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Ciclo Personalidades del Municipio Urdaneta.

En esta sección, presentaremos las personalidades y/o personajes del municipio Urdaneta, que a través de sus aportes y logros a lo largo del tiempo, nos han dejado enseñanzas y ejemplos que vale la pena reseñar para su enaltecimiento y el conocimiento de las nuevas generaciones. Personalidades que nos proponemos rescatar de la categoría de “héroes anónimos” en que se encuentran, ya que la mayoría de ellos, desgraciadamente y por diversas causas, sufren de un suicidio anónimo, por culpa de la anomia* histórica de nuestro Municipio.

Esta es una entrega por partes de las vivencias y Biografías de los muchos personajes que encarnan los valores pasados y presentes mas resaltantes del Municipio Urdaneta. Personajes que sufren de un estado de anonimato, –ya sabemos porque– y creemos que es una obligación de las autoridades del Municipio y de todos sus ciudadanos, aportar "su granito de arena" para sacarlos del anonimato en que la indolencia de nuestras instituciones los mantienen actualmente.

Según los meritos de estos personajes, nuestras Parroquias, calles y barrios, deberían llevar sus nombres y además ser publicadas oficialmente sus reseñas. La Cámara Municipal está en la obligación de crear "Ordenes o Condecoraciones" para así honrar la memoria de quienes lo dieron todo, a fuerza de sacrificio, en aras de la sociedad.

Urdaneta ha sido tierra de luchas heroicas y de hombres probos, que empezaron cuando nuestros indígenas se enfrentaron heroicamente al alemán Nicolás de Federmann en el año 1530, siguiendo luego con la gesta independentista y las acciones del bravo indio siquisiqueño, José de los Reyes Vargas, para luego protagonizar y regar con la sangre de sus valientes hijos, la gesta Federal, donde reconocidamente tuvieron una gran participación, guiados por sus ideas libertarias y la sangre guerrera que corría por sus venas.

Los anales históricos del Municipio Urdaneta se encuentra pletóricos de estos personajes,  acompañados de toda una pléyade  de hombres y mujeres que encarnan grandes valores, que han resaltado en nuestro acontecer, que sobresalieron y sobresalen en varias disciplinas, especialmente en el área militar, MUCHOS DE ELLOS HEROES ANONIMOS de la Guerra de Independencia y de la Guerra Federal.

En este pueblo sucedieron algunos hechos históricos de tanta importancia, que consideramos cambiaron el curso de nuestra Historia Patria.
Bastante falta que nos hace rescatar esta memoria perdida y darle el valor y la importancia que se merecen para enaltecer el Gentilicio Urdanetense.

A medida que transcurre el tiempo, y nuestros medios y disponibilidad así nos lo permitan, iremos publicando paulatinamente nuevas reseñas en esta sección.

“Los pueblos marchan hacia su desarrollo en la medida que tengan en alta estima los logros de sus antepasados, para que así se alimente el espíritu de grandeza y conocimientos que nutra su presente y los guie con orgullo hacia el futuro”. Leonardo Castañeda

*Anomia es la ausencia de creencia o de credibilidad en las normas y en las instituciones. Un estado, una situación donde las personas no se reconocen, no se aman, no se saludan, se repelen. Es igualito a la polarización inducida que estamos viviendo actualmente, donde nadie se acepta. Pero en el fondo, en lo más profundo de nuestros conocimientos, sabemos que hay normas, situaciones y modos de convivir.

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01 de abril del año 2010.  


A continuación una serie de relatos sobre el Siquisique de antaño, que salieron del trabajo creativo y tesonero del Sr. José Ché Espinoza.


En esta oportunidad hemos recopilado un material que trata de las vivencias del Sr. José Guillermo Espinoza, quien ha sido muy prolífico al referirse al Siquisique de antaño. Gran parte de este material fue compilado con la ayuda del Sr. Mervin Rodríguez, quien colaboró con el señor `Che´ Espinoza para su organización.
Abriremos esta serie de capitulos, con un prologo escrito por el Sr. Mervin Rodríguez, dedicados al Sr. José Espinoza, para darle curso a los  artículos que iremos insertando paulatinamente en ésta recopilación.

Prologo

Emergen recuerdos que emiten reflejos de tiempos pasados. El pueblo solicita nuestra presencia con una llamada enmudecida, pues en sus entrañas quedaron grabadas las posadas de nuestros pies descalzos y la sangre dejada en las espinas de algún cují o algún cardón.
La añoranza de las tardes siempre frescas y el sonido cantarin de miles de pájaros revoloteando el cielo crepuscular, anunciando con su trinar el final del día y la llegada de la trémula noche, alumbrada por cocuyos, que nos servían de guía en las calles, veredas y caminos polvorientos de nuestro añorado pueblo.
Se aglomera en nuestra mente un sinnúmero de momentos vividos en cualquier sitio de nuestro cálido terruño, en primer lugar recordamos nuestras andanzas juveniles por el `Rio Grande´, como tradicionalmente llamamos al Rio Tocuyo. Vinculado a este, recordamos: Las Peñas, El Calicanto, La Chorrera, el paso de canoas, además el Cerro de Guacamuco, a quien la sabia naturaleza puso allí como fiel guardián de nuestro pueblo, para que nos proveyera, no solamente de la alimentación cotidiana, sino también de mitos y leyendas que quedaron sembradas en nuestra mente, cuando despertábamos al albor de la vida y éramos solo un niño.
Nuestro pueblo fue paso obligado desde Coro hasta el Tocuyo y el resto del país en épocas de la Colonia. Transitado por hombres y mujeres venidos del viejo mundo. En ese devenir, uno que otro viajero decidió quedarse por estas tierras o dejar sus genes en el vientre de una de nuestras indias, Ayaman o Jirajara. De esa gama multirracial se desprende la estirpe de este caballero, quien cultiva la amistad, el amor, la solidaridad, la honestidad, el trabajo, la hermandad y sobre todo el apego incondicional a su pueblo natal, sus hombres y sus costumbres. Como demostración de ello realizó un trabajo detallado y pormenorizado sobre los sitios emblemáticos de nuestro pueblo y de sus vivencias en aquella época; las personalidades y personajes más destacados y populares, entre otros; en fin, hizo un trabajo de cronista, el cual confió en mí, para que se lo ordenara. Al ser escogido para realizar tan noble tarea, me siento muy honrado por tan alta distinción.
El autor de esta reseña histórica, que se inicia a partir de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez, es el talentoso José Guillermo (Che) Espinoza, quien nace en la población de Siquisique un ocho de junio del año mil novecientos veinte.

 

 

Serie de relatos sobre el Siquisique de antaño.

A continuación publicaremos una serie de relatos sobre el Siquisique de antaño, que salieron del trabajo creativo y tesonero del Sr. José Ché Espinoza, a quien agradezco su generosidad, al traernos tan valioso material, que sin duda servirá para conocer gran parte de las vivencias recreadas en el Siquisique de ayer, trayéndonos, sin lugar a dudas, valiosos conocimientos sobre nuestras vivencias pasadas. Esperamos que estas cuartillas sean del agrado de todos nuestros lectores.

Este relato de Che Espinoza, entremezcla sus recuerdos de cuando era un niño, con sus vivencias personales de toda la vida; detalla una época que quedó muy atrás en el tiempo, empezando un poco antes de 1930 . Hoy en sus 90 años cumplidos, estando sano y lucido, nos muestra sus cuartillas, las cuales realizó a través de varias decadas y que son uno de sus más preciados tesoros. Debemos decir, que aunque un poco enrevesadas en el orden, son elocuentes y esclarecedoras sobre un trozo del pasado de Siquisique.
A este valioso material hemos tratado de darle la mayor coherencia posible para publicarlo como un todo. En cuanto a la redaccion del mismo estamos tratando de dejar gran parte del vocabulario usado por el Sr. Che, cambiando solo los terminos que no correspondan y agregando solo lo indispensable para hacerlo mas entendible en tiempo y espacio. Esperamos que nuestros lectores sepan discernir sobre estas memorias, que, de no ser por él, estos fragmentos de nuestra historia, jamás hubiésen llegado a las nuevas generaciones para su difusión y estudio.

   

Capitulo Nº I

La Cruz Alta

Esta Cruz está situada en la parte Este de Siquisique y toda el área donde se sitúa, es conocido como `Barrio Cruz Alta´.
Desde la meseta donde está situada existe una vista bellísima, que se hacía recreativa al contemplarla; al Noreste se divisaba el pueblo completo y al Sur, la majestuosidad del gran rio Tocuyo en confluencia con el rio Baragua, permitiendo ver un hermosísimo paisaje turístico, al que en ese tiempo, casi nadie prestaba mucha atención… Esta colina, la gente la nombraba El Cerro del Zancú´  –Che Espinoza en la actualidad se lamenta no haber averiguado el porqué del nombre–

La meseta donde está la cruz Alta, era una `playa´ donde los muchachos elevaban papagayo, jugaban trompo, etc. y por los alrededores vivían muchas familias, tales como: Los Izarra, los Rojas, Los Vargas, los Pacheco, que era una familia muy numerosa y el jefe de la casa se llamaba Pilar Pacheco, que al igual que sus hermanas Francisca y Judit, tenían muchos hijos, entre los que recuerdo a: José Rafael, Amado, Aura, Hipólito, Ismenia, José Vicente, Gerardo, y Antonio José. En su mayoría estos jóvenes emigraron a Barquisimeto y entre ese grupo iba `El Nené´ y su mamá, la señora Chepa. El Nené Pacheco se hizo boxeador en Barquisimeto y llegó a obtener renombre al obtener varias victorias y un campeonato en Lara y prácticamente lo obligaron a pelear con el campeón de Caracas, el que desafortunadamente perdió. Ese fue el único campeón que tuvo el Distrito Urdaneta, que fue el orgullo de todos nosotros, y aun hoy, que hago ese recordatorio, no ha surgido otro campeón de esa talla en el distrito Urdaneta; por cierto el aplaudido paisano –aplaudido por los barquisimetanos– muy pronto cayó en el olvido por estos, y fue envejeciendo, al igual que su madre, Chepa, que era quien lo dirigía y le servía de manager, por cierto, –Che Espinoza tuvo la oportunidad de conversar con ellos– después del triunfo en el campeonato de Lara y posterior derrota ante el campeón de Caracas, nadie les puso más cuidado, y como en la ciudad había pocos paisanos, murieron casi de tristeza e indigencia…

En la parte lateral derecha de la `playa´ donde jugaban los muchachos en la Cruz Alta, existía un Mercado municipal, era una casa larga, muy amplia, de tejas y moderna –moderna para la época de la narración–  con un gran solar que servía para encerrar a los animales antes del sacrificio… En el matadero trabajaba el Sr. Camachito (Manuelito), quien era el que beneficiaba los animales, tales como: marranos, chivos, y ganado vacuno. Antes de llevar a cabo la matanza, como la gente era poca en aquel entonces, se acostumbraba a pasear el ganado por las calles y en cada casa de familia preguntaban cuantos kilos le apartaban para el día siguiente. Quien le ayudaba en esos menesteres, era un Sr. que lo nombraban Julián Chuncho o Churuncho, quien se encargaba de fritar los exquisitos chicharrones; por cierto, se lanzaba sus `palitos´ de cocuy en la tarea, y  realizada esta, terminaba con un gran `peón –rasca, pea–  todos los días.

Existían cuatro negocios o pulperías, cuyos dueños eran: Pedro Rafal Vargas, que además era barbero y ahí mismo `pelaba´ a los clientes; en la otra, Belarmino Tirado; luego, Sabas Viloria y Santiago Viloria…
El pueblo estaba dividido en 4 calles principales que nacían de Este a Oeste, todas en La Cruz Alta –única entrada y salida del pueblo atravesando el rio–. Al lado Izq. De la Gran Cruz, existía un angosto caminito lleno de cujíes que llegaba hasta la Iglesia, luego con el trajinar de la gente se fue convirtiendo en una vereda y luego en una callecita de tierra, llena de piedras, por lo que al pasar el tiempo se empezó a llamar Vereda Cruz Alta. Luego le sigue la calle del Comercio, que atraviesa el pueblo de punta a punta, hasta llegar al inicio de la carretera que va para Baragua; luego sigue la calle El Sol, que igualmente atraviesa el pueblo y por último la calle La Culebra, nombre que se popularizó, porque en esta, existía una de las casas más grande y antigua de Siquisique que tenia dibujada una enorme culebra en su fachada; así se llamó durante mucho tiempo, hasta que en el censo de 1950 se le dio el nombre de calle Fomento; aunque la gente nunca se acostumbró a llamarla así y todavía es conocida como calle `La Culebra´. Las cuatro calles antes nombradas se comunicaban por calles transversales, todas habitadas.

–Prosigue Che Espinoza– Lo que recuerdo de mi niñez, por supuesto se inicia desde el rio majestuoso, que en verdad era un puerto fluvial, cuyo centro era la famosa casa `El Sorrento´… A una cuadra de dicha casa, al mismo nivel, vivía el Sr. Reinaldo Tirado, casado con Chiquinquira Pacheco y no tuvieron hijos; el referido Reinaldo, siempre lo conocí con una `pulpería´ y `guarapera´ en la `orilla´ del rio a la que le decían `Tarantin´, en ella vendía de todo: Papelón, sal en granos, café en granos, maíz en concha, etc. y además no le faltaba el guarapo fuerte y el oloroso cocuy de penca para quitar el frio, porque en toda la orilla venteaba mucho y habían unos grandes cujisales que daban mucha sombra. El Sr. Reinaldo Tirado era dueño de canoas de este lado del rio, al igual que Melecio Pire, Elías Ramos, Adolfo Querales y Félix Romano; además de grandes nadadores, eran los únicos que lograban pasar el inmenso caudal de agua, –que era muy sucia y turbulenta en tiempos de crecida– usando fuertes movimientos de canaletas de lado y lado, transportaban pasajeros, enseres y animales. Cuando el rio estaba crecido cobraban un real por persona, y por los enseres y animales, el precio era a convenir. Este era un trajín cotidiano y no les faltaba en el piso de la canoa una botella de cocuy, porque el frio era desesperante y como tal cada quien llegaba a su casa `medio jebe´, lo que en criollo significa `medio rascado´  – casi ebrio–.

Continuará

   

Capitulo Nº II

Sobre ubicación del Templo, La Plaza Bolivar, la primera Planta Electrica y el Radio Philips

Continuando con la narración, tengo que ubicar la posición de nuestro querido Templo “San José”,  así: Lado Sur, la casa de los Guaidó y los Castillos; lado Norte, la calle del Comercio; la cuadra grande de los Armas está por el lado Este, y por el Oeste, la famosa casa de las “ventanas de hierro”. Al frente del Templo está la Plaza Bolivar, dicha plaza contiene una arboleda con ejemplares grandes y medianos, resistentes al verano, como el Guay; una mata grande de Tamarindo que está al frente de la Iglesia; también existen una mata de Mamón, Sorrocloco, Caoba, Cedro, Mijau y otros, que dan mucha sombra. Asi como a la vez, arbustos que dan flores, como la clavellina, azucena, jazmines, croto, etc. etc., que en realidad por falta de agua, no daban flores, porque apenas eran regadas por el cieguito Juan Sibrián, que tenía un burrito con dos barriles donde cargaba agua del rio para medio regar las maticas; el Sr. Sibrián era ciego de nacimiento pero muy inteligente y trabajador; además de regar la plaza, le vendía agua a muchas personas de la población, el andaba con su bastón adelante y el burrito atrás; parece mentira, pero así hizo su trabajo por muchísimos años hasta ponerse viejito.

En ese tiempo la plaza Bolívar estaba protegida con una tela metálica acerada y existían 10 bancos, fuertes, todos  traídos de Barquisimeto que duraron mucho tiempo…después llegó la planta eléctrica y por primera vez llegó la luz a todas las calles, aunque era muy opaca; La plantica la montaron en el cerrito del Zancudo, se prendía a las 7pm y se apagaba a las 10:30 de la noche, eso era suficiente y se hizo costumbre; claro teníamos toda la vida viendo solo la luz de la luna… Por cierto llegó el modernismo; el Concejo Municipal trajo una radio muy grande marca Philips, y la montó en la plaza Bolivar, esta sirvió como distracción unánime para todos los moradores, los cuales asistíamos todas las tardes, se oían dos emisoras; Radio Caracas radio, con noticias y música agradable, como a la vez se oia en banda corta la B.B.C de Londres con solo noticias extranjeras… Por ello hubo de nombrar entre todos un `placero´ de nombre Víctor Manuel Pacheco, hombre alto, bigotudo, que usaba un sombrero de cogollo, era muy respetado, y a la vez era policía Escolar, quien buscaba a los muchachos que faltaban a clases por todas partes. Como en Siquisique existían los sobrenombres, a el le gritaban los muchachos desde lejos –porque era muy bravo–, Tapara e´puerco… este Sr. Duro muchos años en el cargo, hasta enfermarse y emigrar a Barquisimeto. CONTINUARÁ

   

Capitulo Nº III

Vereda de La Cruz Alta I


Después de la referida Cruz Alta, siguiendo a la izquierda de la falda de dicha colina, empezaba una vereda o caminito que iba a terminar en la Iglesia; al inicio de este caminito vivía el Sr. Andrés Bello y familia, a él lo apodaban el `Pitirrin´, –modismo usado frecuentemente por nuestra gente en esa época–  era una persona de baja de estatura, muy social, alegre y dicharachero, quien emigraría con su familia al Estado Zulia, como muchos otros paisanos, entre ellos la familia Gutiérrez…

Siguiendo el caminito en `la falda´ vivía la Sra. María Aranguren con sus hijos; de los que me acuerdo son: Miguel Ángel, Luis María, `la Negra´ y ` el Tacita´; luego vivía la señora Lucrecita de Garcés (Quechita), y convivían la señorita Angelina Salón, quien murió de noventa años siendo presidenta de la Congregación HIJAS DE MARÍA, a la vez convivía la Sra. Sara de Mosquera, (Josefa o Chefa) con Mermes Tulio (Montulio), quien murió de una puñalada recibida en una pelea cuando asistía a un Velorio.
Después de estas familias, estaba la famosa casa de los Pachecos; allí se levantaron varias generaciones; el fundador fue el Sr. Cruz Pacheco, quien había formado su primer hogar en Topeyes, quien desgraciadamente, por muerte de su primera esposa y de tres pequeños hijos, se vio obligado a bajar al pueblo a comprar una casa y buscar a alguien que le cuidara a los demás niños…encontró una joven de nombre Chiquinquirá Ereú, que se comportó tan bien, que se casó con ella en segundo matrimonio y quien termino de criar a todos los niños, porque el Sr. Pacheco murió de mediana edad. La primera esposa de Cruz Pacheco se llamó Fidelia Querales, quien al morir dejó diez hijos: Teodosa, Ponciana, Crusito, Eufemia, Gilberto, Jacinto, Pedro, Valoy y Felicia; y los hijos con Chiquinquirá fueron: Witermunda, Encarnación, Horacio, Felicita, Miguel y Natalia, y a su vez criaron a Juan (Juanillo), Nicolás (Colachito), Julián, y Emilia, una niña que murió ahogada en el pozo de las peñas. En esa misma casa nació Amenaida, de la unión de Felicita (Chaco) con Ramón Giménez y la niña desde temprana edad pasó a la casa de su tío Buenaventura Giménez y Lola de Giménez, recibiendo una extraordinaria educación y conocimientos, hasta que se casó con el Sr. Luis Rodríguez; en esa misma casa nacieron sus hijos: Marina, Elvia, Darío, Alexis y Mervin. Allí mismo, también nació y creció Georgina María, quien fue hija natural de Encarnación Pacheco y quien a su vez se casó con Hipólito Espinoza, a quienes le nacieron cuatro hijos: José (Che) –autor de este relato– Mercedes, Rosa y Dalinda, además de Néstor y Gladis Pastora…

–prosigue Che Espinoza–, se puede decir que esta casa es la reliquia de los Pachecos, donde nacieron y se formaron varias generaciones, que hoy están dispersas por el mundo y que de alguna manera están ayudando a crecer y progresar a nuestra Patria… Continuando con el propósito que nos anima en esta narración; después de la casa de los Pachecos se encontraba la casa de Lucresita (Quechita) y de ahí había una `quebradita´ (Riachuelo) que tenia un amplio trecho hasta llegar a una casa pequeña, que últimamente fue de Juan José Lozada, un sastre caroreño; por la parte norte quedaba el caminito de la Cruz Alta y por el frente todo ese terreno, hasta llegar al rio, que además era el sitio a donde se iban abañar toda la gente pues no había acueducto. Ese terreno era una especie de montaña con distintos arboles inmensos:  Yabos, Cujíes, Crucetas, Uvedas y por debajo tenia tuna de penca, Guasabara, pica pica y la fastidiosa pringamoza; se encontraban distintos animales, como: culebras, tuqueques, alacranes, iguanas, sapos, ranas…Entonces, al frente, por la parte del cerro, Mamá Chincra le concedió a Lola de Armas permiso para construir una casita, porque ella vivía en el caserío `El Mamón´ y cuando se enfermaban los niños era problemático por la distancia; esa casita con el tiempo le quedo a su hijo Félix Rafael, quien la modificó y allí perdura tranquilamente…Al lado de esa casa vivía la Sra. Felicita Salas de Salón con varias hijas: Blanca, Rosa Evelia, Zoila y Carmen Aurora… Mas adelante vivía Rafael y su señora Aurora Pacheco de Adames con sus hijos: Rafael Segundo, Pedro Rafael, Lucia, Rufina, Rafael Ramón, José Rafael, Rafael Santiago y Rafael Ángel; esta familia migró para el Tocuyo, y dicha casa la compró Ermenegildo Granda y luego Hernán Hernandez.

