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Calle El Comercio III
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Hasta el año 1936, La Casa de Gobierno del Distrito Urdaneta, funcionaba en un caserón de amplios patios enladrillados que estaba situada en la Calle del Comercio, haciendo esquina con la calle 7. De esta casa, una parte fue derrumbada para construir la Contraloría Municipal y la otra, todavía perdura. En ella funcionó hasta hace poco el Juzgado del Municipio Urdaneta. Esta histórica casona, en la actualidad está abandonada y en muy malas condiciones, corriendo el riesgo de derrumbarse.
Las instituciones que funcionaban allí, eran: El Concejo Municipal, las Rentas Municipales, El Juzgado del Distrito, la Jefatura Civil y la Jefatura Municipal –lo que actualmente pudiera ser la Junta Parroquial–.
El Presidente del Concejo Municipal era el Sr. Salustiano Santeliz y el Secretario era don Miguel Pacheco; El Je Civil fue Antonio Meléndez García y el Secretario Perucho Castillo; quien llevaba los libros de nacimientos y defunciones era el Sr. Benicio Giménez; El Juez del distrito era don Antonio Giménez y el Secretario era Samuel Ramos; el Jefe Municipal era Cristóbal Díaz y el Secretario Agustín Ramos –El famoso Tin Ramos–.
Estas instituciones fueron mudadas a un nuevo edificio que había sido construido para tal fin, situado en el sector los `Pantanitos´ como era conocido para aquel entonces, lo que es hoy la avenida comercio con calles 9 y 10. En esta bella casona, años después, seria instalada La Universidad Popular llamada `José Gil Fortoul´, la que fue de gran importancia y significado en el acontecer de los urdanetenses de aquel entonces.
Antes de tocar este acontecimiento de la Universidad, es necesario comentar algunas reflexiones importantes sobre las situaciones y hechos sucedidos para llegar hasta allí: Resulta ser que en el año 1936, fueron creadas dos escuelas graduadas en Siquisique, una para varones y otra para hembras, con los nombres RICARDO OVIDIO LIMARDO Y LUIS LOPEZ MENDEZ respectivamente.
Esto resulto para nuestra población un hermoso despertar, en una población que se mantenía casi en silencio y por supuesto en un estancamiento cultural incomparable; el director para la escuela de varones fue el Br. Marcos Ramón Ramírez y para la de hembras: la normalista Rigoberta Douin o Duin; por consiguiente en este acontecimiento se abrieron las compuertas para el aprendizaje de la enseñanza, el progreso cultural, etc. etc. que catapulto y elevo el nivel cultural de nuestro pueblo a la altura de los demás pueblos de Venezuela…
Entonces surgieron periodistas y periódicos, poetisas y poetas, el lirismo, el deporte, la música y por supuesto la política ya empezaba a pronunciarse; resaltando varios jóvenes con dotes de mucha inteligencia, dándose inicio a un proyecto para lograr poner en marcha el progreso de nuestro querido pueblo…
La política que daba sus primeros pasos después de la dictadura `Gomecista´, irrumpió con toda virulencia; se imponía el `Adequismo´, y en este lapso aparecieron varios jóvenes en la controversia, y entre tantos, sobresalió uno que era comerciante, muy fogoso y de una intelectualidad resaltante, que con gran carisma caló en la sociedad, aunque con inclinaciones al `Medinismo´, sobre todo, supo mantenerse imparcial en medio de aquel torbellino político que invadió a todo el mundo, su nombre: Antonio Domingo Meléndez; y con esos avales, en elecciones reñidas, salió electo como Diputado a la Legislatura del Estado Lara, quien junto a otro joven valor de Aguada Grande de nombre Luis Sánchez, quien también había salido electo por esa población, se unieron en abierta lucha para lograr las mejores reivindicaciones para sus pueblos; logrando obtener una de las más importantes, como fue una Universidad…
Para que esto cristalizara, hubo de trasladarse desde Caracas y Barquisimeto un grupo de seis personalidades a realizar una minuciosa inspección, –incluía la revisión de la sede y del personal capacitado para laborar en la misma– la cual recibió el visto bueno, obteniendo así la importante aprobación por parte de los mismos. Estos hechos sucedieron después de una ardua lucha que culmino en el año 1944.
La flamante universidad se denominó UNIVERSIDAD POPULAR DE SIQUISIQUE, cuya instalación dice así: –La misma fue transcrita por el historiador Miguel Pacheco en su libro: Geografía e Historia del Distrito Urdaneta–: “Acta de instalación: En Siquisique a los diez días del mes de Abril de mil novecientos cuarenta y cuatro. Año 134 de la Independencia y 86 de La Federación, constituidos en la Casa Municipal donde funcionaban anteriormente los Poderes Públicos, los ciudadanos Alonso Pacheco Meléndez, Carmen García, Miguel Felipe Díaz, Aura Camacho de Gutiérrez, Ramón Meléndez, Samuel Ramos Meléndez y Blanca Luz Gutiérrez, nombrados por el Ejecutivo del Estado Lara: El primero Director de la Universidad de Siquisique, el quinto y sexto, Maestros de obreros; la séptima Bibliotecaria, la segunda Maestra de Mecanografía. El tercero, Preceptor del Servicio Nocturno Nº 12. Y la cuarta Maestra de corte, costura y bordado. Anexados a la Universidad por disposición del ciudadano Inspector de Educación del Estado, según credenciales que presentaron. Con el objeto de establecer la Universidad Popular, y habiendo todos aceptado sus nombramientos y prestado juramento legal. El Director declaró instalada la Institución y de común acuerdo se designó a cada de los maestros del departamento donde deben ejercer sus actuaciones, y el de la Biblioteca. Seguidamente se procedió a establecer el horario de clases, se leyó el acta, y estando todos conformes, firman: y en acto continuó se le da el nombre a la biblioteca de `JOSÉ GIL FORTOUL´…”
Ya hablamos de la Casa de Gobierno que es la misma donde funcionó la Universidad Popular, después el Juzgado del Municipio y últimamente está abandonada; en la casa del frente, que tenía un patio muy espacioso, vivía Francisco Meléndez y familia, la que al pasar de los años le fue vendida a una familia de agricultores, emigrantes de las Islas Canarias, el Sr. Álvaro Pérez y su señora Ceferina Pérez, quienes a mediados de los años 60 construyeron una hermosa y moderna casa, que fue la primera quinta de Platabanda que se hizo en Siquisique. Este matrimonio, junto a otros isleños, fueron los fundadores del futbol en Siquisique; ellos adquirieron y donaron el terreno, conocido anteriormente como la Playa de Futbol, el que después fue cercado y luego se le construyeron unas tribunas. En la actualidad funciona como el Estadio, donde se sigue practicado este hermoso deporte.
Ese fue uno de los aportes más importantes de la familia Pérez a la comunidad Siquisiqueña. Ellos durante muchos años, junto a su hijo José Luis, además de realizar los torneos, organizaban los equipos, costeando todos los gastos; uniformes, comida, etc. para sus integrantes. Como anécdota un poco triste y penosa, debemos contar que hace varios años, cuando le fueron a poner el nombre al estadio, la mayoría de los deportistas del pueblo, propusieron el nombre de la Sra. Ceferina Pérez de Pérez como un homenaje póstumo a su encomiable labor; pero como cosas que tiene la vida, el más férreo opositor a esta propuesta, fue uno de aquellos niños, que bajo la egida de la familia Pérez, había sido uno de los que más habían recibido ayuda por su condición humilde para integrarse a este deporte. El sujeto de marras, hoy día encumbrado en el ámbito político y usando todo su poder, tomó la decisión de imponer sus designios, contrariando el sentimiento de las mayorías, –aclaramos, que la persona a la que se le dio este honor, también tiene sus meritos y no tuvo nada que ver con esa situación–. Los hijos de Álvaro y Ceferina eran: José Luis y Maridelly, fallecidos ambos. En la actualidad esta casa le pertenece a la familia Castañeda Pérez e hijos.
Prosiguiendo con el relato: Al lado Izquierdo de esta, existía una casa grande, con patios espaciosos que servía de teatro y hasta un cine funciono por un tiempo en sus instalaciones por un tiempo; Esta casa perteneció al Sr. Salomón Armas, personaje importante debido que era el primer Pastor evangélico del pueblo, era un Sr. Muy inteligente pero de mal carácter, le gustaba ponerle sobrenombres a las personas con un lenguaje hiriente, tenía dificultades con quienes lo adversaban. Tuvo varios hijos y entre ellos había uno que era medio tostado, y él lo llamaba el Sabio Salomón. Con el tiempo esta casa fue comprada por el Sr. Salvador Di´Paola y familia, quienes eran emigrantes italianos. En la actualidad en ella funciona el Abasto San `Giussepe´, de vieja data, perteneciente a la misma familia o sucesión Di´Paola…
Pasando la transversal –actual calle 7– se encuentra otra casa inmensa haciendo esquina que ocupaba media cuadra, por el frente con la calle Comercio y por detrás, el solar bien cercado, con la calle El Sol –Actual Avenida 2–. Dicha casa era muy bonita, como casi todas en ese tiempo, de estilo colonial, con un amplio patio en el centro y grandes corredores a los costados, toda muy bien construida. Su propietario era Don Ramón Camacho, oriundo de la población de Cacuro, perteneciente al Estado Falcón; era un señor de color moreno, de mucha cultura y preparación; quien además de ser muy adinerado, era una persona muy social. Se había casado con la Srta. Rosario Gutiérrez, quien a su vez era hermana de Alberto, Metodio, Tonino y Antonio, todos descendientes de la población de Uriche. Al emigrar esta familia, en esta casa funcionó el primer hospital de Siquisique por varios años y tiempo después el Comando de la Guardia Nacional. En la actualidad su estructura forma parte de las instalaciones de la Escuela Ricardo Ovidio Limardo. Dicha estructura resulto seriamente afectada por la serie de movimientos sísmicos acaecidos hace poco tiempo en la población, por lo que fue calificada de alto riesgo por las autoridades, lo que hace prever que muy pronto desaparecerá ese pedazo de nuestra historia, para darle paso a una construcción más moderna al servicio de dicha Escuela.
Al frente existía un caserón grande y viejo, con las tejas deterioradas, donde el Dr. Rafael Alcalá sirvió toda su vida a la comunidad. Esta casa pasó a manos de la municipalidad y construyeron allí una placita o pequeño parque, al que le dieron el nombre del Medico Rafael Alcalá. Al pasar el tiempo este fue demolido para dar paso a una moderna construcción deportiva, un Gimnasio techado, –especie de Domo– donde se dan cita los muchachos, sanamente, para jugar voleibol y futbolito; aunque últimamente el gobierno municipal lo ha estado usando para reuniones con los Consejos Comunales y otras actividades políticas, lo que causo un encontronazo, no hace tanto tiempo, con la juventud deportista.
Contigua a esta antigua casa del Dr. Alcalá, existían varias casas coloniales muy bonitas, una propiedad de los hermanos Meléndez, Don Pedro y Rufino, quienes eran comerciantes de aguardiente por camionadas, antes que el Cocuy fuera ilegalizado y se producía en los alambiques que eran vigilados por los celadores del gobierno. Don Pedro era político y fue presidente del Concejo Municipal a partir de 1945, después perteneció al partido Copey, … en la actualidad esta casa pertenece al Sr. Yasmil Melendez e hijos.
Al lado de estas casas vivía la familia Ramos. Doña Candelaria con sus hijos: Samuel, Rafael María –Fello– y Teodardo –Lalo–…En la sala de la esquina, Fello mantuvo por mucho tiempo un negocio grande de víveres, en sociedad con Rufino Meléndez…cuando ellos emigraron para Barquisimeto, esta casa pasó a ser propiedad del Sr. Antonio Brizuela, un comerciante que fue muy conocido en la población de Siquisique. En la actualidad la misma pertenece al Sr. Aníbal Brizuela, quien también es comerciante como lo fue su padre. Al frente de estas casas había un solar grande desolado, donde después construyeron unos salones que pertenecen a la Escuela Ricardo Ovidio Limardo. Continuara.
