Crónica recopilada: Ah, la envidia

julio 31, 2011 by · Leave a Comment
Filed under: Literatura 

Todos creemos que Maradona era un genio del fútbol, pero Pelé –la otra gran lumbrera de las canchas– solo se refiere a él en forma despectiva: lo trata de “pobre diablo”, de “vergüenza para el deporte”, y jamás le reconoce ningún mérito. Desde luego, su aversión está correspondida por Maradona: “a Pelé que lo devuelvan al museo”, propuso hace poco. En otra ocasión llegó más lejos: “Pelé debutó sexualmente con un pibe y le pegaba a la mujer”. Alguien tendría que decirles lo ridículos que se ven al intentar reducirse entre sí a caricaturas grotescas, negándose mutuamente las virtudes que los demás mortales les alabamos.

La inquina entre Maradona y Pelé es similar a la que había entre los actores Marlon Brando y Montgomery Clift, entre los escritores William Faulkner y Ernest Hemingway, entre los políticos Lyndon Johnson y Gerald Ford. Los poetas –sentenció Woody Allen– son como los mafiosos: solo se matan entre ellos. La frase podría aplicarse a los escultores, a los médicos, a cualquier gremio. Pintor desnuca a pintor y abogado desnuca a abogado. En cambio, hay que ver la generosidad con la cual el músico elogia al dramaturgo, el dramaturgo al diseñador de modas y el diseñador de modas al acróbata de circo. A los seres humanos, tan competidores, tan egoístas, nos cuesta lágrimas y sangre admitir las cualidades de quienes comparten oficio con nosotros, lo cual se torna más dramático cuando, para rematar, los colegas pertenecen a nuestra propia generación. Gore Vidal, por ejemplo, era un torrente de elogios cuando se refería a Walt Whitman, poeta que le llevaba 106 años, y una catarata de improperios cuando hablaba de Truman Capote, quien era narrador, como él, y tenía prácticamente su misma edad.

Se llama envidia, y es uno de los siete pecados capitales*. Un mal que, según el ex ciclista Cochise Rodríguez, destruye a más personas que el mismísimo cáncer. El envidioso es infeliz, amargado. Se pone, de entrada, en una situación de inferioridad. En su paladar de criatura enfadada, el mejor vino del mundo se transforma en un vinagre tóxico. Nada le sabe bien, nada le satisface. Lo paradójico es que por pasar tanto tiempo deseando anular al envidiado –a quien en el fondo admira de manera pervertida– el envidioso termina anulándose a sí mismo. Y a menudo se convierte en un vulgar hampón. Entonces es Caín asesinando a su hermano Abel, o la patinadora Tonya Harding mandando a romperle una rodilla a su colega Nancy Kerrigan, o la reina de belleza cucuteña que recientemente habría ordenado quemarle la cara con ácido a su competidora María Fernanda Núñez.

Dante Alighieri imaginó un escarmiento terrible para los envidiosos: cerrarles los ojos y cosérselos, para que jamás festejen la desgracia del prójimo. Me temo que el verdadero castigo no es condenarlos a la ceguera sino dejarles intacta la vista, justamente para que sufran más con los laureles ajenos. Porque ese es el problema de los envidiosos: se dan mala vida por cuenta de una pasión dañina que, de todos modos, es inútil, pues no les ahorra la desdicha de ver desfilar frente a su casa la carroza triunfal de los seres a los cuales envidian.

Tomado de PRODAVINCI. Escrito por Alberto Salcedo Ramos el 29 de Septiembre de 2010

* Los siete pecados capitales son: Lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y  soberbia.

El camino antiguo de Barquisimeto hacia el Norte y el transporte de los santos a Siquisique en el Siglo XIX.

julio 26, 2011 by · 1 Comment
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Los santos de la Iglesia de  San José de Siquisique, son tallados en madera y de tamaño natural, por consiguiente muy pesados. Estos fueron mandados a traer a finales del siglo XIX por el presbítero Federico Antonio Salas y cargados en hombros por personas muy forzudas por los caminos de arrieros que existían en esa época.  Haya sido por el camino de Barquisimeto, o por el de Coro, –o por ambos– El hecho de que hayan sido transportados estos santos, cargados “a pulso”, es digno de ponderarse por el esfuerzo y sacrificio realizado por aquellos seres creyentes.
No debe haber sido nada fácil transportar por tan grandes distancias y en sus espaldas estas esculturas, ya que en la actualidad, para pasearlos en las romerías y procesiones de Semana Santa se tienen que valer de distintos mecanismos mecánicos para aligerar el peso de los mismos.