La casa de al lado era grande y muy bonita; era de Ninfa Briceño, mas tarde de Adelso Viloria y por ultimo de Miguel Díaz Viloria, hoy día de sus descendientes…por detrás de esta casa vivían las familias Gozaine descendientes de arabes: `Musiú´ Juan Bautista, Atála Ramos con varios hijos: Amado, francisco, Ramona, Teresa, Miguel, Gualberto, Rosa Málaga y José Manuel (El Mudo). Y en frente de estas casas solo existía un inmenso solar que cruzaba una parte al frente de la Iglesia, y en la siguiente media cuadra Vivian las Armas Arráez, con sus `criadas ´Elena y Rosario… Después de la casa de Miguel Díaz hay un callejón que va a terminar en la Casa del Cerro…Luego por la misma mano derecha está en la esquina hasta la media cuadra, la casa de Pedro Salazar con una familia muy numerosa, que cuando emigró a Barquisimeto, la compró el Sr. Teotiste Guaidó con su señora Leonor e hijos: Sixto, Rafael, Pausides, Leonorcita, Elba y Nelly, estaban frente a la parte trasera del templo.   CONTINUARÁ

   

Vereda de la Cruz Alta II


Seguida de la casa de los Guaidó, estaba la casa del Coronel Mendoza que llegaba hasta la esquina, este personaje de procedencia andina, llegó en el gobierno del general Gómez y formo su familia, casándose con Hortensia Castillo, procreando dos hijos, una hembra y un varón, quienes al transcurrir del tiempo emigraron a valencia… Con esta casa termina la cuadra, y, al lado izquierdo surge una calle corta por la que se llega hasta un sitio alto, que se nombra los Balcones. Nombre que se debe a que la cresta del cerro que termina en una serie de lajas y piedras muy bien colocadas que sobresalen en la altura –obra de la naturaleza– que daba la impresión de estar parados en una gran ventana o un inmenso balcón, desde el que se observa un hermoso valle en el que ve la confluencia de los ríos, Tocuyo y Baragua, además de unas grandes `vegas´ cultivadas de Paja, ya que esta era muy comercial; hay que recordar que el movimiento comercial se hacía por medio de arreos de bestias, (Burros, mulas y en algunos casos caballos), por supuesto que se usaban para cargar las mercancías y a la vez para transportar a las personas, por ello la importancia de dichos sembradíos…
Todo el `alto´ antes descrito, era conocido como `Bonaire´ y, en el existían casas muy bellas, únicas; muy altas y de una estructura diferente a las acostumbradas casas coloniales conocidas en la población. Eran de personas ricas, que habían llegado a impulsar la agricultura; entre estos señores recordamos a los Aranguren, que fabricaron casas bellísimas, como la casa llamada `De las Cornisas´ de grandes salones enladrillados, pilares de forma redonda, con puertas y portones de madera labrada y con ventanales de hierro; todo con un acabado muy fino aunque no existía el cemento. La mayoría de esas personas emigraron dejando abandonadas aquellas hermosas casas, y la gente fue llevándose y tumbando todo aquello; para la época en que el Sr. Espinoza hace el recuento, de estas construcciones quedaban solo unas bellas ruinas. Al frente de estas casas vivía el Sr. Epimaco Salazar con su señora, cuatro hijas muy bonitas y un varón, nombrado el Pijo chiquito; como era una familia muy humilde, la señora hacia empanadas para la venta, muy sabrosas, y el Sr. Epimaco vendía cocuy y guarapita. El se las ingeniaba, y hacia fiestas todos los sábados y domingos, con conjuntos de violines que invitaba en el caserío Agua Viva; demás estar decir que la casa se llenaba de bailarines y el aprovechaba de vender sus bebidas y así se  `sostenían´…

Después en esa casa vivía la familia de don Rufito Castillo, muy recordada, tenía un hijo de nombre Hermes, buen amigo y muy decente, a la vez tenía una hermana muy buena moza, de nombre Evangelina; el Sr. Rufito era el mejor gallero del pueblo y los domingos se hacían las jugadas en las que se apostaba bastante dinero, por lo que a veces se formaban pleitos bastantes serios, porque al haber dinero de por medio casi siempre ocurría eso… al frente de esta casa, pasando la calle, vivía la viuda, doña Juana Castillo, luego le seguía la casa de don Rafael García que ocupaba toda una cuadra. El Sr. García se casó con la señora Emma Castillo, quienes tuvieron varios hijos: Rita Elena –quien después se casó con el Sr. Juan Gozaine– Carmen y Segundo; el Sr. García fue un personaje muy importante, era de origen extranjero, sumamente cortés, de trato muy agradable, era guarda bosques y mantenía en perfectas condiciones –lo más importante para el gobierno– la línea telegráfica. El además de guarda bosques, era telegrafista y pirotécnico; hacia las suplencias del telegrafista cuando este tenía que ausentarse y tenía una fábrica de cohetes, donde hacia las recamaras, ratones, trabucos y todo lo referente a los juegos pirotécnicos; además fabricaba los globos que en las festividades se elevaban al cielo, presentando un espectáculo atractivo e inolvidable. Luego por la misma calle estaba la casa de Clarisa Adames, una casa grande de bahareque y hacho con una gran enramada y un enorme cují en su esquina que daba exquisita sombra. Terminaba la calle con la casa de Domingo Pacheco, quien siempre tuvo una bodega… allí empezaba el barrio San Mateo…

Luego y continuando, debo decir que al frente de esta familia Castillo, está la otra esquina de la calle que va a terminar al cementerio; en esa esquina vivía la Sra. Josefa Mora, cariñosamente Chepita Mora, persona mayor muy nombrada, que tenía un hijo de nombre José Mora, sumamente juicioso y corpulento, inteligente y con mucho brío; José se fue a Barquisimeto e ingresó a la policía, demostrando su valentía, al igual que muchos siquisiqueños, que tenían una gran fama, especialmente por que don Eustoquio Gómez contrataba casi todos sus policías en Siquisique…  

La próxima cuadra era ocupada por dos casas grandes con solares de por medio, iguales a las otras; allí en la próxima esquina otra casa bonita, moderna, de tejas, haciendo esquina con la calle llamada El Calvario, por allí se iniciaba la procesión de cristo crucificado en Semana Santa. Dicha casa perteneció a José María Alcalá, allí funcionó una vez el telégrafo... luego le seguia una bella casa que queda en una cuadra pequeña, el dueño era el Sr. Tancredo, quien no era del municipio, pero la casa era la más nombrada, estaba al frente de la plaza Bolívar y sus ocho ventanas y portones eran de hierro –conocida como la Casa de las Ventanas de Hierro– haciendo esquina con la calle del Comercio…esta casa despues, durante mucho tiempo, fue conocida como `Casa Blanca´ y hoy dia fue totalmente remodelada y en ella funcionan las instalaciones del Banco Agricola... CONTINUARÁ

   

Capitulo IV

Calle El Calvario

Al lado oeste de la Iglesia se iniciaba una calle que lleva el nombre de El Calvario, porque por allí sale la procesión en Semana Santa –la procesión del crucificado–; allí nace una calle muy larga por donde la procesión hace su recorrido… Y por el lado Izq. De esta cuadra, vivían las familias: Alcalá –ya nombrada–, siguiendo la señora Chela Marchan, madre de Mercedita, Aura y Caria, muchachas muy bellas, hijas de José Manuel Alcalá, que también emigraron a Barquisimeto; luego en la esquina estaba situada la casa del padre Víctor José Salas, con mucha gente (servicios, y criados) y allí se `levantó´ una joven bellísima e inteligente de nombre Aura Pacheco y allí en poder del padre, se casó con el telegrafista de nombre Silvio Valera, también migraron a Barquisimeto… Al frente de donde vivían estas familias, existía una cuadra completa deshabitada, un inmenso solar lleno de cujíes y otros árboles, una parte propiedad de los Tancredos, la otra de Fenelón Márquez y el resto de doña María de Quevedo… Luego de una calle transversal, aparece una esquina propiedad de doña María de Saldivia; y por este lado existía una `playa´ ancha donde se jugaba pelota y precisamente, allí, una tarde, se desató una gran tempestad en momentos en que la cruzaban los señores Teolindo Giménez y Cándido Ramírez, y de pronto se sintió un gran trueno, se vio el relámpago, relancino, cayendo sobre los dos personajes el `centellazo´; los dos señores quedaron tendidos en el suelo, muriendo en el acto Teolindo; Ramírez no murió, pero quedo como ido, hasta que se recuperó con el paso de los años.

Después de la `playa´ se encontraba el inmenso solar de la casa de Gobierno, que era una especie de albergue para los presos, allí existían inmensos cujíes y los presos se subían para de allí divisar el mundo exterior; luego continuaba una casa que hacia esquina que pertenecía a Perucho Castillo, eterno secretario de la jefatura civil… Al frente de la referida `playa’ y solar de la casa de Gobierno, hacia el sur, se levantaba una pequeña colina donde estaban construidas una serie de casas grandes y muy bellas, de grandes ventanales y de altos portones de madera grabada, habitadas por la las familias Armas y Arráez, quienes fueron emigrando a la ciudad y surgió el problema de la gente al meterse en las casas solas para desvalijarlas y llevarse los enseres…
Después de la Casa de Gobierno, vivía en casa de su propiedad el Sr. Antonio Giménez (Compae´ Toño), Juez de Distrito Urdaneta durante muchísimos años; terminando después con una callecita que iba a salir a la calle comercio; al frente del referido señor, haciendo esquina, vivía el Sr. Cristóbal Díaz, secretario del juzgado y a su lado el Sr. Agustín Ramos (Don Tita Ramos) escribiente de fama por su buena letra, aunque también era conocido por su afición a tomarse sus palitos diariamente.

Al frente, también haciendo esquina, vivía el maestro de escuela Juan E. Giménez: Nació en Siquisique y en la historia de don Miguel Pacheco dice lo siguiente: “hizo estudios preliminares en la escuela Normal de Carora, cuyo director fue Ananías Cote, recibiendo su diploma del instituto en 1890, y su escuela en Siquisique fue creada o decretada por el Estado el 21 de septiembre de 1898, fue maestro de por vida, enseñando a varias generaciones. Después de haber trabajado como educador durante 36 años murió en Siquisique el 9 de abril de 1934…formaba parte de la gran familia Giménez: hijo de doña María, su madre y fundadora, entre sus parientes: el general Benicio Giménez, el farmaceuta Buenaventura Giménez (Fue presidente del Concejo Municipal), entre sus hermanos: José, ayudante de farmacia, Ramón, escribiente y buen secretario, y las hermanas, señoritas: Abigail, Clorinda, y Natalia; a su vez escribió parte de la historia del `Distrito Urdaneta´ en la Revista Tricolor de Caracas…”. La casa donde se inicio la escuela está situada en la calle principal del pueblo, en la parte Oeste, saliendo para Baragua; la misma todavía existe y pertenecía al Sr. Cruz Pineda (hoy día de sus herederos), con su misma estructura y algunas modificaciones… el nombrado institutor Juancito Giménez, se había casado con la señorita Adelaida Armas con la que tuvo dos hijos: Benicio (El Chiche) y María de Jesús. También adoptaron un niño al que le dieron el nombre de Juan Segundo, muy inteligente, se graduó de profesor en Barquisimeto, llegando a alcanzar el máximo título como Supervisor y Director General de la Educación del Estado Lara… La señorita María de Jesús, se casó con el Dr. Rafael Alcalá, nativo de esta tierra, quien se distinguió como medico extraordinario porque curo mucha gente; tuvieron varios hijos: el primero Rafael (Pepey), quien nació y creció con algunas dificultades en el aprendizaje, pero como el Dr. tenía un piano, el niño aprendió a tocarlo y `trovaba´ muy bien todas las piezas musicales de la época… Luego el Dr. envejeció y enfermó, muriendo en Barquisimeto… Los demás niños fueron: Angelina Mercedes y Alberto, quienes unidos a su querida madre, quien era una enfermera muy brillante, se mudaron a la Urbanización La Concordia de Barquisimeto en 1950, año de su fundación. Ella fue envejeciendo hasta que murió, siendo muy sentida su desaparición por toda la comunidad… A esta familia le tocó vivir frente a la quinta `Bariquia´ perteneciente a la familia Espinoza Meléndez fundada por el Sr. Che Espinoza (narrador descriptivo de estas líneas).
  
Siguiendo con la descripción de la calle El Calvario, por donde se desplazaba la procesión del crucificado, era toda de tierra; al frente de la casa de Juancito Giménez, vivía el Sr. Cristobal Díaz y Flia. Secretario por mucho tiempo del Juzgado del Distrito, la casa ocupaba media cuadra cercada con trancas una parte y la otra con ramas de cují; uniéndose con otro solar que colindaba en la esquina con la casa del Sr. Juancito Sánchez y su esposa doña Icha, dicha casa terminaba haciendo esquina con el inicio de una callecita que iba a terminar a la calle La Culebra (actual calle 8… En la esquina del frente, existía una casa grande, de bahareque, que como las demás, contaba con un gran solar; el propietario era Antonio Domingo Meléndez y allí vivía con su familia; su mamá la señora María, la abuelita doña Nicolasa, su tía Adelina, sus hermanos: El Catire Alirio, María Ramona y Nery o Nelly… Dicha casa fue vendida por que se mudaron para Barquisimeto… Al frente de esta casa existía un terreno en una alta y grande planicie, cercado de ramas por todas partes y dentro un caserón de bahareque con una enramada de divive o hacho con magueyes, se notaban en su patio muchos animales como gallinas, marranos, cabras, pichones etc.; su `ama´ era la Sra. Teodora Pacheco quien tenía un hijo que llamaban `Papatin´… Luego la Sra. Vendió la casa y allí fue construido el Hospital que lleva el nombre del Dr. Luis Ignacio Montero… Continuando por la misma vía izquierda de lo que hoy día es el hospital, se encontraba la casita de bahareque del Sr. Juan Sibrián, ciego de nacimiento, quien como dijimos en el capitulo anterior, cargaba agua del rio en un burrito para venderle a los pobladores y para regar los arboles de la plaza Bolívar. El Sr. Sibrián tenía un hogar y tuvo varios hijos, entre ellos uno de nombre Luis, que era contemporáneo con Che Espinoza… Después de esta casa, por la parte sur, seguían varias casitas habitadas por familias humildes hasta llegar a la vega que nombraban de `Santelis´. Siguiendo con la calle del Calvario, mas a delante de la casa de los Meléndez había un cerrito en el que la procesión cruzaba a la derecha hasta salir a la calle del Comercio, en esta callecita (actual calle 9) vivían varias familias, entre ellas: Ignacio (Nacho) Adjunta, Crisanto (Chanto) Piña, etc. en consecuencia hasta allí llegaba la calle del Calvario y por ende la procesión, era un camino que se hacia larguísimo por lo escabroso del terreno polvoroso y lleno de piedras, pero la comunidad con ese arraigo cristiano, que aún perdura en el tiempo, cada año la hace más concurrida y por supuesto, las calles van mejorando.   
             

   

Capitulo Nº V

Calle El Comercio I.

El Sr. Che Espinoza, en este capítulo nos describe como era la calle Comercio y quienes vivían en ella. En aquella época lejana, en Siquisique no existía puente, y la entrada al pueblo se hacía en canoas, o vadeando el Rio Tocuyo –En el sitio conocido como Paso de las Canoas– precisamente situado al frente, del hoy llamado  caserío `La Aduana´. Al cruzar en este paso, el viajero se encontraba en la orilla opuesta, con una gran casa de tejas que hacía las veces de puerto fluvial. Esta casa llamada `El Sorrento´ tenía grandes cuartos para el almacenamiento de la mercancía y a su vez unos largos corredores, donde los viajeros esperaban el turno de embarque para cruzar; a veces la espera se prolongaba por las grandes crecidas del otrora caudaloso rio Tocuyo y la gente `guindaba´ las hamacas o chinchorros en los largos corredores enladrillados. Como la casa estaba situada en una ladera, al remontarla, lo primero que se veia era la Cruz Alta, desde la que se divisaba gran parte del pueblo y si subía a la cumbre de esta ladera  –conocida como `El Cerro de los Balcones´– se apreciaba una vista impresionante del paisaje y de la confluencia del los ríos Tocuyo y Baragua.

Esta introducción viene a cuento, porque esta era la entrada de la población de Siquisique, y el Sr. Che Espinoza principia toda su narración partiendo desde la antigua Cruz Alta.

En el anterior capitulo, se describió un `caminito´ o vereda que partía desde ese sitio, por el cual se llegaba a la iglesia –Actualmente es una calle–.
En esta oportunidad, el Sr.  José Espinoza nos narra el recorrido por la actual calle el Comercio, partiendo precisamente del mismo lugar:

En este sitio existía una pequeña planicie donde se la pasaban jugando los muchachos, luego continuaba bajando una pendiente de tierra que pasaba por un puentecito que se le nombraba `Puente Cacuro´, porque debajo siempre existía un enjambre de esos animales –Avispas–  que eran grandes y negros, que picaban muy duro y la gente al ser aguijoneada por estos insectos se enfermaban…Siguiendo la calle El Comercio, por el lado izquierdo aparecía y aun existe, una casa grande de teja, con muchos cuartos, muy bonita  –llamada Las Mercedes– con un gran solar por los cuatro lados, cercada de adobes, que aún se mantienen parados y en buena forma, la dueña era doña Virginia, viuda de Álvarez, adinerada y muy social; allí nació y creció la señora Genoveva, esposa de Ismael González Bracho; el solar de dicha casa hacia frente con la casa de los Pachecos –nombrada en el capitulo anterior–, y con el tiempo pasó a manos de Juan José Torrez (Reyino), haciendo esquina con una calle corta   que va a terminar a la calle `La Culebra´…
Al frente, calle del Comercio por medio, existía casi una cuadra desolada, cercada con trancas y ramas de cují, allí haciendo esquina fabricaron un cuartico y una enramada propiedad de don Juancho González, quien tenía una guarapera y venta de empanadas, hechas por su señora, doña Magdalena, que se vendían mucho y a la vez existía un juego de Bolos, que consistía en un `Matacho´ y bolas de madera con tres palos o `mochetes´, los dos pequeños al lado y el grande al centro. El que tumbaba el grande ganaba. Allí se hacían grandes apuestas, por supuesto quien ganaba la apuesta tenía que contribuir con la `casa´. Dicha `Taguara´ se llamaba `La 30-20´ y se hizo famosa por la asistencia de las personalidades de todas partes que asistían a jugar…El Sr. Juancho, como casi todos en el pueblo, tuvo que emigrar en compañía de su numerosa familia y le vendió el sitio, al Sr. Luis Salero, y este después de mucho tiempo, cuando empezaron a llegar los emigrantes: Arabes, Canarios e Italianos, le vendió al Sr. Rocco, quien la convirtió en una moderna casa de dos pisos, que era la más moderna y bonita del momento…

Siguiendo la calle del Comercio, al lado Izq. Haciendo esquina con la calle ya nombrada, está una casa colonial, de tejas, muy grande, que abarcaba media cuadra, con un solar muy bonito, que hacia frente por la parte trasera con la casa de los Pachecos; esta casa era propiedad de Elías Salóm y acá perduró una pulpería bastante surtida de los productos que se consumían a diario: Maíz en concha para hacer la harina tostá’ y las arepas pelás’, sal en granos así como café, papelón, huevos, templones, etc. etc. el Sr. Elías era un comerciante muy hábil y acostumbraba a poner en la armadura unos `taturos´ de laticas, guindadas y visibles, con los nombres de las familias que mandaban a comprar y por cada compra echaba un granito de maíz, cuando se acumulaba cierta cantidad, le devolvía al muchacho `mandadero´ su equivalente en moneda –Desde una locha, hasta un Real–. Esto entusiasmaba a los muchachos, y claro, no compraban en otra parte… Dicha casa era muy grande y con unos patios extensos y enladrillados que la gente alquilaba para presentaciones de veladas y circos cuando llegaban al pueblo, y el Dr. Herrera, médico del pueblo puesto por el gobierno, como era apasionado por el cine, montó uno pequeño, donde pasaba películas de muñequitos, que eran silentes, como Patti, Babi, el Pato Pascual, el Gordo y el Flaco, la Pandillita, Popeye el Marino y otras tantas…éste, era muy concurrido los sábados y domingos, los padres iban con sus hijos, era muy divertido y lo único que había, salvo cuando llegaba el circo con sus payasos etc. etc.…Mucho tiempo después esta casa fue propiedad de la Sra. Carmen Rosario Párraga de Mejías…

En el resto de la cuadra, existía una casa colonial bellísima, muy alta, con muchos adornos, todo el mundo la conocía como `La Casa de las Cornizas´; su propietario era Don Cirilo Aranguren, amo de la posesión `Bariquia´ situada en ese caserío, Bariquia. Por supuesto que eran muy ricos y con una gran familia, entre ellos uno profesional como abogado; cuentan que el `viejo ´Cirilo era muy fanfarrón y peleador y una vez le dieron una `trompada´ en la nariz, tan fuerte, que se la rompieron y de eso padeció un tiempo hasta que murió, y con ello se dispersó la familia…Esta bella casa que tenía todas las comodidades, poseía unos pasajes subterráneos por dentro y muchas cosas raras, tanto, que la gente temía alquilarla porque decían que `espantaban´ de noche –esta era la misma casa que construyó Juan Isidro Rivero, el mismo que construyó el Templo de Siquisique–…

Dicha casa, mucho tiempo después, fue alquilada al Sr. Antonio Domingo Meléndez, quien monto un negocio grande para la compra y venta de víveres y frutos al por mayor, con el nombre de `La Crisálida´. Antonio Domingo, allí acopiaba café, caraotas, quinchonchos, maíz, etc. que después enviaba por sacos a Barquisimeto para su venta, y de allí traía telas y variedad de artículos para su venta. Este negocio pronto prosperó y el Sr. Antonio Domingo tuvo que traerse a sus hermanos de Uriche (Alirio y El Catire), de donde eran oriundos, para que le ayudaran. Con el tiempo, el decidió mudarse para Barquisimeto, donde fundó un negocio de las mismas características en el sitio conocido como el `Manteco´, donde fue uno de los fundadores de este gran mercado –que hizo historia en Barquisimeto­– y además instaló una empresa para moler el maíz (Un Pilón) obteniendo grandes éxitos a nivel comercial.
Tiempo después, el negocio de Siquisique fue mudado al frente de la Plaza Bolívar (diagonal a donde estaba), donde funciona actualmente con el mismo nombre `La Crisálida´, regentado por el Sr. Augusto Perozo. Hay que destacar, que el Sr. Antonio D. Meléndez fue diputado por Siquisique, siendo el promotor de la lucha por conseguir la Universidad Popular, logro obtenido, ya que Ésta, con el nombre de José Gil Fortoul, funcionó durante muchos años en esta población.
En esta casona llamada `La Corniza´, fue donde funcionó por primera vez la Escuela Ricardo Ovidio Limardo; esto sucedió al ser mudada `La Crisálida´…Continuara…

   

Calle el Comercio II.

La Crisalida

Describimos en el primer capítulo de esta calle, la primera cuadra de la misma por ambos lados, y de la segunda y tercera cuadra solo se describió la parte izquierda viniendo de Este a Oeste. En esta segunda parte, proseguiremos la descripción del Sr. Che Espinoza comenzando al frente de la casa del Sr. Salóm, que estaba situada en la esquina de la segunda cuadra, actualmente, avenida Comercio esquina con la calle 3.

Frente a esta casa –del Sr. Salóm–, haciendo esquina, estaba una casa muy bonita. Una construcción alta con grandes ventanales, frescos, formadas por dos grandes salones enladrillados muy modernos, al parecer se usaban para alquilarlos a fiestas y actos culturales; era propiedad del Sr. Antonio Maluf  –Musiú Maluf´– árabe. Esta, a su vez abarcaba toda la cuadra transversal –es decir, actualmente la cuadra que va de sur a norte, a mano izq. situada en la calle 3 entre las avenidas 2 y Comercio–… En esta casa, en un zaguán ancho y espacioso, funcionó la imprenta traída por el periodista Carlos Romero, que además de imprimir los periódicos sirvió como imprenta nacional. Dicha imprenta la obtuvo el periodista Romero, de manos de su amigo, el presidente del Estado Lara, general Vicencio Pérez Soto, en febrero de 1936; a solo dos meses de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez.
Cuando la imprenta funcionó en dicha casa, las personas que buscó El Sr. Romero como ayudantes fueron: El Sr. Emisael Pacheco, José de Jesús Romero (Chechus), y José Espinoza Pacheco (Che) siendo todavía un adolescente –quien guardó estas memorias– …  La enseñanza era más o menos así: para lo `Tipos´ eran todas letras de abecedario, distribuidas en una galera, –una especie de depósito con muchos departamentos– en donde estaban las letras repartidas, exactamente como en una máquina de escribir, entonces había que ir tomando letra por letra y acomodándolas en un aparato que se llamaba `componedor´, y de allí eran pasados a una plancha impresora donde aparecían los escritos para corregirlos. Efectuado todo esto, entonces se realizaba la impresión de los escritos… Esta imprenta fue donada por Carlos Romero al Concejo Municipal del Distrito Urdaneta. 