En el capitulo anterior, la narración de la avenida `Calle el Comercio´ terminó en la Escuela Ricardo Ovidio Limardo, justo al llegar a la actual calle 8.
Prosiguiendo con el relato, al pasar la calle 8, a mano Izq. existió un negocio de un señor llamado Francisco, apodado `Chico el Mapurite´, y por la misma acera, existía otra casa que perteneció don Manuel Sánchez, quien tenía unas características inconfundibles; era alto, muy blanco, ojos verdes, medio gibao, para la época, ya era una persona entrada en años. Lo poco que se conoció de él, es que era una persona muy decente, de una conversación agradable, y a simple vista se apreciaba que no era nativo del pueblo; era un gran zapatero, fabricaba zapatos originales y también los remendaba, además hacia unas chinelas muy bonitas. Siempre estaba ocupado con sus clientes, quienes hablaban alegremente con el…
Seguidamente existía una casa grande, muy larga y alta con varios salones que eran para alquilar a negocios; esta era propiedad del `Coriano´, quien era nombrado así `por todo el mundo´… Al frente, empezando en la esquina de calle 8, vivía el Sr. Cándido Ramírez y familia; al lado la viuda María Molleja, quien tocaba la guitarra perfectamente, y a su vez vivía el Br. Graciano Molleja; en esa cuadra también vivía la familia Gutiérrez: La Joven Blanca Luz, con sus hermanos José y Henrique junto a sus padres…
La Avda. Comercio, desde las calles 9 hasta la 10 en la narrativa del Sr. Che Espinoza, empezando por la acera izquierda: En la esquina estaba una inmensa casa que ocupaba media cuadra; su dueño era el Sr. Salustiano Santelíz, quien la habitaba con su numerosa familia: Doña Justa su esposa, y sus hijos, Víctor Julio, Salustianito, Mercedes, Lourdes y las morochas. El señor Santelíz tenía un negocio grande de víveres, cuyo nombre era la Flor de Mayo. –Dicho personaje ocupó la presidencia del Concejo Municipal hasta en tres ocasiones; 1904-1907; 1914-1915; 1936-1938–. COntinuara
En ese aspecto sobre la gobernabilidad del pueblo, el Sr. Espinoza recuerda con mucha tristeza que en la época del gomecismo, en el año 1928, el Jefe del pueblo era un Coronel caroreño, muy acomodado de nombre Víctor Yépez, quien a su vez trabajaba en la compra y venta de ganado que enviaba por rebaños al Estado Zulia –seguramente para ser vendidos en Colombia a mejores precios–. Che Espinoza recuerda esta historia tristemente, porque su padre, ante la ausencia de trabajo en la población, tuvo que enrolarse en el grupo de arreadores de ganado para buscar el sustento de la familia. Aquello fue terrible, porque los trabajadores tenían que trashumar el ganado cruzando pantanales con un fango caliente, cubiertos de nubes de zancudos que oscurecían los caminos, y al picar trasmitían el horrendo paludismo; solo dos viajes pudo realizar el padre de Espinoza, ya que en el ultimo lo arropó la fiebre maligna a la que no logró resistir por no haber algún medicamento eficaz para su curación, muriendo sin esperar mucho.
En lo que respecta al Coronel Yépez, tenía un solo policía a su servicio el cual se denominaba Jefe de Ronda y se llamaba Ramón Márquez y también era caroreño. Dicho personaje cubría toda la responsabilidad de su cargo, era de gran carácter, valiente, osado; era quien ponía las multas por cualquier causa, es decir infundía un gran respeto y temor en la población y todo el mundo estaba tranquilo. Pero todo en la vida tiene sus riesgos; porque una noche lluviosa, su cadáver fue encontrado apuñalado sobre un `caramero´ en la Quebrada de Uriche, y nadie supo quien había cometido tan horrendo hecho.
Con el correr del tiempo fueron llegando otros jefes de Gobierno, como el coronel Teófilo Mendoza, andino, al cual le decían el Chachacro –o Chacharo–, luego le siguieron el coronel Nieto Vargas, el teniente Peña Peña, Antonio Roldan, Medardo Sánchez, Antonio Meléndez García etc. etc. Entre los jefes de policía, el Sr. Espinoza aun se acuerda de algunos, entre ellos: Juancho González, Abad Querales, Goyo Palmera, Félix Camacaro, Teodoro Timaure, etc. etc.
La Avda. Comercio, desde las calles 9 hasta la 10 en la narrativa del Sr. Che Espinoza, empezando por la acera izquierda: En la esquina estaba una inmensa casa que ocupaba media cuadra; su dueño era el Sr. Salustiano Santelíz, quien la habitaba con su numerosa familia: Doña Justa su esposa, y sus hijos, Víctor Julio, Salustianito, Mercedes, Lourdes y las morochas. El señor Santelíz tenía un negocio grande de víveres, cuyo nombre era la Flor de Mayo. –Dicho personaje ocupó la presidencia del Concejo Municipal hasta en tres ocasiones; 1904-1907; 1914-1915; 1936-1938–.
Seguidamente de este negocio continuaba un gran solar cercado hasta unirse con otra casa grande y bella que hacia esquina con otra transversal, acá vivía don Antonio Meléndez, su trabajo era la destilación de aguardiente de cocuy en el fundo `El Benito´, y era persona pudiente –Rico–, su familia era excelentísima y bondadosa con la gente pobre. Allí vivía don Antonio, su esposa doña Isabel, sus hijas: la señorita Rosa María y Aura Isabel; precisamente allí se caso Antonio Domingo Meléndez con la bella señorita Rosa María…
Continuando en la misma calle, al frente, vivía la familia Molleja: Don Asunción Molleja quien tenía una familia muy numerosa, sus hijas eran buena mozas, bellas y hermosas, sus nombres eran Chiquinquira, Carmen, Amable, Panchita y Célida, y el hermano `Rafelito´; dicha casa era sumamente amplia, grande, con bellos ventanales, y en cada uno por el lado de adentro tenía unos asientos con adornados cojines, los cuales eran para recibir visitas; las damas adentro y la visita afuera, por la ventana; en realidad era una bellísima casona con salas muy amplias, con pisos brillantes, zaguán y corredores largos así como los pisos enladrillados. En realidad esta hermosa casa era una especie de centro social, porque hacían grandes fiestas y bailes con las demás muchachas vecinas que también eran muy bonitas, es decir allí se reunía la crema y nata de la sociedad siquisiqueña de la época…
En ese tiempo el pueblo estaba dividido en dos, los de abajo y los de arriba; es decir de la Iglesia para abajo vivían los ricos y de la Iglesia para la Cruz Alta vivían los pobres, a excepción de Buenaventura Giménez y Salvador Viloria, que eran ricos y profesionales: parece mentira, pero en esos tiempos así era la cosa… Aun recuerdo cuando en esta admirada y famosa casa
–la de inmensas tertulias y tenidas fascinantes, la de tantas alegrías y famosos romances amorosos, la de inolvidables recuerdos, la de aquellos personajes que le hacían honor– cuando llegó el joven telegrafista Víctor Giménez, que venía a sustituir a Juan Bautista Brizuela en el cargo, quien había sido trasladado a Barquisimeto.
Después de esta famosa casona, sumamente nombrada y recordada, continuaba el edificio nuevo, donde empezaron a funcionar los poderes públicos en 1936. Allí funcionaron: El Concejo Municipal, La Casa de Gobierno y los dos Juzgados: el Distrital y el del Municipio; dicho edificio tenía un solar grande y llegaba hasta donde terminaba la cuadra –actualmente Avenida Comercio esquina calle 10–.
Siguiendo el recorrido, después de cruzar la transversal, en la siguiente cuadra, que tenia la mayor parte despoblada, había una pulpería propiedad del don Pancho Meléndez –le apodaban el Chigüire–, allí vendía el cocuy de penca, a escondidas, por cierto tenía muy buena fama y por ende su negocio era muy concurrido, sobre todo por personas mayores que allí compartían muy buenas tertulias y por supuesto no faltaban los inmejorables chistes…
En la misma cuadra pero al frente, está la casa, muy amplia y bellísima del Sr. Antonio Meléndez García, que trabajaba en la elaboración y venta de Cocuy de penca, comercio que alternaba con el cargo de Jefe de la casa de Gobierno, en el que duró mucho tiempo. Por esta misma acera cruzando la transversal, se encontraba otra casa haciendo esquina, no muy grande, pero con un inmenso solar; en esta casa funcionó por muchos años la escuela unitaria que fundara el institutor Juan E. Giménez, quien murió en 1934, y en la misma fecha se cerró la escuela… En esta casa se formaron varias generaciones de estudiantes. El maestro Giménez era un buen educador, sumamente serio y bravo, usaba la `palmeta´, enseñaba mucho, enseñaba los himnos de Venezuela y del Edo. Lara, enseñaba gimnasia y a marchar como los militares. De allí salían los más `pudientes´ a estudiar a otros lugares; la casa se conserva con la misma estructura. Después pasó a manos del Sr. Cruz Pineda (La Loba) y actualmente pertenece a sus herederos.
Frente a la referida escuela vivía el Sr. Panchito Meléndez y seguidamente otra casa grande propiedad de don Liborio Camacho, que vivía con sus hijos, Carmen, Eustoquio, Naún y Heroban; el Sr. Camacho fue durante muchísimos Registrador Subalterno del Distrito… En las últimas cuadras, al final del pueblo, las casas estaban muy separadas unas de otras.
Luego encontramos otra casa grande y alta, muy llamativa, que perteneció a un Maestro particular de nombre Largio Jiménez, quien no era nativo del pueblo y que tuvo la mala suerte de morir ahogado en el Rio Tocuyo, frente al Cerro de las Madriz, en un pozo que estaba `rio abajo´, saliendo para el caserío `El Mamón´…
Casi al frente se encontraba otra casa grande, moderna y muy bellísima que pertenecía al Sr. Juan Pablo Jiménez, oriundo del Distrito, quien vivía con su familia; sus hijas muy bellas, eran: Teolinda, Omaira y Marcolina, y su hijo, Juancho, quien era un guitarrista de primera clase (Che lo conoció compartiendo la música y fueron muy buenos amigos y paisanos), Juancho se mudo a vivir para Aguada Grande, donde se casó y luego montó un negocio que tuvo durante muchísimos años, hasta su fallecimiento.
Siguiendo ya al final de la Calle Comercio, en la semicurva de la carretera, había una casa que era de Eufracio Escobar, mejor conocido como el `Rejo´, debido a que era muy alto y demasiado flaco, con los pómulos salientes y la cara muy arrugada. Era un personaje muy dicharachero, echador de cuentos, unos de verdad y otros inventados y urdidos; a todo el mundo le agradaba charlar con él, tenía una pulpería y vendía de todo; cocuy y cerveza fría, tenía una neverita de querosén y la pulpería siempre estaba repleta de visitantes; allí concurría el catire Meléndez de noche y allí aprendió a tomar las cervezas, por cierto, por esos lares conoció a una dama muy blanca de nombre Linda y con ella tuvo una niña, también muy blanca y le dieron el mismo nombre; volviendo con el `Rejo´, era una persona muy despierta y social, a veces se llegaba hasta la Plaza, el botiquín o la iglesia, y en cada sitio la gente se le acercaba a oír los cuentos y los embustes, aquello era de ver y oír, se sabía la vida de de todas las personas, pobres y ricos, y eso que vivía al final del pueblo; el igual contaba los secretos de damas, cortesanas o caballeros y siempre salía con algún misterio, acordarse que en aquellos tiempos no había alumbrado público, cuando mas alguna lamparita de querosén o gasolina, oyendo a este señor se gozaba y se conocía de todo y eso a toda la gente le agradaba…
Casi al frente del `Rejo´ vivía la familia Pire, personas sencillas y humildes con varios hijos y uno de ellos le salió enfermo y se enloquecía, a veces se ponía muy furioso y había que encerrarlo en la policía por algún tiempo, hasta que se calmaba, luego lo soltaban, pero todo el mundo por miedo corría al verlo y él se ponía a perseguirlos, hasta que se le fue agravando el mal y murió… Luego pasando la quebrada, en un trecho amplio, en una pequeña meseta, había una casita de bahareque con una enramada que pertenecía al famoso Gaudioso Belzares, que vendía gasolina blanca de un tambor, y los pocos carros que habían, cuando tenían necesidad, allí se surtían, lo que causaba un problema en los camioncitos ya que no tenían fuerza para subir los cerros más pendientes y se `desmallaban´, por lo que había que descargarlos para poder continuar.