Para hacernos una idea, le hablaremos del recorrido por el camino de arrieros que salía desde Barquisimeto a Siquisique a finales del siglo XIX (En la actualidad por carretera de asfalto, la distancia desde Siquisique a Barquisimeto es de 130 kilómetros).

Las personas que salían y entraban a Barquisimeto por el Norte, lo hacían por Cantarrana para tomar el “antiguo” camino de Bobare, salida acostumbrada para dirigirse hacia los actuales municipios: Urdaneta, Jiménez, Torres, Moran y los Estados: Falcón, Trujillo, Zulia, etc. El cual, en sus inicios, pasaba cerca de un sitio conocido como Los Colerientos, que estaba bastante alejado del “centro” de Barquisimeto –llegaba más o menos donde hoy termina la avenida  Rómulo Gallegos–, el cual estaba en medio de cardones y cujíes y plagado de tunas de todo tipo por lo que había que andar con mucho cuidado. Este sitio estaba dirigido por un cacique de apellido Nelo y lo comandaba su mujer de nombre Prudencia, quien no se la llevaba con nadie desconocido y andaba acompañada de un grupo de personas “guaparrandonas” y peleadoras, por lo que ahí no entraba nadie “que no fuera de la familia”.

Siguiendo dicho camino para venir a Siquisique,  se pasaba al norte de Carorita, muy cerca de Moyetones y llegaba al sitio llamado Algarí, de donde se dirigía a Durigua, “la Puerta de Bobare”, los Camagos, Cambural; baraja, Cerro atravesao´, y después de encumbrar el Cerro del Macho se bajaba por la aguada de los perros y de allí a la Quebrada de las animas para llegar al caserío Guamuy; luego seguían: la Salvia, Agua Viva y la Guacoa, para terminar llegando al caserío “La Aduana” a orillas del Rio Tocuyo, el cual bordeaba indómito y sinuoso la población de Siquisique. Este sitio era la parada obligada de personas y mercancías, que tenían que esperar el turno de pasar “al otro lado” en las grandes canoas que servían de transporte, las cuales eran tripuladas por grandes nadadores que vivían en ambas riberas, entre los que se encontraban Adolfo Queralez, Rafael Díaz Sánchez, Elías Ramos, Félix Romano, Melecio Pire, Renato Tirado y Pilar Pacheco, etc. quienes para poder dominar las bravas corrientes del caudaloso rio y para “matar” el frio, siempre se acompañaban del infaltable y necesario –en esos menesteres–  “cocuy de penca”.

En la “Aduana” había mucho movimiento comercial, por supuesto que allí llegaban todos los arreos de bestias cargados de mercancía y existían la pulpería y posada además de otras grandes casonas como la de Eulogio Querales y los grandes pajonales en las rancherías como la de Belarmino Tirado. Cuando las crecidas del Rio se extendían demasiados días, la gente para matar el ocio, se dedicaban: unos al juego de Dados, otros a las cartas –tuco y ajiley– y también a un juego que llamaban hoyuelo o “joyuelo” como le decían.

Antes de pasar el rio, lo primero que se divisaba del otro lado, era la “Cruz Alta” fabricada por los primeros redentoristas que visitaron Siquisique, la que se veía imponente dándoles la bienvenida a los visitantes. Después de pasar, al pie de la cuesta, lo primero que se encontraba era una hermosa casona de tejas, con muchos cuartos y largos pasillos enladrillados, la cual servía de oficina fluvial y tenía el nombre grabado en unas hermosas letras góticas que decían “El Sorrento”*. Esta casa no logró sobrevivir a la inclemencia del tiempo, mas no así, La Cruz, que a pesar de los años todavía existe.

* Sorrento del Latín Surrentum:1) Dice la leyenda que el nombre de Sorrento deriva de las míticas sirenas, que eran mitad mujeres y mitad peces, que forzaban a los navegantes a naufragar contra sus rocas. 2) Nombre de ciudad italiana, que según el historiador latino  Diodoro Sículo, fue fundada por Líparo, hijo de Ausonio, rey de los ausones y descendiente de los dioses.