Pegada con esta casa, haciendo esquina –Diagonal a la Plaza–, había una tienda que vendía ropa y artículos para caballeros y estaba bien surtida de todo. Esta era propiedad del Sr. Salvador Viloria y era atendida por el Sr. Rafael Molleja (Rafelito), joven elegante y muy atento. Dicho negocio estaba siempre muy concurrido; allí asistían las personalidades más importantes a realizar sus compras. Al cruzar la calle transversal, se encuentra otra casa inmensa, que abarca media cuadra, haciendo esquina; de construcción bellísima, de paredes altísimas, con grandes ventanales y portones muy bellos; con varias piezas grandes que miraban hacia la calle Comercio –Frente a la Plaza Bolívar– ; para esa época esta casa al parecer era del presbítero Federico Salas, el viejo, quien tuvo un sobrino de nombre Víctor José Salas, quien también fue Cura y atendió la feligresía de Siquisique durante muchísimos años; ambos eran del caserío las Mulas de Bobare. Luego dicha casa fue adquirida por doña Obdulia Meléndez, ella alquilaba las piezas (cuartos) que tenían todas las comodidades, preferiblemente, allí se hospedaban los maestros llegados de otros lugares, de estos, recuerdo a la educadora, Sra. Blanca Bigott de Martínez…

Luego esa casona le fue alquilada al joven Augusto Perozo, hermano de Antonio Domingo Meléndez, quien tenía el negocio  `La Crisálida´ en la casa de Las Cornisas –ya mencionada en el capitulo anterior– que quedaba diagonal, al frente. El Sr. Antonio Domingo, cuando emigró a Barquisimeto, le traspasó toda la mercancía a su hermano Augusto con facilidades de pago, siendo así como el negocio `La Crisálida´ fue mudado de sitio; pasado el tiempo, el Sr. Perozo compró esa bella casona, que era rica en leyendas, la cual conserva en la actualidad, pero un poco deteriorada debido al paso de los años y los muchos temblores sucedidos hace poco en Siquisique. En dicha casa, que era muy grande, por el lado transversal –calle 4 actualmente–, funcionó durante muchos años la escuela de música.

Seguidamente, después de este bello inmueble de características hermosas, le sigue otra casa de iguales condiciones, porque entre las dos formaban una sola cuadra, cuyo frente era la Plaza Bolívar y el hermoso Templo de San José… Esta casa, como ya se dijo, llegaba hasta la esquina de la actual calle 5, y tenía varios salones con ventanales que miraban a la calle El Comercio frente a la plaza y por eso, cuando uno pasaba, observaban unos patios muy amplios, enladrillados y de pisos de mosaicos –Dicen que fueron traídos de Francia en la época de la Colonia–; allí se efectuaban actos culturales, y por supuestos bailes rumbosos de la alta sociedad, porque sus dueños eran los Párraga: El general Tomas Párraga, quien era agrimensor después de la guerra, también ejerció la política y actuaba como Jefe Civil; era casado con doña Ernestina y tuvieron dos hijos, Pastor y Alicia; en esta casa vivían dos hermanas del General: Clorinda y Abigail, quienes se quedaron solteronas, `porque al decir del pueblo´ que como eran de sangre azul, no existieron, ni llegaron admiradores de estas condiciones para proponer matrimonio; sobre ellas paso algo muy particular, por lo siguiente: Un día enfermó una y murió y en el momento de realizarse la última noche, feneció la otra tambien…
Luego de este acontecimiento, la familia Párraga emigró a Barquisimeto –alquilándole una parte a la familia Castillo Pineda–. Esta gran casona, al quedar `medio sola´, se fue deteriorando y pasado unos 30 años le fue vendida a los hermanos Gozaine –Nelson y Hugo–, quienes la desarmaron y vendieron los materiales, obteniendo jugosas ganancias, para luego venderle  el terreno a la compañía de teléfonos Cantv, quienes se mantiene en ese sitio todavía…

Pasando la calle transversal –actual calle 5–, al lado derecho, se encuentra otra esquina muy nombrada, conocida como `Las Cuatro Esquinas´, por supuesto, esas cuatro esquinas le dan mucho realce al pueblo; por la plaza Bolívar; por el Templo de San José y por ser allí la zona central del pueblo; porque por esa calle pasan todos los entierros vía el cementerio general del pueblo…
De la casa de esa esquina, desconocí quienes eran sus dueños, solo sé que allí vivió por mucho tiempo el Sr. Medardo Sánchez –Tiempo después la compró el Sr. Regino Torres (Reyino) y familia. En la actualidad es de sus herederos­–. Continuará...

   

Calle El Comercio III

Botilleria Jirajara

Al frente de la Plaza Bolívar, por la calle lateral –actual calle 5–  y haciendo esquina con la Calle del Comercio, quedaba la famosa Casa de las Ventanas de Hierro, la cual debe su nombre a que tenia 8 hermosas y grandes ventanas de hierro forjado con dibujos y figuras moldeadas en la fragua y muy bellamente enmarcadas en el material de construcción de la época, que no era cemento porque no existía. Esta casa en el preterito pertenecio a un señor de nombre Tancredo. Pasado el tiempo, allí, el joven Miguel Segundo Pacheco montó un botiquín para la venta de licores, en el cual tenían una mesa de billar y se jugaba toda clase de juegos de naipes, cosa muy común en la época. Este sitio que fue muy famoso, era el preferido de una generación en marcha y los jóvenes bullangueros y demás personas disfrutaban de aquel ambiente de forma apacible. Este negocio tenía el nombre de `Botillería Jirajara´; este sitio tuvo una larga tradición y con los años pasó a manos del Sr. Juan José Torres –Reyino–, quien lo administró por mucho tiempo junto a uno de sus hijos de nombre José Pacheco –Cheché–.

Este negocio, pasado el tiempo fue adquirido por los Sres. Robert Rojas y unos socios, los cuales remodelaron la casa, fundando una lujosa Tasca Restauran, `muy colonial´, a la que bautizaron con el rimbombante nombre de `Casa Blanca´. Este negocio funcionó en manos de ellos por varios años para después ser comprado por el Sr. Gregorio Toledo y otro socio. Ellos tenían planes de construir un hotel con todos los servicios en este sitio, pero la muerte sorprendió al Sr. Toledo truncando sus planes; en la actualidad la casa le pertenece a la municipalidad y fue remodelada y dividida, funcionando en ella las instalaciones del Banco Agrícola y en la parte trasera, con frente hacia la calle Comercio, construyeron una bonita edificación donde actualmente funciona el Banco Banfoandes.

Continuando por la calle Comercio, acera derecha, estaba otra casa grande que era propiedad del Sr. Checre Maluff, en esa casa vivió por mucho tiempo el Sr. Sulpicio Gutiérrez, conocido cariñosamente como `Quimbo´ –era nieto del general Sulpicio Gutiérrez, de gran renombre en la Guerra Federal– el, en ese tiempo, era el único mecánico que se atrevía a con todos los motores de los pocos automóviles que habían. Fue el que instaló los postes y el cableado en todas las calles de Siquisique `cuando metieron la luz´ y además manejaba la planta de Diesel…el Sr. Che Espinoza lo recuerda mucho, porque perteneció junto a él, a la orquesta 13 de julio fundada en 1934, –también conocida como `Estudiantina de Siquisique´–, y además fue su vecino en la Urbanización la Concordia, donde murió después de una larga enfermedad… La referida casa tenía un inmenso solar, que alcanzaba hasta la esquina y se extendia hasta la Calle el Sol.

Esta casa fue dividida en tres propiedades; la casa todavía existe y en ella funcionaron algunas instituciones como el telégrafo y la Guardia Nacional, en la actualidad le pertenece al Sr. Carlos Augusto Perozo. Por su parte los terrenos fueron divididos: Una parte fueron adquirida por el Sr. Juan Gozaine, quien con su señora Rita construyeron y montaron un tienda al por mayor de telas y todo lo relacionado con artículos femeninos, mientras Gozaine que era un hombre polifacético, tenía la profesión de sastre, y también ejercía como una especie de medico en la comunidad, y a su vez escribía y componía versos, de los cuales fueron publicados algunos; por si fuera poco también fue Presidente del Concejo Municipal en el año 1958… Con el tiempo edificaron en todo ese terreno. Al morir el Sr. Juan, su familia emigró a Barquisimeto. En la actualidad toda esa edificación se dividió entre varios propietarios, donde funcionan entre otros: una peluquería, venta de repuestos, una funeraria, dos tiendas, un salón de videos, un restauran y una carnicería. En la otra parte del terreno, que también se dividió, funcionan en la actualidad, un negocio de cervecería que es propiedad de Leonardo Castañeda, en el cual construyó una de las primeras canchas de bolas criollas techada del Estado Lara y la primera del Municipio Urdaneta, y en la otra parte, frente a Banfoandes, se construyó una casa de dos pisos, donde actualmente funcionan la oficina de medicina vial del Municipio dirigida por el Dr. Pedro Ereú y un negocio regentado por el comerciante asiático Zheng Wubin.

En esta misma cuadra, al frente de las casas ya nombradas y después de la Casa de las Ventanas de Hierro, existían dos casas grandes con un gran solar, bien cercado, que se unían a la casa que ocupaba la esquina. De la primera era su dueño el Sr. Fenelon Márquez y su señora Celsa y de la otra, la dueña era la señora María de Quevedo… De la casa de Fenelon Marquez podemos decir, que en la época de la Independencia en ella funcionaba un parador para arrieros y fue escenario de grandes acontecimientos; el 15 de marzo de 1812 en ese negocio fue detenido Pedro León Torres por el Capitán Manuel Torres cumpliendo órdenes del Indio Reyes Vargas “Estando en el negocio, Pedro L. Torres oyó disparos y gran vocería y al preguntar la causa, le contestaron que su fuerza se batía con los corianos, y resulta que era con la tropa de Reyes Vargas, quien ya tenía comunicación con Monteverde y obedecía órdenes del Padre Andrés Torrellas, consumado partidario de los realistas.
Pedro León es inmediatamente detenido en unión de Juan de Jesús Pacheco, Teniente de Justicia Mayor; del Teniente Vicente García, de los Cabos Bartolomé Yajure, Manuel Pacheco, Tiburcio Mendoza, José Toribio Mendoza y de los señores Manuel González y Juan Bernabé Rodríguez, resultando muerto este último `por un tiro que se le escapó a un escolta´. `Trataron de apercibirse para la defensa y cuando la intentaron se les dio la voz de presos, pues ya estaban cercados por la fuerza que comandaba el oficial Manuel Torres, nativo de Siquisique, quien estaba cumpliendo órdenes del Indio siquisiqueño´”. Este negocio todavía funcionaba en el año 1930 y lo regentaba  Ña Aniceta Piña.

Cuando esta casa fue demolida, la puerta fue donada a un museo de Barquisimeto, ya que tenía los orificios de los disparos y una inscripción con la fecha 15 de marzo de 1812 contando los hechos que aquí reseñamos.

Siguiendo con el relato, al pasar los años las casas cambiaron de dueños, siendo compradas por el Sr. Gregorio Toledo, originario de las Islas Canarias, –fue quien donó la puerta de la casa al Museo–. Toledo era un buen agricultor de cebollas, melones, pero especialmente cultivador de las famosas uvas de mesa de Siquisique. Era una persona muy comunicativa y social. El invirtió en la compra de algunas vegas y terrenos, entre ellas las productivas tierras de la hacienda Bariquia. Cuando la producción de uva estuvo en su apogeo, dio empleo a más de cien personas; la riqueza no se hizo esperar y él se destacó por ser una persona que ayudó a mucha gente, era lo que se podía llamar un benefactor, y así se gano el respecto y el aprecio de toda la comunidad del municipio… En la década de los noventa, en esos terrenos, el construyó una hermosa casa estilo español de dos plantas, la cual está situada en la calle comercio haciendo esquina con la calle 6. En la actualidad, en la planta baja funciona un local comercial regentado por comerciantes chinos y en la parte alta viven los descendientes que no emigraron.

El Sr. Gregorio Toledo fue un hombre de ideas avanzadas, siempre estuvo presto a colaborar con las luchas por el desarrollo de nuestro municipio, desgraciadamente falleció en un momento temprano, cuando todavía le quedaba mucho que dar, truncandosele así la posibilidad de hacer positivos aportes a nuestra sociedad. El Sr. Che Espinoza recuerda aun la ocasión cuando compartió con él, en aquella hermosa casa…

Pasando la calle 6 y siguiendo por la calle comercio, encontramos haciendo esquina, una hermosa casa de tejas, muy bien construida, que fue de la señora María Saldivia, quien era viuda y de nacionalidad árabe. Ella no hablaba bien el castellano pero se hacía entender muy bien, era una persona muy cariñosa, social y caritativa; le hacía mucho bien al necesitado, tenía una pulpería bien surtida que era muy concurrida por su gran clientela. Esta casa era muy grande y bien cercada. Con el tiempo fue cambiando de propietarios, y en la actualidad pertenece al Dr. Cruz Peraza y su señora Elena Reyes, hija del recordado Tabo Reyes.

Después de la casa de la señora Saldivia, existía una pequeña colina que era un campo abierto hasta llegar a la Casa de Gobierno, la cual poseía un inmenso solar que tenía un gran cujisal, donde se subían los presos a mirar a la calle, por supuesto, allí funcionaban todos los entes públicos… En esa pequeña colina, en la actualidad se encuentra la casa donde vivió el Sr. Chico Gozaine con su familia, al lado existen varios comercios, entre ellos una panadería, ferretería y una tienda. Al lado de estos existió una gran edificación conocida como Mercado Municipal, que desapareció para dar paso a una casa que pertenece a la municipalidad, donde actualmente funciona la Ingeniería Municipal. Igualmente existe una plazoleta con el busto del Héroe Epónimo de nuestro Municipio, General Rafael Urdaneta, la cual lleva su nombre. Al lado, callejón por medio, existe aun la famosa Casa de Gobierno, donde funcionó la Universidad José Gil Fortoul; al lado, haciendo esquina con la calle 7, existe una construcción muy bonita fabricada por la municipalidad hace varios años, donde funciona la Contraloría municipal…

Por la otra acera, empezando desde la esquina, al frente de la casa de la señora María Saldivia, existe una casa que también hace esquina, la cual perteneció al párroco Víctor José Salas, esta era amplia y muy bonita; era una casona colonial de dos pisos, con un hermoso balcón, el cual le eliminaron con los años. En la parte baja de esta casona funcionaba el telégrafo y en el segundo piso vivía el telegrafista de nombre Solón Riera. En la actualidad pertenece a la familia Martínez, descendientes de españoles… después existía la pequeña colina despoblada que ya mencionamos, donde hoy día existen varias casas: Una perteneció a la familia Piña, donde después vivió una familia de isleños; el Sr Álvaro (Catire) y Asteria de Pérez, los cuales emigraron a la población de Pedregal , donde hoy día viven sus descendientes; en la siguiente vivía una señora muy amable y simpatica llamada Dilcia Sánchez y actualmente la familia Peraza Reyes, donde también funciona una farmacia; luego vivía otra familia de isleños, los señores Chiche Morales y su esposa Josefa, la misma es habitada por sus  descendientes; en la siguiente casa vive la familia Bracho. El Sr. Antonio Bracho junto a su señora Marina y sus hijos. La Sra. Marina Meléndez de Bracho ocupa un lugar en la historia, al ser la primera mujer en lograr la presidencia del Concejo Municipal en nuestro municipio…

Más adelante por la misma acera, existían unas casas bien fabricadas que pertenecían al Sr. Francisco Meléndez García, donde hoy están situadas una venta de lubricantes, el abasto San Giussepe y la casa de la familia Castañeda, que anteriormente perteneció a la familia Pérez, ya mencionada en otro capitúlo.

   

Calle El Comercio IV

La casa de Gobierno y La Universidad Popular

Hasta el año 1936, La Casa de Gobierno del Distrito Urdaneta, funcionaba en un caserón de amplios patios enladrillados que estaba situada en la Calle del Comercio, haciendo esquina con la calle 7. De esta casa, una parte fue derrumbada para construir la Contraloría Municipal y la otra, todavía perdura. En ella funcionó hasta hace poco el Juzgado del Municipio Urdaneta. Esta histórica casona, en la actualidad está abandonada y en muy malas condiciones, corriendo el riesgo de derrumbarse.
Las instituciones que funcionaban allí, eran: El Concejo Municipal, las Rentas Municipales, El Juzgado del Distrito, la Jefatura Civil y la Jefatura Municipal –lo que actualmente pudiera ser la Junta Parroquial–.
El Presidente del Concejo Municipal era el Sr. Salustiano Santeliz y el Secretario era don Miguel Pacheco; El Je Civil fue Antonio Meléndez García y el Secretario Perucho Castillo; quien llevaba los libros de nacimientos y defunciones era el Sr. Benicio Giménez; El Juez del distrito era don Antonio Giménez y el Secretario era Samuel Ramos; el Jefe Municipal era Cristóbal Díaz y el Secretario Agustín Ramos ­–El famoso Tin Ramos–.
Estas instituciones fueron mudadas a un nuevo edificio que había sido construido para tal fin, situado en el sector los `Pantanitos´ como era conocido para aquel entonces, lo que es hoy  la avenida comercio con calles 9 y 10. En esta bella casona, años después, seria instalada La Universidad Popular llamada `José Gil Fortoul´, la que fue de gran importancia y significado en el acontecer de los urdanetenses de aquel entonces.
Antes de tocar este acontecimiento de la Universidad, es necesario comentar algunas reflexiones importantes sobre las situaciones y hechos sucedidos para llegar hasta allí: Resulta ser que en el año 1936, fueron creadas dos escuelas graduadas en Siquisique, una para varones y otra para hembras, con los nombres RICARDO OVIDIO LIMARDO Y LUIS LOPEZ MENDEZ respectivamente.
Esto resulto para nuestra población un hermoso despertar, en una población que se mantenía casi en silencio y por supuesto en un estancamiento cultural incomparable; el director para la escuela de varones fue el Br. Marcos Ramón Ramírez y para la de hembras: la normalista Rigoberta Douin o Duin; por consiguiente en este acontecimiento se abrieron las compuertas para el aprendizaje de la enseñanza, el progreso cultural, etc. etc. que catapulto y elevo el nivel cultural de nuestro pueblo a la altura de los demás pueblos de Venezuela…
Entonces surgieron periodistas y periódicos, poetisas y poetas, el lirismo, el deporte, la música y por supuesto la política ya empezaba a pronunciarse; resaltando varios jóvenes con dotes de mucha inteligencia, dándose inicio a un proyecto para lograr poner en marcha el progreso de nuestro querido pueblo…
La política que daba sus primeros pasos después de la dictadura `Gomecista´, irrumpió con toda virulencia; se imponía el  `Adequismo´, y en este lapso aparecieron varios jóvenes en la controversia, y entre tantos, sobresalió uno que era comerciante, muy fogoso y de una intelectualidad resaltante, que con gran carisma caló en la sociedad, aunque con inclinaciones al `Medinismo´, sobre todo, supo mantenerse imparcial en medio de aquel torbellino político que invadió a todo el mundo, su nombre: Antonio Domingo Meléndez; y con esos avales, en elecciones reñidas, salió electo como Diputado a la Legislatura del Estado Lara, quien junto a otro joven valor de Aguada Grande de nombre Luis Sánchez, quien también había salido electo por esa población, se unieron en abierta lucha para lograr las mejores reivindicaciones para sus pueblos; logrando obtener una de las más importantes, como fue una Universidad…
Para que esto cristalizara, hubo de trasladarse desde Caracas y Barquisimeto un grupo de seis personalidades a realizar una minuciosa inspección, –incluía la revisión de la sede y del personal capacitado para laborar en la misma– la cual recibió el visto bueno, obteniendo así la importante aprobación por parte de los mismos. Estos hechos sucedieron después de una ardua lucha que culmino en el año 1944.
La flamante universidad se denominó UNIVERSIDAD POPULAR DE SIQUISIQUE, cuya instalación dice así: –La misma fue transcrita por el historiador Miguel Pacheco en su libro: Geografía e Historia del Distrito Urdaneta–: “Acta de instalación: En Siquisique a los diez días del mes de Abril de mil novecientos cuarenta y cuatro. Año 134 de la Independencia y 86 de La Federación, constituidos en la Casa Municipal donde funcionaban anteriormente los Poderes Públicos, los ciudadanos Alonso Pacheco Meléndez, Carmen García, Miguel Felipe Díaz, Aura Camacho de Gutiérrez, Ramón Meléndez, Samuel Ramos Meléndez y Blanca Luz Gutiérrez, nombrados por el Ejecutivo del Estado Lara: El primero Director de la Universidad de Siquisique, el quinto y sexto, Maestros de obreros; la séptima Bibliotecaria, la segunda Maestra de Mecanografía. El tercero, Preceptor del Servicio Nocturno Nº 12. Y la cuarta Maestra de corte, costura y bordado. Anexados a la Universidad por disposición del ciudadano Inspector de Educación del Estado, según credenciales que presentaron. Con el objeto de establecer la Universidad Popular, y habiendo todos aceptado sus nombramientos y prestado juramento legal. El Director declaró instalada la Institución y de común acuerdo se designó a cada de los maestros del departamento donde deben ejercer sus actuaciones, y el de la Biblioteca. Seguidamente se procedió a establecer el horario de clases, se leyó el acta, y estando todos conformes, firman: y en acto continuó se le da el nombre a la biblioteca de `JOSÉ GIL FORTOUL´…”

   

Calle El Comercio V.