Allí podía decirse que terminaba la calle Comercio. Siguiendo esa carretera se iba para Urucure y Baragua, y desviándose a la izquierda había otra vía que iba para La Copa de Oro y Uriche, la que en un tiempo se llamó Panamericana y después carretera vieja, que comunicaba a Siquisique con Churuguara, Carora y Barquisimeto.
Capitulo Nº VICalle el Sol IEl Sr. Che Espinoza a sus 90 años, con una gran lucidez, nos pasea a través de sus relatos con sus numerosas vivencias y recuerdos. Recuerdos entrecruzados que abarcan varias generaciones, en una madeja que teje y desteje con gran soltura “DIOS BONDADOSO me ha permitido que a esta distancia, yo, Che Espinoza, me atreva a darle un rastreo al pasado, para dejárselo a mis hijos y a las nuevas generaciones como cosa que me satisface, sobre todo para evitar que el alzhéimer, que ya está haciendo mella en mi vivir, progrese, para así mantenerme con mayor tranquilidad y optimismo”. La Calle El Sol, a la que vamos a referirnos, “Cruza el pueblo de Polo a polo” y en la actual nomenclatura de Siquisique está señalada como Avenida 2, la que también es conocida como Avda. Principal. Esta calle se iniciaba exactamente en el puente que llevaba el nombre de `PUENTE GOMEZ´, su piso era de madera de Vera, muy ancho y largo, con dos arcos muy altos de formas de media luna, en los cuales aparecía el nombre del dictador Juan Vicente Gomez; más o menos, como a dos cuadras antes del puente existía una inmensa vega, frondosa, con cujíes gigantes y abrojales abajo que formaban una especie de alfombra misteriosa que cubría el césped hermosísimo, porque al crecer las flores, que eran de color amarillo encendido. “Aquello producía una inspiración imposible para mi, aun en mis recuerdos, saber o poder describirlo… solo sé que se quedaron grabados en mi esos recuerdos…” Esa vega la llamaban, del Dr. Rodríguez. De esa vega hasta llegar al puente, existían varias casitas; en una de ellas vivía Francisco Hurtado con sus hijos, Tadeo y Camila, y después de ellos, otra casita, donde vivía un señor humilde de nombre Pedro Espinoza con su señora Eusevia, y los hijos Pedro Segundo, Henrique y María, `una muchachita como de diez años, aproximadamente la misma edad que yo tenía en 1930. Recuerdo que era una niña blanca y dulce, revestida con una inocencia purificadora, con sus piececitos descalzos, hundidos en el polvo del piso de la humeante cocina de topias y leña; cuando yo pasaba por ahí, y la miraba, siendo apenas un niño, sentía una especie de atracción juvenil, posiblemente seria porque nos unía el apellido; pero un día cualquiera ya no la vi, no estaban, habían emigrado a Barquisimeto´. Siguiendo con la descripción de la Calle El Sol, de Oeste a Este, por la senda Izq. Muy cerca de la Quebrada que pasaba por el Puente de Gomez, –al frente de la esquina de la Calle La Culebra y la Calle Comercio, donde hoy día, hay un solar con una casa en construcción que nunca terminaron – estaba la casa del Sr. Miguel Pacheco, casado con Elisa Meléndez de Pacheco, ella era nativa de Churuguara y de ese matrimonio habían nacido: Miguel Segundo, Eva Alicia y Pedro Alonso; era un hogar maravilloso. El Sr. Miguel Pacheco era un personaje, muy inteligente y preparado que además tenía una letra muy buena; el, al principio era secretario de Don Buenaventura Giménez, quien era dueño de la gran farmacia que el regentaba. Por cierto fue un secretario consuetudinario, también ocupo otras secretarias como la del Concejo Municipal, cargo que desempeñó con toda responsabilidad… Seguida de la casa de la familia Pacheco, estaba otra casa bonita, con varias ventanas, con baluartes de madera muy llamativos, un portón principal y zaguán, además de otro portón grande para la entrada de los arreos de animales, a su vez tenía varias piezas o salas adornadas, unas y otras con doble pared en forma de altares, muy particulares; además de ello, dicha casa estaba construida más alta que las otras y a su alrededor todo estaba cubierto por un empedrado como protección, para que las aguas no subieran a los dormitorios en tiempos de crecidas, ya que las lluvias eran abundantes y la referida Quebrada de Coro se desbordaba con facilidad y anegaba toda la zona… Allí vivía la señora Espeíta –o Espedita– y su esposo Eladio Medina, hombre acomodado al que apodaban Tinguililan, quien por desgracia tuvo un final trágico, ya que un día amaneció con un puñal clavado en el pecho y nadie vio quien era el autor del hecho, ya que ocurrió en horas nocturnas y en ese tiempo no existía la Luz por falta de energía eléctrica. La familia Medina se mudó y dejaron la casa para alquilar, pero todo el que la alquilaba duraba muy poco tiempo y se corrió la voz de que allí espantaban… Cuando murió el Maestro Juan Giménez en 1934, llegó otro maestro, de nombre Juan Ramón Cambero, caroreño, era joven, social y muy decente, de conversación agradable y muy católico; el, logró alquilar la referida casa, que era muy amplia y sirvió a los fines para montar la escuela. Allí concurrían los alumnos, era una escuela unitaria para varones… El nuevo maestro, cuando llegó trajo un carrito Ford, su capota era un impermeable de lona, prendía dándole con una manilla por medio de un magneto, y la aceleración, lo que se conoce como `chancleta´ la tenía en el volante, por cierto dicha casa servía para guardar el referido carrito. Calle el Sol IILA PEINETA, LAS CASAS DE LOS GIMÉNEZ Y EL MILAGRO DE SANTA LUCIA.En el capitulo anterior sobre la calle El Sol –actual avenida 2–, habíamos quedado en la casa de los Medina que después compró el maestro Juan Ramón Cambero. Calle El Sol IIILA CASA DE CHECRE MALUFF, BODEGA LAS TRES MARGARITAS Y LA CASA DEL DR. MEDARDO YÁNEZDespués de las casas de los Giménez, pasando la actual calle 2, o esquina de Monches Lugo, como también se le conoce, se encuentra otra cuadra grande con varias familias: Félix Romano casado con la señora Bella y sus hijos: Félix Segundo y Pastor, –actualmente allí existe una moderna construcción, donde funciona la farmacia del Sr. Carlos Reyes–. En la siguiente casa vivía Zoilo Aranguren, casado con Delfina e Hijos; Zoilita e Irma, también acá vivía Ángel María Palencia que se casó con Luz Persia y tuvieron varios hijos, entre ellos: Teresita, Belkis y varios varones, –donde hoy día funciona el Restauran de los Primos–. Ya en la parte posterior llegando a la quebrada y el puente, vivía la familia Palencia; Víctor, casado con Málaga y sus hijos: Víctor, Blanca, Irma y Nelly. Aquí vive en la actualidad el Sr. Martin Rodríguez y familia –nativo de las Islas Canarias–… Por la acera del frente, había una cuadra ocupada por dos casas, en la primera vivía la Sra. Chepita Marqués, muy religiosa, era la encargada de la misa de San José. Para esa época eran más importantes las misas, porque se hacían con toda pompa y etiqueta, dejando las fiestas en segundo plano, que no eran tan esplendorosas como en la actualidad. La segunda casa de la cuadra estaba pegada a la quebrada, que era muy honda, llamada el Cementerio, sobre la cual había un puente llamado Las Margaritas. Esta casa era muy bonita, en ella vivía Pedro Rafael Vargas, casado con Petra Aranguren y tenían dos hijas muy bellísimas; Zoila y Amenaida, todo el mundo las admiraba porque eran sencillas y además no eran pretenciosas. La Sra. Petra, su madre, era muy sociable; alegre y buena moza. En dicha casa el Sr. Pedro tenía un negocio Luego, pasando el puente encontramos otra transversal, –actual calle 3–. Por el lado izquierdo, al final de la misma se distinguía la casa de los Pachecos –en la calle Cruz Alta, donde vivía Mamá Chaco–… Siguiendo por la misma acera, encontramos una cuadra formada por dos casas muy grande: La primera de `musiú´ Antonio, que por la transversal se unía con la calle El Comercio. En la misma, que a su vez era casa de familia, tenía una gallera, porque él era muy aficionado y gran experto en el arreglo de esta clase de animales, siendo muy famoso un gallo que tuvo, llamado `Agujita´, al que nunca nadie le pudo ganar… El Sr. Alcalá, prestaba `plata´ ganado intereses, ya que en ese tiempo no habían bancos y los más pudientes generalmente hacían las veces de bancos prestamistas. Este fue otro personaje siquisiqueño que emigró a Barquisimeto, convirtiéndose en una persona millonaria y famosa en la ciudad… Regresando a la Calle El Sol, por la parte derecha, después del puente; en la esquina existía una casa grande donde vivía Valmore Querales y señora, con sus hijos: Víctor y Elba Lucía. Este señor fue un importante político que ocupo altos cargos en el gobierno y pertenecía a la alta sociedad de la época. –actualmente en dicha casa funciona un negocio de cervecería que pertenece al Sr. Pedro Rodríguez–… Calle El Sol IVLa CASA DE LOS DRES. ALCALÁ Y HERRERA, LA CASA AZUL Y LA BOMBITA DE MANIGUETALuego seguía la casona del Dr. Rafael Alcalá, casado con María de Jesús, y sus hijos: Pepey, Alberto y Angelina, además de un hijo de su primer matrimonio llamado Ángel Cecilio (Chío) que se ponía furioso cuando le decían sobrenombres… El Dr. Alcalá era un medico famoso y único, oriundo de este Distrito, prestaba un gran servicio y a pesar del aislamiento y atraso de la medicina en esos tiempos, fue salvador de muchas vidas; era una persona muy sociable y caritativo. A pesar de pertenecer a la clase alta, conversaba agradablemente con todo el mundo, por supuesto que su casa era grandísima, de dos pisos, con todas las comunidades; tenía un corredor grande que daba vuelta, adornado con bellas matas guindadas en porrones que embellecían el ambiente, en dicha estancia tenía una pianola, la cual tocaba muy bien en sus horas de descanso, en ella aprendió a tocar su hijo (Pepey), que aunque tenía deficiencias mentales aprendió a tocar varias piezas, entre ellas valses y pasodobles; en el balcón tenía su dormitorio y en toda la esquina estaba su oficina. En las salas anteriores tenía una farmacia y a la vez le servían de consultorio para atender a las personas. En la cuadra del frente, `a mano´ izquierda, había una sola casa grande y bonita, cuyo solar abarcaba la cuadra completa; allí vivía el Dr. Herrera, era nativo de Rio Tocuyo y fue nombrado médico residente de la medicatura, era sumamente nervioso y violento, a veces le ponía las ampolletas a los pacientes en cualquier parte, o les dejaba la aguja metida en la nalga, por eso la gente decía que no era graduado, pero como compensación, era muy caritativo, visitaba a los pacientes a cualquier hora en sus casas y en cualquier sitio por muy lejano que fuera. El Dr. Herrera curo a las hermanas Ramona y Nelly Meléndez del TIFUS, el cual fue el único caso salvado…el Dr. Herrera se casó con Paulinita, con la que tuvo varios hijos: Victoria, la mayor, que se casó con el bachiller Ramírez, Mercilia y José Antonio, este último, aunque nació con deformidades en las extremidades inferiores y lo cargaban en un triciclo, era sumamente inteligente, tocaba cuatro, y sabia de todo; el Dr. y su familia emigraron a la población de Nirgua en el Edo. Yaracuy, con un desdichado desenlace, porque tiempo después, en un arrebato de nervios, el Dr. Herrera se pego un tiro en la `cien´… Terminada la cuadra, estaba la transversal que sale de la Iglesia y le daban el nombre de: Calle EL ULTIMO ADIÓS, porque obligatoriamente a los muertos los sacan por allí para llevarlos derechitos al cementerio. En la siguiente, que es una cuadra corta, había dos casas grandes, con solares cercados de adobes. La de la esquina era la otra casa del Sr. Checre Maluff, muy bonita y grande, el solar llegaba hasta la otra cuadra y habían muchos árboles, especialmente muchos cujíes, la cual tenía para alquilar, la otra, propiedad de la señora Rosa de Álvarez, muy larga, cómoda y bonita, también con un solar muy grande. Esta otra, al ser desocupada le fue alquilada al Sr. Antonio Domingo Meléndez, recién llegado de la población de Uriche y allí montó un negocio de víveres con su hermano más joven, Pedro Rafael Meléndez. Con el tiempo estas casas y solares que eran muy grandes, fueron divididas unas, y otras dieron paso al desarrollo de nuevas construcciones, entre ellas el moderno Edificio de los Poderes Públicos Francisco Pérez Jiménez, situado al frente de la famosa Casa Azul, hoy día oficina de la Línea Urdaneta y Bar Xaguas… Al frente, en esta misma cuadra, iniciando por la calle ya nombrada, en la esquina vivía el Sr. Medardo Sánchez y familia, el era empleado público… Luego para completar la cuadra, había otra casa bonita y grande, era la famosa Casa Azul, propiedad del Sr. Isidoro –Moro– Viloria, persona famosa que tenía muchas cualidades, entre las que destacaba esa chispa especial y aguda que tenia para el chiste o la anécdota, que siempre llevaba a flor de labios, unas veces zahiriente en los detalles, ni las pensaba, pero siempre causaba la hilaridad entre sus contertulios. En esa casa tenía el Moro Viloria –todavía existe– un agradable cervecería donde concurría `todo el mundo´ por su buen y agradable trato. Durante un tiempo, en la esquina, funcionó una bombita de gasolina de la que se extraía el combustible por medio de una manigueta que lo hacía subir hacia un depósito cilíndrico de cristal, que marcaba la cantidad de litros. El Moro Viloria, después de muchos años de trabajar en este negocio, al igual que muchísimos siquisiqueños también emigró a Barquisimeto. Calle El Sol VEmilio Gozaine y la hacienda Guanarito. Antonio Roldan y la dictadura de Pérez Jimenez. La Viejecita `Conchita´ y el Mocho HernandezEn el capitulo anterior habíamos descrito la famosa Casa Azul del Sr. Isidoro –Moro– Viloria situada en la actual avenida 2 con calle 6. Esta famosa Casa Azul, actualmente está dividida, una parte la compró la Línea Urdaneta y en ella funcionan dichas oficinas y en la otra parte funciona el Bar Xaguas, propiedad del Sr Félix Rivero –otro personaje del pueblo en la actualidad–. Antes de describir la Calle de `La Culebra` empezaremos con el Camino Real y el callejón del Barrio Carabobo, el cual llegaba desde el imponente Guacamúco.