Bibliografia: Material de colaboración del Sr. José (Che) Espinoza

Televisión digital en Japón a partir de hoy.

julio 25, 2011 by · Leave a Comment
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Japón completa el apagón analógico y pasa a la televisión digital terrestre

Según el Ministerio del Interior y Comunicaciones el apagón analógico tuvo lugar en todo el país a la medianoche, hora local (15.00 GMT),  del día 24/07/2011, con excepción de las provincias nororientales de Miyagi, Iwate y Fukushima, afectadas por el terremoto y tsunami del 11 de marzo, las cuales serán integradas a partir de marzo del 2012.

 

Tokyo  La televisión japonesa dejó ayer de transmitir en sistema analógico tras completarse el paso a la tecnología digital terrestre en todo el país, excepto en las zonas más afectadas por el terremoto y tsunami del 11 de marzo.

El Ministerio nipón de Telecomunicaciones, para afinar los últimos detalles del salto técnico comunicacional, ha puesto en marcha una campaña  incrementado el número de técnicos y servicio de asistencia para los casi 100 mil hogares que, según sus estimaciones, aún no han comprado el equipo necesario para actualizar el servicio, indicó la agencia local Kyodo.

La televisión digital terrestre comenzó a emitir en Tokio, Osaka y Nagoya (centro de Japón) en 2003 y se empezó a extender a todo el país durante 2006.

http://www.milenio.com/

Cuentos cortos: El mechón de cabello

julio 11, 2011 by · 1 Comment
Filed under: Literatura 

Agilulfo, monarca de los longobardos, estableció en Paria, ciudad de Lombardía, la base de su soberanía. Como sus antecesores, cogió por mujer a Tendelinga, viuda de Autari, también soberano de los longobardos.

La señora era hermosísima, prudente y honrada, pero desafortunada en afectos. Y, yendo muy bien las cosas de los longobardos por la virtud y la razón de Agilulfo, aconteció que un palafrenero de la nombrada reina, hombre de muy ruin condición por su nacimiento, pero superior en su oficio, y arrogante en su persona, se enamoró intensamente de la reina, y como su baja condición no le impedía advertir que aquel amor escapaba a toda conveniencia, a nadie se lo declaró, ni siquiera a ella con su mirada.

Y sin esperanza alguna siguió viviendo. Pero se jactaba consigo mismo de haber puesto sus pensamientos en tan alto lugar y, ardiendo en amoroso calor, se dedicaba a hacer mejor que sus compañeros lo que a su reina pudiese complacer. Por esto, cuando la reina deseaba cabalgar, prefería de entre todos al palafrén, lo que él tenía como un privilegio, y no se apartaba de ella, juzgándose afortunado algunas veces si podía rozarle los vestidos.

Pero el amor, como muchas veces vemos, cuando tiene menos esperanza suele aumentar, y así le sucedía al pobre palafrenero, que hallaba insoportable mantener su escondido deseo, al que ninguna esperanza ayudaba. Y muchas veces, no logrando librarse de su amor, pensó en morir. Y, reflexionando cómo lograrlo, decidió que fuese de tal manera que se notara que moría por el amor que había puesto y profesaba a la reina, y se propuso que fuera de manera que la fortuna le diese la posibilidad de obtener, totalmente o en parte, la satisfacción de su anhelo.

No deseó manifestar nada a la reina, ni expresole su amor escribiéndole, ya que sabía que era infructuoso hablar o escribir, mas resolvió ensayar si era posible, por ingenio, con ella acostarse. Mas no veía otro medio ni recurso que hacerse pasar por el rey, el cual no dormía con la reina de continuo.

Y para a ella llegar y entrar en su estancia, procuró el hombre averiguar en qué forma y hábito iba allá el rey. Y así muchas veces, durante la noche, se escondió en una gran sala del real palacio a la que daban los aposentos de la reina y del rey. Y una noche vio a Agilulfo salir de su cámara envuelto en un gran manto, en una mano una antorcha encendida y en la otra una varita, y en llegando a la puerta de la reina, sin nada decir, golpeó la madera con la vara una vez o dos, y abriose la puerta y quitáronle la antorcha de la mano.

Y esto visto, y vuelto a ver, pensó el palafrenero que él debía hacer otro tanto, y mandó que le aderezasen un manto semejante al del rey, y, provisto de una antorcha y una vara, una noche, tras lavarse bien en un baño para que la reina no advirtiese el olor del estiércol y con él el engaño, en la sala, como solía, se escondió.