La Familia Pérez

Ya hablamos de la Casa de Gobierno que es la misma donde funcionó la Universidad Popular, después el Juzgado del Municipio y últimamente está abandonada; en la casa del frente, que tenía un patio muy espacioso, vivía Francisco Meléndez y familia, la que al pasar de los años le fue vendida a una familia de agricultores, emigrantes de las Islas Canarias, el Sr. Álvaro Pérez y su señora Ceferina Pérez, quienes a mediados de los años 60 construyeron una hermosa y moderna casa, que fue la primera  quinta de Platabanda que se hizo en Siquisique. Este matrimonio, junto a otros isleños, fueron los fundadores del futbol en Siquisique; ellos adquirieron y donaron el terreno, conocido anteriormente como la Playa de Futbol, el que después fue cercado y luego se le construyeron unas tribunas. En la actualidad funciona como el Estadio, donde se sigue practicado este hermoso deporte.
Ese fue uno de los aportes más importantes de la familia Pérez a la comunidad Siquisiqueña. Ellos durante muchos años, junto a su hijo José Luis, además de realizar los torneos, organizaban los equipos, costeando todos los gastos; uniformes, comida, etc. para sus integrantes. Como anécdota un poco triste y penosa, debemos contar que hace varios años, cuando le fueron a poner el nombre al estadio, la mayoría de los deportistas del pueblo, propusieron el nombre de la Sra. Ceferina Pérez de Pérez como un homenaje póstumo a su encomiable labor; pero como cosas que tiene la vida, el más férreo opositor a esta propuesta, fue uno de aquellos niños, que  bajo la egida de la familia Pérez, había sido uno de los que más habían recibido ayuda por su condición humilde para integrarse a este deporte. El sujeto de marras, hoy día encumbrado en el ámbito político y usando todo su poder, tomó la decisión de imponer sus designios, contrariando el sentimiento de las mayorías, –aclaramos, que la persona a la que se le dio este honor, también tiene sus meritos y no tuvo nada que ver con esa situación–. Los hijos de Álvaro y Ceferina eran: José Luis y Maridelly, fallecidos ambos. En la actualidad esta casa le pertenece a la familia Castañeda Pérez e hijos.

Prosiguiendo con el relato: Al lado Izquierdo de esta, existía una casa grande, con patios espaciosos que servía de teatro y hasta un cine funciono por un tiempo en sus instalaciones por un tiempo; Esta casa perteneció al Sr. Salomón Armas, personaje importante debido que era el primer Pastor evangélico del pueblo, era un Sr. Muy inteligente pero de mal carácter, le gustaba ponerle sobrenombres a las personas con un lenguaje hiriente, tenía dificultades con quienes lo adversaban. Tuvo varios hijos y entre ellos había uno que era medio tostado, y él lo llamaba el Sabio Salomón. Con el tiempo esta casa fue comprada por el Sr. Salvador Di´Paola y familia, quienes eran emigrantes italianos. En la actualidad en ella funciona el Abasto San `Giussepe´, de vieja data, perteneciente a la misma familia o sucesión  Di´Paola…

Pasando la transversal –actual calle 7– se encuentra otra casa inmensa haciendo esquina que ocupaba media cuadra, por el frente con la calle Comercio  y por detrás, el solar bien cercado, con la calle El Sol –Actual Avenida 2–. Dicha casa era muy bonita, como casi todas en ese tiempo, de estilo colonial, con un amplio patio en el centro y grandes corredores a los costados, toda muy bien construida. Su propietario era Don Ramón Camacho, oriundo de la población de Cacuro, perteneciente al Estado Falcón; era un señor de color moreno, de mucha cultura y preparación; quien además de ser muy adinerado, era una persona muy social. Se había casado con la Srta. Rosario Gutiérrez, quien a su vez era hermana de Alberto, Metodio, Tonino y Antonio, todos descendientes de la población de Uriche. Al emigrar esta familia, en esta casa funcionó el primer hospital de Siquisique por varios años y tiempo después el Comando de la Guardia Nacional. En la actualidad su estructura forma parte de las instalaciones de la Escuela Ricardo Ovidio Limardo. Dicha estructura resulto seriamente afectada por la serie de movimientos sísmicos acaecidos hace poco tiempo en la población, por lo que fue calificada de alto riesgo por las autoridades, lo que hace prever que muy pronto desaparecerá ese pedazo de nuestra historia, para darle paso a una construcción más moderna al servicio de dicha Escuela.

Al frente existía un caserón grande y viejo, con las tejas deterioradas, donde el Dr. Rafael Alcalá sirvió toda su vida a la comunidad. Esta casa pasó a manos de la municipalidad y construyeron allí una placita o pequeño parque, al que le dieron el nombre del Medico Rafael Alcalá. Al pasar el tiempo este fue demolido para dar paso a una moderna construcción deportiva, un  Gimnasio techado, –especie de Domo– donde se dan cita los muchachos, sanamente, para jugar voleibol y futbolito; aunque últimamente el gobierno municipal lo ha estado usando para reuniones con los Consejos Comunales y otras actividades políticas, lo que causo un encontronazo, no hace tanto tiempo, con la juventud deportista.

Contigua a esta antigua casa del Dr. Alcalá, existían varias casas coloniales muy bonitas, una propiedad de los hermanos Meléndez, Don Pedro y Rufino, quienes eran comerciantes de aguardiente por camionadas, antes que el Cocuy fuera ilegalizado y se producía en los alambiques que eran vigilados por los celadores del gobierno. Don Pedro era político y fue presidente del Concejo Municipal a partir de 1945, después perteneció al partido Copey, … en la actualidad esta casa pertenece al Sr. Yasmil Melendez e hijos.

Al lado de estas casas vivía la familia Ramos. Doña Candelaria con sus hijos: Samuel, Rafael María –Fello– y Teodardo –Lalo–…En la sala de la esquina, Fello mantuvo por mucho tiempo un negocio grande de víveres, en sociedad con Rufino Meléndez…cuando ellos emigraron para Barquisimeto, esta casa pasó a ser propiedad del Sr. Antonio Brizuela, un comerciante que fue muy conocido en la población de Siquisique. En la actualidad la misma pertenece al Sr. Aníbal Brizuela, quien también es comerciante como lo fue su padre. Al frente de estas casas había un solar grande desolado, donde después construyeron unos salones que pertenecen a la Escuela Ricardo Ovidio Limardo. Continuara.

   

Calle El Comercio VI.

Jefes de Gobierno y Arreos de ganado

En el capitulo anterior, la narración de la avenida `Calle el Comercio´ terminó en la Escuela Ricardo Ovidio Limardo, justo al llegar a la actual calle 8.

Prosiguiendo con el relato, al pasar la calle 8, a mano Izq. existió un negocio de un señor llamado Francisco, apodado `Chico el Mapurite´, y por la misma acera, existía otra casa que perteneció don Manuel Sánchez, quien tenía unas características inconfundibles; era alto, muy blanco, ojos verdes, medio gibao, para la época, ya era una persona entrada en años. Lo poco que se conoció de él, es que era una persona muy decente, de una conversación agradable, y a simple vista se apreciaba que no era nativo del pueblo; era un gran zapatero, fabricaba zapatos originales y también los remendaba, además hacia unas chinelas muy bonitas. Siempre estaba ocupado con sus clientes, quienes hablaban alegremente con el…
Seguidamente existía una casa grande, muy larga y alta con varios salones que eran para alquilar a negocios; esta era propiedad del `Coriano´, quien era nombrado así `por todo el mundo´… Al frente, empezando en la esquina de calle 8, vivía el Sr. Cándido Ramírez y familia; al lado la viuda María Molleja, quien tocaba la guitarra perfectamente, y a su vez vivía el Br. Graciano Molleja; en esa cuadra también vivía la familia Gutiérrez: La Joven Blanca Luz, con sus hermanos José y Henrique junto a sus padres…

La Avda. Comercio, desde las calles 9 hasta la 10 en la narrativa del Sr. Che Espinoza, empezando por la acera izquierda: En la esquina estaba una inmensa casa que ocupaba media cuadra; su dueño era el Sr. Salustiano Santelíz, quien la habitaba con su numerosa familia: Doña Justa su esposa,  y sus hijos, Víctor Julio, Salustianito, Mercedes, Lourdes y las morochas. El señor Santelíz tenía un negocio grande de víveres, cuyo nombre era la Flor de Mayo.  –Dicho personaje ocupó la presidencia del Concejo Municipal hasta en tres ocasiones; 1904-1907; 1914-1915; 1936-1938–. COntinuara

En ese aspecto sobre la gobernabilidad del pueblo, el Sr. Espinoza recuerda con mucha tristeza que en la época del gomecismo, en el año 1928, el Jefe del pueblo era un Coronel caroreño, muy acomodado de nombre Víctor Yépez, quien a su vez trabajaba en la compra y venta de ganado que enviaba por rebaños al Estado Zulia –seguramente para ser vendidos en Colombia a mejores precios–. Che Espinoza recuerda esta historia tristemente, porque su padre, ante la ausencia de trabajo en la población, tuvo que enrolarse en el grupo de arreadores de ganado para buscar el sustento de la familia. Aquello fue terrible, porque los trabajadores tenían que trashumar el ganado cruzando pantanales con un fango caliente, cubiertos de nubes de zancudos que oscurecían los caminos, y al picar trasmitían el horrendo paludismo; solo dos viajes pudo realizar el padre de Espinoza, ya que en el ultimo lo arropó la fiebre maligna a la que no logró resistir por no haber algún medicamento eficaz para su curación, muriendo sin esperar mucho.

En lo que respecta al Coronel Yépez, tenía un solo policía a su servicio el cual se denominaba Jefe de Ronda y se llamaba Ramón Márquez y también era caroreño. Dicho personaje cubría toda la responsabilidad de su cargo, era de gran carácter, valiente, osado; era quien ponía las multas por cualquier causa, es decir infundía un gran respeto y temor en la población y todo el mundo estaba tranquilo. Pero todo en la vida tiene sus riesgos; porque una noche lluviosa, su cadáver fue encontrado apuñalado sobre un `caramero´ en la Quebrada de Uriche, y nadie supo quien había cometido tan horrendo hecho.

Con el correr del tiempo fueron llegando otros jefes de Gobierno, como el coronel Teófilo Mendoza, andino, al cual le decían el Chachacro –o Chacharo–, luego le siguieron el coronel Nieto Vargas, el teniente Peña Peña, Antonio Roldan, Medardo Sánchez, Antonio Meléndez García etc. etc. Entre los jefes de policía, el Sr. Espinoza aun se acuerda de algunos, entre ellos: Juancho González, Abad Querales, Goyo Palmera, Félix Camacaro, Teodoro Timaure, etc. etc.

Calle El Comercio VII.

La Flor de Mayo, La Palmeta y la Gasolina Blanca

   

La Avda. Comercio, desde las calles 9 hasta la 10 en la narrativa del Sr. Che Espinoza, empezando por la acera izquierda: En la esquina estaba una inmensa casa que ocupaba media cuadra; su dueño era el Sr. Salustiano Santelíz, quien la habitaba con su numerosa familia: Doña Justa su esposa, y sus hijos, Víctor Julio, Salustianito, Mercedes, Lourdes y las morochas. El señor Santelíz tenía un negocio grande de víveres, cuyo nombre era la Flor de Mayo. –Dicho personaje ocupó la presidencia del Concejo Municipal hasta en tres ocasiones; 1904-1907; 1914-1915; 1936-1938–.

Seguidamente de este negocio continuaba un gran solar cercado hasta unirse con otra casa grande y bella que hacia esquina con otra transversal, acá vivía don Antonio Meléndez, su trabajo era la destilación de aguardiente de cocuy en el fundo `El Benito´, y era persona pudiente –Rico–, su familia era excelentísima y bondadosa con la gente pobre. Allí vivía don Antonio, su esposa doña Isabel, sus hijas: la señorita Rosa María y Aura Isabel; precisamente allí se caso Antonio Domingo Meléndez con la bella señorita Rosa María…
Continuando en la misma calle, al frente, vivía la familia Molleja: Don Asunción Molleja quien tenía una familia muy numerosa, sus hijas eran buena mozas, bellas y hermosas, sus nombres eran Chiquinquira, Carmen, Amable, Panchita y Célida, y el hermano `Rafelito´; dicha casa era sumamente amplia, grande, con bellos ventanales, y en cada uno por el lado de adentro tenía unos asientos con adornados cojines, los cuales eran para recibir visitas; las damas adentro y la visita afuera, por la ventana; en realidad era una bellísima casona con salas muy amplias, con pisos brillantes, zaguán y corredores largos así como los pisos enladrillados. En realidad esta hermosa casa era una especie de centro social, porque hacían grandes fiestas y bailes con las demás muchachas vecinas que también eran muy bonitas, es decir allí se reunía la crema y nata de la sociedad siquisiqueña de la época…

En ese tiempo el pueblo estaba dividido en dos, los de abajo y los de arriba; es decir de la Iglesia para abajo vivían los ricos y de la Iglesia para la Cruz Alta vivían los pobres, a excepción de Buenaventura Giménez y Salvador Viloria, que eran ricos y profesionales: parece mentira, pero en esos tiempos así era la cosa… Aun recuerdo cuando en esta admirada y famosa casa
–la de inmensas tertulias y tenidas fascinantes, la de tantas alegrías y famosos romances amorosos, la de inolvidables recuerdos, la de aquellos personajes que le hacían honor– cuando llegó el joven telegrafista Víctor Giménez, que venía a sustituir  a Juan Bautista Brizuela en el cargo, quien había sido trasladado a Barquisimeto.

Después de esta famosa casona, sumamente nombrada y recordada, continuaba el edificio nuevo, donde empezaron a funcionar los poderes públicos en 1936. Allí funcionaron: El Concejo Municipal, La Casa de Gobierno y los dos Juzgados: el Distrital y el del Municipio; dicho edificio tenía un solar grande y llegaba hasta donde terminaba la cuadra –actualmente Avenida Comercio esquina calle 10–.
Siguiendo el recorrido, después de cruzar la transversal, en la siguiente cuadra, que tenia la mayor parte despoblada, había una pulpería propiedad del don Pancho Meléndez –le apodaban el Chigüire–, allí vendía el cocuy de penca, a escondidas, por cierto tenía muy buena fama y por ende su negocio era muy concurrido, sobre todo por personas mayores que allí compartían muy buenas tertulias y por supuesto no faltaban los inmejorables chistes…

En la misma cuadra pero al frente, está la casa, muy amplia y bellísima del Sr. Antonio Meléndez García, que trabajaba en la elaboración y venta de Cocuy de penca, comercio que alternaba con el cargo de Jefe de la casa de Gobierno, en el que duró mucho tiempo. Por esta misma acera cruzando la transversal, se encontraba otra casa haciendo esquina, no muy grande, pero con un inmenso solar; en esta casa funcionó por muchos años la escuela unitaria que fundara el institutor Juan E. Giménez, quien murió en 1934, y en la misma fecha se cerró la escuela… En esta casa se formaron varias generaciones de estudiantes. El maestro Giménez era un buen educador, sumamente serio y bravo, usaba la `palmeta´, enseñaba mucho, enseñaba los himnos de Venezuela y del Edo. Lara, enseñaba gimnasia y a marchar como los militares. De allí salían los más `pudientes´ a estudiar a otros lugares; la casa se conserva con la misma estructura. Después pasó a manos del Sr. Cruz Pineda (La Loba) y actualmente pertenece a sus herederos.
Frente a la referida escuela vivía el Sr. Panchito Meléndez y seguidamente otra casa grande propiedad de don Liborio Camacho, que vivía con sus hijos, Carmen, Eustoquio, Naún y Heroban; el Sr. Camacho fue durante muchísimos Registrador Subalterno del Distrito… En las últimas cuadras, al final del pueblo, las casas estaban muy separadas unas de otras.

Luego encontramos otra casa grande y alta, muy llamativa, que perteneció a un Maestro particular de nombre Largio Jiménez, quien no era nativo del pueblo y que tuvo la mala suerte de morir ahogado en el Rio Tocuyo, frente al Cerro de las Madriz, en un pozo que estaba `rio abajo´, saliendo para el caserío `El Mamón´…

Casi al frente se encontraba otra casa grande, moderna y muy bellísima que pertenecía al Sr. Juan Pablo Jiménez, oriundo del Distrito, quien vivía con su familia; sus hijas muy bellas, eran: Teolinda, Omaira y Marcolina, y su hijo, Juancho, quien era un guitarrista de primera clase (Che lo conoció compartiendo la música y fueron muy buenos amigos y paisanos), Juancho se mudo a vivir para Aguada Grande, donde se casó y luego montó un negocio que tuvo durante muchísimos años, hasta su fallecimiento.

Siguiendo ya al final de la Calle Comercio, en la semicurva de la carretera, había una casa que era de Eufracio Escobar, mejor conocido como el `Rejo´, debido a que era muy alto y demasiado flaco, con los pómulos salientes y la cara muy arrugada. Era un personaje muy dicharachero, echador de cuentos, unos de verdad y otros inventados y urdidos; a todo el mundo le agradaba charlar con él, tenía una pulpería y vendía de todo; cocuy y cerveza fría, tenía una neverita de querosén y la pulpería siempre estaba repleta de visitantes; allí concurría el catire Meléndez de noche y allí aprendió a tomar  las cervezas, por cierto, por esos lares conoció a una dama muy blanca de nombre Linda y con ella tuvo una niña, también muy blanca y le dieron el mismo nombre; volviendo con el `Rejo´, era una persona muy despierta y social, a veces se llegaba hasta la Plaza, el botiquín o la iglesia, y en cada sitio la gente se le acercaba a oír los cuentos y los embustes, aquello era de ver y oír, se sabía la vida de de todas las personas, pobres y ricos, y eso que vivía al final del pueblo; el igual contaba los secretos de damas, cortesanas o caballeros y siempre salía con algún misterio, acordarse que en aquellos tiempos no había alumbrado público, cuando mas alguna lamparita de querosén o gasolina, oyendo a este señor se gozaba y se conocía de todo y eso a toda la gente le agradaba…

Casi al frente del `Rejo´ vivía la familia Pire, personas sencillas y humildes con varios hijos y uno de ellos le salió enfermo y se enloquecía, a veces se ponía muy furioso y había que encerrarlo en la policía por algún tiempo, hasta que se calmaba, luego lo soltaban, pero todo el mundo por miedo corría al verlo y él se ponía a perseguirlos, hasta que se le fue agravando el mal y murió… Luego pasando la quebrada, en un trecho amplio, en una pequeña meseta, había una casita de bahareque con una enramada que pertenecía al famoso Gaudioso Belzares, que vendía gasolina blanca de un tambor, y los pocos carros que habían, cuando tenían necesidad, allí se surtían, lo que causaba un problema en los camioncitos ya que no tenían fuerza para subir los cerros más pendientes y se `desmallaban´, por lo que había que descargarlos para poder continuar.

Allí podía decirse que terminaba la calle Comercio. Siguiendo esa carretera se iba para Urucure y Baragua, y desviándose a la izquierda había otra vía que iba para La Copa de Oro y Uriche, la que en un tiempo se llamó Panamericana y después carretera vieja, que comunicaba a Siquisique con Churuguara, Carora y Barquisimeto.

Capitulo Nº VI

Calle el Sol I

   

El Sr. Che Espinoza a sus 90 años, con una gran lucidez,  nos pasea a través de sus relatos con sus numerosas vivencias y recuerdos. Recuerdos entrecruzados que abarcan varias generaciones, en una madeja que teje y desteje con gran soltura “DIOS BONDADOSO me ha permitido que a esta distancia, yo, Che Espinoza, me atreva a darle un rastreo al pasado, para dejárselo a mis hijos y a las nuevas generaciones como cosa que me satisface, sobre todo para evitar que el alzhéimer, que ya está haciendo mella en mi vivir, progrese, para así mantenerme con mayor tranquilidad y optimismo”.

La Calle El Sol, a la que vamos a referirnos, “Cruza el pueblo de Polo a polo” y en la actual nomenclatura de Siquisique está señalada como Avenida 2, la que también es conocida como Avda. Principal.

Esta calle se iniciaba exactamente en el puente que llevaba el nombre de `PUENTE GOMEZ´, su piso era de madera de Vera, muy ancho y largo, con dos arcos muy altos de formas de media luna, en los cuales aparecía el nombre del dictador Juan Vicente Gomez;  más o menos, como a dos cuadras antes del puente existía una inmensa vega, frondosa, con cujíes gigantes y abrojales abajo que formaban una especie de alfombra misteriosa que cubría el césped hermosísimo, porque al crecer las flores, que eran de color amarillo encendido. “Aquello producía una inspiración imposible para mi, aun en mis recuerdos, saber o poder describirlo… solo sé que se quedaron grabados en mi esos recuerdos…” Esa vega la llamaban, del Dr. Rodríguez. De esa vega hasta llegar al puente, existían varias casitas; en una de ellas vivía Francisco Hurtado con sus hijos, Tadeo y Camila, y después de ellos, otra casita, donde vivía un señor humilde de nombre Pedro Espinoza con su señora Eusevia, y los hijos Pedro Segundo, Henrique y María, `una muchachita como de diez años, aproximadamente la misma edad que yo tenía en 1930. Recuerdo que era una niña blanca y dulce, revestida con una inocencia purificadora, con sus piececitos descalzos, hundidos en el polvo del piso de la humeante cocina de topias y leña; cuando yo pasaba por ahí, y la miraba, siendo apenas un niño, sentía una especie de atracción juvenil, posiblemente seria porque nos unía el apellido; pero un día cualquiera ya no la vi, no estaban, habían emigrado a Barquisimeto´.
Al frente de este sitio, había una casita pequeña con un solar bastante grande, era bonita, con tejas nuevas, al parecer era de los Méndez, don Juancho y su señora Blanca; y en la siguiente casita, pegada a la quebrada que llamaban de Coro, vivía un Sr. De nombre Prefecto Guasimucaro, que tenía varios muchachitos que se la pasaban jugando desnudos en la arena de la quebrada…`¿Cómo olvidar esto? Cuando la alpargata era mi buen calzar…´

Siguiendo con la descripción de la Calle El Sol, de Oeste a Este, por la senda Izq. Muy cerca de la Quebrada que pasaba por el Puente de Gomez, –al frente de la esquina de la Calle La Culebra y la Calle Comercio, donde hoy día, hay un solar con una casa en construcción que nunca terminaron – estaba la casa del Sr. Miguel Pacheco, casado con Elisa Meléndez de Pacheco, ella era nativa de Churuguara y de ese matrimonio habían nacido: Miguel Segundo, Eva Alicia y Pedro Alonso; era un hogar maravilloso. El Sr. Miguel Pacheco era un personaje, muy inteligente y preparado que además tenía una letra muy buena; el, al principio era secretario de Don Buenaventura Giménez, quien era dueño de la gran farmacia que el regentaba. Por cierto fue un secretario consuetudinario,  también ocupo otras secretarias como la del Concejo Municipal, cargo que desempeñó con toda responsabilidad…

Seguida de la casa de la familia Pacheco, estaba otra casa bonita, con varias ventanas, con baluartes de madera muy llamativos, un portón principal y zaguán, además de otro portón grande para la entrada de los arreos de animales, a su vez tenía varias piezas o salas adornadas, unas y otras con doble pared en forma de altares, muy particulares; además de ello, dicha casa estaba construida más alta que las otras y a su alrededor todo estaba cubierto por un empedrado como protección, para que las aguas no subieran a los dormitorios en tiempos de crecidas, ya que las lluvias eran abundantes y la referida Quebrada de Coro se desbordaba con facilidad y anegaba toda la zona… Allí vivía la señora Espeíta –o Espedita– y su esposo Eladio Medina, hombre acomodado al que apodaban Tinguililan, quien por desgracia tuvo un final trágico, ya que un día amaneció con un puñal clavado en el pecho y nadie vio quien era el autor del hecho, ya que ocurrió en horas nocturnas y en ese tiempo no existía la Luz por falta de energía eléctrica.