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El Camino Real, es aquel que llegaba a Siquisique desde los sitios aledaños bajando por el Pie de la montaña, mejor conocida como `Cerro Guacamúco´, el cual bajaba al poblado desde la parte Norte para luego convertirse en un largo callejón que era bastante poblado, hasta llegar al inicio de la calle La Culebra. Precisamente desde aquí describiremos dicho callejón, que era en aquellos tiempos la segunda entrada más concurrida al pueblo, por donde llegaban diariamente a Siquisique una gran cantidad de visitantes, especialmente los fines de semana. –la entrada y vía principal a Siquisique era por `La Aduana´, puerto fluvial de la época, por donde la gente atravesaba el rio Tocuyo en canoas o lo vadeaba cuando se podia–
Este camino real llegaba de los caseríos diseminados a lo largo y ancho del Cerro de Guacamúco y originaba diariamente el tráfico de cientos de personas a caballo aunque la mayoría lo hacía `jopeando´ sus arreos de burros y bestias –Mulas y Machos–, cargados con diversos productos, tales como: Maíz, caraotas, café, verduras, hortalizas, pieles, etc.etc. Estos procedían de las diferentes haciendas y pueblos circunvecinos, entre ellos: Churuguara, La Encrucijada, Guaidú, Sahoa, El Jusal, Topeye, Rancho Grande, Tinajita, La Torta, EL Paují, Moroturito, Yurí, La Cumbre, El Roble, etc. quienes llegaban a vender sus productos al comercio así como a comprar lo que necesitaban, bien para el consumo familiar o para surtir y revender en sus sitios de origen. A estas diligencias comerciales se sumaban los que venían a resolver problemas diferentes, tales como nacimientos o enfermos que necesitaban asistencia, visitas familiares, religiosas y sociales etc. Esta cantidad de visitantes primero que nada llegaba a la primera pensión que se encontraba al llegar al pueblo situada en la Calle La Culebra, la cual era propiedad del señor Pedro Viloria, persona muy afable que se destacaba por su buena atención.
Antes de llegar a la pensión de Pedro Viloria, viniendo del norte –por el camino real– llegando de los lugares antes descritos, los viajeros pasaban por un largo y ancho callejón, conformado por un grupo de familias que vivían de lado y lado, que con el paso del tiempo se convirtió en una calle; allí vivía, más o menos al frente de la pensión de Pedro Viloria y en sentido Siquisique Guacamúco, a mano derecha, el Sr. Pedro González –el Indio– como cariñosamente lo llamaban, quien era uno de los primeros creyentes en la Santa Cruz de Mayo. Todavía existe la gran Cruz de esa época como prueba de un pueblo católico y creyente, a la que le hacían sus novena todos los años, empezando los días tres de mayo, porque precisamente es el día de la Santa Cruz; al lado del Indio Pedro, vivía la familia Ramos: Paul y Paula, luego el Indio Domingo Bello y familia. Al lado vivía una señora pariente de Che Espinoza, Teófila Pacheco de Salazar con sus hijos, luego Nato Morillo y su señora Encarnación con su hijo Cristóbal. Luego seguía el Sr. Luis María Díaz Viloria con su esposa Tita Flores y sus hijos: Luisito, Migdalia y Jean. Más adelante vivía Ramón Benito Piña Viloria quien desde muy joven ha sido el peluquero del pueblo, persona humilde y un buen padre, que con su profesión ha levantado a su familia. Por cierto, Che Espinoza y Heriberto –Beto– Armas (ambos suman más de 180 años de edad) son sus clientes preferidos, que lo visitan para oír sus cuentos del ayer, que él sabe como todo buen barbero.
Regresando al principio y a mano izquierda de esta alargada cuadra, después de donde vivía el Indio González, vivía otro pariente de Che Espinoza, el Sr. Emisael Pacheco, personaje sencillo, humilde, pero sumamente inteligente, quien sabia de periodismo, era un guitarrista de primera, su señora era baragueña y también era una artista tocando la guitarra; quien lograra oírla tocar y cantar aquellas canciones de antaño se quedaba abismado, tanto por el acompañamiento como por su voz melodiosa; después vivía Pedro Marchan y Sra. con su hijo el `Mocho´, quienes eran unos personajes muy responsables y albañiles de fino trabajo… En la parte posterior vivían las familias Díaz Viloria: Pedro Díaz con su señora Concepción y sus hijos: Luis, Elías, Miguel, Clotilde y Elena, además vivían allí, Doña Amelia Viloria, Amelita, Adelso; Rafael Viloria así como Dimas Viloria y familia…
Después de esta serie de viviendas, vivían los Dorantes, que eran muchos hermanos. Ese bonito sitio que se acaba de describir se llamaba Barrio Carabobo, en esa época tal vez como homenaje a la Batalla de Carabobo; allí también vivían la señora Zaida, que se casó con José Giménez, ellos tuvieron varios hijos: Antonio José: quien muriera a muy temprana edad, al parecer de una apendicitis; sus otros hijos: Rafael Pastor, Socorro, Luis, Teolindo, Felipe y Che Manuel, a su vez moraban los hermanos y hermanas de la Sra. Zaida: `Mariita´, José, quien era el gran pitcher del equipo `los Latinos´, Alonsa, Luisa y la madre de todos, Doña María Dorantes, familia muy nombrada porque eran muy trabajadores y emprendedores. Ellos fabricaban las famosas Roscas y Cucas que eran solicitadas `por todo el mundo´ en las pulperías y llegaron a venderlas en las poblaciones adyacentes, como Aguada Grande y Baragua. Por allí también vivía el Sr. Julio Dorantes, personaje muy conocido por su trabajo y especialmente por su trayectoria como gallero. A esta fecha Dios generosamente lo mantiene con salud a pesar de su edad, siendo un personaje muy importante porque atesora muchos conocimientos sobre el municipio. Julio, a pesar de sus cerca de 90 años todavía conserva una gran memoria y sabe de todo por su alargado peregrinar en la vida de su pueblo al que tanto quiere y a demás es uno de los mas conocedores sobre los ejidos del municipio.
Hay que resaltar, que un miembro de la familia Dorantes que tenia por nombre Sandalio, el cual, a pesar de ser ciego de nacimiento, fue uno de los primeros que se arriesgó a emigrar de Siquisique a Barquisimeto, el cual todavía era una ciudad muy pequeña. Lo que destaca es que Sandalio se atrevió a recorrer con su bastón la pequeña ciudad y se aprendió todas las calles y sitios más emblemáticos, y cuando llegaba el único camión que cargaba pasajeros de Siquisique al Garaje de Barquisimeto –A si se llamaba en ese tiempo el sitio que servía de terminal de pasajeros– era Sandalio el que orientaba a las personas recién llegadas y les buscaba las direcciones. Se iba derechito, tanteando con su bastón y los llevaba sin perderse al sitio que los pasajeros le indicaban y muchas veces al que él les recomendaba… un invidente guiando a los que veían, increíble pero cierto…
Esta anécdota sobre Sandalio es realmente increíble, que solo pudo pasar en una Venezuela rural, donde el campesino lo arriesgaba todo al emigrar de su campo a una ciudad que nunca había visto y menos conocía, buscando mejorar su vida en la ciudad, donde muchas veces lo que encontraba era dolor y miseria.
Esta anécdota cuenta con el testimonio y la recopilación meticulosa del Sr. Che Espinoza.
Esta calle es famosa en Siquisique debido a su nombre, –La Culebra– el cual según la tradición oral, se originó porque en ella existió una casa muy bonita que a todo el mundo le llamaba la atención, y al frente, en lo alto, tenía una enorme culebra dibujada, que a pesar del tiempo, ni el sol, ni la lluvia lograban borrarla. Aquel dibujo perduro por varias generaciones. Cuando la revolución triunfo y hubo cambio de gobierno, estos le cambiaron el nombre, llamándola calle de Fomento, pero la gente no se acostumbró y siguió llamándola por su nombre antiguo y así perdura hasta nuestro tiempo.