Y notando que ya todos dormían, pensó que era momento de conseguir su deseo, o, con alta razón, la muerte que arrostraba, y, haciendo con la yesca y eslabón que llevaba encima un poco de fuego, encendió la luz y, envuelto en el manto, se acercó al umbral y dos veces llamó con la vara. Abrió la puerta una soñolienta camarera, que le retiró y apartó la luz y él, sin decir nada, traspasó la cortina, quitose la capa y acostose donde la reina dormía. Deseosamente la tomó en sus brazos, y, fingiéndose conturbado por saber que en esos casos nunca el rey quería oír nada, sin nada decir ni que le dijesen, conoció carnalmente varias veces a la reina aquella noche. Apesadumbrábale partir, pero comprendiendo que el mucho retardarse podía volverle en tristeza el deleite obtenido, se levantó, púsose el manto, empuñó la luz y, sin nada hablar, se fue y volviose a su lecho tan presto como pudo.

Y apenas había llegado allá cuando el rey, alzándose, fue a la cámara de la reina, de lo que ella se maravilló mucho, y entrando en el lecho y alegremente saludándola, ella, adquiriendo osadía con el júbilo de su marido, dijo:

-Señor, ¿qué novedad es la de esta noche? Ha instantes que os partisteis de mí y más que de costumbre os habéis refocilado conmigo, ¿y tan pronto volvéis? Mirad lo que hacéis.

Al oír tales palabras, el rey presumió que la reina había sido engañada por alguna similitud de persona y costumbres, pero como discreto, en el acto pensó que, pues la reina no lo había advertido, ni nadie más, valía más no hacérselo comprender, lo que muchos necios no hubiesen hecho, sino que habrían dicho: “Yo no fui. ¿Quién fue ¿Cómo se fue y cómo vino?” De lo que habrían difamado muchas cosas con las cuales hubiera a la inocente mujer contristado, y aun quizás héchole venir en deseo el volver a desear lo que ya había sentido. Y lo que, callándolo, ninguna afrenta le podía inferir, hubiera, de hablar, irrogándole vituperio. Y así el rey respondió, más turbado en su ánimo que en su semblante y palabras:

-¿No os parezco, mujer, hombre capaz de estar una vez acá y tornar luego?

-Sí, mi señor, pero, con todo, ruégoos que miréis por vuestra salud.

Entonces dijo el rey:

-A mí me place seguir vuestro consejo y, por tanto, sin más molestia daros, me vuelvo.

Y, con el ánimo lleno de ira y de mal talante por lo que ya sabía que le habían hecho, tomó su manto, salió de la estancia y resolvió con sigilo encontrar al que tan feo recado le hiciera, imaginando que debía ser alguien de la casa y que no había podido salir de ella. Y así, encendiendo una lucecita en una linternilla, se fue a una muy larga casa que había en su palacio sobre las cuadras y en la que dormían casi todos sus sirvientes en distintos lechos. Y estimando que al que hubiese hecho lo que la mujer decía no le habría aún cesado la agitación de pulso y corazón por el reciente afán, con cautelosos pasos, y comenzando por uno de los principales de la casa, a todos les fue tocando el pecho para saber si les latía el corazón con fuerza.

Los demás dormían, pero no el que había yacido con la reina, por lo cual, viendo venir al rey e imaginando lo que buscaba, comenzó a temer mucho, en términos que a los pálpitos anteriores de su corazón se agregaron más, por albergar la firme creencia de que, si el rey algo notaba, le haría morir.

Varias cosas le bulleron en el pensamiento, pero, observando que el rey iba sin armas, resolvió fingir que dormía y esperar lo que aconteciese.

Y habiendo dado el rey muchas vueltas, sin que le pareciese encontrar al culpable, llegose al palafrenero, y observando cuán fuerte le latía el corazón, se dijo: “Éste es”. Pero como no quería que nadie se percatase de lo que pensaba hacer, se contentó, usando unas tijeras que llevaba, con tonsurar al hombre parte de los cabellos, que entonces se llevaban muy largos, a fin de poderle reconocer al siguiente día; y, esto hecho, volviose a su cámara.

El hombre, que todo lo había sentido y era malicioso, comprendió por qué le habían señalado así y, sin esperar a más, se levantó y, buscando un par de tijeras que había en el establo para el servicio de los caballos, a todos los que allí yacían, andando sin ruido, les cortó parte del cabello por encima de la oreja y, sin ser sentido, se volvió a dormir.