La familia Medina se mudó y dejaron la casa para alquilar, pero todo el que la alquilaba duraba muy poco tiempo y se corrió la voz de que allí espantaban… Cuando murió el Maestro Juan Giménez en 1934, llegó otro maestro, de nombre Juan Ramón Cambero, caroreño, era joven, social y muy decente, de conversación agradable y muy católico; el, logró alquilar la referida casa, que era muy amplia y sirvió a los fines para montar la escuela. Allí concurrían los alumnos, era una escuela unitaria para varones…

El nuevo maestro, cuando llegó trajo un carrito Ford, su capota era un impermeable de lona, prendía dándole con una manilla por medio de un magneto, y la aceleración, lo que se conoce como `chancleta´ la tenía en el volante, por cierto dicha casa servía para guardar el referido carrito.
Ante los relatos de la gente, de que en la casa espantaban y que seguramente en ella había morocotas enterradas, el maestro Cambero se decidió y compró la casa con ánimos de buscar el tesoro. Fue así, como emprendió la búsqueda, empezó tumbando las paredes que a su vez iba arreglando, después escarbando por partes y así hasta el final, con tan mala suerte que no logró conseguir lo que buscaba. Este maestro perduró en su labor hasta que llegaron las Escuelas Graduadas y su escuelita fue anexada a la nueva creación que se llamó Escuela Graduada Ricardo Ovidio Limardo… Continuará.

Calle el Sol II

LA PEINETA, LAS CASAS DE LOS GIMÉNEZ Y EL MILAGRO DE SANTA LUCIA.

   

En el capitulo anterior sobre la calle El Sol –actual avenida 2–, habíamos quedado en la casa de los Medina que después compró el maestro Juan Ramón Cambero.
Seguida de esta casa de referencia –a la izquierda de la calzada–, se encontraba otra casa pequeña, `media agua´, moderna para la época, su dueño era Ramón Giménez, allí tenía una barbería, la cual se llamaba `La Peineta´ según se anunciaba en la pared con bellas letras… luego existía una `playa grande´ donde los muchachos jugaban `pelota´ y elevaban `papagayos´, al que seguía una casa enorme que terminaba en la esquina, cuyo dueño era el señor Salvador Viloria, quien era un comerciante acomodado. El tenia un negocio grande de víveres y a su vez un camión que viajaba a Barquisimeto a comprar mercancía y a la vez transportar pasajeros, el nombre del camión era la `Primavera´…

Regresando, para empezar por la   acera de enfrente, existía una pieza fabricada con adobes haciendo esquina con el Puente Gómez al frente de la casa de los Pacheco, allí funcionaba un negocito atendido por Miguelito Meléndez, hermano de la Sra. Elisa de Pacheco, luego seguía una cuadra cercada con empalizadas de trancas, donde había otra habitación y una enramada grande donde trabajaba carpintería Natalio Pacheco. Cuando él se fue a Barquisimeto, quedó encargado su primo hermano Arquímedes Flores, quien trabajaba la carpintería y a la vez monto una herrería; luego de esta carpintería-herrería existía una casona hermosa que era de Aminta Briseño y cuando ella murió la heredo su hija Dolores…
Al frente de esta casa, se inicia un altozano con un amplio callejón, que subía hasta la casa de los Giménez; enorme casa de bellísima construcción, de paredes y ventanales muy grandes y altas que tenia vista por todos lados, todo el mundo la conocía, la familia Giménez era adinerada y casi todos su miembros eran profesionales; el dueño y jefe, era Don Trino Giménez, quien vivía con varios hijos e hijas y su señora doña Natalia, personajes opulentos pero con una gran cultura, se destacaban por ofrecer buen trato a las demás personas.

En esa familia existieron militares de alto rango –Coroneles y Generales– Destacando el General Benicio Giménez, quien ocupó altos cargos en Barquisimeto y Caracas. En esa familia también había dos farmacéuticos, José y Buenaventura; como cosa curiosa, las tres mujeres de la familia que se llamaban Natalia, Abigail y Adelicia nunca se casaron y murieron señoritas. Hay que recordar que antes, las clases sociales no se ligaban, y a ellas, nunca les llegaron  pretendientes de su `clase´ como para casarse…
Al frente de la carpintería y herrería, existía una cuadra completa propiedad de Buenaventura Giménez, dividida en tres partes: la casa de familia, bellísima, con todas las comodidades y una fachada única, donde se notaba la abundancia. En la segunda parte funcionaba una Farmacia y negocio, era una construcción grandísima y moderna con puertas muy anchas y altas, con un mostrador lujoso de madera, muy `lacreado´; lo cierto es que en ningún otro negocio se veía tanto lujo y aquella finura; los estantes llenos de medicinas, frascos de muchas marcas de laboratorios, especialmente de Barquisimeto y Carora…en la parte más alta de la pared existía un afiche muy grande de colores brillantes, muy bellísimo, escenificando a un torero en el redondel, toreando un toro grandísimo, que tenía un letrero pintado en bonitas figuras que decía: YO TOMO EL JARABE SANGRE DE TORO.

En la esquina del local existía una especie de laboratorio, donde había un gran mortero blanco hecho de una pasta muy dura, el farmacéutico lo usaba para preparar muchas y diversas formulas medicamentosas para todo tipo de enfermedades, las que sacaba de un libro donde estaban escritas todas las recetas, las cuales machacaba y batía con dicho mortero… Adentro había un enorme corredor con 8 cuartos, todos numerados, con sus respectivas llaves; cada uno era usado para una sola cosa, los primeros cinco eran unos para medicina y otros para la mercancía, los otros tres cuartos que eran más grandes, eran para almacenar el café en granos después de trillado, ya listo para enviar a Barquisimeto. En la otra parte de esta gran propiedad, existía un enorme solar enladrillado conocido como `Trilla´ que se usaba para trabajar el café en parapara, allí lo secaban –asoleaban–, lo pilaban y lo trillaban; este café era traído de su hacienda `Parupano´ en la serranía del mismo nombre cercano a la población de Aguada Grande. En esta hacienda de Buenaventura Giménez el caporal era Jesús Vargas y su encargado para el café Martín Granda, por cierto ambos parientes lejanos de los Espinoza.

Don Buenaventura fue un personaje famoso, con una cultura excelente y era sumamente católico, era casi medico…contaba que un día empezó a enfermarse de la vista y sus conocimientos no le alcanzaban para curarse el mismo; entonces `acudió´ a la virgen Santa Lucia y le hizo una exclamación de promesa, logrando al poco tiempo recuperar la vista. Luego de ello, cumpliendo con lo prometido, fue a España, regresando con una bella imagen bastante grande de la Virgen Santa Lucia, por lo que a partir de aquel momento todos los años se realizaban unas bonitas y pomposas festividades. Cuando el murió, la familia Giménez emigró a Barquisimeto y doña Lola, su esposa, continuó esas festividades en la Parroquia Coromoto. Después de tantos años, en la actualidad, sus descendientes en tercera generación siguen la tradición, oficiándole en dicha Parroquia, todos los años, una misa a Santa Lucia en su día, a la que concurren muchos siquisiqueños residenciados en Barquisimeto.

Calle El Sol III

LA CASA DE CHECRE MALUFF, BODEGA LAS TRES MARGARITAS Y LA CASA DEL DR. MEDARDO YÁNEZ

   

Después de las casas de los Giménez, pasando la actual calle 2, o esquina de Monches Lugo, como también se le conoce, se encuentra otra cuadra grande con varias familias: Félix Romano casado con la señora Bella y sus hijos: Félix Segundo y Pastor, –actualmente allí existe una moderna construcción, donde funciona la farmacia del Sr. Carlos Reyes–. En la siguiente casa vivía Zoilo Aranguren, casado con Delfina e Hijos; Zoilita e Irma, también acá vivía Ángel María Palencia que se casó con Luz Persia y tuvieron varios hijos, entre ellos: Teresita, Belkis y varios varones, –donde hoy día funciona el Restauran de los Primos–. Ya en la parte posterior llegando a la quebrada y el puente, vivía la familia Palencia; Víctor, casado con Málaga y sus hijos: Víctor, Blanca, Irma y Nelly. Aquí vive en la actualidad el Sr. Martin Rodríguez y familia –nativo de las Islas Canarias–…

Por la acera del frente, había una cuadra ocupada por dos casas, en la primera vivía la Sra. Chepita Marqués, muy religiosa, era la encargada de la misa de San José. Para esa época eran más importantes las misas, porque se hacían con toda pompa y etiqueta, dejando las fiestas en segundo plano, que no eran tan esplendorosas como en la actualidad. La segunda casa de la cuadra estaba pegada a la quebrada, que era muy honda, llamada el Cementerio, sobre la cual había un puente llamado Las Margaritas. Esta casa era muy bonita, en ella vivía Pedro Rafael Vargas, casado con Petra Aranguren y tenían dos hijas muy bellísimas; Zoila y Amenaida, todo el mundo las admiraba porque eran sencillas y además no eran pretenciosas. La Sra. Petra, su madre, era muy sociable; alegre y buena moza. En dicha casa el Sr. Pedro tenía un negocio
–una pulpería– llamada Las Tres Margaritas…

Luego, pasando el puente encontramos otra transversal, –actual calle 3–. Por el lado izquierdo, al final de la misma se distinguía la casa de los Pachecos –en la calle Cruz Alta, donde vivía Mamá Chaco–… Siguiendo por la misma acera, encontramos una cuadra formada por dos casas muy grande: La primera de `musiú´ Antonio, que por la transversal se unía con la calle El Comercio. En la misma, que a su vez era  casa de familia, tenía una gallera, porque él era muy aficionado y gran experto en el arreglo de esta clase de animales, siendo muy famoso un gallo que tuvo, llamado `Agujita´, al que nunca nadie le pudo ganar…
En la siguiente y por la misma acera, encontramos otra casona hermosa, grande, –donde funcionó la G.N y la Escuela R.O.L en sus inicios y actual casa de la familia Armas-Tovar– propiedad de otro musiú llamado Checre Maluff, árabe, casado con Isabel, mujer buenamoza, muy atenta y social. Ellos tuvieron 5 hijos: Yolanda, Checre Rafael, Mirian, Teresita y Demetrio; el Sr. Maluf a pesar que hablaba muy enredado el español, tenía un negocio de telas y driles con el que le fue muy bien, al punto que llegó a tener dos de las mejores casas de Siquisique. Una de estas casas se unía con la del Sr. Viloria en la calle Comercio, ya descrita, y hacia frente en la transversal con la casa de la Sra. Obdulia –hoy de Augusto Perózo–. A pesar de irle muy bien en Siquisique, la familia Maluff emigró a Barquisimeto, donde les fue mejor en el comercio e hicieron mucho capital.   Seguida de esta casa, por la transversal, pasando la calle El Comercio y haciendo esquina, quedaba la casa que perteneció al Sr. José Alcalá.

El Sr. Alcalá, prestaba `plata´ ganado intereses, ya que en ese tiempo no habían bancos y los más pudientes generalmente hacían las veces de bancos prestamistas. Este fue otro personaje siquisiqueño que emigró a Barquisimeto, convirtiéndose en una persona millonaria y famosa en la ciudad…

Regresando a la Calle El Sol, por la parte derecha, después del puente; en la esquina existía una casa grande donde vivía Valmore Querales y señora, con sus hijos: Víctor y Elba Lucía. Este señor fue un importante político que ocupo altos cargos en el gobierno y pertenecía a la alta sociedad de la época. –actualmente en dicha casa funciona un negocio de cervecería que pertenece al Sr. Pedro Rodríguez–…
En la siguiente casa vivía Felipe Vargas, hijo del musiú Antonio, este murió muy joven, cuando saliendo de retroceso en el garaje de su casa, tropezó el portón, que le cayó encima al camión y lo mató… luego existía otra casona propiedad del Sr. Medardo Yánez, medico famoso que trabajó siempre en Baragua. El Dr. Yánez era muy buen médico pero con fama de tener muy mal carácter; se había casado con una Sra. De apellido Cariño y tuvieron varios hijos: Adela, María, Josefina, Medardo (llamado cariñosamente el Chato) y Eladio…con esta casa terminaba la cuadra.

Calle El Sol IV

La CASA DE LOS DRES. ALCALÁ Y HERRERA, LA CASA AZUL Y LA BOMBITA DE MANIGUETA

   

Luego seguía la casona del Dr. Rafael Alcalá, casado con María de Jesús, y sus hijos: Pepey, Alberto y Angelina, además de un hijo de su primer matrimonio llamado Ángel Cecilio (Chío) que se ponía furioso cuando le decían sobrenombres… El Dr. Alcalá era un medico famoso y único, oriundo de este Distrito, prestaba un gran servicio y a pesar del aislamiento y atraso de la medicina en esos tiempos, fue salvador de muchas vidas; era una persona muy sociable y caritativo. A pesar de pertenecer a la clase alta, conversaba agradablemente con todo el mundo, por supuesto que su casa era grandísima, de dos pisos, con todas las comunidades; tenía un corredor grande que daba vuelta, adornado con bellas matas guindadas en porrones que embellecían el ambiente, en dicha estancia tenía una pianola, la cual tocaba muy bien en sus horas de descanso, en ella aprendió a tocar su hijo (Pepey), que aunque tenía deficiencias mentales aprendió a tocar varias piezas, entre ellas valses y pasodobles; en el balcón tenía su dormitorio y en toda la esquina estaba su oficina. En las salas anteriores tenía una farmacia y a la vez le servían de consultorio para atender a las personas.

En la cuadra del frente, `a mano´ izquierda, había una sola casa grande y bonita, cuyo solar abarcaba la cuadra completa; allí vivía el Dr. Herrera, era nativo de Rio Tocuyo y fue nombrado médico residente de la medicatura, era sumamente nervioso y violento, a veces le ponía las ampolletas a los pacientes en cualquier parte, o les dejaba la aguja metida en la nalga, por eso la gente decía que no era graduado, pero como compensación, era muy caritativo, visitaba a los pacientes a cualquier hora en sus casas y en cualquier sitio por muy lejano que fuera. El Dr. Herrera curo a las hermanas Ramona y Nelly Meléndez del TIFUS, el cual fue el único caso salvado…el Dr. Herrera se casó con Paulinita, con la que tuvo varios hijos: Victoria, la mayor, que se casó con el bachiller Ramírez, Mercilia y José Antonio, este último, aunque nació con deformidades en las extremidades inferiores y lo cargaban en un triciclo, era sumamente inteligente, tocaba cuatro, y sabia de todo; el Dr. y su familia emigraron a la población de Nirgua en el Edo. Yaracuy, con un desdichado desenlace, porque tiempo después, en un arrebato de nervios, el Dr. Herrera se pego un tiro en la `cien´…

Terminada la cuadra, estaba la transversal que sale de la Iglesia y le daban el nombre de: Calle EL ULTIMO ADIÓS, porque obligatoriamente a los muertos los sacan por allí para llevarlos derechitos al cementerio. En la siguiente, que es una cuadra corta, había dos casas grandes, con solares cercados de adobes. La de la esquina era la otra casa del Sr. Checre Maluff, muy bonita y grande, el solar llegaba hasta la otra cuadra y habían muchos árboles, especialmente muchos cujíes, la cual tenía para alquilar, la otra, propiedad de la señora Rosa de Álvarez, muy larga, cómoda y bonita, también con un solar muy grande. Esta otra, al ser desocupada le fue alquilada al Sr. Antonio Domingo Meléndez, recién llegado de la población de Uriche y allí montó un negocio de víveres con su hermano más joven, Pedro Rafael Meléndez. Con el tiempo estas casas y solares que eran muy grandes, fueron divididas unas, y otras dieron paso al desarrollo de nuevas construcciones, entre ellas el moderno Edificio de los Poderes Públicos Francisco Pérez Jiménez, situado al frente de la famosa Casa Azul, hoy día oficina de la Línea Urdaneta y Bar Xaguas…

Al frente, en esta misma cuadra, iniciando por la calle ya nombrada, en la esquina vivía el Sr. Medardo Sánchez y familia, el era empleado público… Luego para completar la cuadra, había otra casa bonita y grande, era la famosa Casa Azul, propiedad del Sr. Isidoro –Moro– Viloria, persona famosa que tenía muchas cualidades, entre las que destacaba esa chispa especial y aguda que tenia para el chiste o la anécdota, que siempre llevaba a flor de labios, unas veces zahiriente en los detalles, ni las pensaba, pero siempre causaba la hilaridad entre sus contertulios. En esa casa tenía el Moro Viloria –todavía existe– un agradable cervecería donde concurría `todo el mundo´ por su buen y agradable trato. Durante un tiempo, en la esquina, funcionó una bombita de gasolina de la que se extraía el combustible por medio de una manigueta que lo hacía subir hacia un depósito cilíndrico de cristal, que marcaba la cantidad de litros.  El Moro Viloria, después de muchos años de trabajar en este negocio, al igual que muchísimos siquisiqueños también emigró a Barquisimeto.

Calle El Sol V

Emilio Gozaine y la hacienda Guanarito. Antonio Roldan y la dictadura de Pérez Jimenez. La Viejecita `Conchita´ y el Mocho Hernandez

   

En el capitulo anterior habíamos descrito la famosa Casa Azul del Sr. Isidoro –Moro– Viloria situada en la actual avenida 2 con calle 6. Esta famosa Casa Azul, actualmente está dividida, una parte la compró la Línea Urdaneta y en ella funcionan dichas oficinas y en la otra parte funciona el Bar Xaguas, propiedad del Sr Félix Rivero –otro personaje del pueblo en la actualidad–.
Siguiendo con el relato del Sr. Che Espinoza. Al frente de la Casa Azul, quedaba la casona de la Sra. Rosa de Álvarez, que fue adquirida por la municipalidad y en ese sitio fue construida una moderna edificación donde funciona en la actualidad el Edificio de los Poderes Públicos, al que se le coloco el nombre de un gran representante del gentilicio urdanetense `Francisco Pérez Jiménez´, del cual hablaremos más adelante.

Luego de esta cuadra, pasando la calle, a mano derecha, estaba una inmensa casa colonial, muy bonita, propiedad de Don Emilio Gozaine, otro miembro de la colonia árabe que era muy numerosa en el `Siquisique de antaño´. Don Emilio fue uno de los pocos emigrantes que llegó a Siquisique para quedarse toda la vida, era casado con doña María, ellos nunca pudieron hablar bien el castellano, pero se les entendía más o menos; en dicha casa funcionaba un negocio grande de diferentes artículos que comercializaban. Doña María era la encargada de vender las hortalizas y toda clase de frutas que producían en su hacienda `Guanarito´, donde producían de todo, hasta el pasto y caña de azúcar, papelón etc. y prácticamente abastecían el consumo del pueblo y todavía les quedaba para vender en otros lugares, para esto tenían muchos animales, ya que hacían el transporte de los productos en carretas. Esta familia era muy trabajadora y emprendedora de muchas actividades, y por consiguiente le daban trabajo a mucha gente. Ellos cuando llegaron venían casados y en el pueblo tuvieron dos hijos: Abraham y Blanca…
Luego de esta grade casona, seguía un solar despoblado hasta unirse con la casa de Francisco Meléndez, que con el correr del tiempo se la dio a su hija Luz… Frente a esta cuadra, existía un cerrito despoblado hasta unirse con el solar de la casa del Sr. Salomón Armas que tenía el frente por la calle `El Comercio´…Tiempo después en este cerrito se asentaron dos familias emigrantes de las Islas Canaria de apellidos Rodríguez, –el Sr. Eloy Rodríguez y familia, de grata recordación y el Sr. Antonio Rodríguez, quien todavía vive en este sitio–… Por esa misma acera vivió la familia Pérez (Juancho Pérez, odontólogo) y en la esquina la familia del Sr. Darío Álvarez, donde actualmente viven sus herederos.

Siguiendo la `Calle el Sol´, al pasar la cuadra, por el lado derecho, en la esquina estaba otra casa que pertenecía al Sr. Gonzaga Camacaro y luego la seguía otra casa grande con un solar extenso, propiedad de Don Antonio Roldán, y al frente quedaba un grande solar despoblado, en el que al correr el tiempo se construyó la edificación de la Escuela `Ricardo Ovidio Limardo´. El Sr. Roldan fue activista de Acción democrática, un gran luchador por las libertades democráticas. El fue durante mucho tiempo Jefe Civil del Distrito y después enfrentó a la dictadura de Pérez Giménez. En este régimen dictatorial, al Sr. Antonio Roldán le montaron una feroz persecución hasta terminar con su vida, asesinándolo, como sucede en todos los regímenes antidemocráticos, los cuales abusando, usan todo el poder del Estado para acallar las voces disidentes, imponiendo la monofonía que les caracteriza.

Seguida de la casa del Sr. Roldan, existía una casita humilde de tejas con solar de trancas, donde vivía una Sra. ancianita conocida como `Conchita´, alta de estatura, media gibada, con aires de haber sido un personaje de importancia, porque se le notaba en la forma de expresarse, aunque desmejorada ya porque pasaba de los cien años y se empezaban a notar las lagunas en las ideas que expresaba. El cuento de la señora conchita viene, porque ella en esa época expresaba que había conocido `al joven Mocho Hernández, al cual había tratado cuando en sus correrías vivaqueaba por Siquisique, casi siempre viniendo de Coro. Ella se mantenía fuerte y comentaba `mi fortaleza se debe a mi buena alimentación, sobre todo porque acostumbro ir al matadero y al momento de sangrar el toro `aparo´ mi totuma de sangre calientica y me la tomo, esto me ha mantenido con fortaleza´… Ella, a pesar de que estaba casi indigente, no le pedía a nadie, el que quería darle, le daba; pero sí pasaba por la Casa de Gobierno y allí la ayudaban; vestía siempre un vestido de cretona floreada –cretona florida. Trajes clásicos compuestos de una falda y de una chaqueta ajustada con mangas–. Según recuerda Che Espinoza, en el hablar de la Sra. Conchita había mucho de cultura y sabiduría, y aunque el, cuando joven, tuvo curiosidad por saber de sus orígenes y descendencia, nadie la sabia o ésta había desaparecido…en la misma casita le hacía compañía un criado de ella, ya no muy joven, deformado, tenía la cara grande y redonda, ojos sobresalientes y saltones, cejas espesísimas y abundantes y unos labios muy gruesos, hablaba mucho y lo llamaban el Pebeco; los niños le tenían miedo, pero no era mal intencionado y le ayudaba a la viejecita en su vivir…

Luego continuaba la casa de los Pachecos, el Sr. Andrés y su familia; ellos de estatura muy baja, y el hijo: Andresito, era muy inteligente. Poco venían a la plaza o a la iglesia, por ello eran poco conocidos en la otra parte del pueblo (parte baja), era una familia humilde, sencilla, pero al igual que la mayoría emigraron al Edo Zulia cuando apenas empezaba la fiebre del petróleo… Muy cerca de ellos vivía la familia López: la Sra. Rafaela que era practicante de enfermería, junto a sus hijos: Pascuala y José. Ellos también emigraron como parte de ese inexorable éxodo que nos agobia inexorablemente a todos los hijos de estas tierras por falta de fuentes de trabajo. José se convirtió en uno de los fotógrafos históricos del Estado, trabajó eternamente en la plaza Bolívar de Barquisimeto, cuando las cámaras eran como una casita arriba de un trípode y el fotógrafo se metía adentro, de cabeza, para tomar la instantánea. Con este trabajo de toda la vida, José logró graduar a varios de sus hijos en variadas profesiones y convertirlos así en hombres y mujeres útiles a la patria. José era un hombre sumamente inteligente, en ese tiempo leía mucho, lo que le hizo un hombre muy culto. Gran ejemplo de quien supo salir adelante y educar a una familia feliz, que le supo retribuir con cariño y amor…Un buen ejemplo.
Luego encontramos la casa de la familia Piña: Florencio –Lulencho– y su señora Isolina, gente sencilla y buenísima, de cuyo matrimonio nacieron once hijos, nueve hembras, bellísimas todas y dos varones. Por cierto, el gobierno del Edo. Lara los premió con una cantidad en efectivo, por ser la familia más numerosa conocida que vivía unida en esa época en el Distrito Urdaneta; por supuesto, ellos con su numerosa familia, cogieron los reales y también emigraron a Barquisimeto donde les fue muy bien, allí se casaron todos sus hijos…

Más adelante, pasando la esquina, existió una bodega o pulpería llamada la `Baragueña´, propiedad de Don Simón Chávez, ahí vendían el famoso queso de cabra y el cocuy de penca en carteritas que era extraído en las zonas aledañas y hasta de Baragua lo traían; hasta allí llegaba la calle, y lo demás, hacia el oeste, era un descampado o enorme playa desocupada…este señor Chávez, tuvo un hijo del mismo nombre y lo llamaban Monche, este era un joven espigado, bien formado y fuerte, pero con tan mala suerte que de pronto empezó a sufrir de enajenación mental, primero divagaba y luego empezó a ponerse furioso; no quedo más remedio que encerrarlo en un calabozo de la policía, no hubo remedio que le valiera, siendo imposible su recuperación; se fue debilitando hasta morir.   Fin de la calle Èl Sol´ de aquellos tiempos y actualmente avenida 2.

