrás escribía con letra elaboradísima palabras como “fecha natalicio” y “recuerdos”.
Pero qué talento tenía para la crueldad. Mientras haciendo barullo chupaba caramelos, toda ella era pura venganza. Cómo nos debía odiar esa niña a nosotras, que éramos imperdonablemente monas, altas, de cabello libre. Conmigo ejerció su sadismo con una serena ferocidad. En mi ansiedad por leer, yo no me daba cuenta de las humillaciones que me imponía: seguía pidiéndole prestados los libros que a ella no le interesaban.
Hasta que le llegó el día magno de empezar a infligirme una tortura china. Como al pasar, me informó que tenía El reinado de Naricita, de Monteiro Lobato.
Era un libro gordo, válgame Dios, era un libro para quedarse a vivir con él, para comer, para dormir con él. Y totalmente por encima de mis posibilidades. Me dijo que si al día siguiente pasaba por la casa de ella me lo prestaría.
Hasta el día siguiente, de alegría, yo estuve transformada en la misma esperanza: no vivía, flotaba lentamente en un mar suave, las olas me transportaban de un lado a otro.
Literalmente corriendo, al día siguiente fui a su casa. No vivía en un apartamento, como yo, sino en una casa. No me hizo pasar. Con la mirada fija en la mía, me dijo que le había prestado el libro a otra niña y que volviera a buscarlo al día siguiente. Boquiabierta, yo me fui despacio, pero al poco rato la esperanza había vuelto a apoderarse de mí por completo y ya caminaba por la calle a saltos, que era mi manera extraña de caminar por las calles de Recife. Esa vez no me caí: me guiaba la promesa del libro, llegaría el día siguiente, los siguientes serían después mi vida entera, me esperaba el amor por el mundo, y no me caí una sola vez.
Pero las cosas no fueron tan sencillas. El plan secreto de la hija del dueño de la librería era sereno y diabólico. Al día siguiente allí estaba yo en la puerta de su casa, con una sonrisa y el corazón palpitante. Todo para oír la tranquila respuesta: que el libro no se hallaba aún en su poder, que volviese al día siguiente. Poco me imaginaba yo que más tarde, en el curso de la vida, el drama del “día siguiente” iba a repetirse para mi corazón palpitante otras veces como aquélla.
Y así seguimos. ¿Cuánto tiempo? Yo iba a su casa todos los días, sin faltar ni uno. A veces ella decía: Pues el libro estuvo conmigo ayer por la tarde, pero como tú no has venido hasta esta mañana se lo presté a otra niña. Y yo, que era propensa a las ojeras, sentía cómo las ojeras se ahondaban bajo mis ojos sorprendidos.
Hasta que un día, cuando yo estaba en la puerta de la casa de ella oyendo silenciosa, humildemente, su negativa, apareció la madre. Debía de extrañarle la presencia muda y cotidiana de esa niña en la puerta de su casa. Nos pidió explicaciones a las dos. Hubo una confusión silenciosa, entrecortado de palabras poco aclaratorias. A la señora le resultaba cada vez más extraño el hecho de no entender. Hasta que, madre buena, entendió al fin. Se volvió hacia la hija y con enorme sorpresa exclamó: ¡Pero si ese libro no ha salido nunca de casa y tú ni siquiera querías leerlo!
Y lo peor para la mujer no era el descubrimiento de lo que pasaba. Debía de ser el horrorizado descubrimiento de la hija que tenía. Nos espiaba en silencio: la potencia de perversidad de su hija desconocida, la niña rubia de pie ante la puerta, exhausta, al viento de las calles de Recife. Fue entonces cuando, recobrándose al fin, firme y serena, le ordenó a su hija:
-Vas a prestar ahora mismo ese libro.
Y a mí:
-Y tú te quedas con el libro todo el tiempo que quieras. ¿Entendido?
Eso era más valioso que si me hubiesen regalado el libro: “el tiempo que quieras” es todo lo que una persona, grande o pequeña, puede tener la osadía de querer.
¿Cómo contar lo que siguió? Yo estaba atontada y fue así como recibí el libro en la mano. Creo que no dije nada. Cogí el libro. No, no partí saltando como siempre. Me fui caminando muy despacio. Sé que sostenía el grueso libro con las dos manos, apretándolo contra el pecho. Poco importa también cuánto tardé en llegar a casa. Tenía el pecho caliente, el corazón pensativo.
Al llegar a casa no empecé a leer. Simulaba que no lo tenía, únicamente para sentir después el sobresalto de tenerlo. Horas más tarde lo abrí, leí unas líneas maravillosas, volví a cerrarlo, me fui a pasear por la casa, lo postergué más aún yendo a comer pan con mantequilla, fingí no saber dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría por unos instantes. Creaba los obstáculos más falsos para esa cosa clandestina que era la felicidad. Para mí la felicidad siempre habría de ser clandestina. Era como si yo lo presintiera. ¡Cuánto me demoré! Vivía en el aire… había en mí orgullo y pudor. Yo era una reina delicada.
A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo. No era más una niña con un libro: era una mujer con su amante.
FIN