Esta referida Calle la describiremos empezando de este a oeste: en el callejón de las Giménez, haciendo esquina, estaba la casa de Aminta Briseño; al pie del cerrito nombrado de las Giménez, vivía la familia Pire: Don Roberto y su señora Sacramento, su hijo Alberto y Pedro Pire, su hermano, quien emigró tempranamente a Barquisimeto. Luego por el mismo lado izquierdo, en el mismo `cerrito´, vivía la Sra. Luisa Leal, una matrona muy social, conversadora, se echaba el palito de cocuy y siempre estaba alegre. Ella tenía a su cargo la venerada Cruz de Mayo, en esa época era la encargada del sagrado velorio de la Cruz de Mayo, celebración que empezaba en los primeros tres días del mes y duraban 9 días cantándole y rezándole el rosario todas las noches, el cual terminaba después de haberla llevado a la puerta mayor del templo San José, por supuesto, al cumplir con la tradición y llegar a su residencia, se prendía la fiesta bailable todas las noches, hasta el amanecer; era tradicional brindar con chicha, guarapo fuerte, café con cucas y el excelente cocuy de penca que no podía faltar… al frente de esta familia vivía Aurora Vargas con su hijo Tino. Esta señora era la madre del joven Teolindo Vargas, que había matado un rayo en el descampado que estaba detrás de la Casa de Gobierno, como ya fue reseñado en un capitulo anterior…
Seguida de esta casa, se encontraba una casona muy bonita que abarcaba casi toda la cuadra, perteneciente a Domingo Estillarte, el cual se la dejó a Clarisa Adames, quien se la vendió al Sr. Félix Morillo y este a su vez la traspasó a manos de de la Sra. Zaida Dorantes, hasta llegar a ser propiedad del Sr. Gimenez, quien tenía una familia numerosa, y entre sus hijos, los que recuerda Che Espinoza, eran: Antonio José, Trinidad, Socorro, Luis, Felipe, Rafaela Pastora y otros que por los años pasados se le difuminan en el recuerdo. Dicha casa terminaba haciendo esquina con el camino real que conducía al pie del Guacamúco y comunicaba con varios caseríos, entre ellos: Los Planes, Guacamúco, La cumbre, La Torta, Topeyes, Tinajitas, Churuguara etc. Haciendo frente estaba la casa de la familia Viloria, Doña Justa y sus hijos: Adelina, Luis y Pedro. Este último, personaje muy famoso por su trato y cordialidad, su buen carácter, humildad, siempre echándose `los palitos´. Dicha familia vivía agrupada en una casa humilde, de bahareque, techada con hachos o divive, muy alargada, con varios corrales muy grandes cercados de trancas, techados a su vez con magueyes, los que eran conocidos como enramadas. Esta humilde vivienda hacia las veces de posada para los viajeros que bajaban de todos los caseríos antes descritos y por lo tanto tenía un gran movimiento comercial realizado por la gran afluencia de personas. Allí llegaban los comerciantes con sus arreos de burros, mulas y gente de a caballo que bajaban de la montaña o de diferentes lugares y precisamente allí era el lugar propicio para el acomodo de tantos animales y personas. Este sitio era la parada obligatoria y mientras los ayudantes descargaban y les daban el pasto a los animales con gran bullicio para luego llevarlos al rio a que tomaran agua, los dueños de arreos se paseaban por el pueblo negociando, ya fuere vendiendo o comprando. Por supuesto que el Sr. Viloria hacía gala de su cordialidad y como todo buen anfitrión, siempre compartiendo sus palitos de cocuy con los viajeros. Luis Viloria fue muy amigo del Sr. Hipólito Ramón Espinoza, padre de quien nos brinda la oportunidad de conocer todos estos aconteceres de antaño. El Sr. Pedro Viloria falleció en el año 1954, cuando todavía estaba en la plenitud de la vida. Este acontecimiento causó un inmenso dolor a toda su familia y amistades.
En esos añorosos años se unían un grupo de jóvenes serenateros entre los que se encontraban: José María Querales y Julio key, los dos eran sastres y Key era de nacionalidad holandesa, era de color bastante moreno y muy buena gente según los comentarios. A ellos se unían dos grandes guitarristas, Pompilio Gutiérrez, barbero del pueblo, y Emisael Pacheco quien estaba casado con una baragueña que era muy buena cantante e interpretaba muy bien la guitarra. También a este grupo de serenateros se unían Eulogio Oviedo –el peluito– el cual vivía en Montero, del otro lado del rio, y Natalio Pacheco –Guitarrista y cantante– quien no bebía y solo los acompañaba hasta la media noche.
Continuando en el cerrito de los Giménez, lado izquierdo, se encontraba una casa muy bonita perteneciente a la Sra. María del Carmen Romero, madre de Otilio, Auristela, Tulio, José Chechús y Flor de María. Muy cerca de ellos vivía la matrona Doña Victoria Concepción
–Concha– y su hija Teótiste Andrea, madre a su vez del recordado periodista Carlos Romero… a esta casa le seguía una casa que se había construido especialmente para el matrimonio de Flor de María con francisco Pérez Jiménez, un matrimonio que fue muy feliz, donde nacieron cinco maravillosos hijos varones y hembras, muy buenos todos. Lamentablemente, Francisco Pérez Giménez –cariñosamente Chico Pérez– un hombre muy valioso, murió tempranamente de un infarto el 29 de enero de 1973.
Luego de esta casa, seguía la de Manuel Camacho –Camachito– y familia, persona que se encargaba de beneficiar el ganado –matarife– en el mercadito de la Cruz Alta...luego de esta familia esta casa fue ocupada por el Sr. Arquímedes Salero y su Sra. Roquelina Dorante, que formaron un bonito hogar con varios hijos, casi todos profesionales. El Sr. Salero tuvo en ese sitio durante muchos años un negocio de venta de cerveza y vendían unas empanadas grandotas que eran muy sabrosas, que en los últimos tiempos las vendían a medio y 5 por un bolívar. El Sr. Salero tenía unos hornos de barro donde por muchos años se fabricaron las famosas `Cucas´ y las `Roscas´ que eran la delicia de grandes y chicos. Al pasar el tiempo la familia Salero empezó a usar los hornos para preparar los chivos, lo que pronto se convirtió en todo un éxito, ya que se hacia un chivo horneado –relleno– muy exquisito y los pedidos llegaban de todas partes, incluso de otras ciudades; por cierto, esta tradición la sigue esporádicamente uno de sus hijos profesionales, el Dr. Antonio Salero, el cual sigue usando la tradicional receta en la preparación del sabroso chivo relleno y horneado…
Al frente, en la acera derecha, se encontraba una casa pequeña, propiedad de Nachito Armas, donde existió siempre una pulpería. Le seguía la casa de María Pacheco, persona buenísima muy nombrada por su sociabilidad y humildad, madre de Carmen Amelia, de Tina y esta madre de Nelly y los mudos… luego le seguía la casa que fue de Julio Key y luego de Antonio Brizuela, donde funcionó un negocio de víveres que fue muy famoso…
Continúa la casa del Sr. Lucindo Pineda, quien siempre tuvo un negocio de artículos variados. El se casó con la Sra. Rita Elena García formando un bello hogar en el que nacieron varios hijos: Naudy, Héctor y Lucia. La casa de los Pinedas siempre fue muy famosa por su sociabilidad, decencia y armonía; allí se festejaba y se celebró durante muchos años esa maravillosa fiesta llamada “El Reencuentro de los hijos de Siquisique” casi siempre precedida por los bien recordados, Heriberto Armas hijo, Antonio Domingo Meléndez, Flor de María de Pérez, El Dr. Chuma Méndez y muchos otros valiosos hijos siquisiqueños que ya no están con nosotros, pero que su recuerdo perdura en nuestros corazones. Como todo en la vida, los esposos Pineda enfermaron y murieron y la Sociedad El Reencuentro culminó así su trayectoria, pero dejando un magnifico precedente social de la familiaridad siquisiqueña… Después de esta casa vivía o vive la familia Meléndez: Don Baldomero, su señora y sus hijos: Ramona, Arcángel, Baldomerito, Manuelito y Miguelito… Le seguía la casa de Miguel Meléndez hijo, casado con la señora Nelsa Flores y sus hijos. Esta cuadra termina en donde pasa una quebrada…
Por la cuadra del frente, comienza haciendo esquina –actual calle 3– una casa ocupada por el Sr. Luis Viloria, buena persona, de muy buen genio, quien mantuvo en ese sitio una pulpería por muchos años: allí vendía caramelos coquitos, alfeñique, templones, cigarrillos, velas, pan dulce de Ramón Mora, manteca en cuchara y muchas otras cosas; por cierto en esta pulpería, en la parte trasera, se vendía sin permiso el famoso cocuy de penca en una enrramadita que tenía unos banquitos de palo redondo, la cual era muy visitada por los distintos caballeros amantes del echarse el palito, los que a veces hablaban duro y discutían, llamando la atención del gobierno. Cada vez que la policía pasaba y veía la gente rascada, allanaban el sitio, registraban la pulpería y no hallaban el cocuy, lo que les causaba extrañeza. Ante la evidencia de las personas bebidas optaban por detener a Luis Viloria, pero solo por una noche, porque faltaba el cuerpo del delito o evidencia principal que era la bebida, la cual nunca encontraban… Esto resultó un enigma por mucho tiempo para el gobierno, pues por más que buscaban nunca encontraban el cocuy, y resulta que el Sr. Luis tenía un barril enterrado en un rincón y con una manguerita fina sacaba el cocuy para después servirlo. Cuando se formaba un brollo feo, llegaba la Guardia Nacional y se los llevaba a todos y en la mañana los largaban. A última hora la policía y la G.N ya no le hacían nada al Sr. Viloria y solo centraban la investigación en como descubrir que método usaba para hacer desaparecer el cocuy. Esto se mantuvo durante muchísimos años, hasta que falleciera Luis Viloria, quien con el tiempo se convirtió en todo un personaje que siempre se mantuvo en su pueblo.
Siguiendo la acera, se encontraba la famosa Casa con la culebra pintada, descrita anteriormente. Allí, de lo que recuerda el Sr. Che Espinoza, tenía una pulpería el Negro Riera, quien vendía de todo, hasta un papelón churuguareño negro y mongoso que se usaba para el café en las mañanitas y era el único que lo vendía. Al lado se encontraba el paso de la quebrada donde terminaba la cuadra y a continuación el callejón que iba a dar a que los Armas y a la plaza.
Continuará
En el callejón –hoy calle 4– después de la quebrada, a mano izq., subiendo un cerrito, se encuentra una casa que le daban antiguamente el nombre de Tutankamon, a esta casa también se le conoció después como la Campechana, que era el nombre que le daban a una señora que fue su dueña durante largo tiempo. Esta casa después pasó a ser propiedad del Sr. Raimundo Cuicas y su señora Cándida junto a sus hijos Enrique y Jorge. Al frente de la casa existía un cujisal… Siguiendo la calle –mismo lado izquierdo–, se encuentra una casa donde vivía Pompilio Gutiérrez, barbero, en la que convivía con la Sra. Celinda y a la vez funcionaba la barbería.
Seguidamente se encontraba una casona muy grande donde vivía el General Manuel Gutiérrez con su señora Rosa Herice, personas sumamente generosas, allí, en esa casa, al que llegaba, la señora inmediatamente le servía comida; ella era muy caritativa. Esto sucedía ya en su vejes, según cuenta Che Espinoza y después que fallecieron todo el mundo los recordaba, especialmente porque la doña crió a mucha gente ya que ellos no pudieron tener hijos. Unos de los que crio el General y su señora se llamó Melquiades, ya fallecido, quien fue conocido por todos en el pueblo como `El Quito´.
Según oyó de sus mayores el Sr. Che. El General Gutiérrez fue reconocido por todos en su juventud como un valiente guerrero y hombre de mucha Fe.
Cuentan que siempre cargaba un pequeño macuto donde llevaba una estampita de la Virgen de las Mercedes, la cual sacaba antes de entrar en batalla, con la cual se santiguaba y le decía: vamos negra, ¡a triunfar!, y entraba a pecho descubierto en el combate y las balas le pasaban rosando el cuerpo sin herirlo, por lo cual siempre salía airoso… Entre las anécdotas de la vida del General Manuel Gutiérrez, otra vivencia que se conoció fue con respecto a su Fe: Estando ya anciano, siempre recibía la visita de un Sr. Al cual invitaban a comer en cada visita y este cada vez, de forma muy sutil, le hablaba de la biblia y del evangelio hasta que logro convencerlo y el general se metió a evangélico. Poco tiempo después debido a su avanzada edad, empezó a enfermarse y cada día empeoraba más. Estando en este trance vivió momentos de gran angustia, porque no se terminaba de morir, hasta que en un momento de lucidez logró nombrar el macuto – ¡búsquenlo!– atinó a decir; se lo buscaron inmediatamente y cuando lo abrieron encontraron la estampita de la virgen de las Mercedes, se la dieron, la besó; se santiguó con ella y enseguida murió en la paz del señor. Según la tradición oral de la época, fue un gran General.