 

Antes de describir la Calle de `La Culebra` empezaremos con el Camino Real y el callejón del Barrio Carabobo, el cual llegaba desde el imponente Guacamúco.

Final del Camino Real y el callejón del Barrio Carabobo

   

El Camino Real, es aquel que llegaba a Siquisique desde los sitios aledaños bajando por el Pie de la montaña, mejor conocida como `Cerro Guacamúco´, el cual bajaba al poblado desde la parte Norte para luego convertirse en un largo callejón que era bastante poblado, hasta llegar al inicio de la calle La Culebra. Precisamente desde aquí describiremos dicho callejón, que era en aquellos tiempos la segunda entrada más concurrida al pueblo, por donde llegaban diariamente a Siquisique una gran cantidad de visitantes, especialmente los fines de semana.  –la entrada y vía principal a Siquisique era por `La Aduana´, puerto fluvial de la época, por donde la gente atravesaba el rio Tocuyo en canoas o lo vadeaba cuando se podia– 

Este camino real llegaba de los caseríos diseminados a lo largo y ancho del Cerro de Guacamúco y originaba diariamente el tráfico de cientos de personas a caballo aunque la mayoría lo hacía `jopeando´ sus arreos de burros y bestias –Mulas y Machos–, cargados con diversos productos, tales como: Maíz, caraotas, café, verduras, hortalizas, pieles, etc.etc. Estos procedían de las diferentes haciendas y pueblos circunvecinos, entre ellos: Churuguara, La Encrucijada, Guaidú, Sahoa, El Jusal, Topeye, Rancho Grande, Tinajita, La Torta, EL Paují, Moroturito, Yurí, La Cumbre, El Roble, etc. quienes  llegaban a vender sus productos al comercio así como a comprar lo que necesitaban, bien para el consumo familiar o para surtir y revender en sus sitios de origen. A estas diligencias comerciales se sumaban los que venían a resolver problemas diferentes, tales como nacimientos o enfermos que necesitaban asistencia, visitas familiares, religiosas  y sociales etc. Esta cantidad de visitantes primero que nada llegaba a la primera pensión que se encontraba al llegar al pueblo situada en la Calle La Culebra, la cual era propiedad del señor Pedro Viloria, persona muy afable que se destacaba por su buena atención.

Antes de llegar a la pensión de Pedro Viloria, viniendo del norte –por el camino real– llegando de los lugares antes descritos, los viajeros pasaban por un largo y ancho callejón, conformado por un grupo  de familias que vivían de lado y lado, que con el paso del tiempo se convirtió en una calle; allí vivía, más o menos al frente de la pensión de Pedro Viloria y en sentido Siquisique Guacamúco, a mano derecha, el Sr. Pedro González –el Indio– como cariñosamente lo llamaban, quien era uno de los primeros creyentes en la Santa Cruz de Mayo. Todavía existe la gran Cruz de esa época como prueba de un pueblo católico y creyente, a la que le hacían sus novena todos los años, empezando los días tres de mayo, porque precisamente es el día de la Santa Cruz; al lado del Indio Pedro, vivía la familia Ramos: Paul y Paula, luego el Indio Domingo Bello y familia. Al lado vivía una señora pariente de Che Espinoza, Teófila Pacheco de Salazar con sus hijos, luego Nato Morillo y su señora Encarnación con su hijo Cristóbal. Luego seguía el Sr. Luis María Díaz Viloria con su esposa Tita Flores y sus hijos: Luisito, Migdalia y Jean. Más adelante vivía Ramón Benito Piña Viloria quien desde muy joven ha sido el peluquero del pueblo, persona humilde y un buen padre, que con su profesión ha levantado a su familia. Por cierto, Che Espinoza y Heriberto –Beto­– Armas (ambos suman más de 180 años de edad) son sus clientes preferidos, que lo visitan para oír sus cuentos del ayer, que él sabe como todo buen barbero.

Regresando al principio y a mano izquierda de esta alargada cuadra, después de donde vivía el Indio González, vivía otro pariente de Che Espinoza, el Sr. Emisael Pacheco, personaje sencillo, humilde, pero sumamente inteligente, quien sabia de periodismo, era un guitarrista de primera, su señora era baragueña y también era una artista tocando la guitarra; quien lograra oírla tocar y cantar aquellas canciones de antaño se quedaba abismado, tanto por el acompañamiento como por su voz melodiosa; después vivía Pedro Marchan y Sra. con su hijo el `Mocho´, quienes eran unos personajes muy responsables y albañiles de fino trabajo… En la parte posterior vivían las familias Díaz Viloria: Pedro Díaz con su señora Concepción y sus hijos: Luis, Elías, Miguel, Clotilde y Elena, además vivían allí, Doña Amelia Viloria, Amelita, Adelso; Rafael Viloria así como Dimas Viloria y familia…

Después de esta serie de viviendas, vivían los Dorantes, que eran muchos hermanos. Ese bonito sitio que se acaba de describir se llamaba Barrio Carabobo, en esa época tal vez como homenaje a la Batalla de Carabobo; allí también vivían la señora Zaida, que se casó con José Giménez, ellos tuvieron varios hijos: Antonio José: quien muriera a muy temprana edad, al parecer de una apendicitis; sus otros hijos: Rafael Pastor, Socorro, Luis, Teolindo, Felipe y Che Manuel, a su vez moraban los hermanos y hermanas de la Sra. Zaida: `Mariita´, José, quien era el gran pitcher del equipo `los Latinos´, Alonsa, Luisa y la madre de todos, Doña María Dorantes, familia muy nombrada porque eran muy trabajadores y emprendedores. Ellos fabricaban las famosas Roscas y Cucas que eran solicitadas `por todo el mundo´ en las pulperías y llegaron a venderlas en las poblaciones adyacentes, como Aguada Grande y Baragua. Por allí también vivía el Sr. Julio Dorantes, personaje muy conocido por su trabajo y especialmente por su trayectoria como gallero. A esta fecha Dios generosamente lo mantiene con salud a pesar de su edad, siendo un personaje muy importante porque atesora muchos conocimientos sobre el municipio. Julio, a pesar de sus cerca de 90 años todavía conserva una gran memoria y sabe de todo por su alargado peregrinar en la vida de su pueblo al que tanto quiere y a demás es uno de los mas conocedores sobre los ejidos del municipio.

Hay que resaltar, que un miembro de la familia Dorantes que tenia por nombre Sandalio, el cual, a pesar de ser ciego de nacimiento, fue uno de los primeros que se arriesgó  a emigrar de Siquisique a Barquisimeto, el cual todavía era una ciudad muy pequeña. Lo que destaca es que Sandalio se atrevió a recorrer  con su bastón la pequeña ciudad y se aprendió todas las calles y sitios más emblemáticos, y cuando llegaba el único camión que cargaba pasajeros de Siquisique al Garaje de Barquisimeto –A si se llamaba en ese tiempo el sitio que servía de terminal de pasajeros– era Sandalio el que orientaba a las personas recién llegadas y les buscaba las direcciones. Se iba derechito, tanteando con su bastón y los llevaba sin perderse al sitio que los pasajeros le indicaban y muchas veces al que él les recomendaba… un invidente guiando a los que veían, increíble pero cierto…
Esta anécdota sobre Sandalio es realmente increíble, que solo pudo pasar en una Venezuela rural, donde el campesino lo arriesgaba todo al emigrar de su campo a una ciudad que nunca había visto y menos conocía, buscando mejorar su vida en la ciudad, donde muchas veces lo que encontraba era dolor y miseria.
Esta anécdota cuenta con el testimonio y la recopilación meticulosa del Sr. Che Espinoza.
     
 


Calle `La Culebra´ (I)

ORIGEN DEL NOMBRE DE LA CALLE. LA CRUZ DE MAYO. PEDRO VILORIA. LAS SERENATAS Y SERENATEROS

   

  Esta calle es famosa en Siquisique debido a su nombre, –La Culebra– el cual según la tradición oral, se originó porque en ella existió una casa muy bonita que a todo el mundo le llamaba la atención, y al frente, en lo alto, tenía una enorme culebra dibujada, que a pesar del tiempo, ni el sol, ni la lluvia lograban borrarla. Aquel dibujo perduro por varias generaciones. Cuando la revolución triunfo y hubo cambio de gobierno, estos le cambiaron el nombre, llamándola calle de Fomento, pero la gente no se acostumbró y siguió llamándola por su nombre antiguo y así perdura hasta nuestro tiempo.

Esta referida Calle la describiremos empezando de este a oeste: en el callejón de las Giménez, haciendo esquina, estaba la casa de Aminta Briseño; al pie del cerrito nombrado de las Giménez, vivía la familia Pire: Don Roberto  y su señora Sacramento, su hijo Alberto y Pedro Pire, su hermano, quien emigró tempranamente a Barquisimeto. Luego por el mismo lado izquierdo, en el mismo `cerrito´, vivía la Sra. Luisa Leal, una matrona muy social, conversadora, se echaba el palito de cocuy y siempre estaba alegre. Ella tenía a su cargo la venerada Cruz de Mayo, en esa época era la encargada del sagrado velorio de la Cruz de Mayo, celebración que empezaba en los primeros tres días del mes y duraban 9 días cantándole y rezándole el rosario todas las noches, el cual terminaba después de haberla llevado a la puerta mayor del templo San José, por supuesto, al cumplir con la tradición y  llegar a su residencia, se prendía la fiesta bailable todas las noches, hasta el amanecer; era tradicional brindar con chicha, guarapo fuerte, café con cucas y el excelente cocuy de penca que no podía faltar… al frente de esta familia vivía Aurora Vargas con su hijo Tino. Esta señora era la madre del joven Teolindo Vargas, que había matado un rayo en el descampado que estaba detrás de la Casa de Gobierno, como ya fue reseñado en un capitulo anterior…

Seguida de esta casa, se encontraba una casona muy bonita que abarcaba casi toda la cuadra, perteneciente a Domingo Estillarte, el cual se la dejó a Clarisa Adames, quien se la vendió al Sr. Félix Morillo y este a su vez la traspasó a manos de de la Sra. Zaida Dorantes, hasta llegar a ser propiedad del Sr. Gimenez, quien tenía una familia numerosa, y entre sus hijos, los que recuerda Che Espinoza, eran: Antonio José, Trinidad, Socorro, Luis, Felipe, Rafaela Pastora y  otros que por los años pasados se le difuminan en el recuerdo. Dicha casa terminaba haciendo esquina con el camino real que conducía al pie del Guacamúco y comunicaba con varios caseríos, entre ellos: Los Planes, Guacamúco, La cumbre, La Torta, Topeyes, Tinajitas, Churuguara etc. Haciendo frente estaba la casa de la familia Viloria, Doña Justa y sus hijos: Adelina, Luis y Pedro. Este último, personaje muy famoso por su trato y cordialidad, su buen carácter, humildad, siempre echándose `los palitos´. Dicha familia vivía agrupada en una casa humilde, de bahareque, techada con hachos o divive, muy alargada, con varios corrales muy grandes cercados de trancas, techados a su vez con magueyes, los que eran conocidos como enramadas. Esta humilde vivienda hacia las veces de posada para los viajeros que bajaban de todos los caseríos antes descritos y por lo tanto tenía un gran movimiento comercial realizado por la gran afluencia de personas. Allí llegaban los comerciantes con sus arreos de burros, mulas y gente de a caballo que bajaban de la montaña o de diferentes lugares y precisamente allí era el lugar propicio para el acomodo de tantos animales y personas. Este sitio era la parada obligatoria y mientras los ayudantes descargaban y les daban el pasto a los animales con gran bullicio para luego llevarlos al rio a que tomaran agua, los dueños de arreos se paseaban por el pueblo negociando, ya fuere vendiendo o comprando. Por supuesto que el Sr. Viloria hacía gala de su cordialidad y como todo buen anfitrión, siempre compartiendo sus palitos de cocuy con los viajeros. Luis Viloria fue muy amigo del Sr. Hipólito Ramón Espinoza, padre de quien nos brinda la oportunidad de conocer todos estos aconteceres de antaño. El Sr. Pedro Viloria falleció en el año 1954, cuando todavía estaba en la plenitud de la vida. Este acontecimiento causó un inmenso dolor a toda su familia y amistades.

En esos añorosos años se unían un grupo de jóvenes serenateros entre los que se encontraban: José María Querales y Julio key, los dos eran sastres y Key era de nacionalidad holandesa, era de color bastante moreno y muy buena gente según los comentarios. A ellos se unían dos  grandes guitarristas, Pompilio Gutiérrez, barbero del pueblo, y Emisael Pacheco quien estaba casado con una baragueña  que era muy buena cantante e interpretaba muy bien la guitarra. También a este grupo de serenateros se unían Eulogio Oviedo –el peluito– el cual vivía en Montero, del otro lado del rio, y Natalio Pacheco –Guitarrista y cantante– quien no bebía y solo los acompañaba hasta la media noche.

Calle `La Culebra´ (II)

CHICO PËREZ. LOS SALEROS Y EL CHIVO HORNEADO. FAMILIAS PINEDA Y MELËNDEZ. LUIS VILORIA Y EL COCUY MISTERIOSO. LA FAMOSA CASA DE LA CULEBRA.

   

Continuando en el cerrito de los Giménez, lado izquierdo, se encontraba una casa muy bonita perteneciente a la Sra. María del Carmen Romero, madre de Otilio, Auristela, Tulio, José Chechús y Flor de María. Muy cerca de ellos vivía la matrona Doña Victoria Concepción
–Concha– y su hija Teótiste Andrea, madre a su vez del recordado periodista Carlos Romero… a esta casa le seguía una casa que se había construido especialmente para el matrimonio de Flor de María con francisco Pérez Jiménez, un matrimonio que fue muy feliz, donde nacieron cinco maravillosos hijos varones y hembras, muy buenos todos. Lamentablemente, Francisco Pérez Giménez  –cariñosamente Chico Pérez– un hombre muy valioso, murió tempranamente de un infarto el 29 de enero de 1973.
Luego de esta casa, seguía la de Manuel Camacho ­–Camachito– y familia, persona que se encargaba de beneficiar el ganado –matarife–  en el mercadito de la Cruz Alta...luego de esta familia esta casa fue ocupada por el Sr. Arquímedes Salero y su Sra. Roquelina Dorante, que formaron un bonito hogar con varios hijos, casi todos profesionales. El Sr. Salero tuvo en ese sitio durante muchos años un negocio de venta de cerveza y vendían unas empanadas grandotas que eran muy sabrosas, que en los últimos tiempos las vendían a medio y 5 por un bolívar. El Sr. Salero tenía unos hornos de barro donde por muchos años se fabricaron las famosas `Cucas´ y las `Roscas´ que eran la delicia de grandes y chicos. Al pasar el tiempo la familia Salero empezó a usar los hornos para preparar los chivos, lo que pronto se convirtió en todo un éxito, ya que se hacia un chivo horneado –relleno– muy exquisito y los pedidos llegaban de todas partes, incluso de otras ciudades; por cierto, esta tradición la sigue esporádicamente uno de sus hijos profesionales, el Dr. Antonio Salero, el cual sigue usando la tradicional receta en la preparación del sabroso chivo relleno y horneado…


Al frente, en la acera derecha, se encontraba una casa pequeña, propiedad de Nachito Armas, donde existió siempre una pulpería. Le seguía la casa de María Pacheco, persona buenísima muy nombrada por su sociabilidad y humildad, madre de Carmen Amelia, de Tina y esta madre de Nelly y los mudos… luego le seguía la casa que fue de Julio Key y luego de Antonio Brizuela, donde funcionó un negocio de víveres que fue muy famoso…

Continúa la casa del Sr. Lucindo Pineda, quien siempre tuvo un negocio de artículos variados. El se casó con la Sra. Rita Elena García formando un bello hogar en el que nacieron varios hijos: Naudy, Héctor y Lucia. La casa de los Pinedas siempre fue muy famosa por su sociabilidad, decencia y armonía; allí se festejaba y se celebró durante muchos años esa maravillosa fiesta llamada  “El Reencuentro de los hijos de Siquisique” casi siempre precedida por los bien recordados, Heriberto Armas hijo, Antonio Domingo Meléndez, Flor de María de Pérez, El Dr. Chuma Méndez y muchos otros valiosos hijos siquisiqueños que ya no están con nosotros, pero que su recuerdo perdura en nuestros corazones. Como todo en la vida, los esposos Pineda enfermaron y murieron y la Sociedad El Reencuentro culminó así su trayectoria, pero dejando un magnifico precedente social de la familiaridad siquisiqueña… Después de esta casa vivía o vive la familia Meléndez: Don Baldomero, su señora y sus hijos: Ramona, Arcángel, Baldomerito, Manuelito y Miguelito… Le seguía la casa de Miguel Meléndez hijo, casado con la señora Nelsa Flores y sus hijos. Esta cuadra termina en donde pasa una quebrada…

Por la cuadra del frente, comienza haciendo esquina –actual calle 3– una casa ocupada por el Sr. Luis Viloria, buena persona, de muy buen genio, quien mantuvo en ese sitio una pulpería por muchos años: allí vendía caramelos coquitos, alfeñique, templones, cigarrillos, velas, pan dulce de Ramón Mora, manteca en cuchara y muchas otras cosas; por cierto en esta pulpería, en la parte trasera, se vendía sin permiso el famoso cocuy de penca en una enrramadita que tenía unos banquitos de palo redondo, la cual era muy visitada por los distintos caballeros amantes del echarse el palito, los que a veces hablaban duro y discutían, llamando la atención del gobierno. Cada vez que la policía pasaba y veía la gente rascada, allanaban el sitio, registraban la pulpería y no hallaban el cocuy, lo que les causaba extrañeza. Ante la evidencia de las personas bebidas optaban por detener a Luis Viloria, pero solo por una noche, porque faltaba el cuerpo del delito o evidencia principal que era la bebida, la cual nunca encontraban… Esto resultó un enigma por mucho tiempo para el gobierno, pues por más que buscaban nunca encontraban el cocuy, y resulta que el Sr. Luis tenía un barril enterrado en un rincón y con una manguerita fina sacaba el cocuy para después servirlo. Cuando se formaba un brollo feo, llegaba la Guardia Nacional y se los llevaba a todos y en la mañana los largaban. A última hora la policía y la G.N ya no le hacían nada al Sr. Viloria y solo centraban la investigación en como descubrir que método usaba para hacer desaparecer el cocuy. Esto se mantuvo durante muchísimos años, hasta que falleciera Luis Viloria, quien con el tiempo se convirtió en todo un personaje que siempre se mantuvo en su pueblo.

Siguiendo la acera, se encontraba la famosa Casa con la culebra pintada, descrita anteriormente. Allí, de lo que recuerda el Sr. Che Espinoza, tenía una pulpería el Negro Riera, quien vendía de todo, hasta un papelón churuguareño negro y mongoso que se usaba para el café en las mañanitas y era el único que lo vendía. Al lado se encontraba el paso de la quebrada donde terminaba la cuadra y a continuación el callejón que iba a dar a que los Armas y a la plaza.
Continuará

Calle `La Culebra´ (III)

Tuntakamon. El General Manuel Gutierrez y la estampita de la Virgen de las Mercedes. La Pensión. La Toña y el cuarto perfumado.

   

En el callejón –hoy calle 4– después de la quebrada, a mano izq., subiendo un cerrito, se encuentra una casa que le daban antiguamente el nombre de Tutankamon, a esta casa también se le conoció después como la Campechana, que era el nombre que le daban a una señora que fue su dueña durante largo tiempo. Esta casa después pasó a ser propiedad del Sr. Raimundo Cuicas y su señora Cándida junto a sus hijos Enrique y Jorge. Al frente de la casa existía un cujisal… Siguiendo la calle –mismo lado izquierdo–, se encuentra una casa donde vivía Pompilio Gutiérrez, barbero, en la que convivía con la Sra. Celinda y a la vez funcionaba la barbería.

Seguidamente se encontraba una casona muy grande donde vivía el General Manuel Gutiérrez con su señora Rosa Herice, personas sumamente generosas, allí, en esa casa, al que llegaba, la señora inmediatamente le servía comida; ella era muy caritativa. Esto sucedía ya en su vejes, según cuenta Che Espinoza y después que fallecieron todo el mundo los recordaba, especialmente porque la doña crió a mucha gente ya que ellos no pudieron tener hijos. Unos de los que crio el General y su señora se llamó Melquiades, ya fallecido, quien fue conocido por todos en el pueblo como `El Quito´.
Según oyó de sus mayores el Sr. Che. El General Gutiérrez fue reconocido por todos en su juventud como un valiente guerrero y hombre de mucha Fe.

Cuentan que siempre cargaba un pequeño macuto donde llevaba una estampita de la Virgen de las Mercedes, la cual sacaba antes de entrar en batalla, con la cual se santiguaba y le decía: vamos negra, ¡a triunfar!, y entraba a pecho descubierto en el combate y las balas le pasaban rosando el cuerpo sin herirlo, por lo cual siempre salía airoso… Entre las anécdotas de la vida del General Manuel Gutiérrez, otra vivencia que se conoció fue con respecto a su Fe: Estando ya anciano, siempre recibía la visita de un Sr. Al cual invitaban a comer en cada visita y este cada vez, de forma muy sutil, le hablaba de la biblia y del evangelio hasta que logro convencerlo y el general se metió a evangélico. Poco tiempo después debido a su avanzada edad, empezó a enfermarse y cada día empeoraba más. Estando en este trance vivió momentos de gran angustia, porque no se terminaba de morir, hasta que en un momento de lucidez logró nombrar el macuto – ¡búsquenlo!– atinó a decir; se lo buscaron inmediatamente y cuando lo abrieron encontraron la estampita de la virgen de las Mercedes, se la dieron, la besó; se santiguó con ella y enseguida murió en la paz del señor. Según la tradición oral de la época, fue un gran General.