El rey, al levantarse por la mañana, mandó que, antes de que las puertas del palacio se abriesen, se le presentase toda la servidumbre, y así se hizo. Y estando todos ante él con la cabeza descubierta, y viendo a casi todos con el cabello de análogo modo cortado, se maravilló y dijo para sí: “El que ando buscando, aunque sea de baja condición, muestra da de tener mucho sentido”. Y, reconociendo que no podía, sin escándalo, descubrir al que buscaba, y no queriendo por pequeña venganza sufrir gran afrenta, resolvió con cortas palabras hacerle saber que él había reparado en las cosas ocurridas y, vuelto a todos, dijo:

Quien lo hizo, no lo haga más, e id con Dios.

Otro les habría hecho interrogar, atormentarlos, examinarlos e insistirlos, y así habría descubierto lo que todos deben ocultar, y al descubrirlo, aunque tomase entera venganza, habría aumentado su afrenta y empeñado la honestidad de su mujer. Los que sus palabras oyeron se pasmaron y largamente trataron entre sí de lo que el rey había querido significar, pero nadie entendió nada, salvo aquel que tenía motivos para ello. El cual, como discreto, nunca, mientras vivió el rey, esclareció el caso, ni nunca más su vida con tan expuesto acto confió a la Fortuna.

FIN

Escrito por Giovanni Boccaccio

Via Ciudad Seva

 

CARTA ABIERTA AL PRESIDENTE.

julio 10, 2011 by · 1 Comment
Filed under: Politica y Opinion 

CIUDADANO PRESIDENTE DE LA REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA HUGO CHAVEZ FRIAS.

Ante todo mi le envío mis respetuoso saludo por ser usted el presidente de los venezolanos y mi consideración debido a lo delicado de su salud en que se encuentra. La mayoría de los venezolanos tanto sus seguidores como los que adversamos su política  le deseamos su pronta  recuperación.

Le escribo esta nota debido a que los que nos habíamos acostumbrado a su estilo beligerante y poco respetuoso celebramos el giro profundo que  ha dado al dirigirse hacia nosotros, al menos por ahora. Valoramos enormemente también que haya retirado ese final macabro del cuestionable lema de su proceso político y que lo haya sustituido por una palabra mucho más positiva…”viviremos”…Eso es lo que todos queremos vivir y en paz.

Muchos de nosotros albergamos la esperanza de que estas circunstancias lo motiven a recapacitar sobre algunas políticas de estado que lamentablemente han perjudicado a muchísimos venezolanos y que han debilitado lo que en otra época eran una de las fortalezas del país, su capacidad  productiva. Es  el hecho de que muchos de los rubros que antes se producían en Venezuela tengan a hora que importarse, que algunos alimentos de primera necesidad escaseen o que algunos servicios elementales colapsen. Mientras insistimos en que somos anti capitalistas resulta que aumentamos las importaciones desde “El imperio” en un 30% este año. Miles de puestos de trabajo creados en Estados Unidos que dejan sin empleo a la misma cantidad de venezolanos.

Sin profundizar mucho en el tema por las razones de tiempo y de su salud, le quisiera señalar la necesidad de revisar las políticas que tienen que ver con algunos bienes y servicios de primera necesidad ya que sus resultados han sido catastróficos.

En el sector de la vivienda, Venezuela era un país que contaba con un poderoso plantel de empresas dedicadas a la construcción, si bien, algunas de ellas no se destacaban por su responsabilidad o por la transparencia de sus negocios, tampoco había la necesidad de someterlos a una persecución tal que solo falta  se declare la construcción de viviendas un delito grave.

Algo parecido pasa con el sector de alquiler de viviendas y apartamentos. Muchos venezolanos prefirieron apostar por Venezuela y en vez de enviar su dinero al exterior o gastarlo en  suntuosidades y lujos, decidieron invertir su dinero en bienes raíces, apartamentos o casa para alquilar. Las políticas del estado respecto a este sector de servicios han sido abominables, descargando mediante leyes realmente aberrantes toda una especie de venganza en contra de quienes ayudan a resolver uno de los problemas más agobiantes de la colectividad, el resultado ha sido la extinción casi absoluta de las ofertas de alquiler.