Siguiendo después del callejón, pero del lado derecho, existía una casa de fachada bonita, con un zaguán amplio que conducía hacia una enramada alta, techada con `jachos´, muy fresca. Al fondo se observaba una cocina humeante de donde solía brotar un olor agradable, a comida bien aliñada. Era la pensión –Restaurant posada– de la Sra. Ester Suarez, muy famosa, que tenía una gran clientela. Allí comían todos los empleados públicos y los celadores del aguardiente, y a su vez vendían comida por encargo y para llevar. Todavía recuerda el Sr. Espinoza –más o menos en 1930-32–, cuando siendo un muchacho le buscaba la comida en esa pensión al maestro Cambero, llevándola en un azafate…
Le seguía una casa pequeña, con bonito frente, adornado el zaguán con bellas matas traídas del cerro de Guacamúco. Esta casa tenía una pieza bonita y fresca, con un gran ventanal, donde se veía una cama tipo tijera cubierta con unas sábanas adornadas y muy limpias y perfumadas; su dueña era una joven de nombre Antonia mejor conocida como `La Toña´, quien era de carácter alegre, tenía una grata y halagadora sonrisa como saludo y era de muy buen vestir, llamaba la atención verla siempre tan atenta en la ventana, esperando alguna seña, siempre que fuera alguien de su agrado. Se sabía que el encuentro era en la pieza perfumada, por supuesto que ese era su trabajo, pero lo hacía de una forma tan discreta que casi nadie la criticaba.
La próxima casa era de la Sra. Pausolina, ella era costurera. Esta casa tenía dos grandes ventanas, una sala grande y un recibo que siempre estaba muy limpio, los ladrillos del piso brillaban conservados con esperma de vela caliente… Y para terminar la cuadra, otra casa muy grande de tejas, alta y con zaguán pintado y adornado con dibujos; su dueño era Don Froilán Riera, allí vivía con su señora `La Conga´ y sus hijos: Pedrito, Dionisio y Jesús Elías (Chulía), ellos emigraron a Barquisimeto y dejaron la casa sola, por lo que fue alquilada al Sr. Santiago conocido popularmente como `La Cochina´. El duro muchísimos años viviendo allí y no faltó quien le indicara que por los muchos años que tenia habitándola, la casa le pertenecía. En la actualidad los actores descansan en paz y la casa se cayó. Eso quedaba en la antigua calle `La Culebra´ después llamada `Calle El Sol´ con la esquina de la `Calle `El Ultimo Adiós´. Actualmente la nomenclatura de esta dirección es Avda. 1 con esquina noreste de la calle 5.
En el capitulo anterior habíamos quedado en la esquina de la calle 5, que es la que se comunica con templo, la cual anteriormente era llamada `Calle del último adiós´ debido a que por ella sacaban a los difuntos de la iglesia para llevarlos derechito al cementerio viejo.
Entre las calles `La culebra´ y `El Sol´ por la transversal Nº 5, fue construido un famoso puente llamado el `Tamarindo´ con una estructura muy fuerte que data de la época del dictador Juan Vicente Gómez y que todavía se conserva en buenas condiciones. Cuando finalizó su construcción, los notables del pueblo le mandaron a colocar varios bancos del mismo material del puente a los costados, cada uno con su respaldo. Este puente era muy frecuentado y sus bancos usados consuetudinariamente, sobre todo cuando la luna brillaba con el esplendor de un cielo estrellado en una época en la que aun no se conocían las plantas de energía eléctrica y el sitio servía de solaz en las noches de tertulia. Generalmente los habituales eran las personalidades del pueblo, entre ellos, comerciantes, profesionales y políticos; tales como el Dr. Alcalá, el Sr. Herrera, boticario; Don Juancho Yánez y Medardo Sánchez, políticos; Musiú Jorge y Abrahán Gozaine, comerciantes; el General Gutiérrez etc. etc., lo cierto es que los bancos duraron muchísimos años aunque desaparecieron y no se sabe quién o cuando los quitaron.
Luego pasando la calle comienza una pequeña cuadra: por el lado izquierdo se encontraba una casa grande muy bonita y moderna propiedad de Don Salvador Viloria, quien allí tenía un gran negocio de víveres con el nombre de ´El Otoño´, y lo regentaba el Sr. `Rafelito´ Molleja. El Sr. Viloria era un hombre emprendedor y fue uno de los primeros en comprar un camión en el pueblo, que usaba para traer la mercancía de Barquisimeto, a la vez que prestaba servicio de transporte público, el cual tenía como nombre `La Primavera´.
En el resto del caserón, además del negocio `El Otoño´ existían varias piezas para alquilar, incluso una de ellas estaba equipada para el funcionamiento del telégrafo. Por cierto, el joven telegrafista se llamaba Víctor Giménez, quien prestó sus servicios como telegrafista por muchos años y siempre vivía contento porque al frente estaba una pensión muy bonita y excelente que manejaba doña Concepción de Gutiérrez, llamada cariñosamente doña `Concha´, persona sumamente agradable por su sociabilidad y cultura. La Sra. `Concha´ era esposa del Sr. Jorge Gutiérrez, de nacionalidad árabe quien también era una buena persona y un excelente comerciante…
El lado derecho de esta cuadra se iniciaba con la casa de Francisco –Chico– Pérez Jiménez, luego seguía una casa que en los `últimos tiempos´ fue habitada por Segundo Cordero, y la próxima y muy bellísima casa, correspondía al musiú Jorge, esposo de de Doña `Concha´. Este tenía un gran negocio comercial, variado, donde se vendían víveres, frutos, sillas y sillones para cabalgar hombres y mujeres; allí se fabricaban los aperos, cabezales, frenos para caballos y burros, es decir, también era una especie de fabrica y taller; compraba el hipopote –fibra usada en las sudaderas para las bestias– al Sr. Dámaso Cordero, que era el único que la sembraba y producía en su finca de la montaña de Caujarao. El Sr. Jorge tenía una gran clientela en los campesinos, porque él les compraba o cambiaba todo lo que producían por los productos que el vendía, –trueque– y a su vez les servía como una especie de banco, porque cuando les sobraba dinero en el trueque, para no llevárselo para el campo, ellos lo depositaban con toda confianza y con la mejor buena fe, y él lo guardaba en una caja de hierro que poseía… Después la casa de musiú Jorge paso a manos del Sr. Fernando `Nando´ Giménez. En esta casa funcionó mucho tiempo después el comando de la Guardia nacional entre los años 1960-62. En vida del Sr. `Nando´ esta casa fue dividida y se fundó una moderna gallera con todos los adelantos técnicos para la época. En la actualidad en sus instalaciones funciona una cantina restaurante.
Siguiendo la calle, después de la casa del Sr. Nando Giménez, pasando la calle transversal, en la otra esquina, a mano derecha, estaba la casa de Don Abrahán Gozaine, hijo del musiú Emilio. Este joven resultó un gran personaje, como se recordará, su papá tenía muchos animales y Abrahán tenía un caballo, fino, de silla, en quien paseaba los domingos por las calles del pueblo, y además iba a las haciendas de su padre atendiendo a los trabajadores. Pero un desdichado día, yendo a la hacienda `Guanarito´, el caballo lo tumbó, sufriendo graves aporreos de los cuales se curó con el tiempo, pero como secuela le quedo un hombro desviado; “se le veía el bulto de `la paleta´”, defecto con el que quedó… a partir de esa situación, su padre decidió montarle un negocio muy bien surtido con toda clase de telas; entre el surtido contaba con los antiguos driles, lino, casimir y el novedoso dacrón y todo lo necesario para la confección de vestidos para damas y caballeros. Este negocio progresó tanto, que pronto se convirtió en uno de los más concurridos.
Abrahán siempre fue muy estudioso y sabia de todo, el en esa época era la única persona que tenía un radio de baterías en Siquisique, en ese radio se oían varias emisoras tanto de Caracas como extranjeras, y por lo tanto estaba enterado de todo lo que pasaba en el hemisferio, información que le gustaba compartir con todos sus clientes y amigos; por cierto también era la única persona a la que le llegaba la prensa de Barquisimeto: el Impulso y el Heraldo, como a su vez le traían revistas y libros: El se los encargaba a la persona que traía el camión con el correo cada 15 días.
Poco después se compró un carro nuevo, un Ford de capota o capacete, como les decían; lo manejaba por todas partes en las tardes, pero la gente se apartaba, porque Abrahán era tan bajo, que el carro daba la impresión que venía sin chofer y el tranquilamente se reía... a pesar que era un joven muy decente y apuesto, también era muy delicado y sufría de neurastenia después del accidente, aunque pasado el tiempo, conoció a una muchacha bellísima llamada Rosa, –él le decía `Pocha´–; con ella tuvo cuatro hijos, 3 varones, que son abogados y una hembra que se doctoró en Barquisimeto.
Después de toda una vida de trabajo, el Sr. Abrahán murió en Siquisique, siendo un hombre muy acomodado, y después, su familia se residencio en Barquisimeto; la cuadra la vendieron y aquello se transformo, lo que era un callejón se convirtió en una amplia calle. En ese sitio, tiempo después funcionó el Banco de Lara y actualmente el Banco Provincial, también funciona la tienda `El Venezolano´ y ferretería `Siquifer´ además de otros importantes comercios.
Después de la casa del Sr. Nando Giménez, que era esquina de una calle transversal, siguiendo por los lados del cementerio, después de donde funcionaba la oficina de Telégrafo, por la parte de atrás y pasando la quebrada, vivía la familia Ortiz: La viejita Anatolia, su hija Ana Jacinta y los hijos de esta: Gabillo y Moncherita; luego se encontraba una casa de tejas, muy bonita, propiedad de Don Gregorio Chávez –Don Goyo–, este era un personaje muy conocido porque era un buen carpintero de la madera, fabricaba puertas, ventanas etc. de muy buena calidad. Este señor fue quien crió a Isidoro, conocido al principio como el `Moro´ Chávez, pero después, estando ya hombrecito, fue reconocido por su papá Don Sabas Viloria, quien le dio el apellido, pasando a llamarse Isidoro Viloria, hombre que fue famoso en el municipio Urdaneta por su gran `chispa´, y mejor conocido como el Moro Viloria, dueño del no menos famoso negocio situado en la ¨Casa Azul´ ya reseñado en anterior oportunidad.
Seguidamente venia la casa y pulpería de Don Tomas Adán quien no sabía leer ni escribir, pero se las arreglaba de alguna manera en la venta de sus artículos; el Sr. Adán se caracterizaba por vestir con mucha vanidad y siempre usaba leontina de oro y un reloj de bolsillo igualmente con una gruesa cadena de oro, por supuesto, los muchachos siempre traviesos y bromistas, cuando iban a comprar a la pulpería, le preguntaban: Don Tomas, ¿Qué hora es?, entonces él invariablemente contestaba, – si están muy interesados ¡mátense por su propia vista! Y les extendía el reloj para que lo vieran.