Siguiendo después del callejón, pero del lado derecho, existía una casa de fachada bonita, con un zaguán amplio que conducía hacia una enramada alta, techada con `jachos´, muy fresca. Al fondo se observaba una cocina humeante de donde solía brotar un olor agradable, a comida bien aliñada. Era la pensión –Restaurant posada– de la Sra. Ester Suarez, muy famosa, que tenía una gran clientela. Allí comían todos los empleados públicos y los celadores del aguardiente, y a su vez vendían comida por encargo y para llevar. Todavía recuerda el Sr. Espinoza –más o menos en 1930-32–, cuando siendo un muchacho le buscaba la comida en esa pensión al maestro Cambero, llevándola en un azafate…

Le seguía una casa pequeña, con bonito frente, adornado el zaguán con bellas matas traídas del cerro de Guacamúco. Esta casa tenía una pieza bonita y fresca, con un gran ventanal, donde se veía una cama tipo tijera cubierta con unas sábanas adornadas y muy limpias y perfumadas; su dueña era una joven de nombre Antonia mejor conocida como `La Toña´, quien era de carácter alegre, tenía una grata y halagadora sonrisa como saludo y era de muy buen vestir, llamaba la atención verla siempre tan atenta en la ventana, esperando alguna seña, siempre que fuera alguien de su agrado. Se sabía que el encuentro era en la pieza perfumada, por supuesto que ese era su trabajo, pero lo hacía de una forma tan discreta que casi nadie la criticaba.

La próxima casa era de la Sra. Pausolina, ella era costurera. Esta casa tenía dos grandes ventanas, una sala grande y un recibo que siempre estaba muy limpio, los ladrillos del piso brillaban conservados con esperma de vela caliente… Y para terminar la cuadra, otra casa muy grande de tejas, alta y con zaguán pintado y adornado con dibujos; su dueño era Don Froilán Riera, allí vivía con su señora `La Conga´ y sus hijos: Pedrito, Dionisio y Jesús Elías (Chulía), ellos emigraron a Barquisimeto y dejaron la casa sola, por lo que fue alquilada al Sr. Santiago conocido popularmente como `La Cochina´. El duro muchísimos años viviendo allí y no faltó quien le indicara que por los muchos años que tenia habitándola, la casa le pertenecía. En la actualidad los actores descansan en paz y la casa se cayó. Eso quedaba en la antigua calle `La Culebra´ después llamada `Calle El Sol´ con la esquina de la `Calle `El Ultimo Adiós´. Actualmente la nomenclatura de esta dirección es Avda. 1 con esquina noreste de la calle 5.        

Calle `La Culebra´ (IV)
Puente el Tamarindo. EL Otoño y La Primavera. Musiú Jorge y la caja de Hierro. La gallera.

   

En el capitulo anterior habíamos quedado en la esquina de la calle 5, que es la que se comunica con templo, la cual anteriormente era llamada `Calle del último adiós´ debido a que por ella sacaban a los difuntos de la iglesia para llevarlos derechito al cementerio viejo.

Entre las calles `La culebra´ y `El Sol´ por la transversal Nº 5, fue construido un famoso puente llamado el `Tamarindo´ con una estructura muy fuerte que data de la época del dictador Juan Vicente Gómez y que todavía se conserva en buenas condiciones. Cuando finalizó su construcción, los notables del pueblo le mandaron a colocar varios bancos del mismo material del puente a los costados, cada uno con su respaldo. Este puente era muy frecuentado y sus bancos usados consuetudinariamente, sobre todo cuando la luna brillaba con el esplendor de un cielo estrellado en una época en la que aun no se conocían las plantas de energía eléctrica y el sitio servía de solaz en las noches de tertulia. Generalmente los habituales eran las personalidades del pueblo, entre ellos, comerciantes, profesionales y políticos; tales como el Dr. Alcalá, el Sr. Herrera, boticario; Don Juancho Yánez y Medardo Sánchez, políticos; Musiú Jorge y Abrahán Gozaine, comerciantes; el General Gutiérrez etc. etc., lo cierto es que los bancos duraron muchísimos años aunque desaparecieron y no se sabe quién o cuando los quitaron.

Luego pasando la calle comienza una pequeña cuadra: por el lado izquierdo se encontraba una casa grande muy bonita y moderna propiedad de Don Salvador Viloria, quien allí tenía un gran negocio de víveres con el nombre de ´El Otoño´, y lo regentaba el Sr. `Rafelito´ Molleja. El Sr. Viloria era un hombre emprendedor y fue uno de los primeros en comprar un camión en el pueblo, que usaba para traer la mercancía de Barquisimeto, a la vez que prestaba servicio de transporte público, el cual tenía como nombre `La Primavera´.

En el resto del caserón, además del negocio `El Otoño´ existían varias piezas para alquilar, incluso una de ellas estaba equipada para el funcionamiento del telégrafo. Por cierto, el joven telegrafista se llamaba Víctor Giménez, quien prestó sus servicios como telegrafista por muchos años y siempre vivía contento porque al frente estaba una pensión muy bonita y excelente que manejaba doña Concepción de Gutiérrez, llamada cariñosamente doña `Concha´, persona sumamente agradable por su sociabilidad y cultura. La Sra. `Concha´ era esposa del Sr. Jorge Gutiérrez, de nacionalidad árabe quien también era una buena persona y un excelente comerciante…

El lado derecho de esta cuadra se iniciaba con la casa de Francisco –Chico– Pérez Jiménez, luego seguía una casa que en los `últimos tiempos´ fue habitada por Segundo Cordero, y la próxima y muy bellísima casa, correspondía al musiú Jorge, esposo de de Doña `Concha´. Este tenía un gran negocio comercial, variado, donde se vendían víveres, frutos, sillas y sillones para cabalgar hombres y mujeres; allí se fabricaban los aperos, cabezales, frenos para caballos y burros, es decir, también era una especie de fabrica y taller; compraba el hipopote –fibra usada en las sudaderas para las bestias–  al Sr. Dámaso Cordero, que era el único que la sembraba y producía en su finca de la montaña de Caujarao. El Sr. Jorge tenía una gran clientela en los campesinos, porque él les compraba o cambiaba todo lo que producían por los productos que el vendía, –trueque– y a su vez les servía como una especie de banco, porque cuando les sobraba dinero en el trueque, para no llevárselo para el campo, ellos lo depositaban con toda confianza y con la mejor buena fe, y él lo guardaba en una caja de hierro que poseía… Después la casa de musiú Jorge paso a manos del Sr. Fernando `Nando´ Giménez. En esta casa funcionó mucho tiempo después el comando de la Guardia nacional entre los años 1960-62. En vida del Sr. `Nando´ esta casa fue dividida y se fundó una moderna gallera con todos los adelantos técnicos para la época. En la actualidad en sus instalaciones funciona una cantina restaurante.

Calle `La Culebra´ (V)

El primer radio, el carro de capacete sin chofer. Matese por su propia vista y la `moto panadera´ que le causó el fatal accidente a `Panchito´

   

Siguiendo la calle, después de la casa del Sr. Nando Giménez, pasando la calle transversal, en la otra esquina, a mano derecha, estaba la casa de Don Abrahán Gozaine, hijo del musiú Emilio. Este joven resultó un gran personaje, como se recordará, su papá tenía muchos animales y Abrahán tenía un caballo, fino, de silla, en quien paseaba los domingos por las calles del pueblo, y además iba a las haciendas de su padre atendiendo a los trabajadores. Pero un desdichado día, yendo a la hacienda `Guanarito´, el caballo lo tumbó, sufriendo graves  aporreos de los cuales se curó con el tiempo, pero como secuela le quedo un hombro desviado; “se le veía el bulto de `la paleta´”, defecto con el que quedó… a partir de esa situación, su padre decidió montarle un negocio muy bien surtido con toda clase de telas; entre el surtido contaba con los antiguos driles, lino, casimir y el novedoso dacrón y todo lo necesario para la confección de vestidos para damas y caballeros.  Este negocio progresó tanto, que pronto se convirtió en uno de los más concurridos.

Abrahán siempre fue muy estudioso y sabia de todo, el en esa época era la única persona que tenía un radio de baterías en Siquisique, en ese radio se oían varias emisoras tanto de Caracas como extranjeras, y por lo tanto estaba enterado de todo lo que pasaba en el hemisferio, información que le gustaba compartir con todos sus clientes y amigos; por cierto también era la única persona a la que le llegaba la prensa de Barquisimeto: el Impulso y el Heraldo, como a su vez le traían revistas y libros: El se los encargaba a la persona que traía el camión con el correo cada 15 días.
Poco después se compró un carro nuevo, un Ford de capota o capacete, como les decían; lo manejaba por todas partes en las tardes, pero la gente se apartaba, porque Abrahán era tan bajo, que el carro daba la impresión que venía sin chofer y el tranquilamente se reía... a pesar que era un joven muy decente y apuesto, también era muy delicado y sufría de neurastenia después del accidente, aunque pasado el tiempo, conoció a una muchacha bellísima llamada Rosa, –él le decía `Pocha´–; con ella tuvo cuatro hijos, 3 varones, que son abogados y  una hembra que se doctoró en Barquisimeto.

Después de toda una vida de trabajo, el Sr. Abrahán murió en Siquisique, siendo un hombre muy acomodado, y después, su familia se residencio en Barquisimeto; la cuadra la vendieron y aquello se transformo, lo que era un callejón se convirtió en una amplia calle. En ese sitio,  tiempo después funcionó el Banco de Lara y actualmente el Banco Provincial, también funciona la tienda `El Venezolano´ y ferretería `Siquifer´ además de otros importantes comercios.


 Otra calle.


Después de la casa del Sr. Nando Giménez, que era esquina de una calle transversal, siguiendo por los lados del cementerio, después de donde funcionaba la oficina de Telégrafo, por la parte de atrás y pasando la quebrada, vivía la familia Ortiz: La viejita Anatolia, su hija  Ana Jacinta y los hijos de esta: Gabillo y Moncherita; luego se encontraba una casa de tejas, muy bonita, propiedad de Don Gregorio Chávez –Don Goyo–, este era un personaje muy conocido porque era un buen carpintero de la madera, fabricaba puertas, ventanas etc. de muy buena calidad. Este señor fue quien crió a Isidoro, conocido al principio como el `Moro´ Chávez, pero después, estando ya hombrecito, fue reconocido por su papá Don Sabas Viloria, quien le dio el apellido, pasando a llamarse Isidoro Viloria, hombre que fue famoso en el municipio Urdaneta por su gran `chispa´, y mejor conocido como el Moro Viloria, dueño del no menos famoso negocio situado en la ¨Casa Azul´ ya reseñado en anterior oportunidad.

Seguidamente venia la casa y pulpería de Don Tomas Adán quien no sabía leer ni escribir, pero se las arreglaba de alguna manera en la venta de sus artículos; el Sr. Adán se caracterizaba por vestir con mucha vanidad y siempre usaba leontina de oro y un reloj de bolsillo igualmente con una gruesa cadena de oro, por supuesto, los muchachos siempre traviesos y bromistas, cuando iban a comprar a la pulpería, le preguntaban: Don Tomas, ¿Qué hora es?, entonces él invariablemente contestaba,  – si están muy interesados ¡mátense por su propia vista! Y les extendía el reloj para que lo vieran.

Luego, al final, continuaban varias casas regaditas, ocupadas por Pedro Marchan, que trabajaba albañilería; seguían: Jesús (Mocho) Ure y su señora Atála… seguidamente, al final de la calle, donde existía una inmensa `playa´, –despoblado–, se encontraba la ultima casa, la cual era muy grande, tenía una enramada techada con dividive o divive y magueyes, muy alta y fresca, cercada con trancas de madera de cardón; en esta, se veían los chinchorros colgados, listos para el descanso reparador. Era propiedad de Don Francisco Crespo (Cariñosamente llamado `Mano Pancho´ por sus amigos), quien era un albañil, fino. Don Pancho vivía junto a sus hijos: Francisco, al cual le decían panchito; Rafael, Hugo y Carmen. Panchito, al igual que su papá, era un albañil muy bueno y responsable, todo el mundo lo buscaba; le iba muy bien. En esos tiempos llegaron a Siquisique las bicicletas y con ellas llegó la fiebre de todos, especialmente de los jóvenes, por comprar una. Panchito, pronto se cansó de la bicicleta porque tenía que trabajar lejos y no le servía para cargar las herramientas y compró una moto. Era la primera moto que Che recuerda haber visto en Siquisique, y la única que había en 1936; panchito la usaba para cargar las herramientas y desplazarse a su trabajo. Esas motos tenían un cajón al lado, sobre una rueda y fueron llamadas después `motos de panaderos´…
Desafortunadamente, una tarde que regresaba del trabajo, llegando a su casa, la moto se le quedo acelerada y no podía pararla, comenzó a dar vueltas alrededor de la casa hasta que se la `tiró´  –la estrelló– contra la empalizada, que era de hachos, con tan mala suerte que esta se quebró y una astilla se le metió en la garganta y le causó una hemorragia que lo desangró, por no existir recursos hospitalarios ni nadie preparado para salvarle la vida y desgraciadamente falleció, causando un gran dolor a su familia y todo un acontecimiento que sumió de tristeza a toda la población, según cuenta Che Espinoza.

El comercio, el transporte y el cocuy

 

En Siquisique, como en todos los pueblos de Venezuela en la época rural, el comercio por medio de las pulperías* jugó un papel primordial en el desarrollo de los mismos, el cual fue evolucionando hasta llegar a ser tal cual y como lo conocemos en la actualidad.
Siquisique siempre se ha caracterizado por el aislamiento debido a la distancia de los centros urbanos y principalmente por su situación geográfica que lo sitúa en medio de dos ríos y además flanqueado por numerosas quebradas, lo que ha imposibilitado en gran medida la construcción de vías expeditas para lograr su desarrollo. Sin embargo esto no le ha restado un ápice de impulso a sus habitantes quienes desde sus inicios como pueblo y haciendo gala de un gran espíritu de lucha y superación se han enfrentado a todos los obstáculos tratando de subsistir.

Según los relatos del Sr. José (Che) Espinoza –quien ya nonagenario mantiene sus recuerdos con toda lucidez– nos adentramos en las vivencias de un tiempo situado un poco más adelante del año 1900, en un periodo que abarca poco más de 50 años. Recuerdos entrelazados que nos llevan a conocer una época pasada, llena de nobles sacrificios y sanas alegrías, que de no ser por estos relatos, jamás conoceríamos.
`Siquisique, nuestro terruño, era la región más escondida y aislada del Estado. Estaba situado en medio de dos ríos que al principio eran navegables y por el otro lado estaba rodeado de dos montañas o cerros inmensos, mejor conocidas como: El Azaharito y Guacamuco…

Al correr el tiempo las cosas fueron mejorando, después de que todo el movimiento comercial se hacía mediante burros, mulas, caballos, etc. ya que era en lomos de estos animales que se cargaban y comerciaban los productos necesarios para las nuevas y florecientes pulperías, muchas de las cuales se fueron convirtiendo en grandes negocios, tales como: Las Mercedes, de Salustiano Santelíz; Mi Rincón, de Elías Saldivia; La Primavera, de Salvador Viloria; La Culebra, del Negro Riera; El Otoño, del musiú Jorge; el negocio de telas y driles de Abrahán Gozaine; la bodega de doña María de Saldivia; la Farmacia de don Buenaventura Giménez y la venta de medicina por frascos, patentada por Elías Saldivia, etc., etc.
Con este movimiento se fue desarrollando el comercio en Siquisique y aparecieron los primeros camiones llamados “de casillas”: La Primavera, de Salvador Viloria; El Cielito Lindo, de Francisco Pérez Giménez; Mi Delirio, de Rufino Meléndez, y el TBC, de dos dueños: El Moro Viloria y Nicolás Gutiérrez.

Dichos camiones servían para llevar carga y también pasajeros: el camión llamado La Primavera era para llevar a vender a Barquisimeto de todo lo que se producía en nuestro municipio, principalmente café, cueros de chivo, caraotas y todo tipo de frutos que aquí se producían, siempre y cuando el rio de Baragua diera paso ya que no existían puentes. En el viaje de vuelta se aprovechaba para traer víveres para el pujante negocio de don Salvador Viloria. Su chofer era un Sr. De muy buen trato apodado el “Neo” y en el asiento delantero solo viajaba el dueño. Para poder viajar en dicho camión como pasajero, había que anotarse en una lista con 15 días de antelación y el pasaje era carísimo ya que dependiendo la carga que llevaba solo transportaba de 3 a 7 pasajeros por viaje. A pesar de que su dueño, don Salvador Viloria, era muy decente y repartía los pasajeros a sus casas en Barquisimeto, no le rebajaba del pasaje ni un cuartillo a nadie.

El camión llamado “Cielito Lindo” era propiedad de un Joven muy dinámico y alegre llamado Francisco Pérez, quien fue el que dio impulso al beisbol en Siquisique y Baragua, alcanzando una época dorada para este deporte llena de alegría y pasión desbordante. Pérez organizó varios equipos y era un pitcher zurdo que la tiraba de humo. Su chofer era el Sr. Cruz Pineda, joven cortés y popular para la época, a quien cariñosamente apodaban la Loba. En este camión solo podían viajar pasajeros en la parte delantera, pues se encargaba de comercializar con cerveza.

El camión llamado “Mi Delirio” era propiedad de Rufino Meléndez, este se ocupaba exclusivamente de transportar el cocuy de penca en barriles, el cual era llevado y distribuido en ciudades tales como: Barquisimeto, Maracaibo y Coro. En ese tiempo la gasolina era de mala calidad y los camiones no tenían suficiente fuerza para transportar una carga tan pesada, sobre todo en tiempo de lluvias, además siendo la carretera una pica que había sido construida en tiempo de los Welsares*, se veían obligados a cargar tres ayudante con todos los implementos necesarios –escardillas, machetes, pala, pico y cadenas– para abrirse paso y además descargar la mercancía cuando la situación así lo ameritaba y volver a cargar después de superado el escollo.

El cuarto y último camión existente en Siquisique, en la época que nos cuenta Ché Espinoza, se llamaba “TBC y T D.G UN BB”, pertenecía a dos amigos: Al Moro Viloria, quien era dueño de un negocio y cervecería situado en la Casa Azul de la calle El Sol y el otro era Nicolás Gutiérrez. El caso es que los nombrados eran dos jóvenes muy jocosos, con la sonrisa y el chiste a flor de labios, siempre joviales…que se las traían…le sobraban las novias…como apodo los nombraban los patiquines.

*Pulperia: Su origen data de mediados del siglo XVI, y proveía todo lo que entonces era indispensable para la vida cotidiana: comida, bebidas, velas (bujías o candelas), carbón, remedios y telas, entre otros.
También era el centro social de las clases humildes y medias de la población; allí se reunían los personajes típicos de cada región a conversar y enterarse de las novedades. Las pulperías eran lugares donde se podía tomar bebidas alcohólicas, se realizaban riñas de gallos, se jugaba a los dados, a los naipes, etc.

*Según crónica del periódico El Impulso de Carora en su Nº 2 del año 1904.

La Renta de Licores y el Cocui en Siquisique

   

En 1917 murió en Siquisique el Sr. Luis Power, quien fue el primer agente y fundador de la oficina de la Renta de Licores en esta población. Dependencia fundada con el nombre de AGENCIA DE LA RENTA DE LICORES SIQUISIQUE perteneciente al Ministerio de Hacienda. Esta institución fue instalada por la necesidad de cobrar los impuestos y estaba formada por un grupo de funcionarios que vinieron con la finalidad de controlar la producción del Cocuy de penca que se producía en los alambiques de Siquisique, la cual había alcanzaría su máximo esplendor hasta 1930.

Esta Agencia de la Renta, se encargaba de cobrar los impuestos en forma de patente a los productores y fabricantes de este licor y funcionó durante muchos años en Siquisique, hasta que fue cambiada a la población de Churuguara, lo que resultó negativo para los fabricantes de cocuy y al mismo gobierno, ya que por la dificultad de transporte y comunicaciones existente, muchos se atrasaron en los pagos, dejando el Estado de percibir el dinero de los impuestos, y los cocuyeros fueron proscritos e ilegalizados en su mayoría, decayendo de forma alarmante dicha producción.

Años más tarde, cuando nuevamente el cocuy entró en auge,  el gobierno se vio en la necesidad de restituir la oficina en Siquisique, lo que sucedió entre los años 1934 al 48, redundando en beneficio de los productores tal medida. A partir de ese momento la industria artesanal del cocuy alcanzó muchos beneficios para los lugareños e hizo que abundaran “Las Culebras” por todas partes.

Cuando fue restituida la Agencia de la Renta en Siquisique, su primer agente fue el Sr. Ricardo Guedez Gonzales, quien llegó acompañado de algunos celadores, quienes se encargaban de vigilar el proceso de destilación.

El Gobierno para poder llevar un mejor control, hizo un censo de los principales alambiques y les nombró un celador para vigilar la producción de  cada uno personalmente. Las principales funciones que estos empleados cumplían, era la de evitar que no se ocultara la cantidad de licor que se producía ya que el impuesto que el Estado cobraba era por la cantidad de galones o litros que cada alambique producía. Otra función no menos importante, era vigilar que no se agregaran impurezas o elementos ajenos al cocuy, garantizando así la pureza del mismo para preservar la salud de los consumidores. Con el tiempo estos celadores en su mayoría eran nombrados entre los mismos habitantes y vecinos de la población y sitios aledaños.

El último censo conocido sobre los principales alambiques de cocuy en Siquisique, antes de que fueran prohibidos por el dictador Marcos Evangelista Pérez Giménez en beneficio de las nuevas y florecientes industrias del ron asentadas en el país, fueron los siguientes:

ALAMBIQUES

DUEÑO

CELADOR

Caserío El Mamón
Juancho Yánez
Saturno Vargas
Manzana Guanarito
Emilio Gozaine
Manuel Silva
Caserío Guamuy
Checre Maluff
Ángel Días
Manzana Vocoy
Juan A. Pire
Rómulo González
Caserío el Benito
Antonio Meléndez M
José Esteban Balza
“        “   Urucure
Ramón Cordero
El Guacharaco
“        “   Agua Buena
Antonio Roldan
Amado Gozaine
“        “   El Oreganál
Matías Vargas
Isidoro Viloria
“        “      El Sierral
Rufino Meléndez
Avelino Chacón
“        “      El Tesoro
José Manuel Alcalá
Pérez Silva

Según los apuntes obtenidos, en este censo se omiten los alambiques pequeños y los existentes en la población de Baragua, y solo se menciona el nombre de uno de los principales celadores de la parroquia Xaguas de nombre Isidro Valdés.