Por otra parte tenemos el sector de la alimentación y la agroindustria…El estado se ha ensañado en contra de los productores y empresarios venezolanos a los cuales ha expropiado, confiscado y obligado a quebrar mediante una regulación de precios realmente vil. Lo más doloroso es que mientras eso sucede, el estado se desangra importando alimentos desde países que ahora ven prosperar sus empresas privadas y su economía en general debido a la demanda del gobierno de Venezuela por sus productos, productos que paga a precio internacional, esto significa que muchas veces paga  diez veces más que lo que estaría dispuesto a pagarle a los productores venezolanos con los cuales ni siquiera quiere sentarse a negociar.

Otro asunto que es de vital importancia es el referente a su precaria relación con todos los gremios y sindicatos de trabajadores venezolanos. Para nadie es una novedad la sensación de que no se valora el trabajo de estos venezolanos como se debiera ya que los sueldos y salarios que reciben no se corresponden a la necesidad de garantizar una vida digna mientras que por otro lado tenemos que ver con indignación y asco como los magistrados de la TSJ y otros altos funcionarios del gobierno se fijan unos salarios dignos de una corte imperial.

Los venezolanos necesitamos sueldos justos y no que se intente controlar los precios para que podamos sobrevivir a costa de quebrar a las empresas. El resultado de todo esto  es una diáspora de miles de profesionales bien formados que van a reforzar el sistema productivo y creativo de otras naciones, de las cuales nos vemos obligados a importar productos que antes producíamos y que ahora no, debido al cierre de más de la cuarta parte del plantel industrial venezolano.

Está por otra parte el tema de  justicia que se ha trastocado en el ejercicio de la injusticia mediante la explotación miserable de la población a través de  mecanismos de extorsión, abuso de poder y corrupción por parte estas autoridades; el sistema judicial y los cuerpos de seguridad del estado que se han convertido en verdaderas bandas delictivas, un verdadero azote para el pueblo que ve pudrirse a sus familiares en las cárceles sin que se les aplique la ley o morir en las calles como si se tratara de perros.

Solo me queda señalar el tema de la burocracia…monstruo que ha crecido a tal velocidad que ahora es más difícil sacar la carta médica que el pasaporte.  Para tal fin hay que realizar una serie de trámites previos y llevar una lista de requisitos que ocupan una hoja de papel completa. Una semana completa puede ser necesaria para lograrla en algunos casos. La dificultad para tramitar estos documentos coloca a la población en un estado de vulnerabilidad que los convierte en blanco fácil de todo tipo de matraca.

El caso señor presidente es que es hora de recapacitar, ponerse en paz con su conciencia, con los venezolanos creativos y productivos y con toda Venezuela. Le invitamos a que rectifique en estos y otros temas. Necesitamos que se ponga a funcionar un estado gerenciado por las personas más capacitadas que las hay y que no son tomadas en cuenta. Necesitamos que se utilicen todos los recursos productivos del país tanto públicos como privados, sin discriminación y lo que es mejor, sin venganza y sin resentimientos. ¿Qué mejor negocio podría platearse que la  asociación del Estados venezolano con los productores venezolanos? ¿Qué mejor inversión que la que generaría puestos de trabajo en Venezuela en vez de en el extranjero? Ahora mismo existen empresas mixtas en las cuales en gobierno de Venezuela recibe anualmente importantes sumas de dinero, provenientes de los dividendos y ganancias sin tenerse que molestar en gerenciar absolutamente nada, dejando esa responsabilidad a expertos en el tema y generando puestos de trabajo formal que tanta falta hacen.

Solo me queda pedirle que recapacite sobre la posibilidad de pactar una reconciliación con todo el país, con todos los sectores sociales, con todos los venezolanos y dejar a un lado la política tan destructiva de la división y la siembra del resentimiento. Solo la unión de todos garantiza la fuerza y es la única manera de conseguir una Venezuela Fuerte y vencedora.

Le pido con todo mi corazón y el corazón de la mayoría de los venezolanos que usted reflexione sobre lo anteriormente expuesto y sobre todo que utilice su capacidad de convicción para que se restablezca la concordia y la unión de todos los venezolanos. Si usted lo lograra tendría garantizado un lugar prominente en la historia del país,  que es al fin y al cabo lo que todo hombre de estado debería anhelar.

Sabado 9 de julio del 2011

Atentamente, Ramón Mediavilla Díaz.

 

Conectados
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