Luego, al final, continuaban varias casas regaditas, ocupadas por Pedro Marchan, que trabajaba albañilería; seguían: Jesús (Mocho) Ure y su señora Atála… seguidamente, al final de la calle, donde existía una inmensa `playa´, –despoblado–, se encontraba la ultima casa, la cual era muy grande, tenía una enramada techada con dividive o divive y magueyes, muy alta y fresca, cercada con trancas de madera de cardón; en esta, se veían los chinchorros colgados, listos para el descanso reparador. Era propiedad de Don Francisco Crespo (Cariñosamente llamado `Mano Pancho´ por sus amigos), quien era un albañil, fino. Don Pancho vivía junto a sus hijos: Francisco, al cual le decían panchito; Rafael, Hugo y Carmen. Panchito, al igual que su papá, era un albañil muy bueno y responsable, todo el mundo lo buscaba; le iba muy bien. En esos tiempos llegaron a Siquisique las bicicletas y con ellas llegó la fiebre de todos, especialmente de los jóvenes, por comprar una. Panchito, pronto se cansó de la bicicleta porque tenía que trabajar lejos y no le servía para cargar las herramientas y compró una moto. Era la primera moto que Che recuerda haber visto en Siquisique, y la única que había en 1936; panchito la usaba para cargar las herramientas y desplazarse a su trabajo. Esas motos tenían un cajón al lado, sobre una rueda y fueron llamadas después `motos de panaderos´…
Desafortunadamente, una tarde que regresaba del trabajo, llegando a su casa, la moto se le quedo acelerada y no podía pararla, comenzó a dar vueltas alrededor de la casa hasta que se la `tiró´ –la estrelló– contra la empalizada, que era de hachos, con tan mala suerte que esta se quebró y una astilla se le metió en la garganta y le causó una hemorragia que lo desangró, por no existir recursos hospitalarios ni nadie preparado para salvarle la vida y desgraciadamente falleció, causando un gran dolor a su familia y todo un acontecimiento que sumió de tristeza a toda la población, según cuenta Che Espinoza.
En Siquisique, como en todos los pueblos de Venezuela en la época rural, el comercio por medio de las pulperías* jugó un papel primordial en el desarrollo de los mismos, el cual fue evolucionando hasta llegar a ser tal cual y como lo conocemos en la actualidad.
Siquisique siempre se ha caracterizado por el aislamiento debido a la distancia de los centros urbanos y principalmente por su situación geográfica que lo sitúa en medio de dos ríos y además flanqueado por numerosas quebradas, lo que ha imposibilitado en gran medida la construcción de vías expeditas para lograr su desarrollo. Sin embargo esto no le ha restado un ápice de impulso a sus habitantes quienes desde sus inicios como pueblo y haciendo gala de un gran espíritu de lucha y superación se han enfrentado a todos los obstáculos tratando de subsistir.
Según los relatos del Sr. José (Che) Espinoza –quien ya nonagenario mantiene sus recuerdos con toda lucidez– nos adentramos en las vivencias de un tiempo situado un poco más adelante del año 1900, en un periodo que abarca poco más de 50 años. Recuerdos entrelazados que nos llevan a conocer una época pasada, llena de nobles sacrificios y sanas alegrías, que de no ser por estos relatos, jamás conoceríamos.
`Siquisique, nuestro terruño, era la región más escondida y aislada del Estado. Estaba situado en medio de dos ríos que al principio eran navegables y por el otro lado estaba rodeado de dos montañas o cerros inmensos, mejor conocidas como: El Azaharito y Guacamuco…
Al correr el tiempo las cosas fueron mejorando, después de que todo el movimiento comercial se hacía mediante burros, mulas, caballos, etc. ya que era en lomos de estos animales que se cargaban y comerciaban los productos necesarios para las nuevas y florecientes pulperías, muchas de las cuales se fueron convirtiendo en grandes negocios, tales como: Las Mercedes, de Salustiano Santelíz; Mi Rincón, de Elías Saldivia; La Primavera, de Salvador Viloria; La Culebra, del Negro Riera; El Otoño, del musiú Jorge; el negocio de telas y driles de Abrahán Gozaine; la bodega de doña María de Saldivia; la Farmacia de don Buenaventura Giménez y la venta de medicina por frascos, patentada por Elías Saldivia, etc., etc.
Con este movimiento se fue desarrollando el comercio en Siquisique y aparecieron los primeros camiones llamados “de casillas”: La Primavera, de Salvador Viloria; El Cielito Lindo, de Francisco Pérez Giménez; Mi Delirio, de Rufino Meléndez, y el TBC, de dos dueños: El Moro Viloria y Nicolás Gutiérrez.
Dichos camiones servían para llevar carga y también pasajeros: el camión llamado La Primavera era para llevar a vender a Barquisimeto de todo lo que se producía en nuestro municipio, principalmente café, cueros de chivo, caraotas y todo tipo de frutos que aquí se producían, siempre y cuando el rio de Baragua diera paso ya que no existían puentes. En el viaje de vuelta se aprovechaba para traer víveres para el pujante negocio de don Salvador Viloria. Su chofer era un Sr. De muy buen trato apodado el “Neo” y en el asiento delantero solo viajaba el dueño. Para poder viajar en dicho camión como pasajero, había que anotarse en una lista con 15 días de antelación y el pasaje era carísimo ya que dependiendo la carga que llevaba solo transportaba de 3 a 7 pasajeros por viaje. A pesar de que su dueño, don Salvador Viloria, era muy decente y repartía los pasajeros a sus casas en Barquisimeto, no le rebajaba del pasaje ni un cuartillo a nadie.
El camión llamado “Cielito Lindo” era propiedad de un Joven muy dinámico y alegre llamado Francisco Pérez, quien fue el que dio impulso al beisbol en Siquisique y Baragua, alcanzando una época dorada para este deporte llena de alegría y pasión desbordante. Pérez organizó varios equipos y era un pitcher zurdo que la tiraba de humo. Su chofer era el Sr. Cruz Pineda, joven cortés y popular para la época, a quien cariñosamente apodaban la Loba. En este camión solo podían viajar pasajeros en la parte delantera, pues se encargaba de comercializar con cerveza.
El camión llamado “Mi Delirio” era propiedad de Rufino Meléndez, este se ocupaba exclusivamente de transportar el cocuy de penca en barriles, el cual era llevado y distribuido en ciudades tales como: Barquisimeto, Maracaibo y Coro. En ese tiempo la gasolina era de mala calidad y los camiones no tenían suficiente fuerza para transportar una carga tan pesada, sobre todo en tiempo de lluvias, además siendo la carretera una pica que había sido construida en tiempo de los Welsares*, se veían obligados a cargar tres ayudante con todos los implementos necesarios –escardillas, machetes, pala, pico y cadenas– para abrirse paso y además descargar la mercancía cuando la situación así lo ameritaba y volver a cargar después de superado el escollo.
El cuarto y último camión existente en Siquisique, en la época que nos cuenta Ché Espinoza, se llamaba “TBC y T D.G UN BB”, pertenecía a dos amigos: Al Moro Viloria, quien era dueño de un negocio y cervecería situado en la Casa Azul de la calle El Sol y el otro era Nicolás Gutiérrez. El caso es que los nombrados eran dos jóvenes muy jocosos, con la sonrisa y el chiste a flor de labios, siempre joviales…que se las traían…le sobraban las novias…como apodo los nombraban los patiquines.
*Según crónica del periódico El Impulso de Carora en su Nº 2 del año 1904.
En 1917 murió en Siquisique el Sr. Luis Power, quien fue el primer agente y fundador de la oficina de la Renta de Licores en esta población. Dependencia fundada con el nombre de AGENCIA DE LA RENTA DE LICORES SIQUISIQUE perteneciente al Ministerio de Hacienda. Esta institución fue instalada por la necesidad de cobrar los impuestos y estaba formada por un grupo de funcionarios que vinieron con la finalidad de controlar la producción del Cocuy de penca que se producía en los alambiques de Siquisique, la cual había alcanzaría su máximo esplendor hasta 1930.
Esta Agencia de la Renta, se encargaba de cobrar los impuestos en forma de patente a los productores y fabricantes de este licor y funcionó durante muchos años en Siquisique, hasta que fue cambiada a la población de Churuguara, lo que resultó negativo para los fabricantes de cocuy y al mismo gobierno, ya que por la dificultad de transporte y comunicaciones existente, muchos se atrasaron en los pagos, dejando el Estado de percibir el dinero de los impuestos, y los cocuyeros fueron proscritos e ilegalizados en su mayoría, decayendo de forma alarmante dicha producción.
Años más tarde, cuando nuevamente el cocuy entró en auge, el gobierno se vio en la necesidad de restituir la oficina en Siquisique, lo que sucedió entre los años 1934 al 48, redundando en beneficio de los productores tal medida. A partir de ese momento la industria artesanal del cocuy alcanzó muchos beneficios para los lugareños e hizo que abundaran “Las Culebras” por todas partes.
Cuando fue restituida la Agencia de la Renta en Siquisique, su primer agente fue el Sr. Ricardo Guedez Gonzales, quien llegó acompañado de algunos celadores, quienes se encargaban de vigilar el proceso de destilación.
El Gobierno para poder llevar un mejor control, hizo un censo de los principales alambiques y les nombró un celador para vigilar la producción de cada uno personalmente. Las principales funciones que estos empleados cumplían, era la de evitar que no se ocultara la cantidad de licor que se producía ya que el impuesto que el Estado cobraba era por la cantidad de galones o litros que cada alambique producía. Otra función no menos importante, era vigilar que no se agregaran impurezas o elementos ajenos al cocuy, garantizando así la pureza del mismo para preservar la salud de los consumidores. Con el tiempo estos celadores en su mayoría eran nombrados entre los mismos habitantes y vecinos de la población y sitios aledaños.
El último censo conocido sobre los principales alambiques de cocuy en Siquisique, antes de que fueran prohibidos por el dictador Marcos Evangelista Pérez Giménez en beneficio de las nuevas y florecientes industrias del ron asentadas en el país, fueron los siguientes:
ALAMBIQUES |
DUEÑO |
CELADOR |
Caserío El Mamón |
Juancho Yánez |
Saturno Vargas |
Manzana Guanarito |
Emilio Gozaine |
Manuel Silva |
Caserío Guamuy |
Checre Maluff |
Ángel Días |
Manzana Vocoy |
Juan A. Pire |
Rómulo González |
Caserío el Benito |
Antonio Meléndez M |
José Esteban Balza |
“ “ Urucure |
Ramón Cordero |
El Guacharaco |
“ “ Agua Buena |
Antonio Roldan |
Amado Gozaine |
“ “ El Oreganál |
Matías Vargas |
Isidoro Viloria |
“ “ El Sierral |
Rufino Meléndez |
Avelino Chacón |
“ “ El Tesoro |
José Manuel Alcalá |
Pérez Silva |
Según los apuntes obtenidos, en este censo se omiten los alambiques pequeños y los existentes en la población de Baragua, y solo se menciona el nombre de uno de los principales celadores de la parroquia Xaguas de nombre Isidro Valdés.
En el año 1948, nuevamente es cambiada la oficina de la Renta de Licores a la población de Churuguara, golpeando así a la industria artesanal del cocuy en el municipio Urdaneta, la que de todas formas estaba a punto de desaparecer legalmente por la modificación a la Ley de Impuestos sobre Alcohol y Especies Alcohólicas en 1954, condenando a `los productores de los empobrecidos caseríos rurales de Lara y Falcón al azote de la persecución´ y clandestinidad, favoreciendo así, descaradamente, `la producción industrial de licores mezclados, de menor calidad´, porque pagaban mayores impuestos al fisco.
Los últimos agentes que cumplieron la función de celadores en Siquisique antes de que el gobierno pasara a la clandestinidad el cocuy, fueron los señores: Carlos Álvarez Corvay, Castillejo Vegas, Avelino Chacón y Max Rodríguez Yépez.
Tiempo después volvería la Renta de Licores a Siquisique, pero esta vez se encargaría de supervisar los botiquines, restaurantes y ventas de cerveza, aunque no duró mucho y nuevamente fue trasladada a la población de Churuguara.
En la actualidad, después de un largo periodo de clandestinidad, nuevamente empieza el auge del cocuy con la legalización del mismo y en el municipio Urdaneta los productores se animan y vuelven a proliferar los alambiques. Aunque a mi modo de ver, el proceso está incompleto y mal canalizado. Si no se toman los correctivos necesarios, nuevamente y por las razones históricas conocidas, la producción de cocuy tenderá a decaer e incluso minimizarse con el tiempo, sin llevar el beneficio requerido que necesitan las zonas deprimidas, ya que esta labor ancestral de origen indígena sigue siendo una de las principales bases económicas del pueblo ante la falta de industrias y fuentes de trabajo en nuestro municipio.