En el año 1948, nuevamente es cambiada la oficina de la Renta de Licores a la población de Churuguara, golpeando así a la industria artesanal del cocuy en el municipio Urdaneta, la que de todas formas estaba a punto de desaparecer legalmente por la modificación a la Ley de Impuestos sobre Alcohol y Especies Alcohólicas en 1954, condenando a `los productores de los empobrecidos caseríos rurales de Lara y Falcón al azote de la persecución´ y clandestinidad, favoreciendo así, descaradamente, `la producción industrial de licores mezclados, de menor calidad´, porque pagaban mayores impuestos al fisco.

Los últimos agentes que cumplieron la función de celadores en Siquisique antes de que el gobierno pasara a la clandestinidad el cocuy, fueron los señores: Carlos Álvarez Corvay, Castillejo Vegas, Avelino Chacón y Max Rodríguez Yépez.
Tiempo después volvería la Renta de Licores a Siquisique, pero esta vez se encargaría de supervisar los botiquines, restaurantes y ventas de cerveza, aunque no duró mucho y nuevamente fue trasladada a la población de Churuguara.

En la actualidad, después de un largo periodo de clandestinidad, nuevamente empieza el auge del cocuy con la legalización del mismo y en el municipio Urdaneta los productores se animan y vuelven a proliferar los alambiques. Aunque a mi modo de ver, el proceso está incompleto y mal canalizado. Si no se toman los correctivos necesarios, nuevamente y por las razones históricas conocidas, la producción de cocuy tenderá a decaer e incluso minimizarse con el tiempo, sin llevar el beneficio requerido que necesitan las zonas deprimidas, ya que esta labor ancestral de origen indígena sigue siendo una de las principales bases económicas del pueblo ante la falta de industrias y fuentes de trabajo en nuestro municipio.

Nota: En el año 1930, entre Siquisique y Baragua funcionaban más de cien alambiques debidamente registrados y el que menos personal empleaba tenia veinte obreros. En esa época fueron presionados por el gobierno y muchos tuvieron que cerrar. Gran parte de este personal al quedar cesante empezó a emigrar para los Estados Zulia y Falcón, donde ya estaba dando resultados positivos el “Oro Negro”. Ya había principiado la época en que la Venezuela agrícola se apartaba para darle paso a la Venezuela petrolera.

En 1940 Siquisique producía 400 mil litros de Cocuy mensuales para la venta, 33,300 cueros de chivo, 150,000 kilos de Sisal y 200,000 kilos de “Cebo” (graso de chivo).

El cocui ancestral, es una herencia de nuestros indígenas que ha superado muchas etapas. Su actividad  en Venezuela se desarrolló y continúa haciéndolo, principalmente en el territorio de los Ayamanes. Actividad que se convirtió en un proceso mestizo con la llegada de los colonizadores, el cual perdura hasta nuestro tiempo.

Para leer otros escritos mas antiguos sobre el cocuy: Cocuy de Penca; El Cocuy y la Cerveza; Guardia Nacional de Siquisique; La Ruta del Cocuy y el Chivo; Las Cooperativas y el proceso del Cocuy Ley del Cocuy; Ayamanes

Relatos del Siquisique de Antaño: Los Emigrantes siquisiqueños (I)

   

Durante la conquista y la Colonia, Siquisique fue un pueblo muy desarrollado por ser paso obligado para los extranjeros que allende los mares desembarcaban en Coro, para luego internarse en nuestro territorio buscando los centros poblados más importantes, bien fuera para dirigirse al Tocuyo (cuando era la capital), o después a Barquisimeto, Valencia o Caracas. En todo caso había que pasar por Siquisique y/o Baragua obligatoriamente, por lo que llegó a ser unas de las ciudades más importantes de Venezuela en esas épocas.
Después de una participación protagónica en la Guerra de Independencia y en la Guerra Federal, y hasta el gobierno de Cipriano Castro, los hijos de estas tierras vivieron una época de esplendor y una participación muy importante en el destino del país.
Cuando el dictador Juan Vicente Gómez “se encargó del poder”, estos liderazgos fueron vistos con mucho recelo y por ende la política implementada en Caracas cambió, dando al traste con el estatus de los urdanetenses.  Entre las políticas implementadas por Gómez destacan: El cambio de las vías de comunicación antiguas, la cual aisló a los urdanetenses (Anteriormente la carretera nacional atravesaba el municipio Urdaneta –Carora-Churuguara-Coro–); la no explotación del yacimiento de petróleo ubicado en la zona de Urucure fue otra de las órdenes emanadas del Dictador (Dicen que Gómez tomo la determinación concienzudamente ante el temor de que los liderazgos de la zona emergieran como lo habían hecho en la guerra de Independencia y luego en transcurso de toda la Guerra Federal). Dichas medidas fueron las que aislaron la zona y la dejaron sin fuentes estables de trabajo y además muy alejada de los nuevos centros de desarrollo y como consecuencia a partir de ese momento, los habitantes de este territorio se han visto obligados a un perenne emigrar hacia otras tierras y es lo que ha caracterizado al municipio Urdaneta como pueblo desde entonces. En la actualidad, aunque igual la gente se va, Lo hace manteniendo los lazos y siempre vuelve, aunque sea de visita.
Anteriormente el municipio Urdaneta había sido la primera en producción y exportación, vía las Antillas,  de madera, cocuy; papelón, queso, chivos y cueros, cuyos rebaños fueron diezmados por la ley del tolete y el cuchillo a causa de la escases y el alto valor alcanzado por las pieles (cuero), en la segunda Guerra Mundial, (Hay notas que dicen que eran tantos los chivos que mataban para vender el cuero, que tenían que botar la carne).

Las principales causas de la emigración de nuestro pueblo Siquisique: A través de las notas de nuestro estimado y apreciado amigo, ya nonagenario, Sr. José (Che) Espinoza, fueron la falta de fuentes de trabajo ante la poca o nula existencia de industrias y la falta de instituciones educativas potenciadas por el aislamiento en que se encuentra  el pueblo: Para nombrar unas cuantas familias que han emigrado de Siquisique, guardadas en los recuerdos de Ché Espinoza a través de los años, empezaremos con una nota introductoria que le dedicó su amigo, el ingeniero Mervin Rodríguez, en el prologo que se publicó en la serie “Relatos del Siquisique de Antaño” la cual se encuentra al principio de esta pagina.

“Nuestro pueblo fue paso obligado desde Coro hasta el Tocuyo y el resto del país en épocas de la Colonia. Transitado por hombres y mujeres venidos del viejo mundo. En ese devenir, uno que otro viajero decidió quedarse por estas tierras o dejar sus genes en el vientre de una de nuestras indias, Ayamán. De esa gama multirracial se desprende la estirpe de este caballero, quien cultiva la amistad, el amor, la solidaridad, la honestidad, el trabajo, la hermandad y sobre todo el apego incondicional a su pueblo natal, sus hombres y sus costumbres”.

Relatos del Siquisique de Antaño sacado de los apuntes del señor José Espinoza.
En el pueblo solo existía una “escuelita” publica para varones y otra para hembras, donde se estudiaba hasta El TERCER GRADO cuyos maestros eran: Juan E. Giménez y Abigail Párraga respectivamente. Todo el que quería seguir estudiando tenía que pagar o emigrar a Carora y/o Barquisimeto principalmente.
El Sr. CHE ESPINOZA Recuerda por allá en el año 1930, ver al Sr. Jacobo Cedet Torres y su hermana Teolinda de Flores, al Sr. Sandalio Dorante con su esposa e hijos, junto a la señora Clarisa Adames, Aurora Vargas y Jacinto Cordero, salir por el camino de recuas, montados en burros, en una caravana, todos para Barquisimeto a excepción de Cordero, que seguía para Urachiche.
El señor Sandalio era del barrio Patio Largo, era invidente (ciego) y se orientaba por medio de un bastón. “Hay que resaltar, que un miembro de la familia Dorantes que tenia por nombre Sandalio, el cual, a pesar de ser ciego de nacimiento, fue uno de los primeros que se arriesgó  a emigrar de Siquisique a Barquisimeto, el cual todavía era una ciudad muy pequeña. Lo que destaca es que Sandalio se atrevió a recorrer  con su bastón la pequeña ciudad y se aprendió todas las calles y sitios más emblemáticos, y cuando llegaba el único camión que cargaba pasajeros de Siquisique al Garaje de Barquisimeto –A si se llamaba en ese tiempo el sitio que servía de terminal de pasajeros– era Sandalio el que orientaba a las personas recién llegadas y les buscaba las direcciones. Se iba derechito, tanteando con su bastón y los llevaba sin perderse al sitio que los pasajeros le indicaban y muchas veces al que él les recomendaba… un invidente guiando a los que veían, increíble pero cierto…

En esos años, otro emigrante que recuerda el Sr. Espinoza, era un personaje llamado don Moisés Yánez, quien había sido presidente del Concejo Municipal de Urdaneta en los años 1916 y 1919-1920. Este señor tenía un buen negocio de víveres y había comprado un carro muy bonito, era uno de los pocos carros que había llegado al pueblo, pues el primero había llegado cuando se celebraban las fiestas patronales de Siquisique en marzo de 1908, estrenado por el Sr. José María Alcalá (era un vehículo de 4 puertas). Este señor (Yánez), era un caballero muy vanidoso en el vestir y en su carro solo se montaba él y su familia, además del chofer. Usaba “sombrero de pelo”, flux “de pompa” y un fino bastón. Su mudanza a Barquisimeto fue muy comentada por su parecido (como dos gotas de agua) con el presidente del Estado, dictador Eustoquio Gómez, con el cual hizo una buena amistad. Por cierto, hay una anécdota (Pdte.) medio jocosa, sobre el primer encuentro que sostuvieron estos dos personajes. El señor Yánez se fue para Barquisimeto, para siempre, y jamás regresó a Siquisique. La casa del Sr. Yánez (La Peineta) fue adquirida por el señor Salvador Viloria, quien después compró un camión al que le dio el nombre de “La Primavera”. En este camión trasladaba los productos agrícolas a Barquisimeto y a la vez llevaba pasajeros, que eran poco los que viajaban, porque las carreteras eran caminos reales y el carro tenía que llevar una cuadrilla para abrirse paso en el recorrido. A todo el que emigraba, en esa época, cuando preguntaban por él, la gente decía: Fulano (a) “Se fue a RODAR TIERRA”.

Relatos del Siquisique de Antaño: Los Emigrantes (II)

El señor José Espinoza, en sus apuntes dice: Voy a permitirme comentar sobre algunas familias que se fueron ausentando del querido terruño, en forma silenciosa, sin hacer ruido, una tras otra. Recuerdo que el destino de la mayoría era la ciudad de Barquisimeto, y a otras localidades como: Carora, Churuguara, Maracaibo, Valencia, Caracas; Nirgua, el Tocuyo, Cabudare, Rio Tocuyo, etc. Y así se fueron regando los siquisiqueños (urdanetenses) a todo lo largo y ancho de la geografía nacional y hasta fuera de nuestras fronteras.
En sus apuntes Ché Espinoza aclara: Esto que estoy escribiendo sobre el éxodo de mis paisanos, es por motivo de estar cumpliendo mis 70 años (Hace mas de 20 años), y lo estoy haciendo desde el fondo de mis recuerdos.
Ya en el escrito anterior comentamos sobre el señor Sandalio Dorantes y sobre el Sr. Moisés Yánez y sus familias. Luego emigraron Casimiro Ventura, José Dolores Timaure y Benicio González, a quien llamaban cariñosamente “seis dedos”. Este grupo de personas vivían todas en el barrio Patio Largo (actualmente Guanarito) situado en la entrada del pueblo de Siquisique.
Ese sitio, en la época colonial era una hacienda llamada “Santa Lucia” que pertenecía al Comandante José Mateo Cordero, quien realiza la primera siembra regadiza de caña (estaba situada en la orilla del rio Tocuyo) y construye el primer trapiche de la zona en el año 1846.
Esa hacienda tenia esclavos y una vez se le escapó uno; veamos como lo reseñaron en la época:
Publicado en la Gaceta de Barquisimeto, Año VIII. No. 193. 1º de marzo de 1853. Fdo. Por El Secretario del Concejo, M. Cardona.
De la casa del Señor José Mateo Cordero, en la Hacienda “Santa Lucia”, existente en la Parroquia de Siquisique, se ha fugado un esclavo de su propiedad nombrado Rafael Rivero, de edad de 36 años, estatura regular, color claro, ojos pardos, nariz y boca regular, lampiño, pelo castaño algo pasudo, pocas cejas y una cicatriz pequeña en ella. Es muy vivaracho y tiene mocho el dedo grande del pie izquierdo. Toca guitarra y acostumbra beber aguardiente. Se aplica á trabajar en las artes de carpintería y albañilería y es también pailero, templador de dulce. Su dueño excita á las autoridades de policía, para que sirvan aprehenderlo u ponerlo en seguridad, y ofrece también gratificar a la persona o personas particulares, que capturen dicho esclavo ó den razón de su paradero.
Este sitio (Hacienda Santa Lucia) también fue conocido durante mucho tiempo como “Patio Largo”, según cuenta uno de sus habitantes, que cuando el llego, en 1955, así se llamaba. Es a partir del año 1977, cuando por consenso de sus habitantes deciden llamarlo barrio “Guanarito”.

Relatos del Siquisique de Antaño: Los Emigrantes (III)

El éxodo campesino fue un fenómeno que vivió Venezuela con toda su virulencia en la época en que aparecieron los pozos petroleros, pues, en el medio rural no había fuentes de trabajo y los sueldos eran muy bajos. Por lo tanto la actividad petrolera atrajo a todo el mundo. Los sueldos eran muy altos comparativamente con lo que se ganaban los obreros, especialmente en el medio rural, porque fueron nuestros campesinos los que ante la oferta de ganar mucho dinero abandonaban el campo, pasando muchos de ellos, ante la falta de estudios, a engrosar los cinturones de miseria que muy pronto empezaron a rodear las grandes ciudades.

Como consecuencia de esta actividad, muy pronto las ciudades venezolanas, que todavía eran pequeñas, se empiezan a poblar apresuradamente llenándose de ranchos, muchas veces sin cumplir con los requisitos urbanísticos mínimos de servicios públicos etc.

El éxodo a las grandes ciudades, no era o es un fenómeno exclusivo de los urdanetenses, aunque sí tiene la particularidad de que nuestros porcentajes (por el numero de sus habitantes) son demasiados altos comparativamente con el del resto del país, destacando que esta situación mantenida en el tiempo nos deja con uno de los municipios con menos habitantes por Km2 del país, al contrario de otros sitios en que dicho éxodo ha disminuido considerablemente, e incluso, en algunos casos se ha revertido.

Siguiendo con el recuento sobre los siquisiqueños que emigraron a otras latitudes desde principios del siglo XX –extraído de las notas que hizo nuestro amigo José (Che) Espinoza cuando cumplió sus 70 años (hace más de 20 años) – nos entrometemos en el recuerdo de un ayer que ya es parte de nuestra historia y que hacemos del conocimiento público gracias a esa memoria atesorada por este gran urdanetense.

Eran días duros en el municipio Urdaneta, hacia pocos años habían pasado las langostas (Dos veces) y  después hubo un eclipse de sol, que según la gente, había vaneado toda la producción de café y frutas y había hecho desaparecer casi toda la producción de cambur topocho a causa de dicho fenómeno. En el municipio la hambruna era casi que evidente y la situación muy dura, la gente seguía emigrando:

En la crónica anterior, escribimos que se habían ido algunas familias de `Patio Largo´, y ahora le llegó el turno a Pedro Espinoza, su señora Eusebia y sus cuatro hijos. Todos vecinos del sector que está entrando a Siquisique, conocido como “Puente Gómez”. Se fueron a Barquisimeto.

El joven José Dorantes, Pitcher del equipo de Beisbol “Los Latinos”, agarró sus cosas y se fue con su prima, la negra María, para Caracas. Salieron junto a unos buenos carpinteros como lo eran Natalio Pacheco y Pedro Pires Romano, los cuales junto a sus familias también emigraban a Barquisimeto.

Otros que se marcharon fueron la familia Ramos. La señora María, Justo, Adela, Engracia y Lucinda. Ellos habían llegado hacia pocos años a Siquisique provenientes del caserío Uriche: Emigraron a Barquisimeto.

Al poco tiempo le toco el turno de irse a Venancio Párraga, su esposa Adela y sus hijos: Carmen, Rafael y el `Chato´; se fueron a Rio Tocuyo.
Después se fueron: Emilio Méndez, recién casado con Enedina Flores; Nazario Méndez también recién casado con Rafaelita Pastora Dorantes; otro que los acompaño fue don Juancho Méndez con su señora Blanca y su hijo Jesús María (Conocido tiempo después como el Dr. Chuma Méndez) Todos se fueron rumbo a Barquisimeto.

Relatos del Siquisique de Antaño: Los Emigrantes (IV)

El municipio Urdaneta, del Estado Lara, posee una extensión territorial de 4.256 Km2, en el cual coexisten variedad de ecosistemas, predominando la zona árida en las vertientes de Siquisique y Baragua. Este último territorio se ha caracterizado por ser uno de los sitios con más alto porcentaje de éxodo rural. Hubo un tiempo que su número de habitantes disminuía alarmantemente, a tal punto que hasta hace algunas décadas su población estaba estancada, y no es, sino en los últimos años, cuando a duras penas empieza a aumentar su cantidad de habitantes en cada censo.

En la actualidad, la cantidad de habitantes por kilometro cuadrado del municipio Urdaneta sigue siendo demasiada baja. A pesar de que la contratación de profesionales y mano de obra calificada de personas foráneas para prestar sus servicios en el municipio ha servido para aumentar su población, los cuales al ser contratados para tal fin en su mayoría se quedan a vivir en el, al igual que lo han hecho muchas otras personas allegadas, buscando nuevos derroteros ante el ahogo de las grandes ciudades, ¿O porque no! Tal vez buscando recuperar las antiguas raíces urdanetenses de sus ancestros.

El éxodo de nuestra gente se debe principalmente a La falta de desarrollo sustentable (ecológico, económico y social) para elevar su calidad de vida, igualmente al no usar (Industrializar) nuestras fortalezas, especialmente las llamadas materias primas originarias de la zona: Zabila, sisal, cocuy, chivos y turismo; además del maíz, sorgo, hortalizas, etc. Otras de las causales fueron, y siguen siendo, la necesidad de instrucción de alto nivel ocasionada por la falta de instituciones de educación superior en la zona, y como si fuera poco, complementado por el alejamiento (distancia y malas condiciones de las vías de comunicación) de los centros urbanos industrializados y/o desarrollados.

Según se desprende de las notas de Ché Espinoza, las familias siquisiqueñas que emigraron a otras latitudes buscando un mejor futuro, se diferenciaban las más “pudientes” de las de menos recursos económicos en las formas y en el estilo. Las primeras se iban con todos sus integrantes y generalmente lo hacían para no regresar jamás. Caso distinto eran las familias de menos recursos, porque quien emigraba, casi siempre, era uno o dos de los miembros del conjunto familiar, el cual generalmente era muy numeroso, y estos casi siempre seguían manteniendo el vinculo con la tierra que los vio nacer.

En el relato anterior quedamos en la partida de la familia Méndez. Después llegaría el turno de partir al señor José Alcalá y familia, quienes se fueron a Barquisimeto. “El Sr. Alcalá, prestaba `plata´ ganado intereses, ya que en ese tiempo no habían bancos y los más acaudalados generalmente hacían las veces de bancos prestamistas. Este fue otro personaje siquisiqueño que emigró a Barquisimeto, convirtiéndose en una persona muy acomodada y famosa en la sociedad citadina (…)”.

Después emigra la familia Pacheco, integrada por: Macario, Amado, Hipólito; la Meña y sus hermanos: José Vicente, Antonio y Gerardo. Todos hacia Barquisimeto.

Luego emigraría uno de los mejores carpinteros de Siquisique en la época, el Sr. Arquímedes Flores con su esposa y su hija Margarita. También lo hicieron a Barquisimeto.

Cuando Rufito Castillo se marcho, lo hizo para Valencia. Iba con su señora y sus hijos Hermes y Aurora.

La familia Adames Pacheco, se mudaron para el Tocuyo.

Don Juancho González, con su numerosa familia, se fue para Barquisimeto, iba acompañado de la familia Salazar y Sixto Rafael Guaidó con sus hermanas, quien después se iría a vivir a Caracas, donde con el tiempo llegaria a ocupar varios cargos importantes en la administración pública, entre ellos: Director de Educación Secundaria, Superior y Especial y Director General de Política Interior del Viceministro de Relaciones Interiores y Viceministro de Educación.

Relatos del Siquisique de Antaño: Los Emigrantes siquisiqueños (V)


Las causas de la emigración generalmente tienen que ver con la hostilidad del medio, bien sea por causas humanas o naturales.

Entre las causas humanas podríamos enmarcar el abandono gubernamental (Malas gestiones de los gobernantes) por la falta de servicios públicos  entre ellos el agua potable, electricidad, vías de comunicación, asistencia médica, las comunicaciones e incentivos a la producción, etc.

Entre las causas naturales, juega un papel fundamental lo inhóspito del entorno (clima, accesibilidad, comunicaciones, riquezas naturales, y/o principalmente la disponibilidad de agua potable.

Según cifras oficiales, “La cuarta parte de nuestro planeta está formada por tierras áridas y un sexto de la población mundial vive en ellas”, que es donde generalmente los organismos públicos y privados realizan las mayores inversiones para mantener la calidad de vida de sus pobladores.

Las zonas con ecosistemas más delicados son las áridas o semiáridas que fueron territorios en los que en alguna oportunidad anidó un lecho marino, el cual al retirarse dejaba un terreno que con el tiempo se hizo fértil, aunque con una capa vegetal muy fina. Es allí donde en alguna oportunidad se formaron hermosos vergeles, aunque con grandes debilidades, los cuales no pudieron soportar la explotación abusiva de sus recursos naturales por parte del ser humano, con lo cual se causó graves daños a estos lugares. Otras causas de la degradación intensiva por  deforestación son: El corte de arboles indiscriminado por mucho tiempo, la sequedad extrema, el corte de leña, cultivos transitorios, el sobrepastoreo de cabras, etc. Lo que ha ocasionado el desarrollo de fuertes procesos erosivos. A grandes rasgos podríamos decir que ese es el caso de gran parte de las zonas áridas y semiáridas de los estados Lara y Falcón, especialmente las del municipio Urdaneta estado Lara, Venezuela.

Siguiendo con la emigración de principios del siglo XX desde la población de Siquisique, según los apuntes del Sr. Ché Espinoza:

Se fueron Clarisa Adames, Aurora Vargas, Nicolás Ereú, Jesús Ereú y su hermana Carmen, a quien apodaban “la india”. Hipólito Espinoza, un mozo soltero, fue el que los acompañó en un burro a Barquisimeto y después se regresó.

Don Miguel Pacheco emigra con su esposa doña Emilia, Miguel Segundo, Alonso y Horacio Domingo, a Barquisimeto.

Don Octaviano Flores y su señora Felicinda e hijos: Ramón Antonio, Serafín, Gloria e Hildemaro Octaviano  a Barquisimeto.


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