Nota: En el año 1930, entre Siquisique y Baragua funcionaban más de cien alambiques debidamente registrados y el que menos personal empleaba tenia veinte obreros. En esa época fueron presionados por el gobierno y muchos tuvieron que cerrar. Gran parte de este personal al quedar cesante empezó a emigrar para los Estados Zulia y Falcón, donde ya estaba dando resultados positivos el “Oro Negro”. Ya había principiado la época en que la Venezuela agrícola se apartaba para darle paso a la Venezuela petrolera.
En 1940 Siquisique producía 400 mil litros de Cocuy mensuales para la venta, 33,300 cueros de chivo, 150,000 kilos de Sisal y 200,000 kilos de “Cebo” (graso de chivo).
El cocui ancestral, es una herencia de nuestros indígenas que ha superado muchas etapas. Su actividad en Venezuela se desarrolló y continúa haciéndolo, principalmente en el territorio de los Ayamanes. Actividad que se convirtió en un proceso mestizo con la llegada de los colonizadores, el cual perdura hasta nuestro tiempo.
Para leer otros escritos mas antiguos sobre el cocuy: Cocuy de Penca; El Cocuy y la Cerveza; Guardia Nacional de Siquisique; La Ruta del Cocuy y el Chivo; Las Cooperativas y el proceso del Cocuy; Ley del Cocuy; Ayamanes
Durante la conquista y la Colonia, Siquisique fue un pueblo muy desarrollado por ser paso obligado para los extranjeros que allende los mares desembarcaban en Coro, para luego internarse en nuestro territorio buscando los centros poblados más importantes, bien fuera para dirigirse al Tocuyo (cuando era la capital), o después a Barquisimeto, Valencia o Caracas. En todo caso había que pasar por Siquisique y/o Baragua obligatoriamente, por lo que llegó a ser unas de las ciudades más importantes de Venezuela en esas épocas. Relatos del Siquisique de Antaño: Los Emigrantes (II)El señor José Espinoza, en sus apuntes dice: Voy a permitirme comentar sobre algunas familias que se fueron ausentando del querido terruño, en forma silenciosa, sin hacer ruido, una tras otra. Recuerdo que el destino de la mayoría era la ciudad de Barquisimeto, y a otras localidades como: Carora, Churuguara, Maracaibo, Valencia, Caracas; Nirgua, el Tocuyo, Cabudare, Rio Tocuyo, etc. Y así se fueron regando los siquisiqueños (urdanetenses) a todo lo largo y ancho de la geografía nacional y hasta fuera de nuestras fronteras. Relatos del Siquisique de Antaño: Los Emigrantes (III)El éxodo campesino fue un fenómeno que vivió Venezuela con toda su virulencia en la época en que aparecieron los pozos petroleros, pues, en el medio rural no había fuentes de trabajo y los sueldos eran muy bajos. Por lo tanto la actividad petrolera atrajo a todo el mundo. Los sueldos eran muy altos comparativamente con lo que se ganaban los obreros, especialmente en el medio rural, porque fueron nuestros campesinos los que ante la oferta de ganar mucho dinero abandonaban el campo, pasando muchos de ellos, ante la falta de estudios, a engrosar los cinturones de miseria que muy pronto empezaron a rodear las grandes ciudades. Como consecuencia de esta actividad, muy pronto las ciudades venezolanas, que todavía eran pequeñas, se empiezan a poblar apresuradamente llenándose de ranchos, muchas veces sin cumplir con los requisitos urbanísticos mínimos de servicios públicos etc. El éxodo a las grandes ciudades, no era o es un fenómeno exclusivo de los urdanetenses, aunque sí tiene la particularidad de que nuestros porcentajes (por el numero de sus habitantes) son demasiados altos comparativamente con el del resto del país, destacando que esta situación mantenida en el tiempo nos deja con uno de los municipios con menos habitantes por Km2 del país, al contrario de otros sitios en que dicho éxodo ha disminuido considerablemente, e incluso, en algunos casos se ha revertido. Siguiendo con el recuento sobre los siquisiqueños que emigraron a otras latitudes desde principios del siglo XX –extraído de las notas que hizo nuestro amigo José (Che) Espinoza cuando cumplió sus 70 años (hace más de 20 años) – nos entrometemos en el recuerdo de un ayer que ya es parte de nuestra historia y que hacemos del conocimiento público gracias a esa memoria atesorada por este gran urdanetense. Eran días duros en el municipio Urdaneta, hacia pocos años habían pasado las langostas (Dos veces) y después hubo un eclipse de sol, que según la gente, había vaneado toda la producción de café y frutas y había hecho desaparecer casi toda la producción de cambur topocho a causa de dicho fenómeno. En el municipio la hambruna era casi que evidente y la situación muy dura, la gente seguía emigrando: En la crónica anterior, escribimos que se habían ido algunas familias de `Patio Largo´, y ahora le llegó el turno a Pedro Espinoza, su señora Eusebia y sus cuatro hijos. Todos vecinos del sector que está entrando a Siquisique, conocido como “Puente Gómez”. Se fueron a Barquisimeto. El joven José Dorantes, Pitcher del equipo de Beisbol “Los Latinos”, agarró sus cosas y se fue con su prima, la negra María, para Caracas. Salieron junto a unos buenos carpinteros como lo eran Natalio Pacheco y Pedro Pires Romano, los cuales junto a sus familias también emigraban a Barquisimeto. Otros que se marcharon fueron la familia Ramos. La señora María, Justo, Adela, Engracia y Lucinda. Ellos habían llegado hacia pocos años a Siquisique provenientes del caserío Uriche: Emigraron a Barquisimeto. Al poco tiempo le toco el turno de irse a Venancio Párraga, su esposa Adela y sus hijos: Carmen, Rafael y el `Chato´; se fueron a Rio Tocuyo. Relatos del Siquisique de Antaño: Los Emigrantes (IV)El municipio Urdaneta, del Estado Lara, posee una extensión territorial de 4.256 Km2, en el cual coexisten variedad de ecosistemas, predominando la zona árida en las vertientes de Siquisique y Baragua. Este último territorio se ha caracterizado por ser uno de los sitios con más alto porcentaje de éxodo rural. Hubo un tiempo que su número de habitantes disminuía alarmantemente, a tal punto que hasta hace algunas décadas su población estaba estancada, y no es, sino en los últimos años, cuando a duras penas empieza a aumentar su cantidad de habitantes en cada censo. En la actualidad, la cantidad de habitantes por kilometro cuadrado del municipio Urdaneta sigue siendo demasiada baja. A pesar de que la contratación de profesionales y mano de obra calificada de personas foráneas para prestar sus servicios en el municipio ha servido para aumentar su población, los cuales al ser contratados para tal fin en su mayoría se quedan a vivir en el, al igual que lo han hecho muchas otras personas allegadas, buscando nuevos derroteros ante el ahogo de las grandes ciudades, ¿O porque no! Tal vez buscando recuperar las antiguas raíces urdanetenses de sus ancestros. El éxodo de nuestra gente se debe principalmente a La falta de desarrollo sustentable (ecológico, económico y social) para elevar su calidad de vida, igualmente al no usar (Industrializar) nuestras fortalezas, especialmente las llamadas materias primas originarias de la zona: Zabila, sisal, cocuy, chivos y turismo; además del maíz, sorgo, hortalizas, etc. Otras de las causales fueron, y siguen siendo, la necesidad de instrucción de alto nivel ocasionada por la falta de instituciones de educación superior en la zona, y como si fuera poco, complementado por el alejamiento (distancia y malas condiciones de las vías de comunicación) de los centros urbanos industrializados y/o desarrollados. Según se desprende de las notas de Ché Espinoza, las familias siquisiqueñas que emigraron a otras latitudes buscando un mejor futuro, se diferenciaban las más “pudientes” de las de menos recursos económicos en las formas y en el estilo. Las primeras se iban con todos sus integrantes y generalmente lo hacían para no regresar jamás. Caso distinto eran las familias de menos recursos, porque quien emigraba, casi siempre, era uno o dos de los miembros del conjunto familiar, el cual generalmente era muy numeroso, y estos casi siempre seguían manteniendo el vinculo con la tierra que los vio nacer. En el relato anterior quedamos en la partida de la familia Méndez. Después llegaría el turno de partir al señor José Alcalá y familia, quienes se fueron a Barquisimeto. “El Sr. Alcalá, prestaba `plata´ ganado intereses, ya que en ese tiempo no habían bancos y los más acaudalados generalmente hacían las veces de bancos prestamistas. Este fue otro personaje siquisiqueño que emigró a Barquisimeto, convirtiéndose en una persona muy acomodada y famosa en la sociedad citadina (…)”. Después emigra la familia Pacheco, integrada por: Macario, Amado, Hipólito; la Meña y sus hermanos: José Vicente, Antonio y Gerardo. Todos hacia Barquisimeto. Luego emigraría uno de los mejores carpinteros de Siquisique en la época, el Sr. Arquímedes Flores con su esposa y su hija Margarita. También lo hicieron a Barquisimeto. Cuando Rufito Castillo se marcho, lo hizo para Valencia. Iba con su señora y sus hijos Hermes y Aurora. La familia Adames Pacheco, se mudaron para el Tocuyo. Don Juancho González, con su numerosa familia, se fue para Barquisimeto, iba acompañado de la familia Salazar y Sixto Rafael Guaidó con sus hermanas, quien después se iría a vivir a Caracas, donde con el tiempo llegaria a ocupar varios cargos importantes en la administración pública, entre ellos: Director de Educación Secundaria, Superior y Especial y Director General de Política Interior del Viceministro de Relaciones Interiores y Viceministro de Educación. Relatos del Siquisique de Antaño: Los Emigrantes siquisiqueños (V)
Entre las causas humanas podríamos enmarcar el abandono gubernamental (Malas gestiones de los gobernantes) por la falta de servicios públicos entre ellos el agua potable, electricidad, vías de comunicación, asistencia médica, las comunicaciones e incentivos a la producción, etc. Entre las causas naturales, juega un papel fundamental lo inhóspito del entorno (clima, accesibilidad, comunicaciones, riquezas naturales, y/o principalmente la disponibilidad de agua potable. Según cifras oficiales, “La cuarta parte de nuestro planeta está formada por tierras áridas y un sexto de la población mundial vive en ellas”, que es donde generalmente los organismos públicos y privados realizan las mayores inversiones para mantener la calidad de vida de sus pobladores. Las zonas con ecosistemas más delicados son las áridas o semiáridas que fueron territorios en los que en alguna oportunidad anidó un lecho marino, el cual al retirarse dejaba un terreno que con el tiempo se hizo fértil, aunque con una capa vegetal muy fina. Es allí donde en alguna oportunidad se formaron hermosos vergeles, aunque con grandes debilidades, los cuales no pudieron soportar la explotación abusiva de sus recursos naturales por parte del ser humano, con lo cual se causó graves daños a estos lugares. Otras causas de la degradación intensiva por deforestación son: El corte de arboles indiscriminado por mucho tiempo, la sequedad extrema, el corte de leña, cultivos transitorios, el sobrepastoreo de cabras, etc. Lo que ha ocasionado el desarrollo de fuertes procesos erosivos. A grandes rasgos podríamos decir que ese es el caso de gran parte de las zonas áridas y semiáridas de los estados Lara y Falcón, especialmente las del municipio Urdaneta estado Lara, Venezuela. Siguiendo con la emigración de principios del siglo XX desde la población de Siquisique, según los apuntes del Sr. Ché Espinoza: Se fueron Clarisa Adames, Aurora Vargas, Nicolás Ereú, Jesús Ereú y su hermana Carmen, a quien apodaban “la india”. Hipólito Espinoza, un mozo soltero, fue el que los acompañó en un burro a Barquisimeto y después se regresó. Don Miguel Pacheco emigra con su esposa doña Emilia, Miguel Segundo, Alonso y Horacio Domingo, a Barquisimeto. Don Octaviano Flores y su señora Felicinda e hijos: Ramón Antonio, Serafín, Gloria e Hildemaro Octaviano a Barquisimeto.
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